Diego Calderon Jimenez

Bogota

Interpretes (Contrabajo)

Personaje

 

Diego Calderón Jimenez

intérprete
 

 
A ColArte

 

   

Amor a la música

UN TALENTO COLOMBIANO

Diego ha trabajado con reconocidas orquestas sinfónicas.

por Lina A. Rodríguez Ortiz

Inspiradoras resultan las frases con las que el contrabajista Diego Calderón Jiménez describe su amor por la música. Es colombiano, radicado en Holanda y ha sido invitado a trabajar junto a orquestas de muy alto nivel como la Filarmónica de Holanda, La Orquesta del Norte de Holanda y la Orquesta Sinfónica de Rotterdam

A los 18 años, tras ver en vivo un concierto de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, supo que ese sería su camino.

"Desde el primer instante quedé enamorado del sonido de los instrumentos de cuerdas, captaron toda mi atención. Aún recuerdo esa primera sensación cuando los escuché, es como cuando uno conoce a su primer amor", dice el bogotano de 31 años.

De inmediato se inscribió en el programa infantil y juvenil de la facultad de música de la Universidad Javeriana, al tiempo que terminaba el colegio. Luego continuó con la carrera profesional, "conseguí mi diploma de estudios musicales bajo la guía del gran maestro Alexandr Sanko (profesor y contrabajista de la Filarmónica de Bogotá)", cuenta.

Fue aceptado, por medio de una audición, en el Conservatorio Príncipe Claus en el Norte de Holanda. Finalmente realizó una maestría en el Conservatorio de Ámsterdam.

A pesar de su significativo recorrido musical, admite que la determinación de estudiar música no fue sencilla: "no fue una decisión muy fácil de tomar, pero tuve la fortuna de tener unos padres excepcionales que aceptaron mi decisión con mucho respeto. Sin ellos tal vez no estaría contando esta historia".

Diego no duda en asegurar que "la llave del éxito en cualquier área es saber combinar el talento y la pasión que tenemos los colombianos, con la disciplina y constancia".

Diego visitará por estos días la ciudad para participar en el Festival Internacional de Música ‘Bogotá es Beethoven’, donde hará varias presentaciones junto con la Orquesta Sinfónica de Rótterdam.

"He salido de giras con orquestas a España, Italia, Alemania, Líbano, Bélgica, Francia", asegura, nunca a Colombia, por lo que señala que "es una oportunidad que no sé si se me vuelve a repetir. Cuando recibí la invitación para el festival quedé bastante impresionado". Para él este festival es una gran oportunidad para los capitalinos.

Tomado del periódico ADN, 15 de marzo de 2013  

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Un colombiano en la Sinfónica de Amsterdam

Músico con fundamento

El contrabajista Diego Calderón fue convocado por la orquesta europea para participar en el I Festival Internacional de Música de Bogotá, que se realiza a partir del 27 de marzo.

por JUAN CARLOS PIEDRAHÍTA B.

jpiedrahita@elespectador.com 

Diego Calderón no tuvo una aproximación convencional al mundo de la música. No llegó siguiéndole los pasos a un pariente reconocido, y aunque su abuelo cantaba y sus tías tocaban guitarra para amenizar las fiestas familiares, nunca sintió la presión por aprender a leer partituras y ofrecer recitales exclusivos. Tampoco lo hizo de forma temprana. A los cinco años ni siquiera había pulsado un violín y poco le interesaba el desempeño del chelo durante un movimiento virtuoso.

El guiño musical lo sintió justo después de cumplir la mayoría de edad. Sucedió en un concierto de la Orquesta de la Universidad Javeriana, evento al que asistió atraído por el sonido de las cuerdas. En ese entonces quería profundizar en la guitarra, pero su atención se centró en otro instrumento. Los aplausos se los llevaron los intérpretes de violines, chelos y violas. Pero para Diego Calderón el mérito mayúsculo lo tuvo el contrabajista, porque durante la ejecución de la obra soportó el peso y creó los fundamentos rítmicos para que los demás pudieran destacarse.

Además de quedar encantado con el poder silencioso y recursivo del contrabajo, le llamó la atención el hecho de que su ejecutante era el mayor de toda la orquesta. Los violinistas no superaban los quince años y llevaban con su instrumento más de la mitad de sus vidas. Algo similar sucedía con los violistas y con los chelistas. Al confirmar la madurez del contrabajista pensó que ésa sería su opción y que podía dedicarse al arte sin sentir complejos por haber pisado tarde sus terrenos competidos.

‘Hice todo lo posible por contactar al contrabajista de esa orquesta. Logré hablar con él para hacerle muchas preguntas relacionadas con mi edad, con las posibilidades del instrumento y con sus funciones dentro de una orquesta. Él me aclaró el panorama, me ayudó a prepararme para ingresar en el Programa Infantil y Juvenil de la misma universidad y se convirtió en mi primer profesor musical", cuenta Calderón, quien después de cinco años de estudios obtuvo su título como contrabajista clásico, en la Javeriana de Bogotá.

Las bases que logró en Colombia fueron tan sólidas como el sonido del instrumento que hoy porta para todos lados, pero desafortunadamente la competitividad en Bogotá no era suficiente para el nivel que quería alcanzar, así que decidió estrechar vínculos foráneos y concursar por becas para estudiar en Alemania o en Holanda, ambos países con una comprobada tradición cultural. Desde hace más de siete años, los conservatorios de Ámsterdam y Príncipe Claus lo recibieron y allí profundizó tanto su conocimiento técnico como su pasión por el contrabajo.

"El contrabajo, en la música folclórica y en la clásica, es fundamental. En el jazz, por ejemplo, es la base armónica, al igual que en las piezas sinfónicas. Mi instrumento no tiene un registro tímbrico que proyecte mucho y es una especie de colchón para los compañeros. La música parte de una base y esa base la damos los contrabajistas en las orquestas: somos los que sostenemos el ritmo, la armonía y la estructura, asegura orgulloso Calderón.

Cuando el músico terminó sus estudios en Holanda fue llamado por muchas orquestas y tuvo la oportunidad de contactarse con artistas que lo ayudaron a multiplicar su reconocimiento en Europa. Su nombre se filtró por el continente y la Orquesta Sinfónica de Róterdam, dirigida por el holandés Conrad van Alphen, lo llamó a trabajar en un proyecto ambicioso, con giras y presentaciones, sin saber su nacionalidad. Él aceptó la invitación y recibió un cronograma en el que estaba Colombia dentro del tour pactado. Todo para Calderón resultó ser una mágica coincidencia.

"Para mí es muy importante participar en el I Festival Internacional de Música de Bogotá con la Orquesta Sinfónica de Róterdam porque llevo nueve años sin ir a Colombia a tocar mi instrumento. Toda la orquesta está muy motivada con la visita. He recibido miles de llamadas de mis compañeros, algunos preguntan por la seguridad y por las condiciones de vida de la gente, pero el común denominador es una inmensa expectativa. Hace un par de meses, los músicos estuvieron en Brasil y vivieron una experiencia maravillosa con el público, así que esperan una reacción similar durante el evento", comenta Diego Calderón, para quien cada compositor le ha ayudado a mejorar algún aspecto de su vida.

Con Bach aprendió sobre la armonía aplicada en la cotidianidad; Shostakóvich, por su parte, le mostró la otra arista de la realidad; mientras que Beethoven lo impulsó a asumir retos, así lleguen tarde en la vida, como le ocurrió a él con su contrabajo.

Tomado del periódico El Espectador, 24 de marzo de 2013 

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