Luis Fernando Roldan

Cali, Valle

Pintores

Abstracto

Luis Fernando Roldán

pintor

CRITICA

El barroquismo que ha caracterizado desde hace muchos ańos la pintura de Luis Fernando Roldán se vuelve cada vez más abstracto.  El color adquiere en su obra una importancia definitiva al entremezclarse con la textura, la luz interna de cada cuadro y ciertos chorreones de pintura que forman un estilo muy propio.

Diana Lloreda - La Revista Diners, diciembre de 1998

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de Carolina Ponce de León

En este sentido, la obra de Roldán es netamente intuitiva, entiende el proceso de la pintura como un diálogo donde cada elemento se ańade, se confirma o se niega con respecto a otro hasta lograr un punto de fluidez entre las partes. Curiosamente, en esta eliminación de soportes adicionales como pueden ser el dibujo, la figura o un tratamiento del color más definido- la obra llega al límite extremo del desequilibrio. Requiere de soluciones milimétricas y sutiles. Si antes su narrativa jugaba con lo imaginario, ahora, en el arduo proceso de ordenar el caos, su narración se presenta como metáfora misma del proceso artístico, símil del proceso vital, Es la vida como construcción, como creación y respuesta, duda e ímpetu. Sus obras son presencias sin una emoción dominante, y sin embargo en el recorrido visual todas se hallan.

Carolina Ponce de León 
Tomado del Folleto: Galería El Museo - 1995

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de Jesús Fuenmayor

Cuántas veces hemos escuchado que una tendencia ha sido derrotada por otra nueva y reluciente, que las alternativas históricas han cambiado su destino una vez más a favor de lo que algunos consideran que es el paradigma del arte del momento. Uno sigue viendo en el proceso de las obras de los artistas, sin embargo y afortunadamente, convincentes posibilidades que alternan con los cambios de las corrientes dominantes. En Latinoamérica las alternativas son igualmente múltiples, aunque para algunos la búsqueda del aislamiento (si de eso se trata) se refiere a una condición cultural, a una resistencia que debe marcar diferencias entre los procesos del mundo dominante y el subyugado. En otra instancia, el reconocimiento de los supuestos de tales diferencias parece, más bien, un corte de los procesos mismos. En esta última instancia, la abstracción ha jugado un papel crucial. La existencia de un significativo contingente de artistas en la tradición abstracta en Latinoamérica parece ser constantemente negada por los problemas de una resistencia cultural. Pero, żquién se atreve a afirmar que apenas un aspecto en el espectro logra definir la complejidad histórica de los eventos? Artistas como Torres - García, Soto, Le Parc, Fonseca, Camargo, Negret, Otero, Ramírez Villamizar, Cruz-Diez, Goeritz, Gego, Abend, por sólo mencionar algunos, le han dado al continente un brillante legado abstracto. Entre un grupo más ligado a los sucesos del panorama actual hay una preocupación con mayor énfasis en lo pictórico: Sigfredo Chacón, Eugenio Espinosa y Jorge Stever; Jaime Franco, Manuel Hernández y Carlos Rojas, Cesar Paternosto y Miguel Angel Ríos, entre ellos, y ampliando los términos para hacer justicia al enorme horizonte que domina el arte de hoy, debemos también mencionar a todo un conjunto de creadores que desde hace varios ańos viene examinando a nivel internacional las nuevas posibilidades de la abstracción, protagonizada como Peter Halley, Howard Hodgkin, Imi Knoebel, Jonathan Lasker, Brice, Marden, Gerhard Richter, Sean Scully, José María Sicilia y otros, innovadores que se preguntan cuál forma de esta tendencia es específica de nuestro tiempo.

El extenso panorama que hemos analizado y al cual tenemos también que sumar otras preocupaciones distintas a la abstracta, está dominado por la regionalización y fragmentación y ha permitido incluso establecer condiciones para volver a la reflexión íntima, un estado reflexivo sobre el cual la abstracción mantiene su dominio en un aspecto que es quintaesencia en el arte: la duda.

Duda y riesgo es lo que domina en el trabajo actual de Luis Roldán. Figura destacada entre los artistas dedicados a la pintura abstracta, Roldán ha asumido un viraje en su trabajo que a mi entender es el cambio más importante de su trayectoria que lo mantiene en una posición de privilegio en el arte latinoamericano actual. Sin duda uno de los cinco o seis pintores abstractos más interesantes del momento en nuestro continente, Roldán atraviesa por una evolución en su obra que nos gustaría ver más a menudo en los artistas latinoamericanos, poco aventurados al riesgo de los cambios.

Luis Fernando Roldán, pintores - fotografía por Olga Lucía JordánEn los últimos ańos el artista ha venido explorando, entre otros aspectos, los límites del rigor estético, como en su serie "Fictitious Past" (1987), donde la imagen se fragmenta en geometrías de filo cortante, como si la pintura (la de los ojos y la de la mente y no la del gesto) sesgara la tela. Los espectros de Ryman y Mangold merodean estas telas, pero el humor y el deseo de que la obra vaya más allá de su presencia física lo distancia de ellos y manifiesta en la obra de este artista singular la alta tensión que él ejerce sobre el territorio de lo subjetivo.

Lo que el destacado crítico y curador colombiano Miguel González llamó "formas en conflicto", podrían ser también parodias de formas abstractas que se balancean y dinamizan como en caricaturas. No es un secreto que el cinismo y la ironía son elementos que la llamada tendencia "Neo-Geo", introdujo con gran éxito. Roldán me ha contestado además (en relación con las obras que anteceden a las de esta exposición), su interés por la obra de Phillip Guston, reconocido por su pintura expresionista - abstracta de los 60 en la que introduce el uso del "Comic".

Estas "formas en conflicto", aparecieron primero en estructuras "duocromas" y se extremaron en pinturas donde formas que se esfuerzan por parecer ovoides se multiplican en movimiento sobre el plano de la pintura, saltando líneas, esquivando obstáculos, tratando de sacarse unas a otras del juego escurridizo al que el artista las somete. Para esa serie en la que las ideas conceptuales se animan con la pintura, planea inclusive una serie de dípticos que explican la paradójica división de la obra díptica "Agüeros" (de su serie más reciente): Minidípticos, en oposición al flaco heroísmo del gran formato.

En esa secuencia de obras que en parte presentó en aquella excelente y memorable exposición "Tres artistas colombianos", en la sala RG de Caracas (1990), recuerdo la impresión que me causó, por un lado, la ironía en su obra y, quizá en contraste con esa ironía, una cierta relación con la milenaria pintura aborigen australiana, portadora de misterios, mitos y ficciones y sobre todo del esplendor de la idea de la tierra como metáfora y no como esta pesada dialéctica nuestra entre posición y pérdida. Artistas aborígenes como Aruni, Wanterapila, Wanba, Thomas y Jaminji (de las regiones de Tiwi, Kukaja/Wangajungka y Kija) nos hablan de una cultura viva que enriquece la lectura de la obra de Luis Roldán. Los significados de los símbolos y diseńos en la pintura aborigen no están fijados en la imagen para permitir únicamente una sola interpretación: por ejemplo, una serie de círculos concéntricos en una obra puede referirse a un campo de energía, a una reunión, al fuego, a un pozo de agua y a mucho más simultáneamente. El significado está en las asociaciones de estos objetos con sucesos ancestrales. El significado de los símbolos está encubierto y posee múltiples capas de referencia; las imágenes deben ser interpretadas no como prosa sino, como en los salmos del Antiguo Testamento, reconocidas como poesía en todas sus complejidades y referencias crípticas. Los más profundos y religiosos significados "internos", son divulgados sólo a aquellos que poseen el nivel ritual apropiado.

La densidad de la nueva obra de Roldán se ha vuelto en cierto sentido mística. Es una pintura devota del aislamiento, y en esto me refiero al desplazamiento que dio desde la ironía, En la ruptura de las formas que ahora están en una etapa de libertad, justo un poco después de haberse reventado y aún más, en estado de conmoción ("formas conmovidas"), la exploración de las convenciones de la abstracción se ha vuelto dramática y hasta violenta. En la obra "On the way home" (1991), un título que sugiere un retorno de un viaje más que vamos a olvidar, la pintura está cargada: una idea está imponiéndose sobre otra, forcejeando, y las voladuras a través del parcialmente monocromo negro de la tela dejan ver los rastros de otra pintura que ha cambiado, tachada con esta otra nueva. Son estas fuerzas del ser que dominan a estas obras: una permanente tensión entre las pinturas en estado puro y los juegos de la memoria que crean este espíritu de contradicción que va de una obra a la otra y que justamente le dan su máximo interés. Después del proceso que ha hecho que desde hace mucho tiempo las alternativas de nueva pintura también sean abstractas, uno sólo espera que se les permita contribuir al fortalecimiento de las artes en la geografía latinoamericana a artistas de alta calidad como Luis Roldán.

Jesús Fuenmayor New York, Enero 1992 
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omado del Folleto: Galería Luis Pérez - 1992

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LA PINTURA ES UNA ACTITUD

 Entrevista para la Revista Punto G  

La sala está vacía. Luis Fernando Roldán, enfundado en su blue jean a medio llenar, entra, y absorto ve en las paredes blancas los cuadros que aún no ha instalado. Es el final de una labor que empezó hace ańo y medio y que dio como resultado la exposición `A vuelo de pájaro" que se exhibió en la galería El Museo, de Bogotá, hasta finales de octubre.

Qué delicia ver de la mano del artista -y no de los críticos, estudiosos y periodistas del arte- cómo han salido del fondo de su ser ideas, sentimientos, y su misma existencia para concentrarse en su pintura.

Porque los críticos nos enredan en formalidades tratando de encontrar referencias culturales para desentrańar el misterio del artista. Trans-neo­vanguardista, neogeo o hipermegaplay: cualquiera que sea la clasificación, ésta siempre es una barrera, una talanquera entre la obra y el espectador que está del otro lado.

El hombre de la calle, el común-y-corriente hombre de la calle que se detiene frente a una obra, tiene que quitarse de encima a los eruditos y has­ta a los aficionados del arte, además de todas las prevenciones culturales, para poder establecer una comunicación de tres: espectador, cuadro, artista... Cosa complicada pero necesaria si queremos aprovechar ese genio especial, esa actitud poco común de mirar más allá de las narices...

Ahora, la intención no es desconocer a todos los estudiosos y sus aportes a la historia del arte. ĄNi más faltaba! Es recobrar para el espectador el espacio y la libertad, para ver y apreciar una obra sin prejuicios de terceros y sin indicaciones de cuartos que sesgan la propia visión. Y esta conversación con Roldán nos muestra, de primera mano, cómo es la relación con su arte, cómo ve y cómo produce sus cuadros.

Las obras de Luis Fernando pertenecen a colecciones públicas del Milwau­kee Art Museum, de Milwaukee, al Therfranes Lehman Loeb Art Center y al Nassar College Poughkeepsie, de Nueva York, Estados Unidos -donde vi­vió con su primera esposa; al Museo de Arte Moderno, al de Arte de la Universidad Nacional y a la Biblioteca Luis Ángel Arango, de Bogotá; a La Ter­tulia, de Cali, al Museo de Arte Moderno de Barranquilla; a la Fundación Cerlag, de Caracas; y al Museo de Arte Latinoamericano de Managua, Nicaragua.

żPor qué el arte abstracto?

No me interesa ser abstracto o figurativo. Eso al final de siglo no cuenta, como tampoco las definiciones de van­guardia. Para mí es más importante la condición huma­na que cualquier recurso estilístico o plástico. Lo técnico, la composición, el color, ya están dados. Son como la costura. Lo que me interesa son los elementos de la vida; lo carnal, la actualidad, lo que vivimos aquí, y cómo el momento maneja la situación. Cómo nos vemos desde arriba, desde abajo, de cerca, lo ingenuo, lo infantil, lo malandro.

Lo fundamental es que en el proceso de una obra haya pregunta, que se insista en ella -esa neurosis-, que haya perfección y excelencia.

żCuándo se llega a la perfección?

Cuando se mira la pobreza, el odio, la amistad, todos temas abstractos.

żUsted es de los artistas que necesitan las crisis y el sufrimiento para crear?

No. Yo necesito la calma, estar bien. Y cuando hay sufrimiento, cuando hay dolor, me desconecto, lo saco a un lado y sigo con la obra que para mí es lo importante; lo demás "vale huevo". Es terrible porque uno se siente como un monstruo y eso es difícil para el que vive con uno. Pero por definición, la vida del artista es inestable. żPor qué abandonó la arquitectura?

Yo soy un renegado. Estudié arquitectura porque enseńa a ver la ciudad, la parte social, económica y urbana. Pero nunca ejercí. Terminé y me fui a París a estudiar grabado moderno e historia del arte, que era lo que me gustaba. Aunque yo podría haberme expresado de otra manera, ser jardinero o cocinero, cosas que me fascinan, cuando pensé en ello ya estaba encarretado con la pintura y fue imposible separarme de ella. Estaba enamorado.

Me encanta ser artista porque la necesidad de las dos dimensiones es solamente humana. La tercera es animal. Es esa necesidad de ver a una persona por detrás. Uno tiende a ver la obra de manera frontal, y cuando quiere verla por detrás, se encuentra consigo mismo...

żCómo es su relación con la ciudad?

Es más con esta zona céntrica -barrio La Perseverancia-. El norte es como la fantasía, voy cuando lo necesito y regreso rápido. En Cali hay una relación más constante entre los barrios pobres y los ricos. Aquí, en Bogotá, el 90% de la ciudad es la ciudad; pero el 10% restante, los ricos, creen que están en la ciudad. En Colom­bia hemos llegado al punto de que para conocer la verdadera Bogotá necesitamos un intermediario, alguien que nos deje entrar a barrios como San Cristóbal, adonde yo iba a caminar mucho. Porque si tú vas solo, no te dejan entrar, eres un extraterrestre.

Hace ańo y medio vivo en Nueva York, en Harlem. Para mí es muy cómodo, es un ejercicio íntimo. Parece absurdo que estando en Bogotá haya escogido ese barrio para vivir, pero uno se siente más seguro y es muy nutritivo en ese sentido social: uno tiene contacto con todas las personas, interactúa con ellas y no sólo con un grupo. Así no estoy aislado, viviendo en un mundo que no es. Además, estoy conectado con lo que me interesa. Pero me la paso entre Bogotá y Nueva York. Vengo bastante.

żEsta exposición la hizo allá o acá?

Acá, en este estudio. Los procesos creativos entran en crisis y uno necesita matarse para volver a renacer: el eterno círculo de la vida y la muerte. Hace un ańo empecé a trabajar en el tema hasta llevarlo a un punto de pulimento, de desgano. Por eso hay obras que son como el "patito feo"; no son lindas pero uno las quiere porque están muy cargadas de sicología, de historia, son las generadoras de otras obras. Sólo me interesa un tema cuando se anula y él mismo gira hacia otro. Por eso hay pinturas que se parecen mucho unas a otras, pero unas tienen alma y las otras no. Después viene la parte del placer, la parte rica, una vez tienes la idea resuelta. Luego, acabar la obra, la costura, es muy rápido. El problema es encontrar la expresión de esas ideas en las que uno está metido inconscientemente. Pero cuando uno está conectado a una disciplina en una actitud siempre abierta, se dan las cosas, porque la pintura es una actitud, una posición ante la vida. Lo rico es ese proceso, hacer los cuadros. No verlos terminados.

żQué hala su pincel?

Tú tienes un ovillo y cuando pintas empiezas a halar el hilo, halas y halas y lo mantienes siempre tenso: esa es la clave, no perder la tensión ni romper el hilo, porque si halas mucho se te rompe y tienes un nudo, una cri­sis, y debes volver a empezar Así lo veo yo. Y tú no puedes dejar de halar el hilo, es tu responsabilidad como artista.

żQué cualidades tiene el artista?

El artista tiene que aprender a mirar el mundo y no te­ner miedo de mirarse. Tiene que aprender a charlar con sus temores, con sus fantasmas y sacarles el goce. Si no lo hace, cae. Cuando charlas con los fantasmas te haces preguntas. Con esta obra lo que pretendo es preguntar cosas, no dar solu­ciones ni respuestas. Es una preguntadera sin respuestas, a diferencia de lo que hacía el artista modernista que se creía dueńo de la verdad. Hoy, máximo, el artista puede preguntar, no darle soluciones a nadie. . . . .. .. . .. ..  

Tomado de la Revista Punto G No.8

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  Minas, exposición en la Galería El Museo, septiembre de 2001

El próximo jueves 6 de Septiembre, La Galería El Museo inaugurará la exhibición individual del artista Luis Fernando Roldán. Quien nacido en Cali en 1955, y con una carrera profesional de más de 15 ańos, es considerado como uno de los principales exponentes del arte contemporáneo nacional.

Ganador del primer premio tanto de la última versión del Premio Luis Caballero realizado entre los ańos 2000 y 2001, como del XXXVI Salón Nacional de Artistas de 1996; además del Visual Arts Award, otorgado por el Wisconsin Arts Board en 1990. Roldán ha logrado constituir un lenguaje en torno a la pintura abstracta, en donde fluidez e intuición juegan un papel fundamental: actúan como elementos de composición para las reorganizaciones de su realidad. Una realidad en donde las variaciones de color y texturas y la libertad que se permite al utilizarlas, sirven como instrumentos traductores de una impresión personal del mundo. Durante muchos ańos, su obra -siempre bidimensional-, ha establecido conexiones muy cercanas con las teorías del caos y el ordenamiento alternativo del universo, presentando a la pintura como portadora de "un diálogo en donde cada elemento se ańade, se confirma o se niega con respecto a otro hasta lograr un punto de fluidez entre las partes".

Teniendo en cuenta el poder de la metáfora, característica de toda su producción, "Minas" se muestra como un espacio atmosférico habitado por una idea de múltiples significados; desde las reminiscencias de la infancia hasta paralelos de agresión conviven en estas obras monocromas. Explosiones y silencios que también recogen parte de los fragmentos esenciales de series anteriores como ¨A Vuelo de Pájaro¨, de 1999, en donde existía una clara exploración en el espacio y sus las variaciones del paisaje o la geografía, y de "Qué estoy haciendo aquí"de 2000, en donde con el dibujo como protagonista abría un nuevo campo ilimitado para las lecturas de una idea, concepto o técnica. Como artista, Luis Fernando Roldán trabaja con la convicción de que "pintar no es sólo una exploración del arte, sino de la vida, y sobre todo de las experiencias de la vida"; de allí que "Minas", sea una especie de homenaje a la cotidianidad y a algunos de los elementos que la componen; una indagación de la realidad a través de elementos que como el lápiz, el pasado, el presente, la violencia, la idea o el paisaje hacen parte no sólo de las experiencias del artista, también de las nuestras.

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De Fausto Panesso (1990)

Residente en los Estados Unidos, desde el ańo ochenta, Luis Fernando Roldán libra una tesonera pelea. De ser un artista inmigrante que ni siquiera conocía el idioma, logra, al cabo de una década, alcanzar reconocimiento crítico, y la capacidad de vivir de su trabajo en un medio áspero, competitivo y difícil como el norteamericano. A pesar de su juventud, tres seńalamientos de su nombre en Colombia, en 1990, dan idea de esa primera línea que ya ocupa: invitación al XXXIII Salón de Artistas Nacionales, selección a la II Bienal de Arte de Bogotá, y selección de la Casa Negret para la exposición "40 Concretos". Riguroso y sólido número, este último. El equivalente a un llamado a lista de los artistas, sin distingo generacional, que verdaderamente poseen un lenguaje propio y diciente dentro de la tendencia abstracta.

"Lo que me interesa de Roldán -dice Negret, quien durante todo el ańo 89 ejerció la curaduría de la muestra- es el manejo del color dentro de la gran superficie de sus cuadros. En el gran dibujo que él hace con ella, es dentro de la línea donde concentra todo el color:

Los grandes espacios los deja en un blanco directo, el color del lino en que trabaja, al que sólo le aplica una laca, más para preservarlo que para buscar un efecto. Y va controlando todos los colores dentro de la línea.

Siento que tiene un lenguaje completamente abstracto ya creado, pero que le permite hablar de otras cosas concretamente. Que es lo que a mí me interesa defender dentro del grupo escogido para la muestra de los 40. Gente que ha partido de la naturaleza, ha llegado a lo abstracto y ha regresado a hablar del mundo, de todo lo posible, pero en un terreno que nada tiene que ver con lo figurativo ni lo representacional. Eso es lo que encuentro válido en el trabajo de Roldán. Aparte de que considero curioso cómo su trabajo, hecho íntegramente en el medio norteamericano, tiene tantas coincidencias con quienes están trabajando muy seriamente en Colombia en esta línea. Problemas y lenguajes comunes, que, ya sean hechos aquí o en Norteamérica, se ase mejan, pues están abordando temas universales".

Tomado de la Revista Diners No. 246, septiembre de 1990

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Los sudarios de Roldán

por Paola Villamarín

Un dibujo sin terminar del artista caleńo Luis Fernando Roldán descansa sobre una mesa de su taller. No es. un dibujo corriente. Está hecho con hilos sacados, uno a uno, de las sábanas que visten su cama matrimonial.

Roldán lo acerca. Quiere mostrar cómo trabaja. Toma un retazo, agarra una de sus pintas, saca un hilo y lo suelta sobre el resto del dibujo. Después mueve el papel que lleva una delicada retícula en lápiz para que el hilo encuentre su lugar. "Es un proceso que no tiene control", dice.

Son dibujos que tienen mucho de caligraa y que surgieron de un largo proceso en el que Roldán "no quería dejar ningún cabo suelto".

Todo empezó con el material. Roldán estaba trabajando una serie anterior, que tenía como materia prima el grafito, y usaba las sábanas como trapos para frotar el lienzo. Después le surgió la idea de trabajar con las sábanas completas y rasgarlas concéntricamente hasta formar una sola línea. "Me di cuenta de que esto valía tanto o más que lo que estaba haciendo"; agrega.

Expuso uno de estos Sueńos, como él los ha llamado, en el Espacio Vacío, en Bogotá. La línea de sábana negra escalaba la pared de la galería como una espiral y dejaba ver fragmentos blancos de su `soporte. "Lo que hago es una especulación del dibujo", dice el artista. "

Lo que sobra de estas sábanas; Roldán lo convierte en nuevo material de trabajo: con ellos hace sus pequeńos dibujos. El artista tiene una carpeta llena de ellos, algunos más abstractos, otros dejan ver formas más reconocibles. "Estas obras salen de nuestras sábanas. Busco desarrollar la idea de una tercera superficie que lo cobija a uno, que va cargada de ideales, de pensamientos", agrega.

Roldán se mueve hacia otro espacio de su taller y destapa grupos de pequeńas pinturas.

"Esta serie es como un calendario (la trabajó diariamente durante un ańo) y me sirvió como un elemento de meditación sobre lo cotidiano, sobre las noticias", dice.

Las desenvuelve y pone algunas en secuencia. Son imágenes tan variadas como un pescado en un plato, galletas o un hombre envuelto en llamas. Con ellas, Roldán se pone a prueba y, así mismo, entra en un juego que le gusta.

Paola Villamarín
Tomado del periódico El Tiempo, 9 de septiembre de 2003

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Aire fresco en el arte

María Margarita García 

Después de doce ańos, Luis Fernando Roldán regresa con una obra madura y cargada de metáforas.

Cuando Luis Fernando Roldán camina por la Quinta Avenida o visita el Museo Metropolitano de Nueva York o se encierra en su estudio de Brooklyn después de salir de su casa del norte de la ciudad y recorrerla por cerca de una hora, mira con cierta distancia a su país, medita sobre su actividad de pintor y establece un diálogo con su obra que surge en la soledad de su taller, en el análisis y en su condición de extranjero.

Desde su llegada a Manhattan, hace cinco ańos, dedicó gran parte del tiempo al dibujo, a seguir con la línea las vicisitudes del ser humano, a cuestionarse y a reencontrarse con su oficio. Ese interés lo expresó a comienzos de este milenio con la obra Qué estoy haciendo aquí, con la que ganó el Premio Luis Caballero. "Encontré mucha información y me interesé en lo que generaba la tela, en su fuerza y a la vez en su fragilidad. Resolví utilizar sábanas impregnadas con grafito, las rasgué y las rehíce dejando algunos espacios". Cuando recreó las sábanas percibió múltiples niveles de información que iban desde la sábana misma hasta la relación de pareja, pasando por la sábana como sudario, como otra piel, como medio de protección. De esa relación surgió una de sus obras más recientes que apuntan a una parodia del óp art por su sentido jocoso. "Usé los retazos y los reciclé hasta que se convirtieron en hilos". Así creó algunas obras que apuntan a la escritura, las partituras, las canciones, las divagaciones, el erotismo. De este modo saltan a la vista del espectador dibujos en blanco y negro en que los hilos teńidos con grafito muestran cómo "el material está agredido; el negro lo hiere".

Sus pinturas son producto de investigaciones realizadas a partir de su última exposición en Nueva York, titulada jóvenes y sin hogar, trabajos influidos por la vida urbana, el movimiento, el tiempo y los residuos.

De allí han surgido obras de diferentes formatos en las que se percibe su notable evolución y con las cuales apunta no sólo al paso del tiempo sino al uso del color y a los remanentes entendidos como lo último que queda después de algo. En ellas se advierte su interés por el paso del tiempo ya no expresado en la textura sino en el uso de diferentes capas finas de color. "Hay una constan te meditación sobre una pregunta inicial, y al responderla uso capas finas, pero la idea es la misma". Transforma los tonos en símbolos. "No se trata sólo de disfrutar del color. Siempre hay una relación con alto, con lo cotidiano".

Roldán cree que "el color es venenoso". Usa plomo, cadmio y mercurio. "Esto me crea no sólo un matiz sino un simbolismo en el pigmento. El campo del color está ligado al peligro, al amor, a la riqueza o al sentimiento cotidiano". Para él siempre hay metáforas. "La pintura como pintura no me interesa, aunque sí pretendo realizar una buena pintura. Creo que un buen artista siempre utiliza metáforas. En mi caso la sinuosidad de la línea despierta cuestionamientos.

Cada persona crea un mundo y hace la relación entre la línea y el fondo. Esto sumado al bombardeo de las imágenes que al moverlas dejarían sólo unos rastros. O sea que no necesariamente esta pintura es abstracta, pues pudo tener imágenes iniciales. De hecho no es ni figurativa ni abstracta".

Su trabajo incita a múltiples lecturas. "Me gusta la idea de Fernando Pessoa de utilizar varias personalidades. El ser humano tiene distintas pautas de comportamiento e interactúa de acuerdo con la persona que tiene al frente o en relación con el lugar donde esté en un momento determinado. Pienso que esto es fruto de la contemporaneidad, que ya no exige que el individuo tenga una sola personalidad. Creo que el hombre vive en constante cambio. Realmente el mundo del artista está en todos esos fantasmas, en el saber convivir con todo eso y poder sacarle jugo".

Esta filosofía no sólo está influida por sus múltiples lecturas o su investigación sino por su experiencia como extranjero en los Estados Unidos donde ha aprendido a ver desde lejos su propio mundo. "Se trata de profundizar y mirarse con una perspectiva lejana que permita recapacitar. Así lo cotidiano ya no es tan cercano ni tan inmediato, hecho que podría generar una obra inmediatista. De tal manera que es posible desarrollar un trabajo más decantado".

Su vida en Nueva York lo ha llevado a replantear su obra y a mirar nuevas posibilidades. "Me considero un artista arcaico y eso me ha generado cierta soledad. El mundo de la tecnología es compartido mientras que el del pintor es solitario, y esto da la posibilidad de reinventar el trabajo". Por eso considera: "La pintura es dificil, está en constante cuestionamiento. No es fácil realizarla actualmente, puesto que se ve influida por el quehacer diario. En Nueva York,. por ejemplo, empieza a saturarse la imagen artística, pues se repite mucho el computador y el video. En este momento la pintura da un aire fresco de pregunta, de meditación y de cuestionamiento del mundo contemporáneo".

Tomado de la Revista  Diners No. 401, septiembre de 2003

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Entre el agua, el papel y los pinceles 

Exposicíón Márgenes paralelas

Ana María Durán Otero

La humedad pegajosa y el constante flujo del agua en la novela del escritor colombiano José Eustasio Rivera motivaron la obra del artista Luis Fernando Roldán, un conjunto de trabajos en los que la presencia del agua en el papel o en la tela aparece de manera espontánea y casual en cada uno de sus cuadros.

Organizada en tres espacios diferentes, Márgenes Paralelas desarrolla la metáfora de la selva expuesta en el libro, donde según el artista, "a través de los temas de la injusticia, la venganza, el amor, la denuncia, entre otros, Colombia se convierte y adquiere las características propias de una selva".

El recorrido comienza con un conjunto de pequeńos dibujos mecánicos y básicos; ejercicios de preparación donde la mezcla de la tinta con el agua van manchando y rompiendo el papel. Esta primera etapa de calentamiento introduce al segundo espacio, donde se hace evidente una reflexión mucho más consciente y activa del artista frente a su obra.

Aquí, el artista reconstruye en imágenes sus caminatas por las calles neoyorquinas: "En este segundo momento recojo los papeles en las calles, pisoteados y desvanecidos por la lluvia, y reconstruyo esa imagen primera en hojas blancas de papel". Esta tarea arqueológica de reconstrucción de desechos de muestra la constancia y permanencia del agua en objetos tan sencillos y casuales como un papel de chicle, un tiquete de metro o un flyer de publicidad.

NEGROS Y BLANCOS INESPERADOS

El último espacio de la exposición se convierte para Roldán en el punto culminante de la re flexión de la que partió. "En este punto estoy pensando realmente en La Vorágine. Aquí estoy trabajando en los capítulos, pero no ilustrándolos, creando estados de amor, odio, venganza, injusticia, belleza, luz, violencia, crepúsculo y generosidad". 

Cada uno de los cuadros, a pesar de ser únicos y distintos, pertenece a una totalidad, con forma una unidad que los relaciona unos con otros. Sin embargo, esta operación debe partir del espectador mismo, ya que según Roldán, "en este punto, cada una de las obras expuestas no tienen nada que ver conmigo. Aunque yo participé, ya cada una tiene una vida por sí sola".

El conjunto de los tres momentos de Márgenes Paralelas ilustra una propuesta clara de los intereses artísticos de Roldán, en donde la novela La Vorágine se convierte en el hilo conductor que seduce y entre teje los distintos espacios.

Bien lo expresa Eduardo Serrano al referirse a la obra de Roldán: "Descubrir el hilo conductor, literal y metafórico, que amarra su producción, es una de las recompensas de la aproximación a la obra".

Tomado del periódico El Espectador, 23 de octubre de 2005

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Selva urbana

Por María Margarita García

En una noche de invierno cuando el frío de Nueva York le calaba los huesos, Luis Fernando Roldán se desplazó hasta su biblioteca y buscó La vorágine, esa joya de la literatura colombiana que había leído tres veces, y encontró una fuerte relación con sus reflexiones plásticas. "Estaba interesado en la humedad y en lo que produce el agua. La vorágine se acomodaba muy bien a eso". Se introdujo así en la selva como metáfora de la selva humana. "Me interesaba la comparación de ese libro leído por obligación en el colegio cuando yo era adolescente, al que me aproximé a los 25 ańos y después a los treinta y al que he vuelto ahora. Me parece importante ese punto de referencia de la cultura y la literatura colombianas, que no es costumbrista". Con estas inquietudes surgieron sus tintas atadas a un signo de transformación y sus dibujos a partir de papeles encontrados en las calles neoyorquinas como símbolo de huellas urbanas.

"Todo ocurrió espontáneamente, aunque en el primer momento sí me llamó la atención el agua como elemento de transformación. La segunda idea estuvo inspirada en la situación tecnológica y la manualidad. La tercera apuntó al eterno problema de saber de dónde salen las ideas. Lo que sí quería producir era un ambiente casi caótico y crear una serie de obras difíciles de situar en el tiempo". Esto lo hizo con tintas sobre telas de algodón donde los ojos del espectador van y vienen tratando de conseguir un foco.

Sus dibujos, algunos hechos con esos papeles recogidos en las calles húmedas de Nueva York y reconstruidos con el recuerdo de lo que había en el andén, están cargados de símbolos y de ciertos vestigios culturales aparecidos como especies de geografías donde el blanco actúa como si fuera agua. "Se trataba de desbaratarlos y desdoblarlos. En ese sentido son clásicos. Están la línea, el rectángulo, la metáfora". En esos retazos de papel colocados sobre hojas en blanco, trazó la línea y en otros tomó los sobrados de la ciudad y los puso en un plano diferente del de la simple basura.

Con las tintas se liberó y desarrolló su idea de arte. "Son la reflexión sobre la inmediatez. Uno se pregunta qué es ser artista, y puede hallar respuesta en el concepto de un teórico que afirma que arte es saber prepararse para morir. Si se trabaja sobre eso, es posible decantar la cultura y analizar los procesos". En ellas se advierte su interés por el tiempo, la luz asociada -a veces- a los crepúsculos de La vorágine. Sin embargo, ha trabajado casi en blanco y negro. "A través de la monocromía se puede pensar en el color".

Pero esa monocromía no se manifestó desde el principio. "Había pensado usar la acuarela por la relación de ésta con el agua. Quería analizar el color, pero un día tomé un papel y lo manché de negro". Obedecía sólo a un ejercicio para descansar y lograr más concentración.

Así sus tintas encontraron un rumbo iniciado con su reflexión sobre el agua y se ataron a su concepto de la plástica, del hombre urbano. Se convirtieron en una obra sólida y cada vez más alejada de su origen, pues aparecieron cuando tomó una tela templada y sin preparar y empezó a mancharla con el ánimo de hacer algunos dibujos clásicos. En el proceso maduró hasta conseguir un excelente manejo de la luz y expresar su interés por la huella y las texturas. Demostró su buen oficio usando dos clases de tintas: una pesada y otra ligera. " El óxido de hierro es pesado y se cae, mientras que el negro de humo es flotante, de tal manera que se controla la absorción en la tela y la intensidad de acuerdo con la cantidad de tinta y agua. Hay que hacerlo rápidamente. Es como volver al origen para observar dónde estamos. Es un método que se ve contemporáneo pero es viejo".

Así surgieron una serie de telas asociadas a los sudarios y con las cuales logra descomponer la marańa de la selva humana.

Esa manera de pensar, trabajar, redescubrir, caracteriza a este artista colombiano que desde su estudio de Nueva York se deja llevar por la intuición y carga sus obras de elementos reflexivos. Así lo ha hecho con su serie Márgenes paralelas, expuestas en Bogotá, y otras obras que mostrará en este ańo en Venezuela y Estados Unidos.

Tomado de la Revista Diners No.427, octubre de 2005

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COLUMBRAR de Luis Fernando Roldán

Después de su trabajo en la serie Sueńos en donde untaba sabanas enteras de grafito para después rasgarlas y hacer, con delgadas tiras negras, dibujos que incitan a todo tipo de sensaciones, Luis Fernando Roldán, en Columbrar, su más reciente exposición en la Galería Casas Riegner, parece continuar de alguna manera con esta idea. La muestra está conformada por dibujos y pinturas Estas últimas, de gran formato, parecen aludir a su propuesta anterior: pequeńos hilos negros se extienden sobre el lienzo, pero esta vez son pincelazos, chorriones que contrastan sobre un fondo impreciso. Roldán partió de fragmentos de La vorágine, la novela de José Eustasio Rivera, por su vigencia y por la metáfora que representa ante la vida. En estas pinturas hay insinuaciones de paisajes selváticos, de caos,"columbrarse son vistas aéreas de la vorágine en la que se está envuelto, pero cada vez que se convierten en tema o en mera imagen, se alejan de su origen: uno puramente intuitivo", escribe Mariángela Méndez en la presentación de la muestra. Roldán, además, acude a material de reciclaje, como to ha hecho en sus trabajos anteriores.

Diego Garzón
Tomado de la Revista Semana No.1225, 24 de octubre de 2005

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Una exposición que explora la tensión de las relaciones  

Dibujos desde las sábanas 

Luis Roldán hace arte con tendidos usados y papel.

Luis Roldán practica el poco común arte de dibujar con sábanas. Las prepara, por así decirlo, al natural, como lo haría cualquiera: durmiendo en ellas. Eso al comienzo, porque después las impregna con grafito, lo que las deja grises.

Entonces las rasga. Parece que de manera muy paciente, porque quedan tiras largas y delgadas. Luego Roldán, que vive hace casi una década en Nueva York, traza dibujos en la pared con ellas.

El artista, que en 1996 ganó el Salón Nacional de Artistas, muestra su obra reciente en la galería Casas Riegner, bajo el nombre Testimonios. "Una sábana es depositaria de fluidos y también de pensamientos. Contiene recuerdos, sexo, todo lo que sucede ahí" comenta.

Combinando la tela con papel, crea obras abstractas del tamańo de un salón y también pequeńos dibujos. En el más grande de la sala, deja los bordes de una gran sábana de cama doble y de ellos salen las líneas de tela que se separan en paredes opuestas.

"Al compartir con alguien, hay tensiones. A veces uno se separa y quiere volver, pero cada cual se desentiende". Así comenta esas rayas que suben y bajan como un electrocardiograma, mientras se alejan de su origen.

La relación de pareja también se nota en Amorosos, una obra compuesta por decenas de cuadritos de velcro puestos en dos cuadrículas, cada una en paredes opuestas. Según el artista, es un asunto de tensión, en el que los cuadritos no se unirán aunque estén a pocos metros. La tensión es, sobre todo, para el espectador, `atrapa do en medio de un espacio cuadriculado y un poco desesperante.

Tomado del periódico El Tiempo, 29 de marzo de 2007

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PINTADOS EN NUEVA YORK

por Maria Margarita García

Luis Fernando Roldán se preguntaba "Qué estoy haciendo aquí" cuando a finales de la década pasada se desplazaba por Manhattan, visitaba museos, sentía la soledad de su estudio y entablaba una profunda comunicación con su obra. No era la primera vez que vivía fuera de Colombia. A finales de la década de 1970 se había instalado en París para estudiar grabado moderno en el Atelier 17 y asistido a la Escuela de El Louvre. A la Gran Manzana había llegado con la experiencia de un profesional y llevaba en sus hombros el reconocimiento del Salón Nacional de Artistas, el de Artes Visuales de Wisconsin y el de Artes de Milwakee. Tenía madurez para asimilar la mezcla de culturas que tanto lo había impactado en los ańos ochenta cuando dejó el Viejo Continente y estableció su residencia en Milwakee. Había aprendido a manejar su condición de extranjero y observar los hechos de su país y del exterior. Y esa actitud se advierte en sus series realizadas a lo largo de sus veinticinco ańos de actividad profesional.

"Vivir fuera de Colombia cambia la manera de percibir la realidad del país y del mundo. En este momento veo una polinización cruzada y un mestizaje cultural, siempre presente en mi obra". A pesar de las dos décadas por fuera del país, en sus dibujos y lienzos está la esencia de la cultura colombiana mezclada con su experiencia cotidiana. Si en su serie sobre El Parque de la lndependencia (1994) evocaba a Andrés de Santa María y al expresionismo abstracto norteamericano, en Calendario (1996), ganador del premio del Salón Nacional de Artistas y formado por 366 cuadros pequeńos, se introdujo en el imaginario colectivo, en los agüeros como indicio de un ańo bisiesto y en el mundo de los opuestos como lo estético y lo antiestético. En sus trabajos recientes demuestra que es un artista al que no le intimida utilizar medios no tradicionales, pues no sólo toma el pincel sino que también dibuja con hilos, crea grandes instalaciones de dibujos, y poco a poco ha participado en el arte norteamericano y se ha transformado en uno de los artistas más importantes de su generación. Después de mostrar su trabajo en varios países de América Latina y antes de exponerlos en Nueva York y en Costa Rica, exhibe en Bogotá.

Roldán vive y trabaja en Nueva York. Desde su Ilegada a Manhattan dedicó parte del tiempo al dibujo, a seguir con la línea de las vicisitudes del ser humano, a cuestionarse y a reencontrarse con su oficio. Ese interés lo expresó a comienzos de este milenio con la obra Qué estoy haciendo aquí, con la que ganó el Premio Luis Caballero. En su investigación usó pedazos de sábana impregnados de grafito para refregar sobre el papel. "Me interesé en lo que generaba la tela, en su fuerza y a la vez en su fragilidad. Rasgué las sábanas y las rehice dejando algunos espacios". Luego recicló los retazos "hasta que se convirtieron en hilos" y creó dibujos en blanco y negro en que los hilos teńidos con grafito apuntaban a un "material agredido".

Su trabajo incita a múltiples interpretaciones. "Me gusta la idea de Fernando Pessoa de utilizar varias personalidades. El ser humano tiene distintas pautas de comportamiento e interactúa de acuerdo con la persona que tiene al frente o en relación con el lugar donde se encuentra. Eso es fruto de la contemporaneidad. El hombre está en constante cambio. Realmente en todos esos fantasmas está el mundo del artista". Así se advierte en Testimonios, su más reciente serie que trae a la Galería Casas Riegner del 15 de marzo al 21 de abril y que ha venido desarrollando desde hace cinco ańos y con la cual muestra su habilidad en el manejo de diferentes medios. Algunos de sus dibujos, como Quilla, rinden homenaje "a Miró y a Calder y por qué no a Ellswoth Kelly".

En medio de sus investigaciones y búsquedas, Roldán también se ha introducido en la instalación, como en su obra Amorosos realizada con cuadrículas de 9 x 13 centímetros de techo a piso y enfrentada, "los machos en un lado y las hembras en el otro". El lápiz y la tinta sobre papel le han servido para expresar tensiones, centrado en la idea del "malabarista que busca el punto de equilibrio para no caerse". También aborda la rutina mediante Códigos que "son como contar números que no tienen un propósito pero que sí lo tuvieron al ser tiquetes de parqueadero recogidos de manera diaria".

Sus pinturas siguen abordando la esencia de series anteriores como la surgida de su lectura de La vorágine, en la cual ahonda en lo penetrable y lo impenetrable y toma como punto de partida testimonios no leídos y por lo tanto imaginados pero que tienen el mismo valor así fueran leídos. Todas estas obras han surgido en su estudio de Nueva York, situado en Brooklyn, debajo del puente de Manhattan, a una hora de su casa de Harlem y que ha empezado a perder su encanto inicial pues "estaba en una zona donde se habían Instalado artistas que han sido desplazados por nuevos condominios de personas de alto nivel económico. Seguramente me tocará salir de a11í, por to árido que se va volviendo. Aunque es lejos de mi casa, me crea una disciplina de lectura y de meditación para empezar el día, pues trabajo con regularidad desde la mańana hasta la noche. Para mí es satisfactorio tener la posibilidad del trabajo continuo y pensar en lograr, cada vez más, una excelencia que no sé todavía cuál es pero que siento que existe".

Su vida en Nueva York to ha llevado a replantear su obra y a mirar nuevas posibilidades. "Me considero un artista arcaico y eso me ha generado cierta soledad".

Tomado de la Revista Diners No.444, marzo de 2007

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Sobre la memoria proustiana

por Liliana López

La literatura es otro de esos motores que activan la imaginación y la producción artística de Luis Roldan. Esta vez, la muestra Circunstancias tuvo su génesis involuntaria mientras leía la novela de Proust En busca del tiempo perdido. Así como para Proust el sabor de la magdalena lo remitía a su pueblo, a Roldan un pájaro amarillo, nombrado de maneras tan disímiles como cristofué, bichojué, tirano cazador de moscas, entre muchos otros, es el que dispara los recuerdos infantiles y los paisajes sonoros del amanecer de esos patios en Cali llenos de árboles de mangos y samanes.

Dentro de la galería, este pájaro que había estado en la mente de Roldan desde hacía mucho tiempo se transforma en una caja vacía, forrada en amarillo, que al abrirla despliega su canto.

Cuando leía el libro, una parte llamó en especial su atención y la anotó en un cuaderno. Se trataba del célebre pasaje de "La prisionera". En este tramo de la novela, el escritor y crítico de arte, Bergotte, a punto de morir, llega a una exposición de pintura y observa la Vista de Delft, de Vermeer y queda absorto con un detalle del cuadro, un panel de color amarillo, y acto seguido replica: "Así debiera haber escrito yo. Mis últimos libros son demasiado secos, tendría que haberles dado varias capas de color, que mi frase fuera preciosa por ella misma, como ese pequeńo panel amarillo". En sus últimos instantes, a Bergotte se le aparece la visión de una balanza celestial en donde de un lado está toda su vida y, en el otro, el fragmento de muro amarillo. Sus palabras finales fueron, el panel amarillo.

Roldan empezó a desarrollar obras en las que los rectángulos amarillos aparecían y después encontró el fragmento que había dejado resaltado en uno de sus cuadernos. Entendió cómo la memoria, muy a la manera proustiana, involuntaria y contraria a la simple rememoración, era la que permeaba y conectaba su serie de dibujos, y es al final la que está presente en toda la muestra, compuesta también de una instalación y un video.

En una de las paredes se encuentra un dibujo de la Vista de Delfi sintetizado y abstraído, el cual se irá desmembrando a lo largo de los demás muros con una constante: un panel amarillo. Además, varios dibujos de un canario en la misma posición y a diferentes escalas están dispuestos en la parte baja, media y alta de las paredes para hacer alusión al vuelo. Los otros elementos serán una sorpresa para el público.

Los simbolismos, las metáforas, pueblan toda la obra, todo este recorrido, que en palabras de Roldan "es como una aventura que quería hacer participativa al espectador y que invita a reflexionar con preguntas sencillas y respuestas complicadas sobre la balanza de la vida", así como la que se le aparece a Bergotte en el crepúsculo de su vida.

Tomado del periódico El Espectador, 14 de octubre de 2009

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Colombia en Venecia

por María Margarita García

Dominios del lobo

Desde su estudio de Brooklyn, debajo del puente de Manhattan, y en medio de su rígida disciplina de lectura, meditación y arduo trabajo pasó los últimos meses creando su instalación -Dominios del lobo, que luego instaló in situ, en el bellísimo y extenso espacio del Artiglierie dellArsenale de Venecia. La obra sigue el ritmo y la técnica que ha venido realizando desde los primeros ańos de esta década, es decir "a partir de sábanas y su carga simbólica".

Los hilos con los cuales crea la línea son extraídos de tejidos que tintura con grafito. Construye la obra como si estuviera desbaratando una pieza, en la medida en que desteje la sábana para armar con sus hilos una obra que alude no sólo a su oficio sino también al tiempo, al eterno retorno, e incluso a la violencia, sin dejar de lado la idea de fragmentación en la cual se ha sumergido durante ańos. Roldan ha escogido el dibujo como un medio de expresión sencillo y austero pero con inmensas posibilidades. "Es una manera alternativa de exaltar la manualidad y mirar el mundo con recursos ya existentes, mediante el uso de materiales utilizados", dice. Su gran instalación Dominios del lobo, "título tomado del libro de Javier Marías, ágil de leer, pues tiene una estructura fragmentada y se ajusta muy bien a la obra que presentaré, claro que sin hacer alusión al escrito", la realiza a partir de dos sábanas rehechas con su inconfundible estilo. Sus obras reflexivas y líricas son el resultado de su extensa actividad plástica, su formación de arquitecto, sus estudios de grabado moderno en el Atelier 17, su asistencia a la Escuela del Louvre, su reconocimiento en el Salón Nacional de Artistas y en el de Artes Visuales de Wisconsin, y los premios Luis Caballero y de Artes de Milwaukee. En este caso hizo una serie de dibujos preliminares, luego creó un boceto a pequeńa escala para ver cómo se comportaban los materiales. "Finalmente con mi asistente, Rosalba Lugo, trabajamos en la unión de las dos telas y en el rasgado para lograr los acabados deseados. Pero esta parte es la mitad del trabajo. La otra, tal vez la más importante, es la instalación en el sitio". Por eso viajó a Venecia desde el 28 de mayo, para lograr establecer el diálogo de su obra con el espacio que comparte con Baraya y diez latinoamericanos más.

Tomado de la Revista Diners No. 471, junio de 2009

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Dibujo a Roldán

La ventana a su izquierda enmarca la isla. La recorrió de norte a sur esta mańana, después de levantarse, hacer un poco de ejercicio y desayunar, mientras leía en el tren urbano The Picasso Papers, de Rosalind E. Krauss, para su próxima exposición. Una hora más tarde entra a su taller, en un edificio de la antigua zona industrial de D.U.M.B.O. (Down Under the Manhattan Bridge Overpass), en Brooklyn. Las herramientas de trabajo se han desordenado y ordenado a su antojo. Siete por ocho metros, cuatro paredes, dos ventanas, a diez pisos de altura sobre Nueva York. Es el lugar donde Luis Fernando Roldan reivindica y renueva la tradición del dibujo en América Latina.

El dibujo en su obra tiene como punto de partida un pensamiento acerca de la identidad. Nace para él de la necesidad de validar lo que siempre se ha trabajado en Colombia, lo que se ha hecho en el campo. A su parecer, en Colombia el dibujo ha sido muy importante en la historia del arte nacional. El dibujo es su conexión directa con la mente, y le produce inmensa satisfacción. "Tener un lápiz en la mano... el lápiz se vuelve casi como un cigarrillo".

A esta herencia llega Luis Roldan a través de la pintura, que ocupó los primeros ańos de su carrera profesional, después de estudiar entre 1979 y 1982 grabado moderno e historia del arte en el Atelier 17 y LEcole de Louvre en París. Los críticos ubican este momento, alrededor de 1997, con Llamadas Telefónicas. Cuenta que esa época vivía en Milwaukee, donde también fue becario del Milwaukee County Artist Fellowship, con su primera esposa y sus dos hijos. Mientras cuidaba a los pequeńos en una finca, empezó a crear con mucha libertad y pocos elementos -bloc de papel, tinta y óleo blanco- impulsado por la lectura de Las plantas de los dioses. "Jugaba a hacer dibujos como si estuviera drogado", dice.

Pero lo cierto es que sus exploraciones plásticas se asientan en un profundo conocimiento de la historia del arte. Cada obra es una investigación que puede condensar al dadaísmo, Harold Pinter, el cine de los ańos 30, el cable y la caída de la bolsa de Nueva York de 2009. La sensibilidad occidental ante la caligrafía japonesa, descontextualizada de todo significado o sentido, sea quizás la mejor manera de describir el efecto plástico de su obra. Su trayectoria puede asimilarse al perfeccionamiento de la disciplina y arte oriental, un referente no tan lejano al artista gracias a los dibujos en tinta de Henri Michaux, a quien el joven Luis descubrió en París.

NUEVA BÚSQUEDA

Desde 1988 su trabajo mantiene un ritmo de creación constante, con más de una exposición colectiva o individual al ańo. Sólo en 2009, entre otras, inauguró una muestra individual en el Sicardi Gallery de Houston y fue uno de los representantes Latinoamericanos en la 53a Bienal de Venecia. Pasa de siete a ocho horas diarias en su espacio de trabajo, el taller que tiene desde que llegó a Nueva York hace doce ańos. Ahora lee The Picasso Papers en preparación para el trabajo que quiere hacer sobre Martín Ramírez, artista mexicano, recluido gran parte de su vida en clínicas siquiátricas; quiere explorar la no linealidad de su trabajo. Sale a la librería, a una exposición. "Empiezo a meterme en la vida de Martín Ramírez, empiezo a ser Martín Ramírez, a interesarme en las cosas que pueden interesarle, a mirar la situación de inmigración, sus obras... voy a releer Dostoievski. Me dedico a poner la cabeza como en esa cosa, a adquirir una personalidad que esté conectada hacia eso que planteo".

Se trata de una exposición para mayo de 2010 en Caracas, pero sobre todo, de su nueva búsqueda. "Lo que expreso sobre mis exposiciones es algo que me es innecesario como artista porque ya se dio. Lo necesario para el artista es lo que tú no sabes... lo que te cuento ya no tiene valor, es una gran contradicción para mí". Una búsqueda sin preguntas, dice el maestro, un recorrido en neutro y con mucha atención para desarrollar las ideas.

Sus muestras en Colombia. Houston, San José de Costa Rica, Nueva York, Caracas, Nueva Orleans, Quito, Buenos Aires, Montevideo, San Francisco: hasta el Premio Luis Caballero que obtuvo en 2001, son solo puntos de una misma línea, un desplazamiento sin división, del pensamiento. "La idea que he llevado en esta obra (Sueńos) es que el hilo no se parta, porque en el pensamiento el hilo no se parte sino que se articula. Hay hechos que redireccionan pero no por ello se dividen. Si a uno le cambia el recorrido sigue siendo la misma persona así se desvíe por otro camino. Es uno por más personalidades que tenga por dentro"

No hay una receta, una fórmula para el comienzo del trabajo manual, con el que afirma explorar las diferentes personalidades del artista. "El proceso con el dibujo es ponerse en un estado mental. Uno es otra persona dentro de uno mismo, y uno empieza a explorar esa persona, hasta lograr una nueva poética", seńala. Uno de sus trucos para lograr la unidad en una obra, es la repetición, la serialidad, la retícula de una imagen desmembrada, hasta que la estructura de su exposición logre reunir los desdoblamientos del artista, de la forma o del material.

Leyó hace poco que casi nadie usa lápiz y papel, así que para su última exposición en Colombia decidió retomar el dibujo realista. "A mí me encantaba hacer esos dibujos, entonces rico, retomar eso sin miedo y hacerlo. Como dice el personaje de Bergot (en la obra de Marcel Proust), hay que recapacitar en las cosas que se han hecho para seguir adelante, mirar si vale la pena lo que se está haciendo, manejarlo, como darle más voz, darle una calidad poética". Cuando se le pregunta sobre lo que ha vivido, sentencia: "Fue tiempo que ya pasó; como dicen, nunca me echo para atrás". Al maestro se le atribuye el tratamiento actual de la memoria.

EN VUELO

El pájaro de la memoria, tan presente en su mente como para cualquier nińo que haya crecido en tierra caliente, vuela a Cali a visitar la infancia. Al joven Luis Fernando, el movimiento cultural de la ciudad de los ańos 50 y 60 le hereda sin saberlo, el medio al que pertenece. Es algo que ha recuperado de su periodo en Cali y en Bogotá, después de permanecer mucho tiempo por fuera. "Debía tener como quince ańos cuando vi por primera vez las obras de Ever Astudillo y de Óscar Muńoz. Me gustaba mucho que en esos trabajos había un énfasis en el dibujo y en una obra como pobre, en asuntos de identidad, en el papel y el lápiz y en el propósito de decir lo máximo con lo mínimo". (Conversaciones con María Ąovino)

Pero en su infancia, dice él, Cali sólo lo alimenta con una intuición para el manejo del espacio, una manera de mirar las cosas, más que con una vocación por el arte. "Creo mucho en el inicio, y después en lo que uno es".

La familia entera se trasladó a Bogotá en 1966 y en 1974, a sus 19 ańos. Luis Fernando inició estudios de Arquitectura en la Universidad Javeriana. Lo explica como una concentración de hechos, lo que se presentó como una posibilidad profesional, la ausencia de grandes facultades de Arte. No contemplaba la idea de ser artista, quería ser arquitecto. Está convencido de que no se toman decisiones de manera consciente, responden en la vida a una expresión interior, y en sus obras, a un estado de conciencia constante dentro del trabajo.

En quinto semestre hace un pacto con la vida, que lo ha criado en una familia de arquitectos: terminaría la carrera para hacerse artista. La decisión, como muchas, estaba tomada antes de pensarla. "La decisión de ser artista es algo tan fuerte que no tienes derecho casi a opinar, va por dentro, es un simple decir de lo que va dentro. En el arte finalmente, creo yo, se es un servidor de eso que está exigiéndote ser. La decisión de ser artista es más fácil desplazarla que tomarla".

Dice ser una persona introvertida, que encontró la mejor manera de expresarse en el arte. Así como unos lo hacen con el fútbol, el habla, en la escritura, el canto, o los números, él tiene una necesidad de expresar las ideas de manera plástica. "Ahora, dentro de esa manera plástica, żcuál es la que mejor se me adapta? Donde no hay una ilustración, sino una necesidad de abstracción de las ideas, de entrar en un estado en que pueda expresar las cosas de manera abstracta, pero que puedan tener relación con cosas cotidianas, o de la ciudad".

Una sencilla abstracción del entorno es su uso de materiales encontrados o reciclados para dibujar, siempre con un respeto por su identidad. Con una manipulación mínima, como la tintura manual con grafito de sábanas, para después rasgarlas o destejerlas en hilos que se insertan en el espacio, el maestro sublima la naturaleza del material y le extrae sus rasgos expresivos. Se dice que su serie Sueńos logra liberar al dibujo de toda pretensión de comienzo y final, de unidad y totalidad, de los márgenes, los bordes, la superficie que usualmente lo encuadra en la historia del arte. La tela, como soporte y trazo, brinda al dibujo la unidad de su ser y la libertad de límites figurativos. Una revolución espiritual de la técnica. MUS

1. Conversaciones con María Iovino,
Bogotá-Nueva, como apoyo a la investigación para el libro Luis Roldan.
Tomado de la Revista Summus, No. 06, diciembre de 2009

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OTRAS VOCES
 

Los caballos son símbolos complejos. Algunos dicen que representan la intuición: en la Europa antigua sońar con un caballo era seńal de que venía una muerte; otros, que son algo más básico: los deseos e instintos más profundos, la parte animal del sońador que sólo puede domarse parcialmente. 

En la obra de Martín Ramírez, artista autodidacta mexicano que pasó la mayor parte de su vida encerrado en manicomios de California, los caballos no parecen ninguna de esas dos cosas. Parecen más bien imágenes de libertad y de escape, igual que los trenes que también dibujaba. Son recordatorios del mundo que existía más allá de las instituciones psiquiátricas donde pasó sus días. 

Pero los caballos de Ramírez no estaban solos. Por lo general tenían un jinete con sombrero y pistolas, como sonriendo y mirando a los espectadores o al dibujante con ojos vacíos, como si tuviera el alma en otra parte. 

Es interesante que Luis Fernando Roldán escogiera los caballos de Ramírez como punto de partida. En nuestro actual contexto latinoamericano de líderes que aparecen ante las cámaras montando a caballo o empuńando armas para enarbolar una masculinidad que sienten amenazada, resulta más fácil ver a los caballos y sus jinetes como símbolo de otra cosa, no de la libertad que está allá afuera, esperándonos, sino de lo contrario: las prisiones que construimos con nuestros miedos e inseguridades. 

La aproximación de Roldán en ese sentido puede verse como una reflexión sobre ambas cosas. Sobre el peso de esa masculinidad amenazante y amenazada, y sobre la necesidad de libertad que sigue estando presente. Es como si ante la presión, jinete y caballo tuvieran que hacerse pedazos para recuperar esa libertad ańorada. Como si la única salida ante este momento caótico y de posturas agresivas fuera la esquizofrenia. 

Manuel Kalmanovitz

Texto gentilmente suministrado por la Fundación Gilberto Alzate Avendańo, 2010

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Arte y naturaleza unidas 

Dos obras para ponerse en contacto con la naturaleza o su recuerdo

por Melissa Serrato Ramírez

Salto Tequendama y Transparencias son las dos muestras que el artista colombiano Luis Roldan presenta actualmente en Bogotá y Medellín, respectivamente. Ambas parecen haber partido del mismo punto: la necesidad de evocar lugares emblemáticos de estas ciudades en los que la presencia de agua es preponderante.

Las obras que hacen parte de Salto Tequendama cuentan una misma historia: lo que este lugar fue y ya no podrá volver a ser. Para lograrlo, Roldan combina fotografías y dibujos del lugar, un viejo papel de colgadura y cuadros abstractos que agrupan los recuerdos propios y ajenos, y les dan a las obras un carácter de vestigios para mostrar lo que queda de lo que primero fue un mito, luego, un símbolo nacional y hoy, algo menos que una maloliente caída de agua.

Además, Roldan reprodujo las rejas que bordeaban uno de los costados del hotel que se encuentra frente al Salto del Tequendama, calculó el tamańo que requerían para que custodiaran una de las salas de la Galería Casas Riegner, les hizo puntas agudas y formas de media luna, las ubicó una frente a la otra y dejó entre ambas el espacio justo para que cupiera una persona. "La estrechez genera sensación de peligro, como lo hacía hace ańos mirar al Salto del Tequendama", dice Roldan.

De ese modo, las obras, el mismo Salto del Tequendama y los recuerdos que se tienen de él se articulan con unas características similares: todos son fragmentados, algo deteriorados y, sobre todo, evocadores.

Por otra parte, Transparencias, que se puede ver en el Museo de Arte Moderno de Medellín, tiene como referente central el Puente Guayaquil, que une las riveras por donde cruza el río de la ciudad. Aquí, el artista le da una nueva significación al puente: "Un umbral que lleva hacia distintos estados del alma y para acceder a ellos es necesario ponerse en contacto con la vida misma", asegura.

Esa vida a la que él alude es precisamente la naturaleza; por eso, en el montaje incluyó, entre otros objetos, varias vasijas llenas de agua en las que se producen reflejos por los colores que tienen y en las que nadan diminutos pescados.

"Ambas exposiciones reflexionan sobre la vida, los recursos y la posibilidad de ver a través del agua el otro mundo, el de la vida y la naturaleza, que hace parte de nosotros, que descuidamos y hasta olvidamos", remata Roldan.

Tomado del periódico El Tiempo, 30 de mayo de 2011 

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Luis Fernando Roldan: De la serie Amansadores

 

 

 

Roldán es uno de los artistas contemporáneos colombianos que resuelven la pintura como un ejercicio conceptual. "Amansadores" es una construcción pictórica a partir del dominio que el artista busca ejercer sobre el medio y el sustrato. El resultado es tan accidentado como sorprendente.

Julián Prosada, Alberto Sierra  
Tomado del folleto Arte Colombiano, Cuatro decadas de la Coleccion de Suramericana, 2013

 

 

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Todas las cosas guardan una memoria

Por Juan David Correa

Observador inigualable, este artista colombiano que vive hace tantos ańos por fuera del país, ha logrado transformar el mundo en piezas abstractas que cada cual puede interpretar a su gusto.

Pasó muchos días yendo a una pequeńa lavandería del Bronx a recoger las sobras que quedaban después de lavar la ropa: pelos, motas, algodón, lana, trozos de tela, entre otras, se convertían, tras el enjuague, en formas apelmazadas que contienen fragmentos de decenas de vidas de quienes llevaron hasta allí su ropa. ?Es un poco asqueroso, pero también es muy limpio?, me confiesa sentado en una mesa sobre la cual reposan varias cámaras de video, y dos tazas de café. Luego, Luis Fernando Roldán saca un pequeńo cuadrado blanco de plástico que pone junto a la bola de desperdicios que, desde donde estoy sentado, parece un cerebro con circunvoluciones. La idea de los dos objetos, el uno de alguna manera formal, bastante aséptico, geométrico, y el otro algo informe, precario en sí mismo, es que los dos, juntos, contrastan y uno como espectador se pregunta qué guarda cada uno, qué cosa, más allá de la laboriosidad con la cual han sido dispuestos allí, representan o son.

Luis Fernando RoldanYo diría que Luis Fernando Roldán no cree que signifiquen algo universal, ni que exista una sola representación para su trabajo. No cree, presiento, en que el arte tenga que tener una explicación y, al contrario, deja que uno, como un mirón, se quede con lo que pueda de su trabajo. Me muestra una pequeńa cámara, casi de espía, una que yo jamás había visto, y me dice que ahora está ?fascinado? con el video. ?Con esta puedo grabar muchas cosas, cosas que después podré utilizar, cuando aprenda, en alguna de mis obras?. Recolector, voyeur, un tipo cauteloso que prefiere la lentitud a la desesperación del éxito. Poco se queja. No tiene complejos con el pasado, vive en el presente, y poco le angustia el futuro. ?Un artista plástico puede vivir de su trabajo porque hace cosas, porque esas cosas se pueden vender, y porque sean lo que sean, puede pararse en una esquina y ofrecerlas. Con la literatura es más difícil?. Lee literatura y hace unos ańos trabajó con Proust varias obras sobre esa idea que está presente en En busca del tiempo perdido: la convicción de que la memoria puede ser disparada por un pequeńo bizcocho y llevarlo a uno a escenas y momentos de la vida que pueden contener el sentido de lo que hemos sido. ?La memoria ?para mí? es un estado?.

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Aunque vivió en París luego de terminar arquitectura en la Universidad Javeriana de Bogotá, no le gusta tanto esa ciudad que se supone es el epítome de la creación. ?Nunca fui muy feliz allá?. Aprendió a dibujar, eso sí, y cree que esa disciplina casi monástica que se impuso a comienzos de los ochenta le permitió hacer un recorrido que hoy, treinta ańos después, le ha traído la tranquilidad de un trabajo que es reconocido por la crítica y el público. ?En esa época era un pintor que aún no era profesional. No tenía angustia por el futuro, por lo que pudiera salir de ahí, quería aprender, eso era todo?. Y aprendió leyendo y viendo el clásico Los materiales y sus usos en la pintura, de Max Turner. Tres ańos después de estar en París, de hacer algunas relaciones con curadores y gente del mundo del arte, de volver a Colombia de manera ocasional y de comenzar algunas de sus pinturas para entonces abstractas, cercanas si se quiere a la obra de Rothko, se mudó con su nueva esposa al medio oeste norteamericano, al estado de Wisconsin. En una tierra inmensa, despoblada, en el corazón de los Estados, aprendió de nuevo el valor de la disciplina: con dos hijos a cuestas se ocupó de ellos en la intimidad de su casa mientras su esposa trabajaba y se interesó por asuntos más plásticos y abstractos. Lejos del mundo social, que nunca le ha interesado.

Sobre la mesa siguen las cámaras como testigos mudos de lo que Roldán me dice. No habla demasiado, pero es un tipo cordial, que no tiene una vanidad evidente, a quien le interesa el trabajo y poco más. Cuando le pregunto por el estudio donde nos encontramos, ubicado en una casona en el barrio La Macarena, me dice que cuando se separó de su primera esposa regresó a Colombia un tiempo y se interesó por el reciclaje, por los desechos. Esa casona estaba algo abandonada y él la fue poblando y haciendo poco a poco, pensando que había llegado el momento de regresar, tras casi dos décadas por fuera. En ese entonces hizo la serie Parque de la Independencia, pinturas que, de una manera abstracta, muestran el famoso parque bogotano que fuera escenario de la primera exposición del Centenario de la República. Allí les rinde homenaje a dos artistas que le resultan fundamentales, Paul Cézanne y Andrés de Santa María. ?(?) no es necesario salir del propio territorio para comunicarse profunda y productivamente con la obra de otros artistas. Esta es la premisa en la que Luis Roldán se apoya para impulsar una reflexión nueva que conlleva la disolución de la forma, lo cual resulta decisivo en su obra de madurez?, escribió sobre él la curadora María Iovino.

En ese regreso, que supuso que Roldán volviera a habitar las calles de una ciudad que había abandonado a finales de los setenta, transformó ese espacio en el que ahora hablamos. Me seńala un viejo mueble, una especie de cómoda que alguien desechó y que él guarda aunque no sepa para qué. Me imagino que Roldán vive en una especie de búsqueda permanente sin saber qué quiere encontrar. Algo así como un explorador que se va topando con cosas, objetos, luces, caras, cuerpos, y un largo etcétera y con ellos va poblando el mundo. Su mundo. El que ha hecho con series como Sabrosito ya (1996), Amansadores (1997), o Caminos (1995); el que ha vivido sin la ansiedad de quien sabe cuál es su rumbo: en ese deambular, terminando el siglo XX, volvió a Nueva York, por un ańo, con su nueva esposa, y ya lleva otros catorce por fuera. Exiliado, como se define.

Tomado de la Revista Diners No.525, diciembre de 2013 

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Encanto de la fragilidad

Por Carolina Ponce de León

En los últimos 30 años, Luis Fernando Roldán (Cali, 1955) ha desarrollado una obra ecléctica e impredecible, sutilmente arriesgada e intuitiva. Su trayectoria artística se origina en los años ochenta con pinturas de gran formato realizadas con lenguajes derivados de diferentes tendencias históricas de la abstracción. Muy pronto descarta el ejercicio pictórico tradicional y comienza una exploración experimental a través de medios tan diversos como el dibujo, el collage, la instalación, los objetos escultóricos y el video, a los cuales incorpora materiales no tradicionales y desechos de la vida urbana. Con una disciplina minuciosa e íntima, Roldán ha ido consolidando una obra contemplativa, lírica y no representacional, que evoca la condición más vulnerable, precaria y cotidiana de la existencia humana.

Luis Fernando Roldan: Variaciones sobre Juan GrisRoldán comienza a exhibir en Colombia a finales de los años ochenta junto con otros jóvenes artistas abstractos... Aun cuando sus intereses son muy diferentes, entre ellos renuevan el legado de las dos generaciones de arte abstracto que les precedieron. .. La nueva abstracción adquiere una visibilidad notoria pese al auge de las tendencias figurativas y neoexpresionistas que se promueven en las principales salas de exposición del país como un retorno a la pintura, pese a que, en Colombia, esta nunca había perdido su lugar de privilegio. El contraste entre las dos tendencias, una oposición típicamente modernista y ampliamente presente en el arte colombiano desde los años cincuenta, es considerable. La nueva figuración exalta el color y el eclecticismo formal. En cambio, la neoabstracción sigue el canon más austero del minimalismo. Hay un espíritu de exaltación en el mundo del arte colombiano por los buenos augurios de un renacimiento artístico; sin embargo, es también una época confusa en anticipación del nuevo milenio y apesadumbrada por el conflicto armado nacional.

... La formación artística de Luis Roldán es el resultado de un largo proceso autodidacta marcado por una diversidad de viajes, encuentros e influencias... Al graduarse de arquitecto de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá en 1979, abandona la profesión para dedicarse de lleno al arte. Ahí comienza una educación informal que lo lleva por América Latina, París y, finalmente, Milwaukee, Wisconsin, en Estados Unidos. Estos tres desplazamientos sucesivos, que suman casi una década, son profundamente formativos.

Intrigado por la fascinación que artistas como Negret, Ramírez Villamizar y Carlos Rojas sienten por las culturas precolombinas, poco antes de graduarse de la universidad emprende un viaje de dos meses en autobús, de mochila y morral, siguiendo un itinerario aleatorio que lo lleva hasta Chile. Capta imágenes como la escritura abstracta quipú, un sistema mnemotécnico indígena, y los geoglifos de Nazca, los cuales repercutirán en su obra años más tarde. Se trata de un viaje arquetípico para un joven latinoamericano en busca de los límites de su propia vulnerabilidad y de su identidad cultural.

En 1979, gracias a una beca de estudios, se establece unos años en París. Se inscribe en la Escuela de Artes Decorativas, asiste al Atelier 17 de Stanley W. Hayter, un taller de técnicas de grabado, y a clases de historia del arte en L’École du Louvre y en La Sorbonne. Es un período de autodefinición, de asumirse como artista y de identificar sus parámetros... Al no encontrar afinidades estéticas en su entorno inmediato, Roldán se define por lo que no es. Por ejemplo, no es figurativo.

A través de su amigo, el pintor paisajista Antonio Barrera, conoce al curador venezolano Miguel Miguel, quien lo introduce a la obra de figuras relevantes del arte francés actual como los conceptualistas Ben Vautier y Christian Boltanski y los artistas del movimiento pictórico Support/Surface. Igualmente, lo expone a los rigores del arte abstracto. Roldán se interesa en la obra de Isamu Noguchi, Jean Tinguely y Cy Twombly. Lee los escritos de Vasili Kandinsky y los manifiestos suprematistas de Kasimir Malevich, pioneros de la pintura utópica y no objetiva. Estudia las proporciones, la sección áurea, los aspectos más rígidos y académicos de la abstracción. Se interesa por la geometría secreta de las cosas, que descubre en las composiciones cuidadosamente armadas de Jean-Baptiste-Siméon Chardin (1699-1779), y que orientará de manera significativa una amplia gama de relaciones visuales, estéticas y físicas en su obra, tales como el dibujo como elemento estructural y la definición de la forma con relación al espacio.

En 1981 se establece en Estados Unidos y amplía el espectro y los matices de los lenguajes abstractos a través de la pintura de artistas norteamericanos como Ellsworth Kelly, Robert Mangold y Brice Marden. Encuentra afinidad con la obra de Agnes Martin y Eva Hesse. Se interesa por nociones como la improvisación y la no linealidad que descubre en la música de Thelonius Monk. Se encierra en su estudio a pintar, mientras cuida a su primer hijo recién nacido, la vida y el arte íntimamente integrados. “Yo hice mi carrera, realmente, en Milwaukee, afirma. Me dio fuerza, me volvió duro. Aprendí a estar solo...” La soledad en Milwaukee es física y psicológica, pero es ahí donde comienza a consolidar los elementos y las enseñanzas recibidas en los últimos años.. .

Tomado de la RevistaLecturas de El Tiempo, diciembre de 2014

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