Clara Piedrahita

Joyeros

Joyas

 


Clara Piedrahita

diseñadora de joyas

   
 

 

   
 


Joyas, no sólo para lucir

Tres principios rigen el diseño de Clara Piedrahíta: la naturaleza, los astros y el alma de las personas.

Lo que llega a sus manos lo transforma. Desde niña ha tenido facilidad para manipular lo que coge, en el material que sea. Por eso, cuando llegó la hora de decidir qué estudiar, no lo pensó demasiado: diseño. Así lo hizo hace 25 años en la Universidad Bolivariana de Medellín, donde reside Clara Piedrahíta.

Cuando creía que su camino iba a estar en el diseño de productos en alguna empresa, llegó hasta la capital de Antioquia Nuria Carulla, quien le dictó un curso de joyería, lo que le cambió su rumbo, aunque siguió en la misma línea de la creatividad y elaboración de objetos manuales que siempre le ha atraído. Carulla, al observar sus destrezas le recomendó ampliar estudios de joyería en España. Al poco tiempo siguiendo el consejo Piedrahíta estaba matriculada en la Escuela Massana en Barcelona, donde estudió durante cinco años. Desde ahí no ha parado en la realización de anillos, broches, aretes, dijes, prendedores, collares y pulseras.

La particularidad de Piedrahíta está en que cada una de sus joyas es única y exclusiva. No trabaja en serie sino que son realizadas de acuerdo con el gusto, características y personalidad del cliente. Tampoco sigue tendencias de la moda en materia de joyería, sino que sus piezas las concibe desde la perspectiva de los significados y los símbolos que ellas representan dependiendo del diseño y los materiales que utiliza. Por eso se ha remontado a tiempos antiguos, investigando el valor de la joya como talismán o amuleto, desde el punto de vista mágico y divino. Como un elemento que presta ayuda. Un apoyo espiritual.

Uno de los trabajos que ha tenido mayor reconocimiento de Piedrahíta es el que realizó y que expuso en el Museo de la Universidad de Antioquia hace tres años relacionado con el tema de las runas. Joyas en las que representó el alfabeto que usaban culturas como la escandinava, la germánica y la anglosajona, aproximadamente hace 1.500 años. Símbolos que tienen el poder de servir de guía a las personas cuando tienen dudas a inquietudes.

La afición de Piedrahíta por la simbología de las joyas empezó hace ya varios años cuando en uno de sus viajes al exterior tropezó con el antropólogo mexicano residente en España, Felipe Orlando. Le enseñó los símbolos de los abakuas, una comunidad afrocubana que los utilizaba para protegerse de las fuerzas de la naturaleza que podrían afectar sus siembras, cosechas y actividades comerciales. Para ella la simbología es como penetrar la psicología de la gente, llegar hasta su interioridad. Así fue como inició la confección de las joyas teniendo en cuenta la profundidad de cada persona considerando cómo influye en ella el cosmos o el universo que tanto rige el carácter y modo de actuar de las personas. Su presente y futuro.

Sus joyas están inspiradas principalmente en elementos y formas de la naturaleza, así como las culturas.  Piedrahíta, cuando considera que necesita nuevas ideas y renovar su inspiración, arma viaje. Aunque conoce muchas partes del mundo le atrae en especial la cultura oriental por su riqueza artística que es mezclada con la onda espiritual que tanto le gusta. "Viajo para hacer joyas y realizo joyas para viajar". Ha recorrido varias veces caminos de países como India, Afganistán, Pakistán, Indonesia, Nepal, China y Rusia, entre otros.

Trabaja en su propia casa de Medellín, en la que tiene un pequeño taller donde labora sus joyas. Hasta allí llegan sus clientes casi siempre por referencias de otras personas a las que Clara Piedrahíta les ha hecho trabajos. Mientras algunos prefieren diseños de moda, un buen número siguen los lineamientos internos de cada individuo que les indican los astros como el tipo de piedra á utilizar. En su mesita de labores tiene un frasco transparente que llama la atención por el colorido. Allí están tanto las piedras semipreciosas: perlas, lapislázulis, amatistas, malaquitas y topacios, y las preciosas como rubíes, esmeraldas, zafiros y diamantes. Estas piedras en su mayoría son traídas de sus correrías por el mundo o de las visitas que hace a ríos y quebradas en Colombia.

No es extraño encontrar entre sus materiales zafiro en bruto traído de Tailandia, rubíes nativos de la India, maderas de ébano de Sri Lanka o piedras como rosa del desierto que la acompañan desde Marruecos. Porque en cada paso que da, siempre tiene en mente sus joyas. Es convencida de que en la combinación de los materiales, los colores y las formas, está el detalle que hace de sus piezas lo que llaman varias de sus clientas "mágica seducción". "El diseño de mis joyas exterioriza todo aquello que he captado del mundo interior y exterior".

Con sus delicadas manos artesanales Clara Piedrahíta va dándoles forma al oro y a la plata, los dos materiales que más emplea. Coma-no puede evitar hablar de lo que significa cada elemento que usa, dice que la plata representa lo femenino, la luna, el inconsciente, mientras que el oro, es lo masculino, el sol, el inconsciente, la riqueza, el poder... Sentada frente a su mesa, maniobra con tal facilidad y naturalidad sus implementos de trabajo, que parece un juego de niños. No es que sea fácil, aclara, sino que es el gusto por su profesión, como cuando de pequeña descrestaba por su habilidad manual.

El proceso de una joya se inicia con el moldeado a mano de la cera a la que va dando forma a la medida que se ablanda por el calor. Hay joyas que son ensambladas entre metal y madera, que lima y pule hasta obtener otra pieza. Recorta las láminas ya sea de oro o plata y a punta de martillo va moldeando hasta lograr la joya que desea. Para este proceso utiliza pinzas, alicates, la sierra, el esmeril y papel para pulir, entre otros implementos con lo que les da formas a sus líneas curvas, principal característica de sus diseños.

Además de la facilidad en sus manos, Clara Piedrahíta dice que ante todo un joyero debe tener creatividad a imaginación, máximo cuando sus estilos son personalizados. De allí que también menciona la disciplina y la consagración en lo que hace, igual que el soporte investigativo para lograr encontrar y plasmar el poder mágico que tiene su joyería.

Tomado de La Revista de El Espectador, No.19, 26 de noviembre de 2000