Tunja Ciudad Capital Boyaca

Tunja, Boyaca

Ciudades y sitios (Capital Boyaca, Ciudad historica, Iglesias, paisaje urbano, Aguinaldo Boyacense)

Figura, Varios, Visual

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TUNJA

TEMPLO DE SAN FRANCISCO

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Por Alfredo Iriarte

El retablo mayor esta  compuesto por cinco calles y tres cuerpos. Las columnas que enmarcan las hornacinas de los dos cuerpos son doricas, en tanto que las del superior son corintias. Los cuerpos estan separados por frisos ornamentados con cabezas de angelitos. Hay un expositorio que, si bien no alcanza las dimensiones colosales del de la Catedral, se le asemeja, asi como al de Santo Domingo, por su fabrica ultrabarroca. Asimismo, es bastante notable el retablo en que termina la nave derecha. Se caracteriza por una decoracion, desde luego barroca, pero algo mas plana. Las hornacinas del cuerpo superior, igual que las del retablo mayor, estan flanqueadas por veneras en forma de abanico. Las columnas del arco toral presentan un trazado ornamental especialmente atractivo .

Mencion especial merece el que, a nuestro juicio, es el maximo tesoro que posee el templo de San Francisco: el llamado "Altar de los Pelicanos", del extraordinario tallista Pedro Caballero, que se halla al fondo de la nave izquierda. Fue Caballero un artista del siglo XVIII de quien se sabe tan poco, que se ignoran hasta las fechas de nacimiento y defuncion. No obstante, se sabe que produjo su obra hacia finales del periodo colonial, sobre las pautas de un barroco tardio, en que las formas ornamentales se aglomeran y se apretujan hasta lo indecible, llegando a producir una sensacion vertiginosa. La obra de Caballero es la autentica exasperacion del barroco. Acaso porque fue consciente de esa realidad, el artista se abstuvo de dorar sus formidables tallas y prefirio dejar desnudas sus formas laberinticas, intentando tal vez con ello atemperar un poco el impetu desbor��dado de este aluvion casi asfixiante.

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Hay algunos estudiosos de incuestionable respetabilidad que afirman que la razon por la cual las tallas de Caballero no fueron doradas fue de orden economico, debido a que hacia finales de la Colonia el oro no abundaba ya como en tiem��pos preteritos. Sin embargo, contra esa tesis, nosotros podriamos aducir el hecho de que numerosas tallas de finales del siglo XVIII fueron doradas con largueza y esplendor. Como ejemplos podriamos citar el tabernaculo de San Francisco en Bogota y el camarin de la Inmacu��lada en el mismo templo y, como si esto no bastara, el imponente dosel que se admira en el Museo Colonial de Bogota y el ya citado expositorio de la Catedral tunjana, ambas obras atribuidas con razones de mucho peso a Caballero. Por ello insistimos en que la preferencia del enta��llador santafereno a dejar el cedro al descubierto debio de obedecer a una posible creencia suya de que el revestimiento de oro recargaba en exceso la delirante profusion de formas que salia de su mano infati��gable.

Esta virtualmente demostrado que Pedro Caballero trabajo casi con exclusividad para la orden franciscana, como parece demos��trarlo el hecho de ser obra suya todos los retablos de La Tercera en Bogota y el grandioso "Altar de los Pelicanos" en San Francisco de Tunja. Este ultimo esta labrado en caoba y es una genuina obra maestra en la que brilla en su maximo esplendor la obsesion compulsiva de Caballero por ob��tener de la madera el maximo provecho imaginable en materia figurativa y ornamental.

El nombre con que la posteri��dad distinguio esta obra monumen��tal se debe a que el motivo predomi��nante en ella es la figura estilizada (como todas las de Caballero) del pelicano alimentando a sus hijos con la sangre de su propio vientre. En efecto, hay una antigua y her��mosa leyenda cristiana segun la cual la hembra del pelicano acari��cia a sus hijos con tanta intensidad y fuerza que termina sofocandolos. Cuando el padre contempla la deso��ladora escena, enloquecido de do��lor se rasga el pecho a picotazos. Entonces, la sangre que mana de sus heridas resucita y alimenta a los polluelos. Debido a esto, la le��yenda convirtio al pelicano en un egregio simbolo cristiano, hasta el punto de que en la Divina Comedia (Paraiso), Dante llama a Jesucristo "nuestro pelicano", vale decir, el que da su sangre por nosotros. De ahi su reiterada presencia en el altar de Caballero y, no lo olvide��mos, en el fronton del expositorio catedralicio.

Para lograr sus alucinantes estilizaciones y recreaciones de las figuras, especialmente de las vegetales, este febril inventor de formas llevo hasta una increible perfeccion lo que vino a llamarse con gran propiedad el "peinado de la madera", para lo cual se valio de unas finisimas gubias multiples que, a manera de rastrillo y guiadas por la mano maestra del entallador, lograron estos resultados esteticos asombrosos. Volviendo a un concepto ya expresado atras, en esta obra no hay espacio a donde no hayan llegado, como invasores desaforados, los formones, las gubias y los escoplos de Pedro Caballero. Y eso es lo que el visitante del "Altar de los Pelicanos" tiene que detenerse a admirar morosamente y sin apremios.

Alfredo Iriarte

Tomado del Libro: Tesores de Tunja
El Sello Editorial, 1989