Richard Emblin

Canada

Fotografos

Figura Humana

Richard Emblin

fotógrafo

EmbRgb12.jpg (31280 bytes) Recuento

1966, Canadá (?)

SIN MIEDO A LA MUERTE

Hijo de una colombiana, ganó e! premio `World Press Photo para los mejores corresponsales de guerra. Estuvo en el infierno de Angola y la caída del muro de Berlín. Ahora no quiere irse de Colombia.

Por Eccehomo Cetina

Richard Emblin, muy serio, recuerda al perrito que, al pie de su ventana, en Angola, no dejó de aullar en medio de la artillería mercenaria que diezmaba a sus once millones de habitantes, mientras los relámpagos de plomo iluminaban su cara, y hasta cuando las balas abatieron al animal.

En Angola matan también a los perro recuerda en su apartamento de Bogotá, donde vive desde 1990, cuando al conocer la violencia de Colombia, el país donde nació su madre, decidió quedarse para seguir con su oficio de romántico reportero. Sin embargo, en la guerra de Angola, con sus nueve millones de minas explosivas, una población amputada, hambrien ta y enferma de malaria, y cercada por traficantes de armas y esmeraldas, supo que su oficio de corresponsal de guerra era más que una aventura.

Una aventura que lo ha llevado, como corresponsal de la agencia neoyorquina Black Star, por todo el mundo: en Colombia con las bombas del narcoterrorismo, o en la Cuba solitaria o en la miserable guerra de Angola. Por su trabajo en ésta recibió el premio canadiense World Press Photo en 1993: "La tristeza y la miseria no son un mercado, pero en donde hay mayor sufrimiento, hay más ventas". Y tiene razón, porque la fotografía que le mereció el premio, que captaba el dolor casi medieval de una enferma mental encadenada, incrementaron las ventas de su periódico en Canadá.

TARTAMUDO POLÍGLOTA

El silencio de su apartamento es roto para recordar a su padre, Ian Emblin, quien con la recesión de la II Guerra en Inglaterra, tuvo que embarcarse rumbo a Barranquilla, y una multinacional de seguros en Bogotá: "A mi madre, María Inés Molano, la conoció en una fiesta en La Calera. El amor fue mutuo y certero. Al poco tiempo se casaron y al cabo de cuatro años, en 1961, se fueron a vivir a Caracas". Él nació en Venezuela en 1966.

La vida nómada de sus padres le dejó una profunda huella. No había aprendido el español de los amigos de barrio, cuando, por la recesión venezolana, su familia se marchó a una campiña alemana: "Me tocó aprender el alemán del difícil acento del sur de Bavaria. No pude acostumbrarme a la cultura y fui víctima del racismo por mi condición de suramericano. Cuando cumplí 11 años entré en crisis porque no hablaba muy bien el alemán y estaba olvidando el español". Eso le generó una tartamudez que no ha olvidado. Se marchó entonces a un internado en Inglaterra, donde les pegaban a los niños con palos de bambú.

La historia se repitió: sus amigos lo consideraban nazi, olvidó en gran parte su alemán y su tartamudez empeoró. Su familia se marchó al Canadá, donde tuvo su primera novia, Alison; estudió política internacional en Toronto, encontró la vocación por la fotografía, recuperó la confianza en sí mismo y alivió su tartamudez.

CAE EL MURO

Después de renunciar a sus estudios, sin trabajo y con 200 dólares que le prestaron sus padres y 80 rollos de fotografía, Emblin salió rumbo a Alemania, antes que el muro de Berlín cayera. No era nadie pero quería ser testigo de la historia. Hoy enseña orgulloso un fragmento y recuerda: "Por primera vez asistía a un hecho con gran sentido para la humanidad. Era mi gran experiencia en un verdadero ambiente periodístico y si me iban a publicar o si pertenecía a un periódico no era lo importante".

Durante las noches en que la gente brindaba con champaña sobre los escombros del totalitarismo, Richard Emblin, junto a los mejores fotógrafos del mundo, recordaba el periódico de la universidad, donde publicaron sus primeras fotos; los fines de semana en la cabaña de su novia Alison, una militante antinuclear que se convirtió en una figura en Canadá y que Mijail Gorbachov condecoró; recordaba cuando, sin un penique, robaba comida en los supermercados de Londres, mientras intentaba demostrarle al editor del The Independent que era bueno. James Natchwey, considerado uno de los mejores corresponsales de guerra vivos, al ver a Richard en medio de la multitud apostada en el muro le escribió en una caja de Kodak un consejo que hoy no olvida: "A Richard, buena suerte. Mantén la cabeza baja y toma buenas fotos".

CON CARTONES Y ESMERALDAS

Así lo ha hecho y por eso aceptó la propuesta del periódico inglés Sunday Telegraph de cubrir las elecciones de 1990 en Colombia. Ser testigo de las balas y las bombas en el país le dieron sentido a la frase de Natchwey: "A mis padres no les gustó mi idea de inclinarme por la fotografía, ni mucho menos que viniera a Colombia en pleno narcoterrorismo como reportero extranjero". Una vez terminada esta misión que le permitió "conocer la violencia en el país donde nació mi madre", decidió quedarse, enamorarse y pensar en el matrimonio.

En cada rincón de su apartamento hay carpetas de fotos y negativos suyos que poco a poco fueron creciendo a medida que corresponsales en Colombia, como Tom Quinn, le encargaban trabajos. Precisamente con éste realizó los que le permitieron llegar a la agencia Black Star: los ñeros de la Calle del Cartucho y el esmeraldero Víctor Carranza en Muzo. Así se cumplió su mayor sueño, mientras que perdía la batalla con su novia, quien renunció a casarse con él.

Mientras enciende un cigarrillo cubano que trajo de su último viaje, cuando conoció a Gregorio, quien inspiró a Hemingway el personaje de Santiago de su novela El Viejo y el mar, afirma que "no le temo a la muerte porque sé que tengo un ángel guardián". Pero lo que más le proporciona paz a Richard Emblin es haber encontrado las raíces en Colombia y sentirse como en casa: "Cuando voy aterrizando por El Tablazo, en Bogotá, siempre pienso que es bueno estar en casa", y se alegra.

Tomado de la Revista Alo No. 161, semtiembre de 1994

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  Richard Emblin anda muy acelerado. El editor de Fotografía de EL TIEMPO seleccionó sus mejores trabajos que se podrán ver en la Fundación Santillana la primera semana de abril. Este colombocanadiense de 36 años dará a conocer su visión personal del mundo a través de 30 fotografías tomadas en la India, Angola, E.U. y Colombia, durante sus años como reportero gráfico en diferentes medios internacionales.

 "Son imágenes de comunidades e individuos que buscan una identidad utópica, gente al margen de la sociedad que anhela sobrevivir a través de su trabajo", dice Emblin, cuyas fotos han aparecido en las revistas Time, Stern, Marie Claire y Planeta Humano, y The New York Times, The Independent y The Houston Chronicle, está feliz de mostrar su aporte para entender mejor a la humanidad.

Tomado del periódico El Tiempo, 18 de marzo de 2003

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