Lucho Bermudez

Carmen de Bolivar

Compositores, Interpretes, Directores

Personaje

 


 Luis Eduardo Bermúdez

Lucho Bermúdez

compositor, intérprete, arreglista
 

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A ColArte

 

 


Enlace: http://www.lablaa.org/blaavirtual/musica/blaaaudio2/compo/lbermu/indice.htm

Prende la vela: http://www.revistaarcadia.com/impresa/especial-arcadia-100/articulo/arcadia-100-prende-la-vela-lucho-bermudez/35031

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Carmen de Bolivar, 1912

Nació en Carmen de Bolívar departamento de Bolívar el 25 de Enero de 1912 en el Hogar de Luis Bermúdez y Isabel Acosta.

Realizo sus estudios en Santa Marta en donde se hizo miembro de la banda militar en el ańo de 1920. Se distinguió como prestigioso interprete del Flautín, flauta, trombón de vara, bombardino, trompeta, saxo alto y clarinete que fue su instrumento preferido.

Fue director de la famosa orquesta A Numero uno de Cartagena mas adelante organizo y dirigió la Orquesta del Caribe en la que creció su prestigio como compositor por que le sirvió para dar a conocer sus primeras obras.

En 1946 efectúo su primera salida internacional al país de Argentina en donde realizó una serie de grabaciones para la RCA VICTOR, con las obras "Danza Negra, Caprichito, Cuca, Cumbia Colombiana, El Porro Buenos Aires" y otras más en ritmos de Bolero, Gaita, Mapale y Cumbia.

En 1947 organizo la orquesta que lleva su nombre con la cual hizo temporadas en las principales ciudades de Colombia. Un ańo después, se radico en Medellín durante 15 ańos, tiempo en el cual dio colorido a espléndidas fiestas sociales como también a los más cotizados espacios de radiodifusión. En 1952 viajo a Cuba y México países en los cueles trabajo por espacio de 1 ańo respectivamente, dedicado al impulso de la música colombiana.

El maestro Bermúdez hizo parte de la selecta nomina de invitados a la inauguración de los canales de televisión colombiana en junio 13 de 1954 y desde entonces fueron incontables sus presentaciones, pues en 1963 dio vida a un programa destinado a presentar música estilizada de nuestro folclor con una orquesta de 40 profesionales.

Las composiciones del maestro son numerosas de las cuales citamos a continuación las de mayor aceptación mundial: "San Fernando, Carmen de Bolívar, Buenos Aires, Ańoranza, Fantasía Tropical, Embelezo, Caprichito, Prende la Vela, Te Busco, Salsipuedes, Borrachera, Diana María, Burucua, Sabrocita, Patacumbia, Doble Cero".

En reconocimiento a la extraordinaria contribución a favor del catalogo musical de Colombia, recibió numerosas condecoraciones y galardones, entre ellos el Caracol de Oro otorgado por la Cadena Radial

Caracol. Nuestro recordado compositor falleció el 23 de abril de 1994.

Tomado de www.sayco.org, enero de 2003

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Lucho Bermúdez, el maestro

por Hollmann Morales

Con Lucho Bermúdez nació el ritmo nacional. El hizo vibrar al país por encima de partidos políticos y credos religiosos. El pasado  de muchos colombianos menores de 50 ańos está irremediablemente ligado a sus canciones. Su orquesta nos dio personalidad musical y nos internacionalizó con ese sabor costeńo originario de Carmen de Bolívar.

Escuchar sus interpretaciones significa retornar al pasado de los abuelos, del chocolate de las cinco de la tarde y de la voz de Bobby Ruiz entonando "El mochilón". El viejo Lucho es sinónimo de rumba. Y cada nota suya tiene un genuino sabor criollo.

Después de varios sustos en aviones que fallaban y de 56 ańos parrandeando y trasnochando, lo único que le interesa es que su música perdure y siga teniendo buena acogida. Tanto es el amor por el resultado de su carrera profesional, que a veces, cuando está aburrido, escucha sus propios discos y restablece su ánimo.

No hay canción suya que no lleve un mensaje sentimental o que no aluda a una mujer o a una ciudad, salvo dos: las compuestas a Arturo García, un pastor de ovejas, y a Plinio Guzmán, un médico amigo. Todas se escuchan aún con delectación, como "Prende la vela" (dedicada a Cartagena), "Linda caleńita" (en honor a Cali), "Joselito Carnaval" (regalo a Barranquilla) y tantos otros. Un día, un técnico de Sonolux le dijo que se casaba y que al primer hijo que tuviera quería que el maestro Bermúdez le pusiera el nombre. "Y se lo puse", dice Lucho, "con la canción Diana María". Cuando conoció a María Cristina, "la hija de una seńora Alvarez, me gustó tanto", comenta, "que escribí Tina. Era una joven muy bonita. El hecho de que haya escrito para varias mujeres no quiere decir que haya tenido algo con ellas".

Su vida ha sido intensa. No participó en zafarranchos de puńos, pero quiso aprender boxeo, y a la primera caída a la lona abandonó esa afición. Acudía a los centros nocturnos, en plan protagónico en el escenario. Jamás apostó un peso ni a los gallos ni a juego de azar alguno. Y si acaso bebía, lo hacía moderadamente.

Su única pasión ha sido el ritmo tropical, la composición, y como él mismo dice, "No soy poeta, pero le he puesto letra a mis canciones; la música mía está hecha de versos". Y con las notas elevándose de su legendario clarinete se paseó por los mejores hoteles de Colombia, Argentina, México, Estados Unidos y La Habana. En su maletín de viajero insomne, siempre llevaba un libro para leer o un periódico del día anterior. Sus poetas de cabecera eran, y siguen siendo, Julio Flórez y "Vieco, el antioqueńo, el autor de Las aves simbólicas. żLo conoce?

El maestro nació el 12 de enero de 1912 a dos horas de Cartagena, en Carmen de Bolívar, ciudad que da título a una de sus tonadas más conocidas, y clasificadas entre las diez composiciones más bellas de la música popular colombiana. Hoy es un hombre que sólo de cuando en cuando sale de su casa, situada al norte de Bogotá, a visitar al médico, o a algún acto social de su gente cercana, y, ya muy poco, a dirigir su orquesta. Es de mediana estatura, complexión fuerte, pelo negro y liso peinado hacia atrás, ojos achinados, sonrisa fácil, e inconfundible acento costeńo. Mantiene la convicción de que los mejores manjares del mundo son el arroz con coco, los camarones y el sancocho, los cuales saborea con frecuencia. Al licor lo dejó por completo. "Me ajuicié", dice seriamente, "decidí sentar cabeza hace como ocho ańos". Cuan do tenía setenta.

EL NIŃO MUSICO

Su padre, Luis Eduardo Bermúdez, fue profesor de matemáticas y rector de la Universidad de Cartagena. Su madre, Isabel Acosta Montes, enviudó cuando el pequeńo Lucho Bermúdez tenía dos ańos de edad. Entonces lo tomó a su cargo su abuelita materna, dońa Concepción Montes, quien lo orientó, lo amó y lo castigó cuando se portó mal. "La recuerdo con el alma. Ella fue mi guía, me crié con ella y todas mis satisfacciones fueron culpa de ella, a son del interés y la simpatía que sentía por mí".

Cuando contaba cinco ańos y medio, su tío José María Montes le enseńó a tocar flautín. Entonces. Lucho integró una banda que aquel tenía, "donde fui la mascota, ayudado por mi estatura". Alternaba el estudio clásico, la música y el juego de béisbol. Se interesaba por las matemáticas, y si su tío no lo hubiera iniciado en la música, quizás hoy conoceríamos al contabilista don Luis Eduardo Bermúdez Acosta, jubilado, viviendo tal vez en Taganga, su tierra de amor.

A los 14 ańos se fue a vivir a Santa Marta, donde estudió el pentagrama más en serio, e integró la Banda Militar del Regimiento Córdoba. Aprendió a tocar otros instrumentos, como bombardín, trombón, clarinete, y con los maestros Mier y Noguera empezó a componer. "Esto lo inicié espontáneamente. Lo primero que creé fue un valse, Madre mía, que ya no recuerdo porque nunca lo llevé a partitura". Después se fue a Cartagena, dirigió la Orquesta Número Uno, y a los tres ańos fundó su Orquesta del Caribe, auspiciada por José Vicente Mogollón, Eduardo Lemaitre y otros. Un seńor los escuchó y los invitó a una temporada al night club El Metropolitan, de Bogotá.

EL MUSICO GRANDE

"Tomamos un barco en Santa Marta y remontamos el río Magdalena. Sólo hasta acercarme a Bogotá conocí por primera vez el frío. Me molestaba mucho porque tenía que estar arropado, y eso, imagínese, para un costeńo acostumbrado a andar al aire libre...". Para compensar esa circunstancia le entregó a la capital el calor del porro, la cumbia y la gaita. Les dio a los cachacos la libertad de movimiento y la posibilidad de desentumirse dentro de sus acartonados trajes negros.

Luego fue contratado por la Voz de Antioquia y vivió en Medellín 15 ańos. Allá dirigía su orquesta con movimientos suaves, acompasados, serenos: los mismos de hoy. "Es que la música no me excita, pero a donde voy exijo que haya alegría. A los muchachos de la orquesta les pido que contagien a la gente". Allá en Medellín acompańó a Pedro Vargas, Eva Garza, Miguelito Valdés, Avelina García, Tońa La Negra, quienes estaban en su apogeo. Libertad Lamarque pasó una vez, aunque sin pena ni gloria porque el tango todavía no formaba parte de la cultura paisa.

Partió para México, donde grabó para la RCA Victor. Ahí conoció a Pérez Prado, "un tipo simpático, entregado a su música", y a Beny Moré, "quien estaba sentido con Pérez Prado porque hizo varias cosas con él y nunca le dio crédito. Eso lo fastidió. La primera canción que Beny grabó fue San Fernando, mía, que tuvo resonante éxito. Era un demonio el tipo este, fantástico, el oído que tenía, el modo de cantar, tan diferente a todos los demás. Yo sentía admiración por él porque estaba por encima de lo que yo hacía, pero a mí me importaba era que lo que yo hacía, les interesara a ellos".

Se fue a La Habana, conoció a Ernesto Lecuona y a Celia Cruz, y trabajó en radio en La Cadena Azul y en el Canal 4 de televisión. Con Celia coincidió en la Sonora Matancera, y se graduó como bachiller del trópico. En el bar Bodeguita del Medio se emborrachó algunas veces con el poeta Nicolás Guillén y con Nico Saquito, el autor de "María Cristina me quiere gobernar". De vuelta a Colombia compartió varias presentaciones en Cartagena con Agustín Lara, "más bohemio que músico, pero indudablemente un gran músico".

AMOR Y MUERTE

Del amor dice: "Mis iniciales compases fueron con Leda Montes, con quien me casé en Carmen de Bolívar. Tuvimos un hijo, Luis Eduardo Antonio, quien hoy es un hombre viejo y vive en los Estados Unidos, casado y con tres hijos. Luego mi seńora fue Matilde Díaz, de quien tuve una hija, Gloria María. Ahora estoy casado con Elba Gallo Pardo y tenemos dos hijos adolescentes, Elba Patricia y Luis Enrique".

También nos habla de sus amoríos de marinero que parrandea, besa y se va. "Sí, tú sabes, siempre saqué tiempo para todo". Ríe de buena gana. "Como buen costeńo, fui tomador de trago y me gustaron las mujeres. Pero siempre fui respetuoso en esa materia. No se puede abusar", afirma, esta vez serio.

Tiene buen concepto de sí mismo y sabe que los demás también piensan bien de él. "Mi cualidad es que soy buena persona", dice porque se lo preguntamos. "Me he portado bien con todo el mundo, he sido sincero, y eso me autoriza para decir que soy buena gente y buen amigo. A mi edad no se le teme a nada, y estoy preparado para lo que pueda suceder. Me siento feliz de poder todavía dilucidar lo que quiero y de tener intactas mis facultades mentales. Espero la muerte como sea, no me importa el tamańo, y la forma tampoco me inquieta porque de ser así me quitaría la personalidad que tengo. Una cosa sí te digo: No quiero epitafios. Des pués de muerto no quiero nada. Con todo el afecto que he recibido es suficiente. Estoy satisfecho. Jorge Eliécer Gaitán, con quien nos encontrábamos todos los viernes en el Hotel Granada de Bogotá, a donde él iba a cenar y yo a dirigir mi orquesta, me vaticinó un día: Tu música será como yo, la va a querer todo el mundo. Y resultó ser así".

El único vacío de su vida es no haber conocido Europa. "Por referencias que tengo, me hubiera gustado vivir en Londres. Imagíńáte, Ąun costeńo en Londres recordando porros!". Un breve silencio. "Es que las canciones, después de cierta vida, me siguen gustando como el primer día...". Eso forma parte de su inmortalidad.

Tomado de la Revista Diners No.245, agosto de 1990

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La Fabulosa Historia de Lucho Bermudez

Un pueblo caluroso y alegre, con casitas de adobe, pintadas de blanco, una plaza amplia, de tierra y tres calles largas y polvorientas que reverberan al sol. Así era Carmen de Bolívar en 1917. 

En la época de la plata fácil, de las fortunas que nacían de la noche a la mańana, bajo el signo del algodón, del ganado y el banano, Carmen era un pueblo feliz. Tenía un maestro sabio y bondadoso, sitios gratos donde la gente se emborrachaba y un muchachito barrigón, que tocaba el flautín y se llamaba Luis Bermúdez. 

Muchos ańos antes, cuando Carmen era apenas un poblado de cuatro casas, extendidas a lo largo de la carretera a Cartagena, llegó don Arturo Bermúdez, viejo pedagogo, perteneciente a una de las más antiguas familias del corralito de piedra.
Su hijo, Luis Eduardo, nació en el Carmen. Una buena educación hizo de él un hombre de mentalidad abierta, poeta, escritor y político que llegó a ocupar cargos importantes, como la rectoría de la Universidad de Cartagena

Luis Eduardo casó en el Carmen con dońa Isabel Acosta, formando una familia numerosa, con 9 hijos. Entre ellos Luisisto, el muchachito alegre, que desde sus primeros ańos asombraba a todo el mundo por su habilidad para tocar toda clase de instrumentos musicales. 

UN NIŃO PRECOZ 

Cuando Luisito Bermúdez, hijo de Luis Eduardo, nieto de don Arturo, cumplió 5 ańos, su madre le regaló una flauta "para engańar la pobreza".  Ya había pasado la época de las vacas gordas. Don Luis Eduardo había muerto dos ańos antes y Luisito se encontró de pronto en una familia arruinada.  Entones comenzó a tocar la flauta, y mientras los vecinos se reunían frente a la puerta de la pequeńa casa de dońa Isabel Acosta, para escuchar al nińo prodigio, desapareció el Luisito barrigón y mugroso, para dar paso a Lucho, el hombre y el mito. 

"Recuerdo mucho esa época, cuenta ahora Lucho Bermúdez, 57 ańos después. Carmen era un lugar feliz. . . sin agua, sin luz, pero con gente más bondadosa, más humana . ."  "Mi padre fue un político. Luchó por Rafael Uribe Uribe y llegó a ser secretario del Directorio Nacional Liberal.  Cuando murió yo solo tenía 2 ańos y es por eso que no guardo recuerdos de él. Crecí en un ambiente pobre, pues la muerte de papá nos dejó prácticamente quebrados. La casa era pequeńa, incrustada en una esquina polvorienta . . Creo que existe todavía. 

El compositor vivió en el Carmen hasta los 9 ańos. A esa edad, ya había terminado toda  la primaria en el colegio José Prudencio Torres, con las más altas calificaciones.   "Fuí siempre un nińo precoz... A los tres ańos, sumaba, restaba y multiplicaba con gran habilidad. Pero lo más importante es que a los 5, estaba en capacidad de tocar cualquier instrumento y empecé a escribir los primeros versos. . ." Luchito Bermúdez se decidió por la música, tocaba flauta, gaita y millo.  Incursionaba en los solares de los vecinos y arrancaba los canutos de papayo que se convertían en flautas bajo sus manos mágicas.

Cuando cumplió los nueve ańos, su madre decidió viajar a Santa Marta en busca de nuevos horizontes. 

"Salí de Carmen de Bolívar con los ojos llenos de lágrimas... Una de mis mayores alegrías la tuve -muchos, muchísimos ańos más tarde- cuando hice conocer el nombre de mi pueblo con un porro que hizo furor. . ." 

El muchachito de pantalón corto que salió del pueblo polvoriento, agarrando con una mano la falda de su madre y con la otra la flauta de cańa, había de escribir después: "Carmen querida, tierra de amores, tierra de ensueńos y de ilusiones. . ." "Pero por lo pronto, todo lo que me importaba era ganar algún dinero para matar el hambre. . ." 

UN SOLDADO DE NUEVE AŃOS

Cuando llegaron a Santa Marta, Luchito se presentó donde el obispo, Luis García Benítez, quien se admiró como todos, de las extrańas cualidades musicales .del pequeńo.  

Entonces ocurrió lo increíble. 

"Entre el obispo, el presidente Abadía Méndez y un ministro, de apellido Rengifo, tramaron una de esas "trincas" tan comunes en la costa, y el resultado fue asombroso: a los 9 ańos me aceptaron en el ejército. Me convertí en soldado apenas tuve uso de razón". Luchito Bermúdez ingresó a la banda militar de Santa Marta, tocando el flautín. Y la gente que lo aplaudía cuando recorría las calles en medio de los otros soldados, ni se imaginaba que en el futuro ese muchachito sería uno de los primeros en hacer conocer la música colombiana en todo el mundo. 

LA LUCHA POR LA VIDA 

El "soldadito" de 9 ańos, comenzó a estudiar música con el maestro Carlos Rodríguez y en la academia de un profesor francés, que permanece en los recuerdos de la época como "Le professeur Rico".  "El maestro Rodríguez era un hombre serio y disciplinado, muy estricto en cuestiones de música. Me ayudó mucho. Me enseńó a tocar 8 o 10 instrumentos. . . ." 

Por eso, a los 10 ańos, el muchacho utilizaba tranquilamente la flauta, el clarinete, trombón, alto, barítono, trompeta y flautín.
A los 12 ańos, Lucho Bermúdez se convirtió en el arreglista oficial de la banda militar de Santa Marta y a los 15, comenzó a dirigir sus propias marchas, compuestas después de largas noches de insomnio. 

"No puedo decir en qué momento comencé a ser músico... yo creo que nací con la flauta en las manos. . ."

LAGRIMAS DE UNA MADRE 

Cuando aún no había cumplido los 16 ańos, Lucho Bermudez escribió su primera canción.  "La dediqué a mi mamá y se llamaba "Lágrimas de una madre ... "

Por esa época, el compositor de música popular , típicamente costeńa, aún no había surgido. Lucho se dedicaba a los pasillos y danzas, los tangos y los valses. 

"A pesar de no conocer el interior del país, componía música de allá. . . Los ritmos costeńos no existían. Había una serie de sonidos dispersos, de percusión, sin cohesión ni orden. . . Esas eran nuestras cumbias y porros. . ." 

Para poder viajar a Bogotá, desde Santa Marta, los costeńos tenía que hacer enormes sacrificios. No había carreteras. Ni aviones. El transporte se hacía por el río Magdalena y desde Girardot, a lomo de mula hasta la capital. 

"Yo sońaba con ir a Bogotá y seguía componiendo música "cachaca". Pero todavía me faltaba mucho para cumplir mis deseos". 

Cuando cumplió los 21 ańos. Lucho era el más joven y tal vez el más prolífico compositor colombiano.
"De los 15 a los 21, compuse letras y música para 8 marchas militares, 8 o 10 pasillos, 4 danzas, 12 mazurcas y 2 polkas. En total, 30 o 40 piezas. . ."

BAJO EL SIGNO DE MACONDO

Cuando cumplí la mayoría de edad empecé a darme cuenta del abandono en que tenían a nuestra música. Vi desguarnecidas las manifestaciones artísticas la costa y sin decirle nada a nadie, me convertí en el abanderado de la música popular. . ." 

Ese fue el tercer "nacimiento" de Lucho Bermúdez. Cuando comprendió que el futuro no estaba en pasillos y valses, sino en los porros y las cumbias.. . 

"Mis composiciones comenzaron a incluir los sonidos de millos y gaitas, imitados con flautas y clarinetes. . . mi música adquirió personalidad y estilo definidos". 

En medio de ese proceso de auto-fijación artística, Lucho Bermúdez recibió el impulso definitivo. 

"Un cura, el padre Angarita, me invitó para que le conformara una pequeńa banda bailable.y al mismo tiempo le dirigiera los coros de la iglesia.  La cosa no hábría tenido mucha importancia, si no fuera porque el pueblo del cura Angarita se llamaba Aracataca.. . o Macondo, como quiera usted llamarlo". 

De esta manera, Lucho recibió lo único que le faltaba para que su música tuviera ese toque mágico y misterioso que la identifica en todas partes. El embrujo de Macondo, el calor de Aracataca. . 

"Yo recuerdo muy bien ese pueblo ... Era la época de los Buendías, cuando la gente bailaba cumbia con billetes de a 500 encendidos en las manos. . . El cura no se llamaba Antonio Isabel de la Santísima Trinidad, ni flotaba a varios Centímetros del suelo, pero era un personaje peculiar. Las calles eran largas y llenas de almacenes donde comerciantes turcos vendían esta vida y la otra al mejor postor".

Allí, en Macondo, como un "Francisco el hombre" redivivo, Lucho Bermúdez dirigía los cantos litúrgicos durante las misas y después en la plaza principal, ensayaba con su banda las guarachas y los porros que habrían de hacerlo famoso.

Y para acabar de completar las cosas, llegó el amor.

EN ARACATACA ME ENAMORE 

El amor en la vida de un costeńo, ocupa un lugar primordial. Es por eso que la vida romántica de Lucho Bermúdez, es agitada y turbulenta.

"Después de tres matrimonios -dice sonriente- sigo pensando que lo más importante es el amor. . ."

Y lo mismo pensaba a los 21 ańos, cuando Aracataca conoció a María Luisa Gámez, la primera mujer en su vida "El único defecto que ella tenía, era un padre riquísimo. El más lleno de plata de toda la zona bananera Por lo demás era una mujer encantadora".
Para saber cómo se desarrolló el primer romance de Lucho, basta conocer las canciones que le dedicó a María Luisa: "Licha", "Tus recuerdos", "Negra es mi vida", "Amor y llanto", "Y a mí que me importa".

"No todos los amores tienen un final feliz. . ."  Decepcionado, bajo el primer desengańo amoroso, producido más que todo por la falta de capital, Lucho Bermúdez abandonó Aracataca y salió para Chiriguaná, Cesar. Tenía 23 ańos.  "Allí organicé otra banda y terminé de olvidar. . . Chiriguaná guarda un lugar preferenciaĄ en mis recuerdos. Es un pueblo maravilloso donde todo el mundo me quiere. . . No le compuse ninguna pieza porque todavía estaba dedicándome a las personas, no a las ciudades ... De Chiriguaná, salí para Cartagena. . ."

UN HOMBRE LLAMADO JOSE PIANETTA PITALUA 

En la capital de Bolívar, Lucho fue contratado para dirigir la orquesta "A No.l" cuyo propietario era un hombre llamado José Pianetta Pitalúa

"Me dediqué a hacer arreglos y dirigir. . . Vivía en la calle de la Cruz, en el barrio San Diego y todos los días iba a hacer las grabaciones a Emisoras Fuentes, en la calle del Sargento Mayor. . ."

Pero el negocio con Pianetta Pitalúa no habría de durar mucho.

"Con ayuda de la casa de José Vicente Mogollón, traje instrumentos y arreglos de música americana . . Entonces, formé mi propia orquesta".

Se llamaba "Orquesta del Caribe" y en poco tiempo se hizo famosa.

"Yo vi por dónde era la cosa y me dediqué a estudiar el folclor costeńo, a recorrer los pueblos de mi tierra, callado la boca, sin que nadie supiera quién era.  Llegaba de noche a los pequeńos bares al aire libre, debajo de las palmeras, donde negros milenarios tocaban la caja, el millo... y escuchaba". 

Un día, Lucho Bermúdez llegó a María la Baja, un pueblecito miserable, cerca de Cartagena, habitado por negros semidesnudos y altísimos. que arrancaban  extrańos sonidos africanos a sus precarios instrumentos de percusion.  Allí Lucho tuvo su gran revelación:
"Había una morocha que se llamaba María Isabel. Por la noche, dirigía la cumbiamba en la playa, bailando con su pollera de colorines, con los pies desnudos sobre la arena". 

Así, bajo el revolotear de la pollera milagrosa de María Isabel, surgió el primer éxito mundial de Lucho. Y al poco tiempo, toda América cantaba: "María Isabel... Prende la vela. ..que va a empezar, la cumbia buena . ."

EL CAMINO DEL EXITO

Después de "Prende la vela", vino el resto. "Mi primer L.P., prensado en Estudios Fuentes, traía además "Las mujeres de San Diego", "Cadetes Navales", "Chucho Hernández", "jabón con yuca", "11 de noviembre" y "El gallito".

"Y como que estaba inspirado, porque un día de "rasca", bajo un terrible guayabo, me puse a escribir y . . ."

Las manos de Lucho corrían nerviosas sobre el papel mientras la música iba naciendo lentamente:

"Borrachera, borrachera, borrachera.. Es la causa de mi pelea..borrachera, borrachera, borrachera . ." El joven compositor se hallaba ya en el camino del éxito.

A TOMARSE LA CAPITAL ... 

En 1943, la "Orquesta del Caribe" y su director, arribaron a Bogotá "Veníamos contratados por el "Night Club Metropolitan", de la Avenida Jiménez. . . el mejor en esa época". Durante dos ańos, la Orquesta del Caribe marcó la pauta de la música popular costeńa en la capital. Lucho Bermúdez ascendió a pasos firmes por la escalera del éxito y por eso, en 1945, cuando se acabó el grupo musical, el nombre de su director estaba muy bien cotizado.

"Me quedé en Bogotá, como arreglista de casi todas las orquestas. . ."

Para asegurar su posición, la "Peer International" -una casa musical muy conocida- firmó un contrato por medio del cual se comprometió a administrar mundialmente, toda la creación musical del compositor. "Por ese entonces dejaron de decirme Lucho y comenzaron a llamarme "Maestro. . ." 

PRIMERA SALIDA: A BUENOS AIRES

Un hombre de pequeńa estatura, rostro cetrino y cabello engominado, camina rápido por la Calle Corrientes.  Lucho Bermúdez ha salido por primera vez de Colombia ... y por la puerta grande. 

"La R.C.A.Víctor me contrató para grabar en Buenos Aires. Yo acepté y así salí para la capital argentina, en el ańo 1946. Allá fui asesor de Eduardo Amiani y de Eugenio Nobile en su orquesta Panamericana". 

En total, el joven compositor permaneció 6 meses en Buenos Aires. Alojado por cuenta de la R.C.A. en el Hotel Madrid, de la Avenida 9 de Mayo, a tres cuadras de Ia Casa Rosada, Lucho aprendió a querer al pueblo argentino.  Pero a ratos lo asaltaba la melancolía de su patria. 

"Un día, cuenta, estaba un poco enguayabado, escuchando música de mi tierra ... De pronto me senté al escritorio y comencé la letra de una pieza más ... casi sin saber lo que hacía. Y mira lo que salió . . ." 

El maestro busca entre el cerro de papeles que está frente a él. Saca uno y nos lo entrega. Con solo mirar la primera línea, tarareamos automáticamente el resto del estribillo: "Todo el mundo está bailando esta cumbia colombiana ... Con el rumor, de las palmeras se escucha el eco de música lejana . . ." "Cumbia colombiana"  fue lo mejor que compuse durante mi estancia en Buenos Aires. También hice un porro dedicado a la ciudad que me acogió con los brazos abiertos ... Entonces, me decidí a regresar a Colombia al concluir mi contrato". Lucho Bermúdez llegó a Bogotá en el mismo ańo de 1946. Se encontró con una ciudad que bailaba y cantaba la música que él había impuesto. "Su" música.

"Me contrataron para dirigir mi orquesta en el famoso Hotel Granada, que quedaba en el parque Santander, donde ahora está ubicado el Banco de la República. Es decir, en plena Avenida Jiménez con séptima. Ahí, todas las noches, hacía mis. presentaciones con una orquesta nueva: esta vez llevaba el nombre que había de hacerse tradicional: "Orquesta de Lucho Bermúdez". 

Los nueve primeros integrantes de la agrupación, ocupan todos un lugar en el mundo musical de América. Alex Tovar, el maestro, ahora miembro de la Orquesta Sinfónica de Colombia y presidente de la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia (Saico); Gabriel Uribe, quien ahora vive en Medellín, pensionado por la Sinfónica, y al mismo tiempo es profesor del Conservatorio; Rodríguez Midero, de la Orquesta Sinfónica; Luis Uribe Bueno, director de Arte de "Sonolux"; Gerardo Sanson, quien sigue tocando el piano en Medellín y grabando discos; el Negro Jack, un baterista peruano que todavía es figura en su país; Matilde Díaz, quien en esa época acababa de contraer matrimonio con Lucho Bermúdez en Buenos Aires y que ahora vive retirada de la vida artística después de ser considerada (lo dice el mismo Lucho) "la máxima intérprete de la canción colombiana". 

"Ah ... las noches del Granada, son inolvidables. Ahí veía siempre en primera fila a Alfonsito Castillo Gómez, a quien yo le dediqué un porro muy conocido: "Alfonsito está de fiesta". El famoso periodista era uno de los más bohemios de esa época ... Eramos . . ."
"Carmen de Bolívar", "Caprichito", Prende la Vela", y "Pachito el Che", que se lanzó bajo la dirección del maestro Alex Tovar, eran las piezas musicales que más solicitaban en aquellos días a la orquesta de Lucho.

DOCE AŃOS EN MEDELLIN ...

 "Después me fui para Medellín, contratado por dos ańos por el Hotel Nutibara. Desde  el principio, la gente antioqueńa me recibió bien, pero nunca pensé hasta dónde habría yo de ligarme a ese pueblo. Cuando terminé el contrato con el Hotel Nutibara, y contento de vivir en Medellín, acepté  tocar un tiempo para el Club Campestre ... Y me quedé 12 ańos más".

Medellín, para el compositor que surgía a pasos agigantados, fue como un "trampolín" que lo lanzó a la fama. "Fue la única ciudad donde realmente valoraron lo que había hecho ... donde me apoyaron. Allí, de verdad, me convertí en Lucho Bermúdez . . ."

En la capital de Antioquia, el compositor grabó 25 L.P. Fue Director de Planta de la "Voz de Antioquia", dirigida por "el hombre que hizo la radio en Colombia: William Gil Sánchez". 

INVITADO A CUBA POR LECUONA

Cuando Lucho Bermúdez apenas comenzaba a surgir en Cartagena, con su "Orquesta del Caribe", envió a una revista cubana uno de sus danzones que tituló "A Cuba".

"Me lo reprodujeron en "Bohemia" y, poco a poco, me fui dando a conocer en La Habana . . ."

El danzón, "A Cuba", lo hizo popular en la isla con la interpretación del famoso Antonio María Romeu.  Ańos más tarde, cuando la calidad de la música de Lucho era conocida internacionalmente, el maestro Ernesto Lecuona -el grande- lo invitó por 15 días a participar en la celebración artística de un centenario de la independencia cubana.

"Legué a La Habana en 1952. Era la ciudad ideal. Con una vida artística increíble, con grandes amigos, con gente simpática y alegre. Los 15 días a que había sido invitado se convirtieron en 4 meses, y si por mí hubiera sido no habría salido de Cuba ... nunca". 

Lucho Bermúdez hizo televisión (en CMQ, canal 4), radio (Radio Progreso, Cadena Azul, etc.) y, por último, recibió el más grande honor a que podría aspirar un compositor en esa época. 

En efecto, una noche las luces se encendieron sobre un gran escenario y la voz del animador dijo:   " ĄSeńoras y seńores ... en Tropicana ... el internacional: Lucho Bermúdez! " "Dirigí la orquesta del maestro Lecuona, con él acompańándome al piano, en el famosísimo Tropicana ... Fue algo inolvidable". 

De La Habana, Lucho guarda gratos recuerdos: las interminables noches en la "Bodeguita del Medio", al lado de René Cabell, Oswaldo Farrell ("Quizá.. .quizá ... quizá") y Jorge Roca; los paseos por el malecón, a la hora del atardecer; el sabor peculiar del ron y el tabaco, y la gracia y simpatía de la mujer cubana.

MEJICO Y LA CONSAGRACION

Cuando Lucho salió de Cuba rumbo a Méjico, ya era conocido en el mundo. "Borrachera", "Las mujeres de San Diego" y ".Carmen de Bolívar", habían calado en Europa y Norteamérica. Por eso, cuando llegó al aeropuerto de la capital del Distrito Federal, Lucho ya no tenía nada que aprender. 

"Estuve en Méjico dos ańos, contratado por la R.C.A. Escribí en el editorial de "La Emi", dedicado a hacer arreglos musicales.
Por último grabé un L.P. que se llamó "Lucho Bermúdez en Méjico" ... Luego, regresé a mi país". 

LUCHO ... HOY 

Los recuerdos han terminado. El jovencito de "la flauta de papayo" se convirtió en un hombre maduro, que piensa mucho antes de hablar y ha cambiado la vida bohemia por la tranquilidad del hogar y los hijos. 

Está sentado en su apartamento, situado en el piso 17 de un céntrico rascacielos de Bogotá. Por la ventana se contempla una panorámica de la capital, que se extiende hasta perderse de vista. Un pequeńo bar, amplia biblioteca, acogedora salita de estar ... Ese es el mundo actual de Lucho Bermúdez.

-żDespués de todo esto, luego de más de medio siglo de "hacer música., se considera un hombre feliz? 

-Sí. Estoy contento en mi profesión, porque he servido a mi país con desvelo incansable, y mi país, mi pueblo, ha correspondido. No las entidades oficiales, pero sí la gente ... En mi vida personal, porque, aparte de haber conseguido felicidad en mi hogar, he tenido grandes amigos y creo al fin haber encajado en algo ... haber llegado a alguna parte". 

El bohemio de otras épocas, llega ahora a su casa temprano. Se tiende a leer sobre la cama ("lee mucho, confirma su esposa, a toda hora") y duerme un rato hasta las 7 de la mańana en que se despierta y sigue leyendo. 

-żQué libros le gustan ... ? 

-Todo lo que sea importante ... todo lo que conlleve conocimientos ... Novelas, libros de ciencia, lo que venga ...

-żGabriel García Márquez?

-Muy bueno ... Aracataca es Macondo, no cabe duda.

A las 9 de la mańana, Lucho sale de su apartamento y se dirige a la oficina en la carrera 9a. No. 17-45, donde atiende sus negocios hasta el mediodía, cuando sale a almorzar.

-Me gusta comer bien (como buen costeńo), y como de todo. Por recomendación médica, mucha carne asada ... 

A las dos de la tarde, sale para el Grill Candilejas donde ensaya con su orquesta. Por la noche, el show. Y la historia se repite todos los días. 

-Cuando descansa ... żqué hace?

-Leer en mi casa. Ya no salgo. Casi no tengo vida social ... Estoy bien de salud, pero debo cuidarme ... Los lunes, martes y domingos, no trasnocho. La orquesta la maneja el subdirector, Efraín Herrera, un maestro en todo el sentido de la palabra. Yo aprovecho y me quedo en casa con mi esposa y el bebé ... Muy poco cine, y futbol solo cuando hay clásicos. 

EL FINAL 

-żPuede usted comparar la situación de los músicos hace 50 ańos, con la de-ahora?

 -Los músicos colombianos, de antes y de hoy, tienen exactamente los mismos problemas ... y no debería ser así, porque los músicos de antes no tenían legislación que los protegiera y los de ahora sí ... A pesar de eso, la situación es la misma ...

-żPor ejemplo ... ? 

-Hoy tenemos un estatuto de radio y televisión donde hay disposiciones que apoyan a los músicos y compositores, a los cantantes y arreglistas. Por ejemplo: la radio colombiana tiene obligación de incluir en su programación un 25 por ciento de música colombiana, TODOS LOS DIAS ...

Tienen que programar además un 5 por ciento de música "en vivo", con cantantes y orquestas colombianas .

-żQué se cumple de todo esto? ... Nada!

Mientras habla, Lucho Bermúdez gesticula y se emociona.

-Todas las emisoras -absolutamente todas han burlado estas disposiciones. En . Argentina y Chile, la radio transmite un
70 por ciento de música autóctona ... y los night-clubs también.  En Méjico, un 50 por ciento. En Venezuela se toca en la radio un disco foráneo y otro nacional. En cambio en Colombia, las emisoras no tienen nada nuestro, nada de este pobre país . . .

 -żY los culpables ... ? 

-Los culpables son los gobiernos que no han hecho cumplir estas disposiciones. En la televisión, para seguir con ejemplos, estamos en peores condiciones. Las empresas hacen y deshacen, presentan programas para aficionados en horas dedicadas a profesionales y hacen programas de invitación, para no pagar orquestas ni cantantes nacionales. Hay interés en acabar con las raíces que sembramos los cultores de la música autóctona. En TV debe proyectarse un 50 por ciento de música viva y eso no se hace . .. Mientras tanto, las glorias de este país se mueren de hambre. Ni siquiera mencionan sus nombres cuando se toca y se canta. 

-żVe usted alguna solución a todo esto?

-Ya es hora de que se cumplan todas las disposiciones vigentes y que nuestros músicos, cantantes y compositores, así como los letristas, no vivan tan desamparados. 

-żPor qué estos reclamos los hace Lucho Bermúdez y no otros artistas?

-Porque aquí la gente no se atreve a decir nada. Porque tienen miedo de que los barran de la televisión y de la radio. Porque los vetan y no los dejan trabajar si abren su boca para otra cosa que no sea cantar, o comer callados el pan de la amargura ... Ellos tienen temor de que las empresas tomen represalias. Pero yo creo que ha llegado el momento en que todos hablemos ... y actuemos . Tenemos derecho como ciudadanos y como artistas a defender un patrimonio que hasta ahora no se lo hemos
vendido a nadie. 

Este es Lucho Bermúdez, hoy.  

Tomado de la Revista Cromos 7 Días No. 2806, 1o de noviembre de 1971

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Edad de oro de la música bailable en Colombia 

por Egberto Bermúdez

Nacido en Carmen de Bolívar, el 25 de enero de 1913, se inició precozmente en la música con un familiar director de banda, y al comenzar su adolescencia ya tenía algunas composiciones a interpretaba varios instrumentos (flautín, piano y clarinete). Su formación con un músico de banda lo vinculó a una de las tradiciones más importantes de la Costa Atlántica, constituida por agrupaciones que desde el último tercio de siglo XIX se habían convertido en pilares de la cultura regional.

Aún muy joven Bermúdez viajó a Santa Marta y se vinculó a la banda militar de la ciudad, en donde recibió algunos conocimientos musicales de Guillermo Rico, quien había estado en Europa y estableció a su regreso una academia de música en aquella ciudad. De allí paso a Chiriguaná (Cesar), en donde se desempeńo como director, y poco después se estableció en Cartagena, a finales de la década de los treinta.

Después de la consagración de éxitos internacionales como El manisero, en 1930, la música de baile caribeńa había comenzado a penetrar otros ambientes y a crear nuevos mercados a través del disco y la radiodifusión. En nuestro país su tradición tenía ya más de un lustro, y gracias a la experiencia internacional de músicos costeńos como Angel María Camacho y Cano y ]osé Pianeta Pitalúa y a la visión empresarial de Tońo Fuentes y otros más, se logró abrir la brecha para este género en nuestro país.

Estrechamente ligadas a las fiestas populares y a la música militar y de baile, las bandas de la Costa Atlántica fueron el crisol donde surgieron los músicos que conformarían las orquestas de baile que le imprimirían su personalidad a la música costeńa en las décadas centrales del siglo. En Cartagena se vincula a la Orquesta A Número 1 y luego a Radio Cartagena y Emisoras Fuentes y allí, como director de esa orquesta (posterior Orquesta del Caribe), graba sus primeras obras, porros como Marbella y Joselito Carnaval

Los porros y fandangos constituían el repertorio de la Orquesta del Caribe cuando, dirigida por Bermúdez, se presentó en temporada en un lugar nocturno de Bogotá a mediados de los ańos cuarenta. Allí comienza su asociación con Matilde Díaz, su intérprete por excelencia, de la cual nacen éxitos: Caprichito entre los porros y Danza negra como un primer y logrado experimento con la cumbia, concebida para la voz de Matilde. En 1946 viaja a Argentina y allí realiza grabaciones y populariza sus obras grabadas por reconocidas orquestas. A su regreso funda su propia orquesta, que de allí en adelante desarrolla una brillante trayectoria en Bogotá y otras ciudades. Muy pronto la orquesta obtiene su propio sonido, basado en sus lúcidas improvisaciones a ingeniosa orquestación. El porro San Fernando nace en ese momento como el primero de una serie de logros de lo que se conoce como la edad de oro de la música bailable colombiana.

Después de un viaje a Cuba en 1951 desarrolla una intensa actividad con su orquesta, asociado a un gran número de cantantes y con diversas compańías discográficas, incluyendo incursiones en el negocio del entretenimiento, como la fundación del Grill Candilejas. Su música se convierte en material obligado para los grandes intérpretes del país y, al tiempo que sigue con su repertorio tradicional, produce piezas de otro estilo como el pasillo Espíritu colombiano, buen ejemplo de su gran musicalidad y vena melódica. Poco a poco relega su control de la orquesta y se convierte en una leyenda viviente de la música colombiana, condecorado y retribuido artística y económicamente. Muere en Bogotá, el 23 de abril de 1994. Su legado es original: la creación de un estilo propio para su música bailable, nutrida siempre de los elementos básicos de la tradición regional que brindó posibilidades a su talento.

Tomado de la Revista Credencial Historia No. 120, diciembre de 1999

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Todas las formas de Lucho

Jaime Andrés Monsalve B. *

Lucho Bermúdez fue consciente de su lugar en el mundo. Se sabía par de Rafael de Paz, de Dámaso Pérez Prado, de Ernesto Lecuona. Y por eso podía decir quién guardaba deudas con su arte. "Quiero que usted sepa que (Eduardo) Armani nunca me dio nada", le dijo un vehemente Luis Eduardo Bermúdez a su biógrafo, José Portaccio Fontalvo, en referencia al director de orquesta argentino que también hizo del porro y la cumbia su carta de presentación, según cuenta en su exhaustiva investigación, Carmen de Bolívar.

"Yo sí le di a él todo lo que necesitó cuando yo estuve en Buenos Aires", remataba. Y, de esa manera, el músico explicaba quién era hijo de quién.

Difícilmente se encuentra uno con una foto de Lucho Bermúdez que no lo presente con elegante corbatín y gruesos anteojos. Más allá de una iconografía visual, en ambos elementos podrían estar reflejados los intereses por los que propendió el músico bolivarense: la inquietud por llevar hasta los grandes y finos salones de baile del interior de Colombia una música normalmente vista con respingo en esas mismas ciudades.

Y, por otra parte, más allá de compartir instrumento, siempre estaba bien que otro rasgo externo, en este caso las notorias gafas, lo hermanara con una de sus mayores influencias en vida, el clarinetista de jazz Benny Goodman, de quien se consideraba émulo y alumno en la distancia.

Hacia 1965, en Buenos Aires y con el apoyo de músicos argentinos, Lucho Bermúdez compuso y grabó un tema llamado Moqueteando, catalogado por el mismo creador como ?gaita-jazz?.

Aunque pocas veces usó deliberadamente ese rótulo para referirse a una creación suya, para nadie es un secreto la existencia de elementos formales provenientes de la gran tradición norteamericana en su obra, no solo reflejada en la presencia de improvisaciones y síncopas, sino en el interés por preservar hasta los últimos instantes de su vida una formación de estilo big band, una densidad orquestal difícilmente manejable hoy, cuando la economía afecta directamente todo emprendimiento estético.

Eran otros tiempos los que corrían cuando el Caribe colombiano estaba inundado de bandas, pero musicales. Y Lucho Bermúdez, joven aprendiz de vientos que compuso su primera canción a los 9 ańos, iba de pueblo en pueblo, de voz en voz, siendo el aspirante más joven a llevar la batuta de cualquiera de ellas. Empezó humildemente como impúber conductor de la Banda del Batallón Córdoba en Santa Marta -como bien lo registra Portaccio en Carmen de Bolívar, Lucho Bermúdez (1997)- hasta lograr conformar la suya propia, la Orquesta del Caribe, en un estilo más tropical que marcial, en 1939, a sus 27 ańos. Y como si se tratara de un detonante para la inspiración, a la posibilidad de tener por fin conjunto propio seguiría la inspiración infatigable. Y los éxitos. Marbella, Borrachera y el mapalé Prende la vela fueron los primeros.

De esa última pieza, con letra de Ramón de Zubiría, vale la pena decir que sorprende su condición deliberadamente desnuda y vernácula, un dechado de percusión mil veces reinterpretado por folcloristas como los Gaiteros de San Jacinto, la Cumbia Soledeńa, Totó la Momposina, a pesar de haber nacido con los ropajes de una moderna big band. Mención aparte cobra su también recién nacido himno Carmen de Bolívar. Luego vendría lo demás: sus diferentes orquestas y cantantes, las giras internacionales, sus ritmos tumbasón y patacumbia, sus más de mil composiciones y la inmortalidad.

Cumbia de frac

Bermúdez nació el 25 de enero, hace 100 ańos. Y como si se tratara de una excepción a la muy colombiana regla, es uno de los pocos baluartes que no solemos recordar únicamente cuando las fechas lo ameritan. Pocos artistas tan recurridos en nuestras fiestas y jolgorios. Pocos nombres como el suyo se nos vienen tan instantáneamente a la cabeza cuando alguien pregunta quiénes somos, de qué país venimos.

En entrevista para la Radio Nacional, el periodista Andrés Salcedo, a quien Lucho Bermúdez le grabó el paseo Tierra mía, en la década del 60, recordó la importancia del director de orquesta como el hombre "que vistió de frac a la música del Caribe". Probablemente solo de esa manera, poniéndole al sonido de la cumbia y la gaita las ropas elegantes que él mismo ostentaba frente a su orquesta, podría haber logrado Bermudez el milagro de que una fría Bogotá, una pacífica Cali, una autorreferencial Medellín voltearan la mirada hacia el sonido bailable, melodioso y frenético que flautas de millo, gaitas y acordeones habían logrado crear, pero no exportar. 

Ese mismo milagro se repetiría en la escena de Eugenio Nóbile y Eduardo Armani ofreciéndole sus músicos para conformar una orquesta de porro, cumbia y gaita en Buenos Aires. O en la de verse dirigiendo, en La Habana, a los Lecuona Cuban Boys, por solicitud del mismísimo autor de Siboney y mentor de la agrupación, Ernesto Lecuona.

O en la imagen de una joven cantante, de nombre Celia Cruz, esperando en la entrada de un hotel al maestro y a su esposa, Matilde Díaz, a quienes solía escuchar y admirar por obra y gracia de la radio de onda corta.

Curiosamente, que la música caribe hubiera salido de su epicentro de esta manera hizo que las generaciones posteriores de músicos, pasado el auge de las big bands, se concentraran en reconocer los patrones primigenios de la cumbia, el porro y la gaita, en busca de aquella raíz que Lucho y sus contemporáneos Pacho Galán y Edmundo Arias se dieron a popularizar.

La música realizada en las capitales a partir de esos elementos (con nombres como Mojarra Eléctrica, Puerto Candelaria o La Cumbiamba Eneyé) y las recientes compilaciones de cumbia colombiana, por sellos extranjeros como Vampisoul de Espańa o Soundway del Reino Unido, son una prueba de un apogeo que no es nuevo, pero cuyo fin no se ve venir en el corto plazo.

Lucho Bermúdez, decimos, fue consciente de su lugar en el mundo. Tal vez lo que no sabía es cómo estaba describiendo su propia música en la letra de ese himno nacional paralelo que es Colombia tierra querida. Porque esa música, como este suelo, "es una oración y es un canto de la vida".

Hasta en Italiano

Probablemente, de cuantas rarezas se la hayan endilgado a Lucho Bermúdez, acaso lo más recóndito de su producción sean las versiones en italiano que grabó de su ?Danza negra? y del dásico de Rafae Campo Miranda ?Playa, brisa y mar?, rebautizado como ?Spiaggia?. Registradas en la década del 60, ambas piezas fueron incluidas en un trabajo cuyo objetivo fue llevar la música del país hasta el público italiano, iniciativa de Vittorio M. Pastorelli, profesor del Instituto Colombo-ltaliano de Bogotá. El cantante de la orquesta, Henry Castro, se vio obligado a aprender las traducciones del propio Pastorelli, que fueron incluidas finalmente en un álbum de varios intérpretes que se llamó ?Smeraidi Musicali di Colombia?.

Tomado del periódico El Tiempo, 28 de enero de 2012 

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Genio que marcó generaciones

por Juan Carlos Díaz y Laila Abu Shihab

"Lucho era un tipo organizadísimo, pero también tenía una enorme capacidad para improvisar y en cualquier momento interrumpía una conversación, porque se le venía a la mente la idea perfecta para una canción nueva. A él le salía todo así, como sin pensar mucho. De repente, se sentaba a escribir un par de cosas y me preguntaba: żes o no es un porro? Al rato, lo tenía listo", recuerda Plinio Guzmán, el médico y mejor amigo del gran Lucho Bermúdez, que nació un día como hoy, hace 100 ańos.

El 25 de enero de 1912, cuando aún no existían carreteras ni calles pavimentadas, cuando tampoco existía la luz eléctrica y El Carmen de Bolívar era un pequeńo villorrio de ese Bolívar Grande del que hacían parte Atlántico, Córdoba, Sucre y Bolívar, vino a luz del mundo el personaje que ańos más tarde se convertiría en el más famoso de los nacidos en ese pueblo.

Lucho Bermúdez, para muchos el músico colombiano más importante de la historia, nació en el barrio Bureche, en el hogar constituido por Luis Eduardo Bermúdez Pareja, quien fuera rector de la Universidad de Cartagena, e Isabel Acosta Montes.

Cuando apenas tema 2 ańos, su padre falleció, por lo que su abuela Concepción Montes se hizo cargo de su crianza. A los 6 ańos, su tío José María Montes, músico y director de banda, lo inició en el aprendizaje de la música y, desde entonces, mostró su innato talento y genialidad como instrumentista.

Al cumplir 10 ańos, su abuela se trasladó a Aracataca, donde su tío materno Jorge Rafael Acosta, maestro de bombardino y director de banda, afianzó su aprendizaje, y donde se enamoró por primera vez de una mujer, cuyo único defecto ?era que tenía mucha plata?.

Pronto incursionó con igual solvencia en el saxofón, trombón de pistón, trompeta y clarinete, instrumento que lo seduce hasta su último aliento, y con el que conquistaría a Colombia y los escenarios donde se presentó en Argentina, México, Cuba, Estados Unidos e Italia, entre otros países.

Su adolescencia transcurrió entre Chiriguaná, Santa Marta, Mompox, para luego llegar a Cartagena, donde desplegaría su don y liderazgo en la orquesta ?La Número Uno? de José Planeta Pitalúa, la que dirigió con suficiencia, para luego formar su propio grupo, la Orquesta del Caribe.

A la par, comenzó la creación de asombrosas piezas de distintos aires. Compuso porros, cumbias, merengues, gaitas y fandangos, lo mismo que danzas, pasillos, pasodobles o tangos.Dentro de su memorable obra se cuentan Carmen de Bolívar, Colombia Tierra Querida, Tolú, Caprichito, Salsipuedes, San Fernando, Gaita de las Flores, Gloria María, Los primos Sánchez y Borrachera, entre muchas más.

En entrevista para la Radio Nacional, el periodista Andrés Salcedo, a quien Lucho Bermúdez le grabara el paseo Tierra mía en el 60, recordó la importancia del director de orquesta como el hombre "que vistió de frac la música del Caribe".

Tomado del periódico ADN, 25 de enero de 2012 

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