Dalita Navarro

Maracaibo, Venezuela

Escultores (Ceramista)

Figura

Dalita Navarro


ACERCA DE LA EXPOSICIÓN EN LA GALERIA DINERS
 

Manzana del Paraíso, el pnmer símbolo, redonda y sensual, prohibida, tentadora, el fruto de la sabiduría. Dalita Navarro le quita el pecado y la convierte en imagen y semejanzas de todas las Evas del mundo.

Toma el barro en sus manos y modela manzanas cálidas, manzanas que murmuran y observan, que besan, sonríen irónicas, guiñan un ojo -de- hoja o se esconden entre piedras. Hasta ahora no me había dado cuenta de que las manzanas tienen sexo, senos y caderas, que pueden ser altivas, juguetonas, tímidas o coquetas, que las manzanas se enamoran. Me gustan estas mujeres-manzanas hechas de tierra cocida y de polvos minerales, sobrevivientes del fuego eterno, criaturas de pura luz. Son divertidas, eróticas, tiernas en su piel de gamuza, a menudo espirituales, siempre inteligentes. Manzanas esenciales que descansan en las rocas después de hacer el amor, nacen con dolor entre dos peñascos, se equilibran sobre una arista a punto de emprender vuelo. Siento que todas las mujeres tenemos algo de la secreta unidad de estas manzanas.

Sí, me gustan mucho estas mujeres fragmentadas con sabor de manzana... Me puedo sumergir en ellas para ver el mundo desde el barro.

ISABEL ALLENDE  

, 1999 Tomado de la Invitación a la exposición en la Galería Diners, Bogotá

horizontal rule

Gracias por el Fuego

por María Margarila García

 

Cuando la primera mujer llegó al espacio, Dalita Navarro tomó la arcilla, utilizó el torno y dejó que las lunas estallaran en mil pedazos, luego jugó con partes del ser humano y después, con algo de humor v erotismo, se detuvo en las manzanas. Ahora, como aquel símbolo pecaminoso, trata con picardía el tabú con el que todavía se mira el sexo en estos países de América Latina. Pasaron nueve años y aquellas frutas asociadas al pecado quedaron en la mente de esta mujer, más conocida en Colombia como promotora cultural que como artista.

Durante los últimos meses, Dalita Navarro ha dividido su tiempo entre su trabajo como directora del Centro Venezolano de Cultura y la cerámica, oficio que le apasiona desde que estudiaba odontología y se divertía creando novedosos dientes que la llevaron a perder la materia.

Sin los tornos que utilizaba en Venezuela, con otra arcilla, nuevos esmaltes y un taller montado en su apartamento, cada noche le roba horas al sueño y comprueba que la cerámica "tiene memoria. Cuanto más se le quiere dominar, más insiste en regresar a su estado inicial. Además, me ha enseñado a ser paciente".

Lentamente, sus obras adquieren la forma deseada, a veces con la ayuda del torno, a veces con el moldeado manual. Así han surgido aquellas manzanas eróticas, insinuantes, partidas, hermafroditas, donde se advierte el interés de Dalita Navarro por la textura, por las tonalidades suaves, por el paso del tiempo, por la emoción. En ellas, no sólo echa una mirada crítica a la doble moral y a los tabúes que rodean el tema del sexo, sino que expresa su pasión por los hechos de la vida cotidiana y por el comportamiento del ser humano. Así, esta mujer fuerte, clara en sus ideas, que vivió en una finca de Maracaibo alejada de la música de los Beatles, que permaneció buena parte de su niñez interna en un colegio, que desde que salió de su casa para formar un nuevo hogar resolvió comprar una obra de Guevara Moreno, artista de la generación de Pedro Nel Gómez, que poco a poco ha hecho una colección de cerámica contemporánea, después de nueve años ha regresado a la cerámica y a la serie de las manzanas.  

Tomado de la Revista Diners, septiembre de 1999

horizontal rule

 

Dalita Navarro,
Una virtuosa con el barro

COSAS CURIOSAS

o Dalita y el ex presidente Belisario Betancur, su esposo,  tienen un perro que se llama Bulin. Es como su hijo. "Fue difícil convencer a mi marido. Estaba muy renuente. Pero ya lo tenemos, es de ocho meses, está matriculado en una escuela de adiestramiento y todos los días viene a visitar me a mi taller.

o En Colombia, Dalita tiene una colección de 60 piezas en cerámica, entre utilitarias y decorativas. Otra cantidad igual está en Venezuela.

o De Colombia, la población que más le gusta es Barichara, "porque tiene magia". Allí compró una casa que posee el jardín más lindo de la región.

o De Venezuela extraña el mar y el pescado fresco.

o Es experta en preparar platos de la cocina internacíonal, especialmente francesa, española, mexicana, peruana, árabe y thai, entre otros.

o Durante siete años, en su niñez, tomó clases de piano. Y ahora que su esposo le acaba de regalar un piano de cola, que le escogió la pianista Teresita Gómez, las piensa retomar. o En su casa, por encima de todo, hay lugar para tres cosas: sus obras de barro, los libros de su esposo y para la pintura, ahora que el ex presidente Betancur está dedicado de lleno a pintar.

Dalita Navarro es una mujer muy pícara. Aunque de manera permanente sus manos están puliendo el barro, no es tan expresiva con ellas como con los ojos, que son grandes y verdes, y si se va a reír, primero lo hace con la mirada; si se va a poner seria, también.
Nació en Maracaibo, Venezuela, y se hizo ciudadana colombiana en días pasados porque adora este país. En su ciudad natal comenzó a estudiar odontología pero no le gustó, se retiró y estudió cerámica, fascinada. Sus obras se han expuesto en Nueva York, Londres, Venezuela, Puerto Rico...

Ha participado en exposiciones individuales y colectivas a nivel nacional e internacional. Precisamente, uno de sus mejores orgullos es que el Museo de la Cerámica, en Faenza, Italia, uno de los más importantes de ese país, adquirió una de sus obras. 

Siempre trabaja por temas, la última exposición fue de manzanas y en este momento está haciendo caracolas. "Tuve la oportunidad de conocer una colección de caracolas u ocarinas de Luz Myriam Toro y me enamoré de esas figuras, me producen alegría porque no sólo son hermosas sino que con ellas se puede hacer música e, inclusive, escuchar el sonido del mar". 

Entonces, decidió hacerlas como un homenaje al trabajo de alfarería que está muy
aislado en el país y la exposio ción, de por lo menos 30 piezas, se realizará el próximo mes de octubre. 

MUY ENAMORADOS

Hace dos años Dalita Navarro contrajo matrimonio con el ex presidente Belisario Betancur Cuartas y el amor que sienten, en esta etapa de sus vidas, tal vez no tiene la fogocidad de los 20, ni las ilusiones de los 30, pero sí la estabilidad, la tranquilidad y la madurez que sólo se adquiere después de los 40 ó 50 años. 

"Los dos tenemos hijos de otros matrimonios. Yo tengo tres niñas hechas y derechas; ya cada uno ha realizado muchos de sus sueños. Nuestra relación es tranquila... _una delicia! Estamos unidos porque nos amamos, porque queremos estar juntos y no existe ningún interés de por medio", comenta. 

En una conversación de una hora, fácilmente Dalita nombra al ex presidente por lo menos 10 veces, al mejor estilo de una joven enamorada. Pero eso sí, que no le pregunten muchos detalles de su vida privada porque, para ella, el no hablar de ese tema en público es lo que les ha permitido ser felices, hasta ahora.

A duras penas, cuenta que conoció al expresidente el día que realizó una exposición de sus obras en una galería de Bogotá. Se lo presentaron y la relación, en un principio, fue de "señor Presidente". Con el paso del tiempo se hicieron muy amigos y un día cualquiera le dijo... "vamos a casarnos", y se dio. Los detalles son reserva del sumario.

LUCHA POR ENALTECER LA CERÁMICA

"Vine a Colombia por primera vez hace más de 30 años. Conocí Cartagena cuando todavía colgaban los cables de la luz de manera horrorosa y cuando los caminos en Villa de Leyva eran de polvo y tierra", dice.

Después, la nombraron agregada cultural de la embajada de Venezuela en Colombia y estuvo en ese puesto durante 4 años, hasta el 2000.

Si algo ha caracterizado a Dalita es su lucha por impulsar a los ceramistas y todo su arte. Mucho más en Colombia, donde según ella, a la cerámica se le tiene muy desprestigiada. "Se le ve como algo utilitario pero no como arte. Falta apoyo, unión de los ceramistas y que el público aprenda a valorar este trabajo, tan apreciado en el mundo. En Berlín, por ejemplo, existe un movimiento de ceramistas importante. En Japón veneran hasta una taza de cerámica, porque todo lo de ese material lo denominan tesoro viviente, pero aquí en el país no se le mira con buenos ojos", explica. 

Su trabajo por lograr este objetivo ha sido incansable. Desde la embajada promovió toda clase de eventos y exposiciones; no en vano, ella abrió en Venezuela la primera galería de cerámica que hubo en el país: Galería de arte del fuego. Y el pasado mes de enero hizo lo mismo en Colombia, cuando abrió su taller y galería, impulsada por el ex presidente. 

Con este arte ha aprendido a tener paciencia porque es un trabajo demorado, hay que trabajarla con mucho respeto. "Tú no puedes forzarla, porque tiene memoria", dice. La misma memoria que la invade para darle forma a sus figuras de barro. A esas que acaricia, observa, pule hasta crear piezas que merecen un sitio de honor.

Tomado de la Revista Carrusel No. 1189, 19 de julio de 2002

horizontal rule

 

Declaración de amor


Dalita Navarro ya había visitado una decena de veces al país, antes de llegar a Bogotá, en 1996, como Agregada Cultural de Venezuela.  Tanto Colombia como Mexico eran sus dos opciones para desarrollar un trabajo cultural y optó por Colombia. "Por su gente, que es sencilla y buena, sensible y trabajadora y donde, a pesar de todo, las cosas se resuelven rápidamente". 

Un recorrido que hizo en 1998 por Villa de Leyva (Boyacá) y Barichara (Santander) la apasionó. El paisaje y toda la magia que descubrió en pequeñas poblaciones y encuentros con campesinos le hicieron pensar que quería, algún día, tener una casa en ese pueblo santandereano. "Es un lugar donde el tiempo te da tiempo", dice Dalita. 

Su idea de contribuir a integrar a Colombia y Venezuela se hizo realidad con las 42 exposiciones de arte de ambos países que realizó tanto en el Centro Venezolano de Cultura, que dirigió, como en los principales museos y galerías del país. Adicionalmente, programó 16 actos musicales en teatros y espacios públicos de Bogotá, 7 actividades teatrales y 9 intercambios literarios con escritores y poetas colombianos y venezolanos. 

La magia que en ella ejercía Colombia se reafirmo aún más cuando, hace dos años, contrajo matrimonio con el ex presidente Belisario Betancur.

Siempre al rescate de tradiciones, Dalita impulsó la recién creada Fundación San Lorenzo de Barichara, que su marido fundó hace poco menos de un año. Es una labor importante, que da trabajo a las mujeres del pueblo en la elaboración a mano de papel de fique. 

Una exposición de artistas de ambos países; que se hizo tanto en Bogotá como en Venezuela, con dibujos y grabados sobre el papel de Fique, permitió recolectar fondos para inversiones en el taller. 

"Estoy muy agradecida con Colombia -dice ella-. Me casé con alguien superespecial y es te país es maravilloso, de una enorme riqueza multiétnica. Lo que necesita es amor y apoyo de todos para salir adelante." 

Desde niña. Dalita tuvo cercanía con el campo, la cerámica y los sentimientos humanitarios. Su padre, Nemesio Navarro, un hacendado de Villa del Rosario (Venezuela), mantenía una escuela para niños de escasos recursos, donde ella enseñaba a los pequeños a relacionarse con el barro como medio de expresión artística.

Ceramista de profesión, fundó recientemente El Taller, una especie de galería estudio, desde donde quiere rescatar la tradición de los alfareros precolombinos y destacar la creatividad del trabajo artístico con el barro. 

Dalita, quien tiene una son risa permanente cuando habla de cachacos y costeños, recibió hace dos semanas su carta de nacionalización colombiana. Esa ha sido también una demostración de amor a este país. 

Por eso, sus numerosos amigos le celebraron con banderas, el Himno Nacional v poemas su gesto de apoyo y afecto por Colombia

Tomado del periódico El Tiempo, edición 2 de agosto de 2002

horizontal rule

 

Cerámica de Dalita Navarro
Por Eduardo Serrano

A pesar del refinado legado de las tradiciones precolombinas, de las ambiciosas enseñanzas de Antonio Pimentel en el siglo XVII y de trabajos de tanta significación en la plástica colombiana como los de Roxana Mejía, Cecilia Ordóñez, Carol Young, Carolina Encinales y Ana María Botero, la verdad es que la cerámica no ha estado tan vinculada en Colombia con los raciocinios creativos de los últimos tiempos como lo ha estado en Venezuela. En el hermano país existe un movimiento cerámico consolidado, que echó raíces alrededor de 1950, que ha hecho gala de una gran variedad de estilos, enfoques y filosofías, que ha adoptado novedosas tecnologias y en cuyo desarrollo se han producido obras de gran aliento. Basta recordar que trabajos en greda han recibido en 16 oportunidades el Premio Nacional, para comprender el hondo calado de la cerámica en el arte venezolano.

Dalita Navarro no sólo es heredera de toda esa tradición que va desde la planimetría hasta las instalaciones y desde la escultura hasta el objeto artístico, sino que ha sido una de sus protagonistas. Dirigió en Caracas la legendaria Galería Terracota, donde expusieron su obra numerosos creadores de la arcilla y fue ella misma una figura instrumental en la instauración de la cerámica como medio expresivo cuyos propósitos pueden constituirse en argumentos espirituales o conceptuales y, por ende, trascender cualquier fin utilitario. Por eso resulta de gran importancia para la escena artística del país que Dalita sea ahora una artista colombiana (nacionalizada recientemente). Con su fervorosa visión de la cerámica, con sus conocimientos en la materia y con su taller-galería, ha logrado ya inyectarle una considerable dosis de respetabilidad crítica, de exigencia en la ejecución y de imaginación, a esta frágil y ancestral manera de plasmar ideas y significados.

Su obra podría calificarse de figurativa por cuanto, por regla general, involucra la representación de elementos de la realidad. Rostros, frutas, senos y caracoles se cuentan entre los más reiterados temas de su repertorio. Pero si bien se trata de elementos naturales perfectamente reconocibles, les aplica un tratamiento y una concepción particular de donde devienen su contenido y su vigencia. Los rostros, por ejemplo, aparecen con frecuencia como en formación trayendo a la memoria la creación del hombre a partir del polvo de la tierra, en tanto que manzanas y senos confluyen en alusiones claramente eróticas. Su obra tiene una connotación erótica, que complementa la sensualidad propia del material y de las caricias implícitas en su modelado, la cual hace aun más evidente la intención de infundirle argumentos que trasciendan los planteamientos puramente estéticos.

Su obra más reciente reproduce a una escala mayor y con cierta libertad cromática caracoles de diversas especies. No hay que olvidar que los caracoles fueron considerados en la antigüedad un atributo de Venus ni que entre sus simbolismos más constantes se cuenta la vulva. Para algunos pueblos, los caracoles han representado habitación; para otros, repliegue y por lo tanto pensamiento; y para numerosas culturas han constituido emblemas de la evolución infinita y del eterno retorno. Es decir, el caracol contiene abundantes señalamientos simbólicos que lo enriquecen como inspiración creativa. Pero además, por las reflexiones que les imprime al torneado de sus formas, a la selección de los esmaltes y a las aplicaciones del engobe, así como por los contextos donde inserta su trabajo, la artista les confiere a sus representaciones inequívoca intención de objeto artístico. No hay duda de que los aires orientales y modernos que influencian sus piezas, su entusiasmo en la transmisión de los valores expresivos de la arcilla y su reconocida pujanza de gestora, abren nuevas perspectivas para la cerámica en Colombia.

Tomado del periódico El Tiempo, 14 de diciembre de 2003

horizontal rule

 

 

Dalita Navarro y su otra pasión

por Adriana Otoya

En un viaje le robaron varios collares de su cartera. Entre ellos iba uno de perlas que le regalaron sus padres cuando cumplió 18 años. Para ella lo triste no fue la pérdida material sino todos los recuerdos y afectos que se iban ahí.

Y es que los collares le han gustado siempre, lo atribuye al sentir indígena que corre por su sangre venezolana de raíces wayúu. Recuerda que desde muy pequeña le gustó tener algo que adornara su cuello, no le gustan los aretes y no los usa, su pasión son los collares. Lo demuestra con su colección de más de sesenta piezas artesanales y étnicas que ha ido encontrando en distintos viajes alrededor del mundo. Esta mujer que vino como diplomática a Colombia y decidió quedarse, reconoce la importancia de resaltar la labor orfebre de los colombianos, entre sus joyeros preferidos están Nury Carulla, Maríana Shuck y Poly Mallarino por sus piezas exclusivas y muy bellas. Recuerda que en una de sus tantas visitas a Barichara, pueblo que la apasionó desde el primer momento, el maestro David Manzur le obsequió un collar elaborado a mano por los artesanos de la región con choches (semillas de árbol, uno de sus favoritos.

Enemiga de la bisutería y de las piedras preciosas y ostentosas, afirma que un collar bien llevado siempre le dará un toque de elegancia, distinción o fantasía al vestir. Su piedra favorita es el ámbar, por esta razón se encuentra presente en muchos de sus tesoros. Su primer collar colombiano, recuerda, lo adquirió hace unos treinta y cinco años en la tienda Errázuris del Hotel Tequendama en uno de sus viajes como agregada cultural de Venezuela. Es una pieza precolombina muy pequeña con una ranita de oro que aún conserva. El último se lo compró hace un par de semanas a una amiga. Se trata de un collar africano, de piezas muy grandes y llamativas. Su cara destella de alegría por tener una nueva pieza para lucir, deleitarse y engrandecer su colección.

Su esposo, el ex presidente Belisario Betancur, agradece que su mujer no sea una fanática de las piedras preciosas sino de lo artesanal y lo étnico, porque gustosamente puede regalarle sus antojos, sin invertir sumas millonarias. "Sólo hay que visitar un mercado artesanal y seguramente Dalita encontrará algo que la enamorará".

Tomado de la Revista Cromos No. 4494, 5 de abril de 2004

horizontal rule

 

 

Nociones de imagénes

Dalita Navarro, ceramista colombo-venezolana, expone una serie que tiene como tema el África. Busca resaltar no solo lo bello de la raza afroamericana sino también los problemas de salud y miseria del continente negro. La artista modeló a mano y con la ayuda de un torno, una serie de máscaras inspiradas en las diferentes culturas. Son cabezas, formas y figuras que reflejan, además de la realidad de la pobreza, la enorme riqueza cultural africana. Estos trabajos representan un nue o aire en la obra de esta artista que en exposiciones anteriores había trabajado el concepto del mar y los caracoles.

Tomado del periódico El Tiempo, 30 de septiembre de 2005

horizontal rule

 


A PURO FUEGO

Yo soy sólo una representante de los artistas, pero lo real mente importante es lo que está pasando aquí". Para Dalita Navarro exponer la obra de veinte ceramistas (diez colombianos y diez venezolanos), con el apoyo del Banco de la República, es un gran logro.

En 1996, cuando llegó como agregada cultural de Venezuela, se dio cuenta de que el trabajo que le había reportado reconocimiento en su país, exposiciones en Italia, Inglaterra, México, Estados Unidos y España, una mención especial en la I Trienal Mundial de Cerámica en Pequeño Formato en Zagreb (Croacia) y la representación del Museo de la Cerámica, en Faenza, Italia, era considerado en Colombia una práctica menor, más relacionada con las artesanías que con las Bellas Artes.

A esta artista que ahora se siente tan colombiana como su esposo, el ex presidente Belisario Betancur, siempre le llamó la atención el barro. Por eso nunca consideró ser pintora o escultora, y desde sus primeros años se dedicó a trabajar con tal pasión que tras abrir Terracota, la primera galería especializada en el llamado "arte del fuego" (cerámica, barro, vidrio, hierro, etc.), decidió cerrarla porque "uno o es un buen galerista o es un buen ceramista, pero no puede ser las dos cosas".

Esa pasión la llevó a aceptar la propuesta de Miguel Urrutia. El ex gerente general del Banco de la República le propuso a Navarro que le ayudara a organizar una exposición de cerámica para el Museo de Arte de la Biblioteca Luis Ángel Arango, que estará abierta hasta el mes de junio.

En un principio Dalita pensó en hacer una muestra sólo con artistas colombianos, pero teniendo en cuenta la injusta imagen de la cerámica en Colombia optó por sugerir un encuentro binacional, donde también pudiera mostrarse el trabajo de artistas venezolanos. Propuso nombres, a los que se unieron las sugerencias del jefe de la sección de Artes Plásticas del Banco, José Roca, y luego contactó al escritor y crítico de arte Juan Carlos Palencia, una de las personas que más conoce de cerámica en Venezuela para que hiciera la curaduría.

Hoy está orgullosa, pero no se queda quieta. Espera poder hacer una exposición de este tipo por lo menos una vez al año, con el fin de que la cerámica adquiera el lugar que merece en el campo de las artes plásticas.

Tomado de la Revista Cromos No.4601, 8 de mayo de 2006

horizontal rule

 
 

Dalita Navarro expone hasta abril 2011 en España

Cerámicas rotas y un mundo en pedazos

El Museo Nacional de Cerámica de Valencia recoge 30 piezas de esta artista, que retratan la tierra y sus pesadumbres.

por Angélica Gallón Salazar

"Cerámica rota, para un mundo hecho pedazos", así, en palabras del poeta Juan Gustavo Cobo Borda, se podría definir el más reciente trabajo de la ceramista Dalita Navarro, quien expone por estos días 30 piezas en el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí en Valencia, España.

Dalita Navarro recuerda cómo en su Maracaibo natal podía ir al lago inmenso y agarrar almejas con los pies. Ahora sabe que cualquier piel de niño saldría maltratada por  las aguas turbias. Esas matanzas de la naturaleza vienen permeando el trabajo de esta ceramista, quien con su taller de oficio en Barichara se ha adentrado en las técnicas tradicionales del barro y ha usado sus texturas y sus formas para retratar, como si se tratara de vasijas que pudieran sobrevivir a los años, el estado del mundo.

"Dalita Navarro recoge el testigo de la alfarera, del mito del chotacabras, del vínculo con la luna, de la prohibición de los días infértiles y la usa, recogiendo el barro sin arrastrar sus tabúes para crear con él una imagen del universo", asegura Jaume Coll, el director del Museo Nacional de Cerámica, en el texto curatorial.

Para crear esta muestra, bautizada "Las heridas y el llanto de la tierra", la arcilla se ha dejado madurar. "La mejor arcilla es la que se ha madurado entre cinco y seis años. Claro que los japoneses esperan hasta diez años", comenta la ceramista. Luego de amasar el barro y sacarle todo el aire "para que no explote", éste es pasado por unos rodillos para así obtener tiras que, a mano y armada con piedras, paletas y cepillos, Dalita Navarro va doblegando con paciencia, creando piezas únicas que recuerdan las montañas descarnadas, la aridez, las viejas huellas del mar. "Son objetos de un nuevo culto para mantener la especie, con la dignidad de quien respeta y enaltece la naturaleza", añade Juan Gustavo Cobo Borda en el catálogo que acompaña la exposición.

Esta muestra viene itinerando desde Santander, España; pasó luego por Cuenca, llegó a Valencia, donde se expone actualmente, y próximamente será mostrada en México. "Es que a pesar de que en Colombia la cerámica es vista como arte menor, hay lugares del mundo como España, Italia y Londres, en donde la cerámica es materia de tributo y sigue siendo considerada como uno de los grandes vestigios que puede dejar la humanidad", explica la artista.

"Navarro trae de nuevo esa mirada límpida sobre las sutiles formas de la belleza de lo simple. La forma, la textura y el color explotados con la sabiduría milenaria que la humanidad ha sabido desarrollar a partir de su contacto con el barro", concluye Jaume Col sobre la exposición.

Tomado del periódico El Espectador, 23 de marzo de 2011

horizontal rule

   

Cerámica con heridas de la Tierra 

"La Tierra no está racionalizando sus emociones: está enterrando sus sentimientos. No puede negar su llanto, convirtiendo su dolor en desgracias, sequías, desbordamientos, desolación".

Dalita Navarro, escultora, ceramistaAsí define la escultora Dalita Navarro el sentimiento que la motivó a darles vida a las 19 piezas de cerámica que conforman la muestra Las heridas y el llanto de la Tierra, que, luego de ser exhibida en las ciudades españolas de Santander, Cuenca y Valencia, finaliza la gira en la Galería Sextante, de Bogotá.

Las catástrofes naturales generadas por el cambio climático desde hace tres años, en el país y otros lugares como el Amazonas, Brasil y Japón, son las que la escultora refleja en sus vasijas, trabajadas a mano y esmaltadas con las técnicas de engobes, óxidos, pigmentos naturales y la quema por oxidación.

Erosiones, el poder del mar, la fuerza de las corrientes del agua y el llanto mismo de la Tierra se encuentran presentes en cada una de las piezas, con una sutileza que invita a la contemplación.

Son piezas cargadas de mucha simbología, que remiten a los vasos-deidades de nuestros ancestros, como lo anota el escritor Juan Gustavo Cobo Borda en el catálogo de la muestra, y añade: "Algo de todo ello se trasluce todavía en estas estructuras tan gráciles, tan armónicas, tan horadadas, en ocasiones por los triángulos vacíos con que las recorta el espacio o tañe la Tierra recorriéndolas, humanizadas, de golpe, por el llanto azul, donde la delicadeza asumida de una herida profunda".

Se trata, como comenta la artista, de un grito desesperado de alerta para salvar al planeta: "Escuchemos el lamento de la Tierra, ha sido humillada. Escuchemos sus súplicas, oigamos su llanto, no seamos sordos a sus lamentos".

Tomado del periódico El Tiempo, 1 de agosto de 2011

horizontal rule