Santiago Cardenas Arroyo

Bogota

Pintores

Abstracto, Bodegón, Figura Humana, Figura

 

Santiago Cárdenas

pintor

CRITICA

por Eduardo Serrano

Pocas obras en el panorama de las artes plásticas colombianas revelan una contemporaneidad tan directa e inmediata como la que impregna los dibujos y pinturas de Santiago Cárdenas. Una rápida mirada es suficiente para ubicarlos, con seguridad, en el presente. Pero esta manifiesta contemporaneidad de su trabajo no proviene exclusivamente de la actualidad de los objetos que se representan como podría deducirse en una evaluación a la ligera de sus cuadros; sino que es producto principalmente del trabajo en sí; y de los raciocinios que mueven el artista para interpretar esos objetos de la manera perceptiva y única que evidencian en su obra.

Aunque parezca una contradicción con lo anterior, Santiago Cárdenas es un pintor "realista de vieja data", cuyo afán de verosimilitud no es tan fácilmente clasificable en la vanguardia. Ya en 1970, con motivo de una exposición suya en la Galería Belarca se me planteaba una duda sobre la entonces generalizada inclusión de su "realismo" bajo el calificativo "Pop" ("Un Lustro Visual" Ediciones Tercer Mundo, Bogotá, 1976); y la presente exposición del Museo de Arte Moderno me confirma en la idea de que Santiago Cárdenas pertenece a esa rara especie de pintores inclasificables, cuyas obras alcanzan con frecuencia los logros más rotundos. Prueba de ello que la misma crítica que identificara su trabajo como "Pop" lo emplace ahora con juicios propios del reciente "Hiper-realismo", movimiento del cual su obra se aparta también radicalmente en su más dicientes y definitorias características.

Algunos recursos en la obra de Santiago Cárdenas son, en efecto, de un tradicionalismo indiscutible. Cárdenas, tiene el coraje de pintar al óleo y de sacar su trabajo directamente del modelo, en esta época en la cual tanto la fotografía como el consumo parecen demandar la mayor efectividad representativa en el menor tiempo y con el menor esfuerzo posibles. Es más, Cárdenas confronta sin temor un sujeto en cada obra, un motivo rápidamente reconocible, una observación sin idealismos ni abstracciones, lo cual, como es sabido, ha figurado como cíclico objetivo en diversos períodos de la Historia del Arte.

Pero así como el particular realismo de Santiago Cárdenas no se apoya en la fotografía (para la mayoría de los pintores "Hiper-realistas, la fotografía, no lo fotografiado, es el tema de la obra), su trabajo tampoco acude a las precisas fugas ni a los virtuosos escorzos propios del "Trompe Loeil". Pocas son sus relaciones con las intenciones, digamos, de Courbet. Y pocos igualmente son sus nexos con el naturalismo academicista, con el mensaje dirigido de la propaganda política, y con el resto de las acepciones adjudicadas al término "realista" en distintos momentos de las artes plásticas. Su verismo no conlleva ni la aclamación ni la censura de lo representado. Se trata, por el contrario, de un realismo visual, objetivo y casi frío, en el cual el impulso expresivo es apenas una implicación que se concentra en la atmósfera plenamente ilumina da y teatral en la cual reposan los objetos invariablemente manufacturados y comunes. Es decir los sujetos son contemporáneos, pero la entonación de su pintura no es didáctica ni moralizante ni pretende establecer prototipos de un lugar o de un contexto social determinados.

Cárdenas elige los objetos que pinta o que dibuja con una casualidad tan coherente, que finalmente delatan una drástica escogencia: dentro de lo cotidiano, lo insignificante; dentro de lo insignificante, aquello que no sea simbólico. Su trabajo, por lo tanto, no proyecta comentarios sino que señala llanamente la existencia del objeto y su materialidad: espejos, vidrios, pared, piso, abrigos, bufandas y ventanas (con sus respectivas sombras que sugieren una lejana consideración de tiempo), existen tal cual, simplemente, en su pintura, sin ninguna explicación; importantes como imagen, no como principio evocativo, ni como "tema".

El tema de su obra parece ser más bien la percepción: el "cómo se ven las cosas" Cúales cosas? Cualquier cosa que no obstaculice por su contenido la demanda original de que se aprecie cada una de sus obras a partir de reacciones exclusivamente pictóricas.

Esta evasión premeditada en su pintura de todo aquello que se preste para interpretaciones, este permanente evitar que se le imponga a lo presentado visualmente un significado que no

sea visual, acerca la actitud creativa de Santiago . Cárdenas a los argumentos cardinales del arte abstracto. Proximidad que también se manifiesta a través de los colores planos, del tamaño generalmente grande de sus lienzos, y de la prioridad que el artista concede a la superficie sobre la perspectiva. En otras palabras, el realismo de Santiago Cárdenas acentúa primordialmente lo pictórico. Y en tal preferencia, cada vez más patente a lo largo de su producción, se asientan tanto la distancia emocional como el contexto contemporáneo que han sido siempre. pilares de su criterio estético.

Cárdenas representa últimamente los objetos a "tamaño natural", lo que incrementa simultáneamente, la ilusión de estar ante el objeto real, y la urgencia de acercarse y examinar detalladamente la pintura. Son escasas las obras bidimensionales que invitan tan abiertamente a la comprobación táctil como invitan, por ejemplo, sus "tableros". Pero precisamente al revivir el olvidado placer de la observación cuidadosa, Cárdenas hace nuevamente inteligible su interés por la escala, la superficie, las medidas y el color, elementos todos cuyo exigente tratamiento subraya la firme convicción del artista de que las artes plásticas pueden hacer alusiones al mundo visible, pero que alcanzan efectividad por medio de los ojos, no de la imaginación, ni la memoria.

La casi totalidad de sus pinturas expone el objeto total. Cuando exigen la interpretación de espacio como en los casos de los "Espejos" los "Vidrios" y los "Enchufes", ese espacio se plantea como algo que se mira frontalmente, fijamente, y cuya inclusión se justifica para intensificar con sombras y con transparencias el verismo de las representaciones. Recientemente, sinembargo, Cárdenas tiende a ocuparse de objetos que tienen, además del tamaño, la forma de sus bastidores ("Pizarras", "Sábanas", "Persianas", "Telas" y "Ventanas"); coincidencia que además de recordar trabajos suyos anteriores de formato ajustado al modelo, indica una reflexión directa sobre el espacio real en la concepción de su obra. Este espacio llega inclusive a ser designado francamente, con la representación, por ejemplo, de la luz de una ventana, la cual se encuentra imaginariamente encima, o al lado, y hasta detrás, depende de la proximidad, de quien mira esas pinturas ("Cartón-1975, "Cartón - 1976).

Si Cárdenas minimiza la forma acudiendo a estructuras dadas como el tamaño real y el espacio real, en la interpretación de los objetos, su visión alerta le permite en cambio concentrarse sobre otras propiedades visuales, tales como peso y textura, hasta representar esos objetos verosimilmente; o sea, hasta comprenderlos. Cárdenas capta agudamente su apariencia, su aspecto. Y por tal razón logra el artista alterar visualmente la consistencia del lienzo para convertirlo en paño, pizarra, cartón o madera, así como logra también darle al óleo la calidad volátil del polvo de tiza, o la calidad brillante de puntos de luz que se filtran creíbles a través de un ilusorio material de persianas.

La técnica fiel, minuciosa y precisa que aparenta su obra es otra señal de que para Cárdenas la percepción es la base estructural del campo pictórico. Algunos detalles cuidadosamente realizados dan la impresión de que la pintura toda está igual de completa. Pero su trabajo no pretende reproducir milimétricamente los objetos, y por consiguiente no es perfeccionista ni meticuloso. El artista sabe que el espectador conoce muy bien el modelo, y que proyectará inconsciente el final de la imagen si se le presentan las observaciones de una percepción certera.

La verificación de ese control de Cárdenas en la ejecución de sus obras también es motivo de satisfacción visual, como lo es su color coherente, parejo y urbano. Y si en algunas de sus últimas pizarras se entrevén leyendas un enfrentamiento directo con la literatura que con tanto esmero ha evitado en la imagen- el significado de esas leyendas no es claro, como indicando que no es lo importante. Las palabras, en cambio, se muestran cortadas, usadas, borradas, explicitando su presencia en la obra exclusivamente como inscripción o mancha sobre una superficie. Y cuando más, como otra referencia menor de su trabajo al elemento tiempo, y en tal instancia (deliberadamente? ), al pasado.

Finalmente, registrar la ejecución práctica, meditada y calmada de todas sus obras, así como el hábil manejo del óleo y del carboncillo, también pone de presente ese objetivo de "verdad visual" que persiguen sus cuadros. En ellos se representan, es cierto, con singular realismo, una serie de objetos, Pero en ellos se resumen principalmente, como lo hemos visto, las cualidades físicas e intelectuales que son inmanentes al objeto de arte.

Cada obra de Santiago Cárdenas es un estímulo grato y potente a los ojos. Su trabajo constituye sin lugar a dudas una de las afirmaciones más originales, innovadoras y profundas que se hayan propuesto en nuestras artes plásticas.

EDUARDO SERRANO

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El balance de Santiago

Primero hizo algunos retratos a principios de los 60´s, pero cuando quiso volver a fijar la vista en los cuerpos y en los rostros, sus ojos renuentes comenzaron a hacer rodeos, a dar vueltas, a irse por las ramas... bueno, realmente, se fueron por los armarios, los vestidos colgados, los rincones, los guardaescobas, los enchufes, los paraguas y los tableros. Miraba todos estos objetos y luego los llevaba dentro de la tela, de la manera más meticulosa... sólo a punta de pincel! Así se la pasó hasta mediados de los 80s... hasta que comenzó a sospechar de sus manos tan habilidosas... entonces decidió tender les una trampa, quiso pintar de  otra forma, como los grandes, como lo hacían Matisse, Cezanne y Picasso. El resultado: acrobacias sobre la tela, desconcierto de los mirones del arte y, al final, el preámbulo de una nueva etapa para este bogotano de 58 años.

Desde hace cinco años, ya no trata de trastear metafísicamente trebejos muy reales a sus cuadros: la clave más que mostrar cosas, es contar cuentos y hacer poesía, es alimentar con lo que aparezca su mente de lienzo en blanco, todo vale, desde un paraguas, una flor, un caballito, una mancha o un trozo de mesa.

Para sorprenderlo con las manos en la masa, no hay que perderse la retrospectiva de su obra que se realizará en la Biblioteca Luis Angel Arango, de noviembre de 1995 a febrero del año entrante.

Tomado de la Revista Cromos No 4056, octubre 23 de 1995

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El arte debe ser como comerse un helado

por Sara Araujo Castro

Santiago Cárdenas hubiera sido arquitecto de no ser porque, al terminar el primer año de carrera, uno de sus maestros vio su primera obra y le sugirió intensamente que se dedicara al arte. Ese primer cuadro de 1958, que marcó su destino a favor de la pintura, estará en la retrospectiva que se inaugura en el Museo de Arte Moderno de Bogotá el próximo 23 de febrero, después de 10 años de no hacer muestras individuales en Bogotá.

En esta retrospectiva estará "todo lo bueno", como dice él mismo entre risas. Una exposición que permitirá devolverse en el tiempo hasta sus inicios; a esos primeros años que recuerda en tono pausado cuando cuenta cómo llegó con su obra hiperrealista y su influencia pop a mediados de los años sesenta a Bogotá, una ciudad pequeña donde algunos artistas y críticos habían empezado a poner el arte en boca de la gente, en las páginas de los periódicos y en algunas paredes de galerías.

Recién desempacado de Nueva York, con sólo 26 años, Édgar Negret lo presentó a Marta Traba, el hada madrina del arte moderno colombiano. Ella lo invitó a exponer su trabajo de tesis en el Museo de Arte Moderno (que en ese entonces tenía su sede en la Universidad Nacional) y de ahí en adelante Cárdenas, bogotano nacido en 1937, se abrió las puertas no sólo en nuestro país sino fuera de él.

Lo que en ese momento llamó la atención, tanto de la crítica como del público, por seguir las líneas de Warhol y de De Kooning, fue el inicio de una obra que establecía contacto con el arte pop y con el hiperrealismo, pero llena de otros contenidos. "En ese entonces pintaba muchachas que se subían a automóviles. A mí no me parecía nada raro, pero a la gente le parecía lanzadísimo. Era la apertura de, la mujer en el mundo moderno, actuando, y yo quería registrarlo". En ese ambiente reducido, pero muy activo, Cárdenas empezó su carrera paralelo a otros artistas jóvenes, como Bernardo Salcedo y Beatriz González, en contraposición a los artistas abstractos, mayores que él y -bajo su punto de vista alejados de las tendencias contemporáneas.

"Aquí no había mundo del arte -recuerda Cárdenas-, no había galerías, el MAM existía, todo era muy provinciano. Sin embargo, había un interés enorme, todo el mundo iba a ver en las tres o cuatro galerías a Obregón, Negret o Ramírez. Se debatía la obra y Marta Traba orientaba y desorientaba a todo el mundo".

EL ESPACIO ARQUITECTÓNICO

De sus cuadros salen ganchos de ropa con corbatas y paraguas para que el espectador intente agarrar. Hay sombras de objetos que parecieran estar suspendidos delante del lienzo. La presencia del cuerpo aun cuando no ha pintado un cuerpo, y claro, están las pizarras, cuyo realismo se esconde tras el hecho de que "no son pintadas, sino borradas. La esencia de un tablero es que todo lo que ahí se ha escrito, ha sido borrado. Desde esa idea se pinta". Los objetos de sus pinturas parecen salirse y llenar el vacío que hay delante del lienzo.

En la obra de Cárdenas hay una fijación continua por espacios arquitectónicos interiores y ante todo por ese espacio que existe entre la obra y su observador. "Mi gran preocupación era llegar a hacer algo nuevo y diferente -explica el pintor-. No quería que el espectador siguiera atravesando un espejo como Alicia para llegar al mundo mágico detrás del marco, sino lo contrario: pintar de la pared hacia afuera. Esa fue mi lucha, y es básica mente la ideología detrás de mi obra desde el punto de vista formal: invadir el espacio donde está el espectador". Y todo esto porque él reconoce que dentro de estas cuatro paredes hay un reflejo y una extensión de nosotros mismos: una forma de mirar hacia adentro. Otra manera de invitar al observador a preguntarse: "Eso qué dice de mi? ¿Yo por qué estoy aquí? Eso me está engañando. Me pellizco a ver si sí existo", explica Cárdenas.

Su obra es personalista, íntima, alejada de la crítica política explícita de la que se enriquecía el arte en los sesenta. Lo de Cárdenas partió del movimiento pop norteamericano. "El pop art fue interesante, porque rompió con el arte abstracto, nos llevó a mirar el entorno, hizo que de pronto una hamburguesa fuera tema para un cuadro o incluso para ser mostrada tal cual". Como Cárdenas explica, no se trataba de criticar la sociedad de consumo, sino de glorificarla.

Sin embargo, su trabajo trasciende la esencia del pop para crear relaciones de intimidad con el espectador sin necesidad de hacer denuncia porque, como él afirma, todo, el arte es compro metido. "Para mí, el arte debe producir felicidad, es como poder comerse un buen helado. Y aunqüe no estoy en contra del arte comprometido ni con el arte muy sesudo, creo que esas reflexiones tienen otros espacios en la prensa, la radio, las elecciones. La verdad es que eso no me interesa".

Por eso se distanció desde un principio de las corrientes artísticas de izquierda y quien lo conoció como profesor de dibujo en la Universidad Nacional o de los Andes, nunca lo escuchó hablar de compromiso social del arte. Lo suyo es crear un contacto directo que tenga tantas lecturas como observadores. "Dependiendo de quién mira, la cosa se pueda complicar. Me in teresa que haya una sorpresa, que la gente vea el cuadro y sienta algo más".

Cárdenas se levanta temprano, desde las ocho y media entra a su taller y con disciplina, en lugar de esperar que la inspiración le llegue, la llama a pincelazos que deja de dar cuando la luz se ha ido. Se enfrenta a los baches creativos con la misma calma con que habla. "Ordeno, doy vueltas, hago otras cosas, esperando que la inspiración llegue".

Por estos días se dedica además a recuperar la obra que se va a mostrar, con la ayuda de María Elvira Ardila, su curadora. Se trata de recoger lo mejor de cada etapa y que se puedan aprovechar sus "procesos espirales", como los define él.

"Me devuelvo y retomo cosas que no había desarrollado. Brinco de un tema a otro porque me sirve de excusa para poder elaborar un cuadro. Esto me da energía para explorar nuevamente el color, el espacio, el material". Los temas que van y vuelven le dan excusas para reiniciar ese proceso personal a interior que Cárdenas encuentra en el lienzo.

Al final, ese viaje interior del artista se refleja en una obra real, que engaña al espectador al punto de hacerle creer que allí no hay nada más que el objeto que se sale del cuadro. Como sucedió cuando mostró su tríptico de tableros en el Museo Nacional antes de enviarlo a la Bienal de Sao Paulo en 1977. El último día, cuando ya estaba cerrado el salón, un visitante quiso entrar, pero encontró las puertas cerradas. El celador, después de explicarle que no era posible entrar, pregunto: "¿Y por qué tanto interés? Si lo que hay allí son solo tres tableros".

Tomado del periódico El Espectador, 19 de febrero de 2006

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"Pienso luego pinto"

Por María Eluira Ardila, curadora del Museo de Arte Moderno de Bogota

En una de las paredes del estudio de Santiago Cárdenas, se encuentra un tablero en el que está escrita la palabra Pienso, una obra que hace parte de ese universo simbólico creado por él en el que los objetos anodinos como los ganchos de ropa, las extensiones de luz y los paraguas se mimetizan con sus prototipos.

Al igual que la mayoría de sus obras, este tablero sorprende por el engaño que puede producir al más afinado lector; lo representado hace que nos preguntemos si estamos ante una imagen real o ante un artificio porque estamos frente una obra en la que el óleo se transmutó en tiza, el lienzo en una pizarra de color verde y la palabra escrita logra un efecto de letras borrosas como si estuviese en un tablero que ha sido usado y borrado mil veces.

El espacio creado por esta pintura es total mente ilusorio, sus objetos parecen reflejo de los reales pero al mismo tiempo quiere entablar un diálogo con el otro: "yo no quería que el público fuera tan ajeno a las obras, la idea era engañar, al punto que tratara de tocarlos y que al hacerlo pensara que este cuadro está en mi espacio tridimensional y se preguntará cuál es su relación con él".

La pintura es plana, sus objetos parecen reflejo de los reales, como si se revelaran ante un espejo, se presentan como fronteras entre el mundo real y el mundo de la ficción. La habilidad técnica de Cárdenas le gana a la percepción del ojo, por eso me siento observando al mejor voyeur, el que posee el ojo refinado, el "lector sofisticado" de la vida cotidiana del que nos habla Roland Barthes, en su libro el `Placer del Texto, así, su obra "es un objeto fetiche y ese fetiche me desea" como un espectador, lector de la obra.

Regreso al tablero. La palabra `Pienso centrada y en primer plano - nos remite a una acción en primera persona, a un postulado filosófico y práctico que aborda el artista diariamente y a una de las miradas para aproximarse a su trabajo; habla del yo que se conjuga con un acto diario, donde la acción de pensar se combina con la acción de dibujar o pintar, y así se establece la dialéctica que aborda Cárdenas. 

Este diálogo lo atraviesa con un bagaje visual a intelectual que le permite transitar a sus anchas por la historia del Arte; desde los inicios de su carrera confluyen conocimientos técnicos, estilísticos y conceptuales que van desde su gusto por la pintura plana de Egipto, el conocimiento de la perspectiva en el Renacimiento, su deleite por pintores como Velásquez, Manet, Picasso y Matisse, hasta llegar a los expresionistas abstractos americanos de los años 40 y 50.

Su pequeño tablero nos remite también a Miguel Ángel Buonarotti quien en el año de 1542 afirmó que "Con el cerebro se pinta y no con las manos"; además, podríamos seguir uno de los axiomas de René Descartes y plantear que Cárdenas Piensa luego pinta.

A su vez, a comienzos del siglo XX los conceptos de arte se volcaron con las Vanguardias y Marcel Duchamp redefinió los planteamientos del arte; así, aunque parezca lejano ver a Cárdenas ligado a uno de los artistas que cambiaron toda la tradición del arte, basta ver sus objetos y compararlo con el `Orinal o la `Rueda de bicicleta, u observar la producción de sus tableros y cconfirmar que su proceso plástico es analítico y que está ligado a la mejor tradición clásica.

Cárdenas comienza estudiando arquitectura en la Rhode Island School of Design en Providence aunque poco tiempo después, decide cambiarse a la facultad de Bellas Artes. En esta época, bajo la influencia académica, pinta paisajes, bodegones y figura humana un tanto expresionista. Fuera de clase realiza pinturas muy cercanas a De Kooning.

Por otra parte, cohabitando con este mundo mental, con la pintura, el dibujo es una huella y una comprobación de la vida, es una actividad del inconsciente, libre y espontánea que se opone a su mundo cerebral.

En 1962 regresa a Nueva York - que en ese momento es cuna del expresionismo abstracto y el Pop Art surge en cabeza de Robert Rauschenberg y de Jasper Johns - y es aceptado en Yale para realizar su maestría en Bellas Artes. En este momento Cárdenas piensa en el arte como un planteamiento idealista, como una práctica de vida, un camino hacia la verdad.

Regresa a Colombia en 1965, con un panorama que se contrapone a su educación y su experiencia en Estados Unidos, pues Latino América se inclina a una política de izquierda. Por su parte se registra un relevo generacional en el panorama del arte que se realiza gracias a factores como la presencia de Marta Traba y la creación del Museo de Arte Moderno de Bogotá en 1963, lo que permite con solidar el Movimiento Moderno en Colombia; la gráfica en auge favorece la realización de una obra seriada que estuvo ligada a un compromiso militante.

A pesar de su falta de compromiso político, Cárdenas es aceptado en el medio artístico y comienza a exponer y a dar clases en la Universidad de los Andes y en la Universidad Nacional; su vocación de maestro lo lleva a afirmar que el arte no se puede enseñar, pero que se puede aprender.

Influenciado en ese momento por el Arte Pop, su temática se vuelca a la realización de figuras femeninas, además, concibe una nueva versión, una mirada transversal de la pintura `La expulsión del paraíso que reinterpreta en `Pareja, homenaje a Masaccio, una pintura donde Eva se vuelve una modelo de los años sesenta con minifalda y lentes negros gigantes, y Adán va vestido con traje completo y no se le ve el rostro. Es una expulsión del paraíso y una entrada a la sociedad influenciada por la nueva iconografía cargada de imágenes populares y de objetos de consumo.

El medio cultural está cambiando; se realizan Salones Nacionales y Marta Traba impulsa el arte moderno en Colombia. Para ella, Cárdenas es ante todo un medio para internacionalizar el arte colombiano.

En 1967, contrae matrimonio con Cecilia Fisher; a partir de este momento se produce un cambio en la manera de pensar la pintura, pues el espacio comienza a aparecer delante de la superficie tradicional del cuadro, que es taba atrás. Aparecen los ensambles de ropa influenciados por una conferencia de Frank Stella en la que promulgaba que el arte se volvía real y concreto en un espacio tridimensional, de estas ideas nace este mismo año `Algo de Comer y `Plancha paisaje.

Hace más de diez años que Santiago Cárdenas no exponía individualmente en nuestro país debido a sus compromisos internacionales, por eso, en esta ocasión, el Museo de Arte Moderno de Bogotá le rinde homenaje en esta Exposición Retrospectiva en la que se podrá ver su obra más reciente, sus diferentes períodos, y la reconstrucción de la instalación `in situ de `Espacios negativos que hizo parte de la exposición `Espacios Ambientales realizada en 1968 en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, cuando su sede se encontraba en la Universidad Nacional. Esta muestra, concebida por Álvaro Barrios y llevada a cabo por Marta Traba, se ha denominado el inicio de las instalaciones y del arte conceptual en nuestro país.

`Espacios negativos fue una intervención en un salón, una pintura mural que falseaba el espacio de las paredes; las salas se veían más grandes y el espacio arquitectónico se confundía con el espacio pictórico; escenario que hemos querido reproducir en esta muestra.

En su libro Orígenes del Arte Conceptual en Colombia, Álvaro Barrios, define el proyecto de Santiago Cárdenas - un cable eléctrico pintado en el muro y un enchufe, con un cordón que salía de la pared y que ampliaban la imagen siguiendo una perspectiva - como un "trompe loeil" que produce la ilusión de un salón que se duplica.

En los años setenta viene con un reconocimiento especial, el premio al mejor artista colombiano en la Bienal de Coltejer con una pintura de gran formato que representa una pared con un enchufe, con la intención de seducir y confundir al público.

Vienen los `Tableros, una pintura que él denominaría la menos predecible hasta el momento. Cárdenas asume que se encuentra realmente frente a una pizarra, lo borra y sigue dibujando con tiza. Siguiendo su interés por Platón, estos tableros son un aproximación a las ideas si se piensa que las ideas son reales y que no se puede engañar al público: "Lo que era real eran las ideas y no las cosas físicas que se pueden tocar, yo estoy pintan do las ideas, la idea de vaso, la idea de mesa, idea de superficie."

En 1987, Santiago Cárdenas produce un cambio en su pintura a raíz de los tableros y de la escenografía que realizó para `Seis personajes en busca de autor en el Teatro Libre. Piensa en un mundo inexplorado, el del color, el espacio y la forma que o remite a Picasso y a Matisse.

En este momento considera que la pintura es expresión y pasión. Actualmente, Cárde nas encuentra esta etapa como un momento fallido - tal vez porque es una pintura más emocional y expresionista - una mala época, una oportunidad de regresar a las raíces para aprender, a pintar más libremente.

Finalmente, el silencio se apodera de su pintura, su caballete está situado al lado de una ventana desde donde se ve su jardín; allí, se filtra la luz y el reflejo de sus plantas y las ideas tridimensionales se trasladan al mun do bidimensional.

`Sombras, su obra más reciente nace de es ta nueva percepción, de su taller lleno de lu ces y de sombras. Estas pinturas son un ho menaje a la tela blanca de Raushenberg, al `Blanco sobre blanco de Malevich, a la pintura ascética.

Así, el color negro que es protagonista de sus paraguas y sus ganchos, se opone a la Iim pieza del blanco, a su sutileza, a la exquisitez de las sombras que atraviesan su ventana, pues en este momento de su vida, para Cárde nas, el "Arte es Poesía Visual" y sus obras son recreaciones visuales para el ojo y la mente.

Tomado del periódico El Tiempo, 25 de febrero de 2006

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Santiago Cardenas: Jarrita blancaCon [a obra pictórica y gráfica de Santiago Cárdenas, lo doméstico, lo cotidiano, encuentran en el arte un lugar dónde rescatar su asonnbrosa presencia y por ello mismo son elevados a su verdadera dignidad. Esta pintura que toma sus argumentos del Pop Art, mantiene con esa corriente del arte contemporáneo una relación distante y crítica. Al respecto dice Germán Ru- biano Caballero; "es innegable su vinculación con el Pop Art. Sin embargo, como en el caso de los mejores artistas, Cárdenas ha logrado expresarse personalmente y cualquier parecido de su obra con otros trabajos, es más bien temático que conceptual. Prueba de lo anterior es la sobriedad y la contención racional de la emoción que al artista le produce el espectáculo de lo cotidiano, alejándose así de las estridencias y efectismos del arte pop. El pintor Juan Antonio Roda dice: "Me parece que la pintura de Santiago Cárdenas es algo insólito en nuestro medio: a la exaltación tropical opone una contención y mesura cartesianas, el pudor y el recato del artista que considera innecesario decir una palabra de más".

Objetos tales como espejos, martillos, ganchos de ropa, cajas de cartón, tableros, etc., son reproducidos con una fidelidad asombrosa siendo su obra la manifestación de un ilusionismo que a pesar de su escrupulosa adhesión a la apariencia del objeto, tiene evidentes connotaciones conceptuales al poner, por ese procedimiento, en cuestión la esencia misma de la realidad visual.

Santiago Cárdenas plantea en los siguientes términos su concepción del arte y de la función del artista: "Para mí, el objeto del arte en sí no es la cosa perseguida, yo no trato de hacer arte. La pintura es siempre una ilusión a través de la cual el hombre trata de comprender su existencia. Yo pinto para hacerme".

Jesús Gavina Catálogo El Arte en Suramericana 1994 
Tomado del folleto Arte Colombiano, Cuatro decadas de la Coleccion de Suramericana, 2013 

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