Hanna Bibliowicz

Bogota

Escultores, Ceramistas

Figura Humana, Desnudo

 

 

Hanna Bibliowicz

pintora, escultora ceramista

 
 
Nació en Bogotá en 1950.

Estudios: 

1968 - Antropología - Universidad de los Andes, Profesores Alicia y Gerardo Reichell Dolmatoff

1973 - Licenciatura en Bellas Artes - State University of New York at Albany

1976-1977 - Dibujo - Profesor David Manzur, Bogotá

1980.- Cerámica - Curso de escultura y esmaltes en cerámica, profesor Jorge Fernández Chiti, Taller Homo Habilis, Bogotá

Docencia:

1976 a 1979 - Cerámica - Universidad de los Andes, básico, intermedio, escultura, .

1976-1986.- Fundadora y directora del Taller Homo Habilis - Bogotá 

Investigaciones: 

1978 - "La olla grande", "Ráquira Boyacá, Comité de Investigaciones de la Universidad de los Andes, Bogotá, . 

Exposiciones:

1972 - Mención de honor, Feria de Artesanos de Nueva York.

1979 - Iglesia de San Francisco, Villa de Leyva, Boyacá. Colombia.

1980 - Galería Fundarte. Bogotá, Colombia. 

1981 - Galería Fundarte, Bogotá, Colombia. 

1981 - Primer Salón Nacional de Escultores, Caja Agraria, Bnootá, Colombia.

1986 - XXX Salón Nacional, Museo Nacional, Bogotá, Colombia. 

"Reconstrucción" se inició en enero de 1980, y se abrió al público en noviembre de 1986.

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La casa tomada

por Ana María Escallón

Como un hilo conductor a través de la historia, Hanna Bibliowicz ha creado un mundo de arcilla. Con él une diferentes épocas del hombre americano y recomienza creativamente la idea de Juan Rulfo cuando Pedro Páramo tiene que morir: da un golpe seco contra la tierra y se va desmoronando como un montón de piedras. Acabar para volver a empezar, siempre en lo mismo.

Su universo "reconstrucción arqueológica" de una cultura tiene un espacio y un tiempo: Bogotá, Siglo XX. De ella nacen, brotan, surgen seres, mundos, familias, mujeres. Allí en esa reconstrucción, hay un remedo intelectual de nuestra sociedad con sus subterráneos conductos mentales, sus organigramas interiores y sus jerarquías exteriores. En esta urbe reconstruida a pedazos, están presentes todos los gestos comunes, comportamientos que obligan al ser a vivir y a competir, a convivir y a tolerarse.

En su creación, que es extrañamente vanguardista y marginal, se unen sus reflexiones antropológicas, con las existenciales y las posibilidades plásticas. Las imágenes están selladas por la huella humana, aquella que da forma y, simultáneamente, deforma. Así, encontramos zonas pulidas y otras decididamente inconclusas. El jardín de la artista se fue poblando de seres misteriosos, hasta inundarlo. Allí quedó construida la imagen de una ciudad, llena de símbolos urbanos, fantasías bucólicas, formas, actitudes, gestos, superficies, montañas, cascadas, caminos, colores.

Dentro de este espacio y este tiempo de jardín, existe temáticamente un eje central: la mujer. Estas imágenes dentro del conjunto y otras veces se aradas intencionalmente, no son suficientemente expresivas por sí solas. Entonces, Hanna recurre a la anécdota. La serie de las mujeres no es como el resto: completamente anónimas, ellas tienen funciones específicas, que tal vez a su traba o le quitan expresividad y espontaneidad. Todo es producto de una reflexión punzante sobre su propia condición. Ellas entran en una soledad infinita, en una desolación irremediable. Son partícipes pasivas de un momento, pero van marcadas con el sello, el rol, la referencia social, esclavizadas y muchas veces víctimas de sus propios inventos.

Las mujeres, al lado del resto de los pobladores sin rostro, están sometidas a ese destino infinito de divagaciones sin ruta.

Tomado del Magazin Dominical No. 206, 08 de marzo de 1987

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Conversación con Hana Bibliowicz

por Juan Manuel Roca

Durante 5 años Hana Bibliowicz ha venido trabajando una muestra orgánica de su obra como ceramista y escultora. Han sido años de avatares y duro batallar, de un forcejeo espiritual por ver plasmado su ambicioso trabajo, un trabajo ligado también a un adiestramiento manual de todos los días.

Ahora que termina el siglo en ocaso de ocasos, uno se sentiría tentado a sintetizarlo en la alusión de Rimbaud: "¡Qué siglo de manos!". Alusión que lleva igual las manos al arado que las manos al cincel, y a las cuales Hana rinde culto cotidiano.

—¿La presencia del tacto a veces en tu obra no aventaja a la presencia visual?

—Están envueltas muchas cosas. El arte moderno pide un acabado en el que el tacto no está presente. Me parece indispensable la huella de la mano más aún que antes, ante la perfección que logran las máquinas. Quizás se distrae la forma, pero si se complementa le da más riqueza."Es exigente que mi mano esté presente por encima de esa falta de valoración, que existe de la huella del hombre, de su tacto.

—¿Hay un cierto grado literario en la ejecución de tu obra, un deseo bien claro de narrar, podría centrarse tu proyecto estético en esta intención?

—La narración complementa mi obra, aunque el arte moderno no busca contar una historia. Yo creo que los objetos, individualmente de la obra, deben tener valor plástico de por sí. La anécdota resulta paralela a este hecho, pero no hay que menoscabar ni la historia en sí, ni la objetividad plástica de cada pieza.

—¿La fusión de cerámica, cerámica mural y escultura en tu obra, tiene un rigor exclusivamente técnico, o apunta a un deseo de fusionar diferentes realidades?

—Ahí hay varias preguntas. Habría que aclarar qué es cerámica y la idea cotidiana que se tiene no es amplia. Si uno se denomina a sí mismo escultor, esto no deja implícito que sea ceramista. La cerámica es para mí la madre de todas las artes plásticas. En cuanto a su aparición como hecho estético del hombre, en cuanto a que de ella parten las artes gráficas y las artes que manejan volumen. Si uno ve lo que queda de la antigüedad, ve trozos de cerámica, posterior a la cestería, de la cual el tiempo ya dio cuenta. .

Se menosprecia la cerámica por haber sido el material habitual para producir objetos utilitarios. Reconozco que sí soy ecléctica pues además de trabajar en la cerámica y el cemento, también lo hago con el espacio, con un medio ambiente. Por lo tanto tengo que utilizar habilidades en otras artes en las que siempre pido ayuda a gente que tiene más conocimiento que yo. Por ejemplo: hace 500 años no se utilizaban las láminas. Siempre está uno ajustado a los avances técnicos de su momento. De allí la importancia de trabajar en fábricas, aprovechando la capacidad técnica. No creo esto contradictorio, siempre y cuando uno esté atento, haciendo partícipe la mente y la mano, para hacer el contacto del adentro y del afuera.

—Pero encuentro a veces secundario para ti el acabado de la obra.

—Me interesa lo que el material me da. Lo trabajo a conciencia, pero a veces él me habla de manera imprevista. Yo aprecio esos nuevos estadios del material que no tenía presentes. Hay que desentrañar el valor estético de eso. El acabado es un problema para mí personal. Yo lucho contra la superficie de las gentes, que es también lucha contra la superficie de las formas. Como no me siento acabada, pienso que siempre hay algo por culminar, siempre todo está inconcluso.

En ese largo camino de la escultura moderna, digamos de Rodin a Henri Moore o Giacometti, ¿qué tendencia considera más próxima a su propuesta?

—Me siento hija de Rodin, de sus luchas, de sus exigencias para hacer válidas las rocas de las cuales extrae las formas. Henri Moore ejerce fascinación porque semeja las formas humanas a objetos de la naturaleza. Gaudí por su barroquismo y la combinación de elementos para crear un ambiente. Mi obra no es académica, y |podría decir que es como el estilo vernacular en la arquitectura.

—¿ Qué escultor colombiano ha infuido  en tu obra?

—Cuando yo vi las camas de Feliza | Bursztyn, no la conocía personalmente  todavía. Me impactó grandemente la combinación que hacía de varias artes para crear un clima, un medio ambiente. La  puedo considerar como un momento  fundamental de mi manera de ver el arte, una enseñanza definitiva. Y no sólo su obra sino su historia personal me hacen muy sensible a ella, me identifican en sus luchas. Recuerdo su trabajo Baila mecánica, un divagar abismal que nutrió buena parte de mi experiencia.

—Esta obra tuya, trabajada durante 5 años, qué sabor te deja, qué dudas o certezas?

—Vamos por partes. Yo tenía una idea abstracta de cómo iba a ser la obra, pero el resultado final sin salirse del esquema original, es bastante distinto. Cuando yo decidí irme de Colombia a estudiar afuera (pues pienso irme a Europa) pensé que debía dejar un retrato de lo que me rodea, de mi entorno, y esta muestra es el retrato del que hablamos. La gente, como grandes masas informes, podrán verse plasmadas y quizás cuestionar su vida diaria.

—¿Cuál es ese entorno del que hablas en esta muestra, cuyo totalizante título de "Dentro y fuera , posee una simbología bien precisa?

—Dentro y fuera es el arte como espejo de una cultura. Un retrato. Yo soy ¡o que hago. A través del lenguaje de la Escultura, hago un retrato de la mujer como individuo, y un retrato de la pareja, protagonista de la supervivencia de la especie. *

Tomado de Magazin Dominical No.141, 8 de diciembre de 1985