Alberto Baraya Gay

Bogota

Pintores

Figura Humana


 Alberto Baraya

pintor
 

 


El jardinero infiel

por Humberto Junca

Sobre una pared de la cafetería del jardín Botánico de Bogotá se encuentran enmarcadas varias láminas de los taxones de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada que José Celestino Mutis (Cádiz 1732-Bogotá 1808) dirigió patrocinado por la corona española en el siglo XVIII. Justo en la pared del lado se encuentran otras ilustraciones de plantas seccionadas y clasificadas de manera casi idéntica. Casi, porque pronto me di cuenta de que no eran dibujos sino fotografias de fragmentos de plantas. Luego reparé en las anotaciones y en los pequeños detalles de esos vegetales, y me inquietó la pequeña rebaba antinatural en los pistilos; la articulación cilíndrica algo protuberante y absurda entre el tallo y las hojas; la incómoda solidez de los pétalos de la flor y un pequeño filamento hecho de alambre que parece ser parte de un sistema "óseo" inverosímil que se asoma en el cuerpo truncado de esa especie. Finalmente, comprendí, no sin sentir algo de vergüenza, que lo que estaba viendo era una clasificación morfológica de una planta de plástico. Lo que parecía natural, no lo era.

Esta inteligente inserción fue realizada en el 2003 por el artista Alberto Baraya y hace parte de su Herbario de plantas artfciales, un proyecto que se ha presentado siguiendo varias estrategias, en diferentes espacios, como el Museo de Arte La Tertulia en Cali o el Museo de Arte Moderno de Bogotá, desde el año 2002. Según el artista, la muestra del Jardín Botánico es la que más placer le ha dado. En ese mismo evento colectivo titulado Ciencia, Arte y Naturaleza, Baraya "etiquetó" varios especímenes de la rosaleda y del tropicario del Jardín Botánico, no con su nombre científico o su orden taxonómico, sino con una fotografía "plastificada" de una versión artificial de la misma planta, encontrada en un hotel, en un restaurante o en un centro comercial de algún pueblo de Colombia.  De esa manera, la caprichosa relación entre arte como representación, cultura como construcción artificial y naturaleza no podía ser más contradictoria.

Cuando se dice que el arte clásico es sobre todo mimético, es porque lo que se espera de un artista clásico es una reproducción fiel de su modelo, sea éste un jarrón, un caballo o una flor. Aún hoy día la mayoría de los espectadores creen que el "buen arte" debe parecerse al modelo, a "lo real". Esta tradición mimética, esta idea de "representación fiel" es la que sin duda ha originado ese afán por imitar en nuestra sociedad de consumo (así sea superficialmente) lo meramente natural, o aquello que pensamos debe ser "lo real": una lámina impermeable de fórmica imitación madera; un helecho de plástico que esté siempre bonito sin necesidad de regarlo o abonarlo; y, por qué no, unos firmes y generosos se nos de silicona. Preferimos lo que nos ahorra trabajo. Preferimos lo que no muere. Preferimos lo que no cambia. Preferimos lo que podemos controlar, o lo que creemos que controlamos. Ojalá recuperáramos el paraíso perdido y ojalá que fuera de plástico. Baraya dice: "En el Herbario de plantas artificiales se puede dar un diálogo entre lo natural, lo natural transformado, lo natural ordenado y la representación de lo natural. Un espacio como el jardín Botánico está destinado a la contemplación de `lo natural ordenado, similar a las formas de presentación del arte como figuras que deben contemplarse. En últimas, todas las construcciones culturales son artificiales, incluso los jardines, los huertos y los parques que utilizan plantas naturales".

Las palabras de Baraya pueden interpretarse, sin temor a la exageración, de manera que nuestra idea de naturaleza, o de "lo nativo" (el Nuevo Mundo) sea parte de una construcción cultural realizada desde un punto de vista eurocéntrico (ejemplificado por la Expedición Botánica). Como toda construcción cultural es artificial, la nuestra resultaría doblemente artificial. "Lo natural es algo que asociamos con lo primigenio, con lo virginal, con un espacio que la ciencia definiría como lo no tocado por el hombre", dice Baraya y continúa: "Es difícil que podamos conocer lo absolutamente natural, pues el conocimiento implica un punto de vista humano. Y aunque se conozca o se experimente lo natural, no se puede hablar de ello de manera natural".

Alberto Baraya es viajero y coleccionista como José Celestino Mutis, pero al revés. Nació en Bogotá y estudió Artes en la Universidad Nacional de Colombia. Luego se marchó a España en donde realizó un máster en Estética y Teoría del Arte en la Universidad Autónoma de Madrid. Allí, lejos de lo natural, nació su proyecto. En uno de sus paseos por los parques de la ciudad encontró en el suelo un par de hojas sutilmente diferentes a las de los árboles cercanos. Al acercarse se dio cuenta de que eran de plástico. La anécdota, en todo caso, es sólo eso, pues Baraya dice que su Herbarío tiene un origen más común y corriente: "La idea del Herbario realmente comienza cuando uno está en el colegio en clase de Ciencias. La educación normal prepara para ser un científico, es decir, para tener en mente desde pequeño las herramientas de la ciencia como método de conocimiento". Quizá por eso uno se siente, aunque paradójico, muy cercano al Herbario de Baraya: ¿Quién no hizo en el colegio una colección similar, quién no tuvo que recolectar hojas y diferenciarlas por forma, tamaño y familia?

Baraya es un visitante asiduo y un viajero decidido hacia entradas de hoteles, peluquerías, salas de casas de familia y todos aquellos lugares en donde, como un explorador convencido, saca su cámara, aprieta el obturador, captura la imagen de la planta y luego, con minucia, corta un pequeño trozo que luego enmarca en uno de esos cuadros como los que me sorprendieron en el Jardín Botánico.

Los órdenes taxonómicos que le interesan al artista, sin embargo, están más asociados con su uso como objetos decorativos que con las plantas en sí mismas. Por ello sus clasificaciones se llaman: "Dos sillas y una planta"; "Complementos de moda"; "Escaleras"; "Centros de mesa" y "Religiones-Adoraciones". "Esta `taxonomía de los usos podría ser un ensayo estético. Lo curioso es constatar por medio de las fotos documentales que realizo, la posible definición de unos patrones universales de decoración con plantas de plástico", apunta Baraya. Esta estrategia no puede ser más natural, al menos dentro de nuestro paisaje cultural y dentro de un medio atento a intereses estéticos más bien peculiares. El proceder de Baraya, de todos modos, apunta a una de las actividades primigenias del hombre: la recolección (fuimos recolectores antes que sembradores y cultivadores) y, al ver su tarea uno piensa que hay algo descabellado en todo esto: hay algo de capricho y aparente inutilidad en recolectar plantas de plástico. Pero ¿quién no ha perdido el tiempo coleccionando conchas de mar, latas de cerveza, juguetes, insectos o estampillas? Italo Calvino, en su breve relato "La colección de arena", señala cómo todo coleccionista da cuerpo a su actividad para tratar de atrapar lo efímero; para prolongar momentáneamente un evento que será sólo un recuerdo, una experiencia que de lo contrario se olvidaría, para prolongar una vida que se dirige a la muerte. Un coleccionista atesora para tratar de olvidar la fatalidad de su existencia. La colección de Baraya está cargada de una doble fatalidad, porque, en sí misma, es un recuerdo plástico, una agrupación de cosas inertes; de sombras muertas de modelos "vivos". Todo esto puede parecer un poco romántico a incluso melodramático, pero su obra no está exenta de esos sentimientos.

En el 2005 en la Fundación Cu4rto Nivel de Bogotá, el artista presentó una serie llamada "Mimosas" dentro de las exhibiciones de Fotología. En dicha exposición nuestro fotógrafo, coleccionista y taxónomo, saltó de las plantas artificiales que decoran lugares públicos y privados a aquéllas que decoran el cuerpo de hombres y mujeres. Su nuevo interés eran las plantas y flores artificiales estampadas sobre prendas de vestir; los accesorios florales y los tatuajes grabados sobre la piel. De tal manera se acentuaba la dimensión romántica, vanidosa y sexual, calladamente implícita: Baraya tomó fotos de una vegetación sembrada en el cuerpo. Siempre concentrado en la botánica ficticia, el ojo del artista corta el cuerpo del paisaje de fondo y al espectador sólo le quedan espaldas, brazos, vientres, tobillos, hombros y unas manos que se insinúan retirando la ropa, sosteniendo el pelo o señalando el objeto del deseo. Cuando le pregunto por su relación con lo sexual y lo implícito en su obra, me dice que uno de los aspectos metodológicos del Herbario de plantas artificiales es que las plantas artificiales terminaron siendo una excusa para relacionarse. Baraya comenzó a establecer relaciones con personas por medio de un objeto banal, simple. "Gracias al proyecto conocí a mucha gente, gente que incluso me mandaba flores de regalo. Entonces, el Herbario pasó a ser una excusa, una práctica que implicaba otras cosas en mi vida diaria... La `excusa de las plantas artificiales, por un lado, y la metodología científica de la observación y toma de datos, por el otro, dieron origen a esa mirada de voyeur que usted menciona. Podríamos así concluir que detrás de todo científico hay un voyeur en potencia".

La obra de Alberto Baraya está cargada de contrasentidos a incógnitas entre lo íntimo y lo público, lo natural y lo artificial, lo útil y lo inútil; entre lo nativo y lo exógeno: sus orquídeas, por supuesto, son hechas en China. La obra de este mirón o voyeur, que ha sido invitado a la próxima bienal de Sao Paulo, se mueve entre el rigor histórico-científico y el más devastador sentido del humor: el Herbario de plantas artificiales es sin duda una de las obras más complejas y relevantes del arte colombiano actual. Pues no hay arte sin ironía.

Tomado de la Revista Arcadia de Semana No.09, junio de 2006

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`Botánico de matas plásticas`

por Diego Guerrero, Redactor de El Tiempo

Un árbol de caucho hecho de látex es la propuesta de un artista que se ha dedicado a clasificar plantas artificiales.

Alberto Baraya es un taxónomo de matas plásticas. Tiene un herbario con 400 especies, casi todas `made in China ; que no clasifica por su familia a orden, sino por el lugar que adornaban: Mata de corredor de edificio o Dos sillas y una planta.

Su búsqueda de plantas artificiales arrancó en Madrid en el 2002 y ha llegado tan lejos que fue invitado a la bienal de Sao Paulo (Brasil) de este año. Allí irá no con una matita encontrada sino con un árbol de caucho...hecho de látex (es decir el jugo del árbol de caucho con el que, precisamente, se produce el caucho).

A partir del viernes, en la galería Santa Fe, Baraya presentará una rama de ese árbol; más cinco matas plásticas y dos invernaderos del mismo material. Lo hará como el segundo participante del Premio Luis Caballero. El título de su obra: `Expedición.

Pasión de otoño

"Iba por una calle de Madrid, en otoño, y el piso estaba lleno de hojas amariIlas: De pronto, vi una verde. La cogí y vi que era de plástico. Entonces me acordé de los herbarios de la escuela, de las figuras de la Expedición Botánica y empecé a coleccionar hojas plásticas".

Para eso, hizo su propia expedición por negocios, casas y oficinas. No le bastó con pedírselas a sus amigos o arrancar una hojita de algún aeropuerto "¡no me iba a ir con toda la mata", dice- sino que hizo una tarjeta de presentación en la que anunciaba "herbario de plantas artificiales".

"Para mí es una reflexión sobre qué es natural y qué es artificial. Es también una especie de parodia y hasta una taxonomía de la economía china, donde hacen la mayoría de esas plantas", dice Baraya.

En el colmo de la pasión por su proyecto, aprovechó un viaje a la selva del Amazonas para obtener especímenes allí mismo. "Fui hasta la frontera de lo natural por matas de plástico, y había", comenta, al recordar que tiene algunas de lugares como Leticia.

Ha recogido tanto flores usadas en la moda, de las que las mujeres se ponen en el pelo; como mortuorias, que deudos llevan a las tumbas. "Hay hasta `mutaciones: rosas con hojas de enredaderas y unas tan reales que, seguro, son hechas para engañar al ojo", comenta.

¿Y el árbol de caucho cuya rama expone en la galería? "Fui a Río Branco (Brasil), donde el caucho fue muy importante a principios del siglo pasado. Con la gente de allá hice un andamio de 18 metros al rededor de un árbol para copiar con látex las ramas y las hojas. Luego saque el látex- y ahora tengo el árbol de caucho". Un verdadero árbol de caucho.

Tomado del periódico El Tiempo, 10 de agosto de 2006

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DESDE LAS RAICES

De los más de 120 artistas invitados a la Bienal, el grupo de curadores eligió sólo 20 para que hicieran una residencia en Brasil. Uno de ellos fue Alberto Baraya, un bogotano graduado de la Universidad Nacional. Hace algunos años descubrió, en medio de las hojas ocres y amarillas que caían de los árboles, unas hojas verdes y brillantes que parecían retar el comienzo del otoño español. Las verdes eran de plástico y hechas en China. Ahí comenzó un trabajo constante que emparenta el arte con la ciencia.

Desde el 2002 Baraya ha re colectado muestras de diferentes "especies" de plantas artificiales. Algunas las compra en plazas o almacenes, otras las recibe de amigos y otras más las recolecta en casas de familiares, lobbies de hoteles, matrimonios, velorios y similares. Su Herbario de plantas artificiales le valió un reconocimiento en el Salón Luis Caballero y la invitación para participar en la Bienal de Sao Paulo, no sólo con la exposición de su herbario, sino con una residencia artística que lo llevó a Río Branco, capital del departamento de Acre, en plena selva amazónica.

Allí Baraya, con la ayuda de algunos pobladores locales, cubrió con látex un árbol de caucho. La corteza resultante, símbolo de una paradoja, un árbol sintético que surge del producto extraído de un árbol real, complementará su exposición en Sao Paulo.

Tomado de la Revista Cromos No.4623, 9 de octubre de 2006

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Colombia en Venecia

por María Margarita García

Expedición a Venecia

Alberto Baraya es un caminante en búsqueda de flores y hojas para luego encerrarse en su estudio a clasificar lo inclasificable, dar esa otra mirada al mundo de hoy, a la comercialización y también a la ecología, y llegar a establecer la contradictoria relación entre arte como representación, cultura como construcción artificial, y naturaleza. Toda esa visión comenzó en una tarde en Madrid (España) cuando la calle estaba casi entapetada de hojas amarillas y de pronto observó una de color verde. Se dio cuenta de que era de plástico. Se acordó de los herbarios realizados en el colegio e inició su colección de hojas plásticas, un herbario de plantas artificiales que se convirtió en un gran proyecto que ha mostrado, desde diversas concepciones, en salas de América y Europa incluyendo la Bienal de Sao Paulo (Brasil). En unos pocos de los 700 metros cuadrados de le Artiglierie del Arsenale, uno de los espacios más nobles de la ciudad italiana, Baraya mostrará su Expedición a Venecia para la cual ha recogido flores y plantas surgidas en la laguna o que se consiguen en los sectores turísticos de esa metrópoli. "Con las flores de murano y las imitaciones made in China traza un retrato de la situación actual con la lenta desaparición de los maestros artesanos y la invasión del made in China", ha escrito la curadora.

En su obra, crítica, en la cual la relación de ciencia y arte a veces se une y en ocasiones se aleja, es posible leer el concepto del hombre y de la sociedad de hoy. Así mismo el artista da los elementos para que el espectador descubra la delgada línea entre lo natural y lo ficticio. El ingenio de Baraya, egresado de la Universidad Nacional y especializado en el Instituto de Estética y Arte de la Universidad Autónoma de Madrid, le ha permitido expresar con ironía esa taxonomía de los usos y los elementos. Su obra establece cierta relación con el trabajo del ecuatoriano Fernando Falconi cuya obra surge de El Chimborazo, y contrasta con la del resto de los artistas con quienes comparte el espacio como son Luis Roldan, Darío Escobar (Guatemala), Sandra Gamarra (Perú), Carlos Garaicoa (Cuba), Federico Herrero (Costa Rica), Ramsés Larrazábal (Cuba), Nils Nova (El Salvador), Raquel Paiewonsky (República Dominicana), Paul Ramírez (Honduras) y Gastón Ugalde (Bolivia).

Tomado de la Revista Diners No. 471, junio de 2009

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Desde 1992 ha trabajado alrededor del campo de la fotografía y la pintura. Sus proyectos retoman cuestionamientos alrededor del viaje, la migración, los museos y el exotismo, así como el paradigma científico de las sociedades poscoloniales como discursos de reivindicación cultural y personal planteando una reflexión sobre los actos estéticos cotidianos.

¿Qué relación existe entre los movimientos de independencia y el espíritu científico naturalista? ¿Cual entre las luchas de poder por el control de un territorio y los estudios científicos del medio ambiente? La fábula de los pájaros es en un proyecto de especulación actual que, a través de una serie de fotografías de colecciones científicas ornitológicas y de intervenciones con ejemplares disecados, pretende resaltar las coincidencias de fondo y forma halladas entre un museo de historia natural (La Salle, Bogotá) y un museo de memoria histórica {Quinta de Bolívar, Bogotá).

Nara Roesler
Tomado del libro ArtBo, Feria Internacional de Arte de Bogota, 2011 

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Alberto Baraya: Naturalismo/Artificialidad:

Expediciones e Investigación del Herbario de Plantas Artificiales

Desde finales de la década de los noventa, Alberto Baraya comenzó a utilizar elementos científicos como base de su trabajo. Como explorador / artista contemporáneo, ha viajado a América, Europa, Asia y Australia, con el objetivo de producir arte. Cada una de sus excursiones le ha permitido desarrollar un trabajo investigativo cuyos resultados lo han inspirado a representar visualmente lo que denomina "nuevas realidades".

Baraya comenzó a explorar la idea de la mitificación y la artificialidad con la serie Herbario de plantas artificiales
, la cual se centra en la documentación de plantas y flores falsas. Reuniendo objetos artificiales inspirados en la naturaleza y estudiando la forma en que éstos son utilizados en varios lugares, el artista analiza cómo las diferentes sociedades se han conformado en los últimos años. La serie Herbario, un proyecto en curso, va más allá del simple acto de coleccionar. Mediante el estudio de lo que recopila, es posible identificar sus intenciones y sus necesidades, y analizar el contexto social y cultural de sus hallazgos. Visualmente y conceptualmente, sus taxonomías nos recuerdan las imágenes producidas por los científicos europeos durante las expediciones realizadas en América durante los siglos XVII, XVIII y XIX. En ese momento los científicos recogieron, disecaron, clasificaron y enmarcaron especies de fauna y flora nativas, no solo para recompilar información sino también con la intención de controlar y explotar nuevos territorios. Dos siglos más tarde, Baraya apropia formas similares de representación científica para crear taxonomías de flores y plantas artificiales, y analizar y cuestionar las realidades de hoy.

Las expediciones de Baraya permiten analizar las particularidades de distintas sociedades, como lo ilustra claramente uno de sus proyectos más recientes, Antropometrías, el cual incluye una serie de fotografías tomadas durante un viaje a Machu Picchu, Perú. Durante esta expedición, el artista utilizó una herramienta utilizada por los antropólogos físicos para identificar y comprender las variaciones humanas y físicas de los nativos americanos, y la correlación de determinadas características humanas a factores étnicos y raciales. Baraya pidió a la gente local y a varios turistas que lo midieran con una pinza antropométrica, invirtiendo de esa forma el papel del explorador. A través de esta serie, que critica las teorías científicas de finales del siglo XIX y principios del XX, y propone una revisión del concepto de "descubrimiento" entre personas y culturas.

La exposición Naturalismo / Artificialidad: Expediciones e Investigación del Herbario de Plantas Artificiales presenta resultados y proyectos de Baraya basado en viajes a Acre, Bogotá, Gainesville, Indianapolis, Long Beach, y Machu Picchu, e incluye obras selectas de la serie de la Fábula de los pájaros, Herbario de plantas artificiales y Antropometrías. La exposición es una especie de álbum, una colección de "colecciones", un diario de viaje ilustrado que podemos admirar e interpretar basado en nuestros propios viajes y experiencias.

En su Herbario de plantas artificiales, Baraya utiliza objetos encontrados, flores y hojas de seda, plástico o vidrio, para crear hermosas taxonomías. La ciencia y el arte se combinan con dibujos y anotaciones relacionadas con la investigación y con las implicaciones sociales y políticas de sus hallazgos. Tal vez el proyecto más ambicioso de la serie Herbario es el Árbol de látex, producido originalmente para la 27 Bienal de São Paulo. Luego de producir un árbol de látex, Baraya despegó cuidadosamente la última capa y lo expuso durante la bienal. Además de presentar una pieza visualmente impactante, el proyecto proporcionó un comentario sobre la explotación del caucho en Brasil en el siglo XIX. La fábula de los pájaros presenta fotografías de pájaros disecados, típicos de las Américas, lo que lleva al espectador a diferentes formas de contemplar paisajes controlados: el paisaje de pájaros disecados y rellenos como un instrumento científico y su relación con el paisaje de su hábitat natural. Antropometrías se centra en la antropometría, una herramienta de la antropología física temprana que se utilizó para identificar y comprender las variaciones humanas y físicas y correlacionar estas características a factores étnicos y raciales. En las fotografías de esta serie, Baraya revisa no sólo la exploración arqueológica de la zona de Machu Picchu, sino que propone además una reflexión sobre la idea del "descubrimiento" de una cultura de la mano de otra, al pedirle nativos y turistas que tomaran sus medidas con un calibrador antropométrico.

Como la doctora Carol Damian, directora del Frost Art Museum señala, al construir su Herbario de Plantas Artificiales, Baraya utiliza el mismo proceso asociado con la ilustración botánica, al recolectar especies y documentar cada muestra con meticulosa precisión, dándole a cada una nombre y un registro. Las observaciones irónicas y cínicas de Baraya sobre lo científico y nuestra aceptación inmediata de lo científico, lo botánico o los registros de viajero, dan lugar a una nueva estética, una nueva evaluación de las maravillas del "Nuevo Mundo" (que no era nuevo o descubierto de todos modos pues sus habitante estado aquí durante miles de años). Al igual que el viajero europeo que llegó a América con las expectativas de descubrir lo remoto y extraño no se decepcionó con el vasto ambiente salvaje, quien visite esta exposición de la nueva taxonomía de las especies exóticas de Alberto Baraya tampoco se decepcionará al encontrar en ella lo absurdo de la evidencia científica que sale a la luz.

Naturalismo / Artificialidad: Expediciones e Investigación del Herbario de Plantas Artificiales, curada por Francine Birbragher, estará expuesta hasta el 5 de enero del 2014 y hace parte de la serie de las exposiciones del Frost Art Museum Conmemorando 500 años: España-Florida-Caribe.

Texto gentilmente suministrado por ArtNexus, 2013 

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