Anna Maria Botero

Bogota

Ceramistas

Figura

Anna Maria Botero, Sofos

 ceramista

 

 

 

Después del mito viene lo orgánico

Por María Margarita García

Apenas daba los primeros pasos como bióloga y sentía cierta empatía por los animales. Una tarde, mientras Ana María Botero caminaba en medio de la selva, donde se veía obligada a comer alimentos enlatados, supo que no resistiría su vida bajo esas condiciones. Resolvió dar un giro y encaminar su futuro hacia la historia del arte y viajó a Londres. Se introdujo en el mundo de Matisse, de El Greco, Goya y tantos otros artistas que han logrado trascender en el arte universal. Siguió el método de trabajo impartido en la academia, que consistía en escoger un medio para entender el proceso creativo. Ella optó por la cerámica. Con sus manos grandes se dedicó a moldear y aprendió a hacerlo tan bien, que aquel oficio se le convirtió en profesión, y así, en medio de moldeados y de hornos, ha pasado más de quince años.

Primero se interesó por la arquitectura y por la cultura precolombina y creó obras con las cuales logró trascender el espacio internacional. En esos años, los de la década de 1980, el escritor Alvaro Mutis escribía en el catálogo de una de sus exposiciones en México: "Con fuego y barro, como en el principio de los tiempos, esta ceramista de nuestros días construye poblados, habitaciones, espacios ceremoniales y escenarios de una cruda tragedia que siempre recomienza".

Ahora se expresa a través de formas orgánicas como una manera de "regresar a lo prehispánico", que para ella tiene una carga sensual. Utiliza nuevos materiales, como la piedra y el bronce, porque "sentía la necesidad de trabajar en medios menos perecederos". Cuenta con un grupo de personas especializadas que repiten sus piezas. Está convencida de que "el concepto de trabajar la obra hasta el final ha cambiado. Por ejemplo, Miguel Angel se metía en el taller con su cincel y por eso su obra tiene elementos que sólo pueden desarrollarse si se maneja el material".

Sus obras de formatos medianos están influidas por su interés en la cerámica. "Tal vez porque nunca había salido de la cerámica, tampoco había pensado en grandes proporciones, sólo había hecho murales ensamblados, como la pieza Golpes de agua, una reflexión sobre el desperdicio

Tomado de la Revista Diners No.384, marzo de 2002

horizontal rule

 
 

Soy zurda y absurda

La escultora y ceramista bogotana Anna María Botero
siempre le imprime a cada pieza un alma y acabado diferente.
Muchas de las formas que la inspiran son tan precolombinas como japonesas.

por María Cristina Pignalosa
Redactora de EL TIEMPO

Las manos creadoras de Anna María Botero gozan amasando, moldeando y torneando el barro repetidamente: "Es que la meditación que sucede durante la repetición de una misma forma produce perfección", dice la artista. Su rutina manual es a la vez creativa: "Porque soy zurda y absurda", agrega al mostrar las formas escultóricas que elabora. Sobre ellas afirma: "Son de inspiración prehispánica y japonesa".

Una serie de objetos utilitarios forman parte de la nueva serie de piezas para el uso cotidiano a los que no les falta un sentido estético. Incluye creativas formas que llama "frijoleras" inspiradas en formas de oriente llamadas Domburi. Es tas son trabajos que se componen de una vasija de siete niveles, desarmables en recipientes individuales que en el Tíbet se utilizan para ofrendas a los dioses. Botero los adaptó para servir platos tradicionales antioqueños.

También crea fruteros de formas japonesas y formas abiertas que complementa con platos y soperas a las que agrega figuras de animales. La justa medida está presente en las obras de esta bogotana, de 45 años, que con sus obras pretende embellecer el quehacer y el entorno de cada día. Todas sus piezas son en cerámica de alta temperatura. Asegura que después de ensayar barros de distintos lugares terminó por adaptarse a la arcilla refractaria de Antioquia.

Valor del barro

Su taller y trabajo lo denomina Tierra Firme, porque después de permanecer más de 15 años afuera, en Japón y México, donde estudió con grandes maestros, afirma: "La casa de uno y su taller queda donde se pone el horno. Allí es donde se vive".

Botero goza trabajando el barro y sacando formas. Son piezas "de las que me enamoro y paso años repitiendo la forma básica. En tal repetición hay un placer estético enorme para el ceramista, lo que en términos de la meditación de llama mantrem.

Tomado del periódico El Tiempo, 11 de marzo de 2002

horizontal rule

 

El barro es simple y abundante

Anna María Botero nació en Colombia y vivió muchos años en México. Dice que de la tierra bien amasada - bien amada - emergen sus sueños, los que moldea y luego lleva a hornos de alta temperatura. De barro ha creado ventanas, cuartos, pasillos y escaleras desde donde uno puede inventar nuevas moradas con lastres de memoria y sensaciones de olvido. 

Para ejercitar su oficio estudió en Japón con grandes maestros que no le permitieron que se acercara al torno hasta que se despojara de los hábitos de arrogancia y hubiese conocido la humildad con la que debía trabajar las tierras. 

Aprendió entonces a barrer serenamente los espacios en los que se guardaban los útiles de trabajo, a sentarse correctamente, a distinguir los colores de la tierra en el crepúsculo y en el amanecer y sólo meses después pudo escuchar el sonido del silencio de sus manos al moldear el barro. 

Sofos, como le dicen sus amigos, creció entre artistas, de niña jugaba a las adivinanzas con animales, formas, volúmenes y colores. Cerraba los ojos con fuerza y tentando tentando iba preguntando: verde?, cantera?, hoja de higuera? Divertida, bailaba sobre su propio eje y preguntaba: "ya puedo abrir los sofos?". 

Las cerámicas de Anna María son frágiles construcciones con texturas llenas de recuerdos, en donde esconden historias, mentiras, versos, deseos, acompañadas de "azules" que riega en una que otra pieza para impregnar de cielo su escultura terrestre, Siempre son riente y de buen humor ha hecho de sus moradas-miradas, en las que ahora espera aterrada (por lo de tierra) una muestra de trabajo en el difícil intento de conciliar misterios. 

Rosalba Garzo
Tomado del folleto  Tierra Firme, Murales y Esculturas, Quinta Galeria 1997

horizontal rule


 

Travesía escultórica

Por Cristine Temin* 

Luego de Manizales, la muestra de cerámica y madera de Ana Maria Botero va ahora a Medellin y luego al exterior.

La nueva instalación itinerante de Ana María Botero, Travesía, que se exhibió en junio en el Museo de Arte Moderno de Manizales, estará a partir del 29 por dos meses en el Museo de Antioquia en Medellín. A comienzos del año próximo se exhibirá en el Museo La Tertulia de Cali y posteriormente irá a México y E.U., para rematar en Europa.

Es un viaje a través del tiempo, presentado de manera articulada por un camino con un principio y un final específicos. Con la madera, que es un nuevo medio para ella y la cerámica que ha trabajado en Inglaterra, México y Japón, Botero nos lleva por sus propias vivencias pero también por viven ias que son comunes para hombres, mujeres, jóvenes y especialmente para gente mayor. Es un manifiesto de vida de una mujer de 49 años en medio de su propio camino. Sumados al camino de la vida, sus temas son la naturaleza y el tiempo que transcurre. El poema de Kavafis, Ítaca, y un pilón de guacales y baúles antiguos fijan el tema de Travesía. La instalación comienza con un Autorretrato, que en realidad es un trozo de árbol gigantesco que replica un torso femenino; cuando halló este árbol caído hasta tenía un afortunado ombligo; las piernas del tronco se abren y sus `muslos están firmemente plantados en un lecho de hojas secas. El resultado es una figura heroica de poder femenino evocando una versión latinoamericana de la Victoria de Samotracia y de muchas otras mujeres monumentales del mundo grecorromano. A partir de esta imagen firmemente plantada en la tierra, pasa al agua con una vieja y carcomida piragua de pescador, de carácter consumado, que ya no funciona pero que transmite mensajes de la antigüedad y la experiencia. La piragua ha tenido una vida productiva y hace ca o omiso a su condición poco glamorosa. Luego, sobre un pedestal que sugiere que están volando o flotando, hay siete barcas de madera. Largas y atenuadas parecen cáscaras de semillas de árbol pero también nos recuerdan que en mi tos ancestrales de muchas culturas los muertos eran llevados al otro mundo por el agua: Es difícil saber adónde se dirigen: tal vez es una indicación sobre la ambigüedad de la muerte. De todas maneras, estas barcas que parecen marcadas burdamente con un hacha, aparentando cicatrices, son los objetos más elegantes de la exposición.

La sección acuática termina abruptamente con una serie de remos en posición vertical. Alguna vez se movieron a través del agua impulsando barcas. Ahora, en esta posición son totémicos, como árboles de pie, que proyectan sombras misteriosas en la pared a sus espaldas. En algunos de ellos, Botero ha tallado animales -pájaros, lagartijas, una tortuga- todas con significados simbólicos en las culturas de Suramérica. Estos animales abstraídos se acoplan a las formas de los remos; literalmente, las ha instado a salir de la madera.

El final de la exhibición es una manada de 777 aves pequeñas de cerámica que ascienden al tiempo. Apretujadas en tres niveles, denotan un patrón de vuelo de urgencia. No están en una excursión placentera. ¿Han sido citadas a otro mundo portando un mensaje crítico? Su misión es atormentadora mente incierta.

Hay muchos componentes en la exposición, incluyendo un ejército de diminutas personas de cerámica todas marchando en la misma dirección, con sus brazos cruzados sobre sus pechos y sus ojos cerrados. Son reminiscencia de las antiguas figuras ciclaicas de un lejano mundo o de los guerreros chinos de terracota. Se mueven en comunidad axial, como las aves. También hay un grupo de figuras fálicas que, en parte por estar exhibidas en una esquina, parecen menos potentes que el Autorretrato del comienzo.

Metidos en unas onduladas montañas de arena, aparecen cráteres escarpados de cerámica, una topografía en versión miniatura de los gigantescos trabajos exteriores Earthworks, de artistas como James Turrell. (En algún otro lugar de Colombia, Botero está creando su propio Earthwork con un grupo de artistas invitados). Colgadas en una pared hay una serie de relieves de cerámica negra de arquitectura enigmática -escaleras que no conducen a ninguna parte y paredes que esconden ciudades en su interior-. Parecen un desvío de la trayectoria primaria del Autorretrato, de las barcas y las aves que viajan de la tierra al cielo.

Travesía finalmente es un camino que muchos debemos recorrer y, por lo tanto, esta instalación merece hacer su propia trayectoria.

*Christine Temin fue crítica de arte del periódico The Boston Globe y actualmente colabora en The Washington Post, The San Francisco Chronicle, Sculpture Magazine y publicaciones especializadas en E.U.

Tomado del periódico El Tiempo, 19 de agosto de 2006

horizontal rule

 

 

Por primera vez en Bogotá la exposición “Travesía”

de la artista colombiana Anna María Botero  

 

 
 

Quinta Galería de Bogotá abre su temporada de exposiciones 2008 con la extraordinaria obra “Travesía” de la artista colombiana Anna María Botero, una selección que completa alrededor de 900 piezas en cerámica, madera y piedra que invitan al espectador a sumergirse en un viaje rico en aventuras y experiencias.  

Inspirado en el poema “Itaca” de Constantino Kavafis, Anna María Botero celebra su vida y retoma literalmente las palabras de este autor para plasmar en su obra un viaje por la vida. Es por ello, que en la obra se encontrarán desde barcas en madera hasta figuras mitológicas que transportan a lugares mágicos y a culturas ancestrales.  

Según Eduardo Serrano, reconocido crítico de arte en Colombia, “Travesía”, es una exposición que partiendo de enseñanzas del pasado, logra transmitir las inquietudes de una artista de este tiempo, y que al igual que conduce a reflexiones sobre el transcurso y prioridades de la vida, permite comprobar la paradoja de una versatilidad sin restricciones puesta al servicio de un propósito claramente unificado y consistente”.  

Entre tanto Christine Temin, crítica de arte en publicaciones como “The Boston Globe” y el “Washington Post”, Sculpture Magazine entre otras, afirma “La nueva instalación de Anna María Botero es un viaje a través del tiempo, presentada de una manera articulada y por un camino con un principio y un final específicos”.  

Para que todos puedan disfrutar de la exposición “Travesía”, Quinta Galería ha cambiado su horario para el 2008 y  estará abierta al público en general durante el mes de marzo de lunes a viernes de 9:00 a.m. a 6:00 p.m. en Jornada continua y los sábados de 12:00 p.m. a 6:00 p.m. Quinta Galería está ubicado en la Calle 70 A No. 5 – 67.  

SU TRAYECTORIA

La artista colombiana Anna María Botero ha realizado estudios de cerámica e historia del arte en Londres, Japón y México. Su trabajo se ha expuesto de forma individual en importantes galerías de México y Colombia. Asimismo, ha participado en exhibiciones colectivas en México, Nueva York, la antigua Yugoslavia y en Colombia en ciudades como Medellín, Cali, Manizales  y Bogotá.   

Así, Quinta Galería abre este nuevo espacio a la cultura nacional con la exhibición de la obra de Anna María Botero, una de las talentosas ceramistas de nuestro país

Información suministrada por Quinta Galería, 2008

horizontal rule

   

TRAVESIA

por Christine Temin

La nueva instalación Travesía de Anna María Botero es un viaje a través del tiempo, presentada de una manera articulada y por un camino con un principio y un final específicos. Con la madera, que es un nuevo medio para ella y la cerámica que ha trabajado en Inglaterra. México y Japón, Botero nos lleva por sus propias vivencias pero también por vivencias que son comunes para hombres, mujeres, jóvenes y especialmente viejos. Es un manifiesto de vida de una mujer de 49 años en medio de su propio camino.

Anna Maria Botero: AutorretratoSumados al camino de la vida, sus temas son la naturaleza y el tiempo que transcurre. El poema de Konstantino Kavafis, Itaca, y un pilón de guacales y baúles antiguos fijan el tema de Travesía.

La instalación comienza con un autorretrato que en realidad es un trozo de árbol gigantesco que replica un torso femenino. (Cuando Botero halló este árbol caído, hasta tenía un afortunado ombligo.) Las "piernas" del tronco se abren y sus "muslos" están firmemente plantados en una cama de hojas secas. El resultado es una figura heroica de poder femenino evocando una versión latinoamericana de la Victoria de Samotracia y otras mujeres monumentales del mundo greco-romano.

A partir de esta imagen firmemente plantada en la tierra, Botero pasa al agua con una vieja y carcomida "piragua" de pescador, de carácter consumado que ya no funciona, pero transmite mensajes de la antigüedad y la experiencia. La barca ha tenido una vida productiva y hace caso omiso a su condición poco glamorosa. Luego, sobre un pedestal que sugiere que están volando o flotando, hay siete "barcas" de madera. Largas y atenuadas parecen cascaras de semillas de árbol, pero también nos recuerdan que en mitos ancestrales de muchas culturas los muertos eran llevados al otro mundo por el agua. Es difícil saber a dónde se dirigen: tal vez es una indicación sobre la ambigüedad de la muerte. De todas maneras estas barcas que parecen marcadas burdamente con un hacha, aparentando cicatrices, son los objetos más elegantes de la exposición. Pareciera que pudieran flotar y volar.

La sección acuática termina abruptamente con una serie de remos en posición vertical. Alguna vez se movieron a través del agua impulsando barcas. Ahora en esta posición son totémicos como árboles de pie. proyectando sombras misteriosas en la pared a sus espaldas. En algunos de ellos Botero ha tallado anímales -pájaros, lagartijas, una tortuga- todas con significados simbólicos en las culturas de Sur América. Estos animales abstraídos se acoplan a las formas de los remos; Botero literalmente las ha instado a salir de la madera.

El final de la exhibición es una manada de setecientas setenta y siete aves pequeñas de cerámica ascendiendo al tiempo. Apretujadas en tres niveles, denotan un patrón de vuelo de urgencia. No están en una excursión placentera. Han sido citadas a otro mundo portando un mensaje crítico. Su misión es atormentadoramente incierta.

Hay muchos componentes en la exposición de Botero, incluyendo un ejército de diminutas personas de cerámica, todas marchando en la misma dirección, con sus brazos cruzados sobre sus pechos y ojos cerrados. Son reminiscencias de las antiguas figuras cicládicas de un lejano mundo, o de los guerreros chinos de terracota. Se mueven en comunidad axial como las aves. También hay un grupo de figuras fálicas, que en parte por estar exhibidas en una esquina, parecen menos potentes que el "autorretrato" del comienzo.

Metidos en unas onduladas montañas de arena, aparecen cráteres escarpados de cerámica, la topografía en versión miniatura de los gigantescos trabajos exteriores -Earthworks- de artistas como James Turrell.

Colgadas en una pared de la exhibición Travesía hay una serie de relieves de cerámica negra de arquitectura enigmática -escaleras que van a ninguna parte y paredes que esconden ciudades en su interior. Parecen un desvío de la trayectoria primaria del "autorretrato", las barcas y las aves que viajan de la tierra al cielo.

Christine Temin
Tomado de la Guía coleccionable No. 34, Museo de Antioquia, 2006 

horizontal rule