Franklin Aguirre Rincon

Bogota

Pintores

Figura

Franklin Aguirre

pintor

Recuento
 

Tiempos de Guerra

Es paradójico que después de tantos años de realizar sus perversas y aparentemente dulces figuras, sobre los más diversos soportes y con las más diversas técnicas, se siga creyendo que la obra de Aguirre, consiste únicamente en una serie de imágenes adolescentes decorativas y totalmente referidas al Pop Art. Por supuesto que su obra implica esos elementos, pero también implica muchos más, que surgen básicamente de la iconografía popular y de la iconografía de la cultura underground, donde se alimenta y se renueva.

Siempre le ha atraído lo masivo, lo anacrónico, lo aleatorio, por esto, la Internet le apasiona. No por ser un medio aparentemente democrático, globalizante y veloz, sino por alisar superficies, y porosidades al proponer imágenes deliciosamente universales y vulnerables con las cuales todos los usuarios, hacen manipulaciones a su antojo. Ellos las reproducen. las falsifican, las utilizan como papel tapiz en las pantallas de los computadores o simplemente las apropian como referentes para procesos de creación plástica.

Las imágenes que muestra eventualmente son fragmentos de una continua búsqueda iconográfica que se dirige hacia lo universal, lo licónico, hacia lo visualmente digerible por cualquier cultura en cualquier país del mundo. Por esto desde hace algunos años ha emprendido la estrategia de publicar sus dibujos y bocetos en una serie de piezas gráficas como calendarios, libretas de notas, postales y próximamente en agendas telefónicas con el fin de extender el espacio de acción de su obra a otros públicos y a otras necesidades . Su obra se centra entonces, no sólo en los productos objetuales, sino más bien, en !a estrategia que está detrás de ellos. En otras palabras, es el público y el contexto su punto de partida, no de llegada.

También hay una referencia constante a los íconos electrónicos, a los bancos de imágenes masivos, a las revistas de moda, a la estética de los volantes de las fiestas de música electrónica, a las discotecas gigantescas y al mundo del diseño gráfico y las enfermedades contemporáneas o los atropellos políticos como consecuencia de las enfermedades sociales, donde se gesta hoy el arte del nuevo siglo. Sin pretender seguir vanguardia alguna, simplemente trata de estar atento al momento histórico en el que le tocó vivir y trata también de sacar el mejor partido de él.

El país está en guerra y nadie puede voltear la cara y mirar hacia otro lado, pues haría parte de las filas de los millones de indiferentes impermeables en los que nos han convertido los medios y nuestras débiles instituciones. La única manera de plantear alguna solución es hacer evidentes situaciones particulares de violencia a través de propuestas como la varios artistas, entre ellos Franklin Aguirre.

Para no caer en el panfleto o en la simple ilustración, se requiere de un largo periodo de gestación y el sondeo frente a públicos ajenos, generalmente foráneos, que puedan leer estas imágenes con ojos menos consecuentes. Su obra, emprende este camino a partir de juegos formales y metáforas en lo posible honestas y sintomáticas, al confrontar formas de decir e imágenes sarcásticas e impecables, ante públicos cada vez más lejanos.

Las imágenes de esta exposición, son el resultado de dos años de ensayos y búsquedas tanto formales como conceptuales hacia el objetivo ya citado. Queda entonces en el territorio del espectador opinar acerca de su elocuencia o sugerir otros caminos para su solución, pues es finalmente la opinión del público común en principio,

La Pared Galería Julio de 2002

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Aguirre: o la ira de Franklin

por Francisco José González

Franklin Aguirre es artista plástico, gestor y director de la Bienal de
Venecia de Bogotá, evento que en abril llega a su quinta edición. Este año su nuevo proyecto es la creación del Instituto de Arte Contemporáneo IDAC/ICA y una nueva exposición en la Galería Alonso Garcés.

Lo que surgió hace ocho años como un buen chiste es hoy uno de los eventos de arte más importantes de Colombia. A Franklin Aguirre, un artista con rostro de caricatura, se le ocurrió crear un diseño para la famosa Bienal de Venecia en Italia y replicarlo en el barrio Venecia de Bogotá.  Con el grupo Matracas, un colectivo de artistas plásticos de la Universidad Nacional, inició su proyecto. Una parodia que resultó concebida con tal acierto, que hoy la selección de los artistas es de excelente nivel, siempre tiene repercusión en los medios nacionales y causa eco en los circuitos del llamado buen arte internacional. 

Cada dos años los habitantes del populoso barrio bogotano ven llegar una horda de artistas con televisores, cámaras, vídeos y hasta lienzos que son expuestos en su entorno. Es un evento esperado, que genera para los venecianos una especie de sensibilidad y de beneficio, pues a su alrededor se magnifica el comercio vecinal.  

Más allá de la anécdota, "la Bienal de Venecia en Bogotá nació como una estrategia para desplazar el arte contemporáneo de los espacios habituales, hacia un barrio homólogo de la ciudad italiana, al sur de la capital", anota Franklin con notorio desparpajo y plena disposición a que la gente del barrio Venecia, además de vender, realice obras de arte o al menos aprenda a contemplar otras de reconocidos artistas. 

Y agrega: "Para los habitantes de un barrio, el arte es entendido como entretenimiento. Pero no es fácil, aun con el paso de los años, llamar la atención de un grupo de personas que no tienen como hábito visitar galerías ni museos, o cada dos años incluir en sus agendas una exposición de arte contemporáneo al lado de una final de microfútbol". 

Este año la Bienal de Venecia, con diez años de permanencia, llega a su quinta versión. Se realizará en abril y el país invitado será España, de donde vendrán artistas y grupos de creadores que durante ese mes acepten vivir en Bogotá realizando sus obras. El tema central será América 3 x 1, pague una y lleve tres. Es decir que, parodiando las promociones del barrio, donde se suele pregonar el lema de pague un artículo y lleve tres, se trata de promover la utopía cultural de la unión de América del Norte, Central e insular y Suramérica, en un solo continente estético. 

"Para lograr alta calidad en el evento opina Franklin, la organización de la Bienal Internacional de Venecia de Bogotá realizará este año el Primer Salón Local de Venecia". Artistas del barrio y de la localidad vecina de Tunjuelito presentarán sus propuestas a partir de aplicar técnicas particulares como el dibujo o la escultura. Eso sí, alrededor de la temática básica de la V Bienal. Se trata de focalizar la atención de los artistas populares en la producción y difusión de obras locales que representen a sus respectivos territorios. 

Este evento, comentó Franklin Aguirre con desbordado optimismo, "será antesala para la participación de la localidad en la V Bienal de Venecia. Del Primer Salón Local de Venecia surgirán los seis participantes locales ante la bienal europea. Sus obras serán enviadas a Madrid (España) en julio próximo, y con ellas está previsto realizar una exposición en la Sede del Injuve (Instituto de la juventud), entidad del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales de España". Hasta aquí el gestor cultural. El otro Franklin es el artista. 

Después de terminar artes plásticas en la Nacional, cursó Arts y Business en Cambridge y actualmente termina la maestría en Historia y Teoría del Arte y la Arquitectura. Su obra ha sido expuesta en la V Bienal de Bogotá y en el The New Museum of Contemporary Art New York. Con el mencionado grupo Matracas obtuvo mención de honor en el XXXVI Salón Nacional de Artistas, y además ha expuesto en la Galería Diners, en la Galería del Planetario y en el importante espacio Nuevos nombres de la Biblioteca Luis Ángel Arango, entre otras muestras no menos importantes. 

Quién mejor que el crítico Eduardo Serrano para hablar de los aciertos de Aguirre: "La obra de Franklin Aguirre está en estrecha sintonía con la actitud y las preferencias de las últimas generaciones. Así se hace manifiesto su gusto por los colores fuertes y brillantes, por el manejo de los medios electrónicos y por un tipo de trabajo que más que reflejar el mundo circundante intenta enriquecerlo y comentarlo. Sus pinturas revelan imaginación, libertad y buena carga de humor, que cierta mente las acerca a las tiras cómicas, a la ciencia ficción y a la tradición del arte pop." 

Franklin pinta todos los días pero no declina en su actividad de promotor. Por eso ya tiene otro proyecto a la vista: crear el Instituto de Arte Contemporáneo IDAC/ICA. En asocio con la historiadora de arte María Soledad García, y luego de comprobar que en Bogotá existen diversos ámbitos para proyectar actividades artísticas y culturales, Franklin Aguirre se puso al frente de esta nueva quijotada. Una idea que, en su criterio, "surge como necesidad de .generar espacios culturales. Una fundación que espera crear vínculos y estrategias de participación y representación a nivel internacional. así como promocionar y difundir nuestro patrimonio artístico". Un objetivo no menos importante que su búsqueda contemporánea, a la que siempre aplica su fino humor.

Tomado de La Revista de El Espectador,,No. 130, 12 de enero de 2003

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Viraje en pintura de Aguirre

por Andrés Zambrano, Editor de cultura

Franklin Aguirre (1969) tenía muy claro que algún día sus obras iban a estar en la bellísima casa del barrio La Macarena, que durante muchos años fue la sede de la galería Garcés-Velásquez, en Bogotá.

La esperanza se perdió cuando esta se cerró, pero este año su sueño tomó cuerpo cuando la casa volvió a ser galería, esta vez como Alonso Garcés Galería, y su nombre fue uno de los seleccionados para la nueva etapa.

Aguirre considera que la oportunidad le llegó en el momento propicio, justo cuando - asegura- su carrera llegó a la madurez. Colgar pinturas en las mismas paredes donde antes estuvieron las obras de nombres como Luis Caballero es una responsabilidad ante la cual no se puede ser inferior y es mejor llegar en el instante correcto.

Madurez del trabajo

La necesidad de poner en los lienzos lo mejor de su arte llevó al artista bogotano a explorar su yo interno, desgarrarlo y convertirlo en pintura. Fue un proceso intenso que para Aguirre representa casi un punto de quiebre.

"Una de las características -dice- que denota la madurez del trabajo de un artista es que puede llegar a una claridad conceptual tal que comprende que su arte tiene que acercarse a la vida. Uno trata de evadirse, pero al final tiene que comprender que el camino es ser honesto, cuando se libera de esas cargas la obra gana en claridad y contundencia".

Invierno-Verano, como titula su nueva exposición, está integrada por una serie de pinturas que, para Aguirre, fueron liberadoras. "Estos cuadros riman un poco con lo que pasa en el país, la violencia y, las nuevas formas de tratar a las minorías. Los grupos que antes estaban un poco marginados, en uno de los cuales me incluyo, están ganando un espacio de vida y en la medida en que se respete la diversidad todo mejorará".

En las obras de Aguirre es evidente la influencia del mundo de la gráfica, la publicidad y las nuevas tecnologías. Sus obras se nutren de un lenguaje que ha adquirido códigos universales, fácilmente entendibles por cualquier espectador.

En otras palabras, no requieren de un torrente de palabras para ser explicadas, son como se ven. "Creo que formalmente he llegado a un altísimo nivel de sofisticación y siento que mis obras pueden ser leídas por cualquier persona sin que tenga que apelar al contexto para descifrarlas".

A lo largo de su carrera y ese es quizás el principal mensaje de toda su obra, Aguirre ha querido poner el arte al alcance de todos, volverlo de verdad popular y sacarlo de las galerías y los museos, unos recintos que hoy tienen un carácter casi sagrado y que en muchos casos el ciudadano de la calle considera lejanos.

Por eso creó la Bienal de Venecia, quizás su proyecto más conocido, mediante el cual logró trasladar, aunque sea por unos días el polo del arte de Bogotá a un barrio del sur de la ciudad.

Aguirre accedió a las ligas mayores del arte. "Mis obras están en colecciones de Londres o Nueva York. El rango de personas que las tienen es muy elevado. Eso es un logro, pero yo quiero que acceda a ella otra gente. Por eso voy a trabajar en formatos más pequeños y con materiales industriales".

Ese es un recurso para poder ser consecuente, llegar a la Garcés es como tocar el techo, pero no se puede perder el polo a tierra y Aguirre no quiere ser la voz de un arte excluyente,.

Tomado del periódico El Tiempo, 4 de septiembre de 2003

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Aguirre, o el color del POP

Este mes se presenta en Alonso  Garcés Galería la exposición Invierno-Verano del artista Franklin Aguirre, que está compuesta por 26 pinturas en acrílico sobre lienzo. Y lo primero que habría que destacar de su obra es que perfectamente puede pasar a formar parte de la colección de obras de cualquier joven que acabe de comprar su apartamento y quiera empezar a invertir su platica en arte. En pocas palabras, es una obra que se puede colgar en su casa. Pero no solamente eso. Es una obra que, a pesar de tener mucha influencia del arte pop (sí, Andy Warhol, sus famosas latas de Campbells soup y sus Marilyns), no se basa en la colectividad ni en las masas, sino en la individualidad y lo particular.

La composición de las obras de Aguirre se acerca a la abstracción, en la medida en que presenta figuras o siluetas planas, generalmente negras, sobre espacios públicos o privados (como Aguirre titula respectivamente cada cuadro), en los que siempre se manejan colores muy limpios y uniformes. Son precisamente las siluetas las que dan esa sensación de collage y permiten que cada cuadro tenga un carácter neutro que dice mucho del ser humano de nuestros días (mediático, anónimo, impersonal). Son imágenes que dejan la puerta abierta para cualquier interpretación, o que pueden ser vistas y analizadas simplemente por su valor estético.

Es interesante que para Aguirre lo importante no sea la representación de la realidad a través de ideas, sino las ideas como tal y las posibilidades de significados que pueden ofrecerle a una imagen. Aunque el surgimiento de lo conceptual era inevitable y además muy provechoso para el arte, después de sus grandes aportes y de tener que soportar uno que otro fantoche, da gusto ver que hay artistas jóvenes que logran rematerializar el arte sin necesidad de echar para atrás, sino recogiendo también el valor de las ideas y de los mensajes. Como en Solio no pretendemos emitir un concepto de carácter super intelectual lleno de adjetivos y de frases para citar, simplemente vaya y échele un vistazo a la exposición para ver qué le parece.

Franklin Aguirre es el director y fundador de la Bienal Institucional de Venecia de Bogotá, que es gestionada por el Instituto de Arte Contemporáneo de Bogotá IDAC, del cual también es director.

Tomado de la Revista SoHo No.44, septiembre de 2003

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  MUESTRA / AGUIRRE, EN LA U. DE SALAMANCA

Homenaje para. reír un poco

Con guiños a maestros como Edward Munch y Vincent Van Gogh, el artista bogotano presenta un colección de trabajos hechos entre el 2000 y el 2005. La serie se titula `Efectos del afecto y abre lo que considera su etapa de internacionalización.

Franklin Aguirre siente que está en su punto de ebullición creativa y pictórica, en el punto de quiebre de su carrera, en el momento en el que va a dar el salto hacia las grandes ligas. Y no es una simple impresión, es una sensación que se apoya en hechos.

En la última subasta de Christies a beneficio del Museo Nacional, la obra de Aguirre se vendió a muy buen precio y Jeannette Van Campenhaut, del departamento de arte latinoamericano de la famosa casa, y Dense Ratinoff, martillo de la misma, coincidieron en calificar su trabajo como "el más interesante de los que se exhibieron y remataron".

Su entusiasmo se capitalizó en forma de invitación a la próxima su basta de Christies de arte latino americano. El colombiano formará parte de la exposición en la que se muestra la obra de la nueva generación, lo que pondrá su obra al lado de la de artistas como el brasileño Vik Muniz.

Aguirre inaugura hoy una muestra de sus trabajos entre el 2000 y el 2005, titulada Efectos del afecto, en el Centro Cultural de la Universidad de Salamanca. "Es una pequeña retrospectiva en la que he asumido referentes como el diseño, lo social, los medios de comunicación, los viajes. También es una mirada al mundo del arte, uno de mis puntos de partida habituales".

El buen momento de Aguirre también se nota en la aparición del humor en sus obras. Sus homenajes a los clásicos no tienen la solemnidad de una izada de bandera, permiten sonreír. Rapto en Oslo, por ejemplo, es una clara alusión a El grito, de Edward Munch, una de cuyas copias fue robada el año pasado. También se encuentra una alusión a Van Gogh, en Revolución vegetariana, y otra a Marilyn Monroe o Andy Warhol, depende de dónde se le mire, dos íconos de la cultura pop que es parte integral de su obra.

En el cuadro de Marilyn, Aguirre demuestra su destreza con el pincel. Es una obra que rompe con su línea tradicional, llena de colores planos, tonos pastel y casi nada de sombras. Es un retrato casi perfecto. "En estos momentos la factura de mis obras ha llegado a un punto tal que ya puedo preocuparme más por el contenido y el contexto de las obras".

La alegría de su momento brillante le permite también ser más transparente en su exposición de sensaciones. "La pintura también es una muestra de afectos correspondidos y no correspondidos". Probablemente estos últimos son los que tienen una mayor incidencia en su obra, pues el arte sirve como un exorcismo.

Aguirre está concentrado en su arte y en proyectarlo en el plano internacional. Además de lo de Christies, también hará exposiciones en París y en Milán.

En el plano nacional quiere con solidar su gran proyecto, la Bienal de Venecia, en Bogotá. Una muestra de arte en un sector popular que busca la integración de los creado res con la comunidad. "Se está optimizando la puesta en circulación de los productos. Para la próxima edición trataremos de darles un espacio a las propuestas del mundo que rimen con la filosofía de nuestra bienal".

Tomado del periódico El Tiempo, 8 de junio de 2005

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En homenaje a los afectos

Algunos .críticos retrógrados definen su obra como "diseño gráfico pintado" y Franklin Aguirre ha declarado que le parece maravilloso. El artista nutre su trabajo del diseño, por que fue su primera formación y porque sostiene que en el mundo contemporáneo es un campo relacionado con las artes plásticas: admira los procesos de producción, emplea el mismo rigor y da a sus obras una factura igualmente perfecta.

La propuesta artística de este bogotano es tan radical como sus posiciones ideológicas. Basada en el arte pop, retoma el carácter comercial, masivo y serial de elementos populares y utiliza algunos referentes de los más bajos fondos gráficos como la pornografía, el arte de la calle y el graffiti. "Ahí está el nivel de lo perverso, en esa sátira y sarcasmo constantes que están implícitos en la obra y que hacen parte de mi personalidad", dice.

"El efecto del afecto" es claramente más emocional que algunas obras anteriores. En este punto, Aguirre ha asumido el arte como una forma de vida. "El trabajo es una forma de exorcizar mis razones y mis pasiones. Se ha convertido en una terapia Tal vez siempre lo fue, pero ahora tengo conciencia de ello".

Esta muestra en particular constituye un homenaje a los afectos que lo han acompañado, los positivos y los "negativos", es decir, tanto los que lo han hecho feliz como aquellos en los que no ha sido correspondido. Son estos anhelos y frustraciones, entre otros sentimientos, los que motivaron sus últimas pinturas. Es una muestra muy personal, que sirve además de medio para un activismo que se pronuncia a favor de las minorías.

La obra de Franklin Aguirre es en esencia conceptual, pero permite a la vez una lectura universal y atemporal. Interviene iconos pictóricos como los girasoles de Van Gogh o el Grito de Munch y retoma arquetipos culturales y gráficos. La exposición es el comienzo de una nueva etapa personal y profesional. Ahora asume las vivencias como su "combustible" artístico y su obra, de una manera tan pasional como su vida.

Tomado del periódico El Espectador, 19 de junio de 2005

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Mundos personales 


Franklin Aguirre es considerado un artista `de moda que sólo busca efectos comerciales.
Su nueva exposición invita a pensar qué tan cierta es esta afirmación.

Por Diego Garzón

El nombre de la muestra es con tundente: Efectos del afecto. El espectador que visite la exposición de Franklin Aguirre en la Universidad de Salamanca, se involucrará de alguna manera en la intimidad de un artista que ve en el desamor, la falta de afecto o la frustración en las relaciones personales, el eje de su trabajo. En Internet, una herramienta básica para él, pues buena parte de esa iconografía que se destaca en sus pinturas parten de ahí, encontró un refugio a su "aparente soledad". Archivó hasta 3.000 imágenes de páginas pornográficas que, después, dieron paso a figuras abstraídas de su contexto, modificadas por el artista en el computador y dispuestas en planos de colores que sugieren esa búsqueda personal. Estas imágenes adquieren un nuevo significado, el artista les quita el "veto", y trata de convertirlas en algo amable para, de una u otra forma, compartir con el espectador parte de sus archivos íntimos. Aquí las siluetas negras de hombres contrastan con los fondos coloridos que remiten a la idea de cartel, de afiche.

No sólo el tema de la sexualidad está insinuado. También hay "escenas" en las que, por ejemplo, hay dos carros estrellándose, o un dedo suturado con hilo mientras un alfiler se inserta en la uña.  También una botella, con un mensaje adentro, flota sobre el mar. Sin duda son alusiones a experiencias que de alguna manera reflejan los sentimientos de un artista que se apoya en algunos elementos del pop art y que, también, ha buscado crear su propia iconografía. "Mi trabajo comienza donde termina el de Warhol", dice.   Aguirre no sólo emplea el dibujo directo sobre papel, sino también la fotografía digital y el completo archivo de imágenes de diferentes temas que obtiene de internet.  Estos tres elementos confluyen para crear una obra de grandes formatos, producto de su trabajo con grafitos, años atrás, y de gran colorido, entre ellos los colores propios de los uniformes militares que predominan en varias obras.

Pero la exposición también tiene, si se puede decir, una segunda parte. Planteamientos sarcásticos e irónicos sobre obras consideradas "hitos del arte". A Los girasoles, de Van Gogh, les añadió rostros haciendo muecas al tratar de ilustrar, de alguna manera, un grafito que llamó su atención y que rezaba: "Revolución vegetariana". Esos "rostros" pueden ser zanahorias, o alcachofas, creando una nueva naturaleza muerta, un nuevo ícono que representa parte de esta "cultura" que se ha extendido entre tanta gente. En El grito, de Munch, se abre del cielo una proyección de luz totalmente blanca sobre la figura central del cuadro, que destaca el gesto de asombro original. Sólo que aquí, tal vez por el robo de la obra en Oslo, el miedo del protagonista se ve mucho más grotesco. ¿Cuál habrá sido la suerte de esta insignia del arte? También está Marilyn Monroe, la diva tantas veces recreada por Warhol, "revisada" desde el presente invitando a pensar en nuestros nuevos ídolos. Son estas obras las que más emocionan, las que más inquietan. Ese humor opaca las siluetas negras que sobresalen en fondos coloridos. La ironía es el fuerte de Aguirre, un artista tildado de "decorativo", pero no es tan simple como eso: no todas sus pinturas gustan, algunas son apenas insinuaciones, y no todas son comprensibles a pesar de que ofrecen imágenes "reconocibles". Para acceder a su obra, hay que hacer un esfuerzo y entender su mundo, ese efecto del afecto que plantea.

Tomado de la Revista Semana, 4 de julio de 2005

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Películas que se vuelven pintura

Decore sin decoro, de Franklin Aguirre, exposición que se abrió en la galería Alonso Garcés el pasado sábado, es una de esas muestras donde el espectador se siente cómodo. Las imágenes son perfectamente reconocibles, las ha visto en periódicos, revistas, en la televisióri, afiches de la calle y en el cine.

No hay misterios, al menos a primera vista. Nada es extraño o estrambótico. La intención es la contraria, que todo luzca normal, cotidiano. Son obras que de cierta manera pertenecen a la memoria colectiva. "Pinté imágenes que generan afecto. Elementos con los que uno tiene alguna relación, así sean en realidad algo ajeno", dice.

Por eso reproduce fotogramas de cuatro películas clásicas del cine: Metrópolis de Fritz Lang; Psicosis, de Alfred Hitchcock; E.T, de Steven Spielberg y La guerra de las galaxias, de George Lucas. Cuatro cintas para cuatro generaciones. La primera pertenece al periodo entre guerras, más exactamente a 1927, la segunda es de 1960, las dos últimas de las décadas del setenta y ochenta.

"Estuve buscando durante varios años el concepto de la obra de arte ideal, pero eso es algo que no existe. Por eso recurrí a imágenes icónicas", agrega.

Este artista bogotano se nutre del pop, de la publicidad y de las artes gráficas. Sus pinturas siempre se ven sencillas, casi infantiles, pero eso es solo apariencia. En los últimos años su calidad técnica se ha refinado tanto que logra hacer pinturas que parecen fotografias, como una serie que parece afiches de una colonia masculina.

De hecho algunas obras se demoró más de seis meses pintándolas. Es una obra de artesanía pictórica en la que los detalles van apareciendo poco a poco, a medida que el observador se acerca.

"En esta exposición se puede ver que nuestra cultura es totamente híbrida. El cine, especialmente el estadounidense es omnipresente. Todos son elementos que aunque tienen un consumo local, luego se desligan y pertenecen al mundo".

Aguirre se ve seguro con el camino recorrido y con lo que está pasando con su arte. Sien te que su obra ya tiene un sello propio en el plano técnico. "El color es un elemento central. Es irreverente en la medida en que aparece en sitios donde no debería estar. También está un humor sutil".

Aunque pintar es su oficio, Aguirre es un artista más complejo y ambicioso. De hecho ya está comenzando a trabajar en uno de sus proyectos más ambiciosos y queridos, la Bienal de Venecia, un evento que se ha convertido en parte del patrimonio artístico de Bogotá.

Tomado del periódico El Tiempo, 22 de mayo de 2006

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Una exposición entre amigos

Franklin Aguirre se está dando un lujo que pocos se pueden dar: invitar a sus amigos a exponer en una galería. Y no en cualquiera, sino en La Cometa, de Bogotá, que acostumbra a presentar artistas consagrados como el célebre Julio Le Pare, por ejemplo. Esta vez, el segundo piso está repleto de obras de artistas entre 22 y 50 años; arte contemporáneo de creadores con una cosa en común, ser amigos del artista.

Aguirre, conocido no solo por su pintura sino por ser el principal organizador de la Bienal de Venecia -evento que se realiza en el barrio capitalino que tiene el mismo nombre de la ciudad italiana- deja claro que tiene muchos amigos. Por eso tituló la muestra Friends 1, pues son tantos sus allegados del mundo del arte que espera poder hacer una segunda parte, por lo menos, y superar el número de 40 que fueron invitados esta vez.

Pero exponer a los amigos puede verse mal en un medio en el que generalmente se habla de preferencias, amiguisimos y, en el que la mayor parte dice esforzarse por acercarse a la indagación en un tema y alejarse de las amistades.

"La curaduría surgió al darme cuenta de que en las exposiciones, en los concursos por becas, las convocatorias y salones, siempre estábamos los mismos nombres -explica Aguirre-. Generalmente, un curador invita a alguien o porque se destaca en el arte o porque es amigo suyo. Aunque eso a veces es criticado, a mí me parece válido porque uno, cuando conoce a alguien, puede dar fe de su trabajo".

Como tiene amigos de todos los estilos, en la exposición hay videos, instalaciones, invitaciones a intervenir obras por Facebook, pinturas, pequeñas esculturas y fotografía.

Aguirre solo escogió al artista y no la obra, pues cada invitado llevó la suya. Para mostrar la manera en la que piensan estos artistas -todos activos- respondieron un cuestionario similar al que el conductor del programa Inside the Actors Studio, James Lipton, hace a las estrellas de Hollywood, y pusieron un resumen de las respuestas en la pared (ver recuadro). "Cuando uno hace una fiesta, invita a muchos amigos: esta el nerd, el tímido, el que ha hecho cinco doctorados, el escandaloso... Así es esta exposición. Es una muestra con muchos matices, con artistas que son buenos y que quiero mostrar", dice Aguirre.

Se pueden ver fotos clásicas de una silueta femenina a contraluz, el presidente venezolano Hugo Chávez en coqueteos con Fidel Castro, una caja de bocadillos vélenos bañados en color oro, y una foto de labios en un inodoro. Toda una gama de amigos tiene Aguirre.

Tomado del periódico El Tiempo, 6 de abril de 2010