Manuel Hernandez

Bogota

Pintores (Abstraccion en signos y acentos)

Abstracto

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MANUEL HERNÁNDEZ

pintor

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Retrospectiva de Dibujos 1961 - 1986

por German Rubiano Caballero

Exposicion Museo de Arte de la Universidad Nacional

Junio 4 de 1986

Manuel Hernández figura desde hace varios años como uno de los mejores pintores de Colombia y es quizás, sin discusión alguna, el pintor abstracto más importante del país. Sin embargo, al artista nunca se le ha destacado como dibujante. Uno de los propósitos de esta exposición retrospectiva es precisamente resaltar la producción de dibujos de Hernández, muchos de los cuales pueden considerarse inéditos.

Cuando en el segundo semestre de 1985 surgió la idea de esta muestra y me encargaron la curaduría de la misma, nunca imaginé que el artista guardara una colección tan enorme de dibujos. La verdad es que el propio Hernández tampoco había calculado cuantos dibujos podía tener. Luego de numerosas y largas sesiones hemos llegado a contar y a clasificar más de dos mil. Si a este número se agrega el de los dibujos vendidos y el de los que en este momento se encuentran en varias galerías del país y del exterior, la cifra total puede aproximarse a los tres mil. Una cantidad verdaderamente respetable.

Esta retrospectiva incluye algo más de doscientos dibujos ~I número exacto no lo puedo dar porque el artista quiere agregar algunas obras frescas de Abril y Mayo- y abarca veinticinco años de trabajo de 1961 a 1986. No se presentan entonces dibujos figurativos anteriores al primer año, porque Hernán dez considera que su producción definitiva solo comienza al inicarse los sesen tas, cuando el artista, luego de ganar el Primer Premio de Pintura en el XIII Salón de Artistas Colombianos en 1961, da el paso de la figuración a la abstracción. Los dibujos figurativos, algunos con influencias de Picasso y de Rufino Tamayo, no se tuvieron en cuenta.

La exhibición es así una muestra muy seleccionada de muchos años de trabajo, constituida por un surtido variadísimo de dibujos, con la intención de que se compruebe no solo la consagración del artista a su obra, sino la diver sidad de tratamientos y maneras que ha tenido Hernández como dibujante.

Aunque en buena cantidad pueden considerarse estas obras como dibujos terminados y realizados exclusivamente como tales ~n gran parte los dibujos clasificados estaban firmados y fechados- no hay duda de que el artista -tal vez con la excepción de algunos dibujos de los últimos años- casi siempre los ha considerado como búsquedas iniciales, como ejercicios bien hechos, de una disciplina de trabajo y de una investigación formal y expresiva perma nentes. Pese a esto y a que Hernández nunca los lleva a cabo como estudios para obras específicas que se ejecutarán en otra escala y en otro medio ion excepciones como los dibujos para el mural "Signos y Leyes" de 1980-1981 estos trabajos sobre papel están estrechamente vinculados a su oficio de pintor. En verdad, muchos de sus dibujos son una mezcla de pintura y dibujo. Algunas obras son pronunciadamente pictóricas y otras -las más- definitiva mente gráficas. Pero, lentamente, la pintura y el dibujo han llegado a formar parte de una misma producción y hoy Hernández completa con carboncillo sus pinturas o hace dibujos sobre telas grandes.

No es fácil ciertamente definir qué debe entenderse por dibujo. Una mues tra como la que aquí puede verse no delimita la esfera del dibujo de manera rigurosa. Esto sería imposible y, además, bastante superfluo. Sin embargo, resulta imposible que estos trabajos no se consideren como dibujos, ya que son, como es casi obvio, realizaciones de una gran espontaneidad, labores que revelan los pensamientos del artista de una manera directa e inmediata. Pienso, por supuesto, en la idea de René Huyghe de que "de todos los actos creativos hechos por el artista, el más directamente legible es el dibujo. Es éste también el primer acto al cual recurre el artista cuando bosqueja la forma futura de lo que aún es sólo sentimiento inexpresado. Finalmente, es el acto más directa y espontáneamente gobernado por su sistema nervioso y muscu lar". Si las pinturas de Hernández son el resultado de un largo proceso de aplicaciones de capas y capas de color, los dibujos mantienen visibles las señas del primer impulso creativo y muestran la fuerza y la dirección de las líneas, las tensiones establecidas entre las diversas formas y entre las varias

zonas de la composición, así como los gérmenes cromáticos. De allí que el ojo goce observando estos trabajos primigenios. En ellos se vislumbran los pormenores de la acción física y las ideas artísticas aparecen en su estado más prístino y personal.

Aunque Hernández tiene dibujos en grafito, en carboncillo o en tinta negra con plumilla, la mayoría de sus trabajos gráficos son en técnica mixta. Puede decirse que el artista prefiere toda clase de mezclas -incluyendo el óleo y el acrílico- para lograr los más variados resultados. Le importa todo: los trazos, las manchas, las masas, las texturas, el color, las luces y las sombras, la atmósfera, el espacio -esencialmente el bidimensional-, el dinamismo, los contrastes, etc. Por eso se incluyen algunos monotipos de 1972: en ellos se enfatiza la noción de los grafismos, de las líneas dinámicas. Y si los medios son muy variados, también lo son los papeles. Hernández ha probado toda suerte de papeles, desde los más ordinarios hasta los más finos, buscando siempre nuevos pesos y texturas. En su mayoría han sido papeles blancos, aunque no ha dejado de trabajar sobre papeles amarillos, verdes, etc. y cartu linas negras.

El estilo de Hernández es muy fácil de reconocer. Aunque sus trabajos actuales son cada vez más simplificados y abreviados, los elementos formales de su vasta producción siguen vigentes. Quizás en ocasiones resulten casi irreconocibles, pero allí están. Una de las grandes virtudes del artista ha sido cambiar dentro de su propia manera, dentro de su mismo lenguaje. La posibi lidad de observar como ahora un buen número de dibujos depara, sin embargo, más de una sorpresa. Hernández insiste en un estilo, en unos cuantos elemen tos, pero siempre se renueva. Es evidente que el artista se esfuerza por empezar de nuevo, por transgredir lo resuelto, por componer, distribuir, movi lizar y colorear en todas las maneras posibles. Su trabajo obedece a un impe rativo categórico: cambiar, constantemente variar, pero sin ser infiel a un modo, a un tono y a un carácter.

Entre 1961 y 1966, Hernández configura su estilo. En sus comienzos,

como es lógico, hay muchas influencias. Primero en Italia y luego en Estados Unidos, el artista se aproxima al Expresionismo Abstracto. Entre los artistas que admira pueden citarse a Gorky, Matta quien apreciaba desde su larga estada en Chile entre 1948 y 1952-, Afro, Santomaso, Morlotti, Hartung, Ca pogrossi y otros. En sus dibujos de este período de formación hay de todo un poco: automatismo, tachismo, intenciones líricas. Si aún hay remanentes figu rativos, éstos realmentes se pierden en medio de un espacio neutro, de pintura macerada o de fondos oscuros, por el que fluyen trazos ambiguos, formas a manera de barras y manchas vectoriales. Varias composiciones son apaisadas, pero no deja de haber distribuciones verticales. Hernández trabaja con piroxi linas y acrílicos. El artista, junto con Jorge Elías Triana, fue uno de los primeros en investigar en el país con estos materiales. Los dibujos de 1961 son básica mente carboncillos. En ellos algunos trazos -a veces hechos con borrador son verdaderas florituras. Hacia 1966 comienzan a aparecer los signos.

Hacia mediados de los años cincuentas toda Latinoamérica se llenó de arte abstracto. Si antes había predominado la geometría, desde aquellos años la abstracción se hará expresiva y los cuadros se llenarán de manchas, parches más o menos definidos, texturas y mezclas de materiales. Este tipo de arte efusivo se practicará en abundancia hasta los primeros sesentas. La vincula ción de Hernández al arte abstracto en 1961 no representó ni un acto de inmadurez -recordemos su reconocimiento como el mejor pintor colombiano en ese año con el cuadro "Flores en blanco y rojo"-, ni un gesto de moda. Cuando el artista fue a Italia y a Estados Unidos, inmediatamente después del premio nacional, ya había decidido ser abstracto. Hernández no se interesó por el alud figurativo del Pop Art, sino que estudió la pintura abstracta ya decantada de varios de sus principales representantes europeos y norteame ricanos. Frente al vasto y muy diverso panorama abstracto, su inclinación fue bastante precisa: ni geometrismo, ni expresionismo extremo. Su trabajo se instalará en un justo medio, aquel en el que el intelecto no domina totalmente a la emoción y en el que las formas y las composiciones resultan libres, aunque

nunca incontroladas -tal vez con algunas pocas salvedades de los primeros dibujos-. Si hay dos precedentes para el tipo de abstracción que Hernández ha desarrollado desde que alcanzó su estilo definitivo, estos son sin duda: el arte de signos -sin ninguna clase de significados-, a partir de 1966, y, un poco después, la pintura de campos cromáticos. Y es importante anotar que estos antecedentes han sido completamente asimilados por el artista. Una obra de Hernández es hoy perfectamente reconocible en cualquier parte.

La producción de dibujos y pinturas del artista pertenece al mundo de la abstracción pura; es decir, se instala deliberadamente en un campo formal ajeno a cualquier referencia naturalista. El fondo de sus trabajos es básica mente neutro y solo alude a la bidimensionalidad del papel o del lienzo; los signos que aparecen sobre él carecen de referencias y solo por inveterados prejuicios alguien puede asociarlos a formas conocidas; finalmente, los colores son producto de innumerables combinaciones y mezclas y evitan los tonos más frecuentes en el mundo físico. Una obra de Hernández es un hecho exclusivamente artístico y, con mayor precisión, una creación que el artista presenta como una realidad nueva y recién descubierta. Sin embargo, pese a esa búsqueda estrictamente estética, la obra de Hernández no carece de contenidos; por el contrario, como en el caso de los mejores artistas abstractos de la tradición que viene desde Kandinsky, sus cuadros proyectan verdaderas ideas plásticas y auténticas intuiciones y emociones; puede decirse que son a manera de pantallas sensibles que concentran a partir de unos trazos y de unos colores, una atmósfera serena y equilibrada que tal vez pueda asociarse con el deseo de Mondrian de "armonizar con el universo".

Según Henri Focillon los dibujos son "un diario de la mano humana". Esta es, sin duda alguna, la frase más apropiada para abordar la enorme cantidad de dibujos que Hernández ha realizado desde 1967. Año tras año el artista, paralelamente a su obra pictórica, ejecuta los más variados dibujos sobre papeles de diversos tamaños. En ellos, más que en las pinturas, la energía creativa fluye rápida y en movimientos que se vuelven grafismos o manchas

espontáneas y leves. Oscilando entre la improvisación total y el control de la razón y, a veces, de una geometría latente, los dibujos del artista van y vienen entre lo lineal y lo pictórico, entre los signos y sectores bien definidos y los que resultan abiertos o imprecisos. Casi nubosos. Si al principio las composi ciones eran bastante regulares y centradas y, en ocasiones, se circunscribían a formatos rectangulares de apoyo, poco a poco los signos comenzaron a aparecer más libremente y a llenarse de movimientos. La flotación surgió y las formas se hicieron grávidas o muy leves. Los signos empezaron a tocarse, a sostenerse de muchas maneras y a entreverarse. Cada día fueron más evidentes las sutilezas y los refinamientos. La producción se llenó de seguridad y no temió contrastar líneas duras con masas evanescentes o mezclar toda suerte de tratamientos gráficos con muchos colores aplicados como atmósfe ras, como manchas o como trazos. Se alcanzó la poesía a través del dibujo. Muchos, especialmente a partir de mediados de los setentas, pueden conside rarse perfectos. Es decir -y de acuerdo con Kandinsky- inmodificables, toda vez que cualquier cambio destruiría su vida interna esencial. Finalmente, y ya en este decenio, la depuración total, la esquematización de las formas, el acoplamiento y entrelazamiento de los signos y la confluencia de la pintura y el dibujo. Algunos trabajos son puros dibujos hechos con carboncillo y pastel y otros no dejan de presentar amplias zonas cubiertas de varias capas de pintura. Unos y otros abreviados, con los elementos indispensables, sobrios y definitivamente ajustados y bellos. Todos ellos, en nada inferiores a sus pinturas en las que, desde hace varios años, se ha llegado al máximo refina miento en el empleo del color y al mejor acuerdo entre las formas y los conte nidos.

La enorme y coherente producción de Hernández parece un hecho insólito en Colombia. Aunque el artista fue durante más de veinte años profesor de la Escuela de Bellas Artes, nunca dejó de tener tiempo suficiente para adelantar una obra que en este momento ha alcanzado su plena madurez. Su vasto trabajo, lleno de calidades, es entonces la mejor demostración de que, aún

con limitaciones horarias, impuestas por el ejercicio de la docencia, si hay verdadera consagración y disciplina, amor al oficio y, por supuesto, capacidad creativa, la obra de todo artista puede lograr su único destino: ser, en número respetable, auténtica y personal. Nada mejor para conmemorar los cien años de la creación de la Escuela de Bellas Artes que hacer este reconocimiento.

En los últimos años, nuevos nombres han surgido en el arte abstracto de Colombia. Es un hecho significativo que mientras la mayoría de los nuevos escultores se relacionan con el Constructivismo de Edgar Negret y Eduardo Ramírez Villamizar, un buen número de pintores jóvenes reconocen a Manuel Hernández como su maestro, así no sean egresados de la Universidad Nacio nal. Aunque no todos estos artistas que trabajan en dos dimensiones son geométricos, es indudable que en sus pinturas o dibujos las composiciones equilibradas, las formas depuradas y las expresiones ponderadas predominan sobre las que puedan tener un carácter irracional o emotivo. Una tendencia tan generalizada solo puede interpretarse como el deseo más o menos cons ciente de crear una realidad nueva más organizada, en medio de circunstancias concretas y cotidianas completamente opuestas. Es muy posible que estos nuevos artistas abstractos estén convencidos de que una meta muy importante del arte es elaborar objetos estructurados y claramente construidos. Y hay en todas estas manifestaciones abstractas bi y tridimensionales una ambición común al arte abstracto internacional, al cual obviamente está ligado el reali zado en Colombia: alcanzar una calidad que esté a la misma altura de los grandes maestros del modernismo, aunque de manera diferente. Resulta im posible no darse cuenta de que Manuel Hernández ha sido un guía para aquellos artistas y, particularmente, un verdadero precursor de sus ideas y derroteros y un consejero.

GERMAN RUBIANO CABALLERO

Tomado del folleto para la exposicion en el Museo de Arte de la Universidad Nacional, junio 4 de 1986