Omar Hurtado

Boyaca

Joyeros

Joyas

 

Omar Hurtado

diseñador de joyas, orfebre

   
   

El Museo del Oro encargó a Omar Hurtado reproducir, con las técnicas de los antiguos, piezas para venderlas en Colombia y España.

Con el mismo entusiasmo con el que el coronel Aureliano Buendía hacía sus pececitos de oro en Cien Años de Soledad, Omar Hurtado amasa delicadamente cada pieza dorada hasta que la considera lista. Las suyas son réplicas precolombinas hechas con el método de la cera perdida -el mismo que usaban los antiguos orfebres- y los diseños son fruto de un estudio concienzudo que dirige el Banco de la República para que no se pierda el contexto ni la tradición joyera de las culturas prehispánicas.

Hurtado es el joyero exclusivo del Museo del Oro. Sus collares, anillos, y aderezos sólo se encuentran en la tienda del museo insignia de Colombia. El proyecto nació en 1991 cuando el Banco, dentro de la política de la generación de recursos propios, quiso hacer una línea de joyería para vender al público inspirada en los objetos que están en exposición. Se invitó a los estudiantes y egresados de la escuela de Artesanías de Colombia y se sacó la primera colección avalada. Tras esta iniciativa, este joven joyero de Monguí (Boyacá) empezó a trabajar tanto en técnicas de fundido como en conceptos antropológicos e históricos que le sirvieran como punto de partida en su trabajo de orfebrería. El objetivo era producir joyas de buena calidad con finos acabados que contaran una historia y reflejaran una cultura y una tradición.

Por eso las asesores del Museo le permiten a Hurtado copiar las figuras y objetos con todos y cada uno de sus detalles, sin perder de vista su funcionalidad y una explicación acerca de su origen. Así, quien lo compra puede saber qué lleva puesto y de dónde viene. Después de hecho y aprobado el diseño, una tropa de 11 artesanos que trabaja en el taller del centro de Bogotá empieza el trabajo. Su primer paso consiste en tallar fielmente el objeto en cera y hacerle un molde de caucho. Molde que se rellena nuevamente de cera el número de veces que se quiera reproducir un mismo artículo. Ya con todas las figuras en cera se procede a montarlas en una especie de arbolito para hacer un molde grande de yeso en el que se funde la plata de ley 900, material base de estas joyas. Una vez listas se les recubre con oro dorado de 24 kilates o con oro blanco. El toque final son los terminados a mano, en los que se acaricia la pieza suavemente. Ahí el amor y la tradición artesanal dan los acabados y el brillo final del material, que hacen única a cada pieza.

El jade, el cuarzo, el granate y otras piedras que se usan para armar las joyas también son talladas a mano. La mayoría se importan de Centroamérica, porque las minas colombianas están en zonas de conflicto y extraerlas eleva demasiado los costos. Con las gemas y con las piezas bañadas en oro se hacen collares, prendedores, aretes, anillos, pulseras v alfileres. Por lo general se bañan en dorado que es el estilo centenario y tradicional, pero como parte de una línea más contemporánea también se bañan en oro blanco, algo poco común en el diseño de joyas precolombinas. Gracias a que la empresa que maneja la tienda es española, los diseños de Hurtado se consiguen también en distintos puntos de Madrid como el aeropuerto de Barajas o el Museo El Prado, con una pequeña referencia de la civilización que fabricaba cada una de estas piezas y el uso que se les daba.

Esta producción de joyas no sólo permite que los visitantes de estos dos museos se lleven un recuerdo muy típico y original sino que difunde de una manera particular la historia precolombina. Además, contribuye a evitar en cierta medida el tráfico ilegal de bienes culturales, pues los apasionados de la joyería precolombina podrán llevarse consigo un diseño que evoque la tradición sin necesidad de saquear los tesoros del país.

A Omar Hurtado, este proyecto con el Museo del Oro le cambió su perspectiva profesional. De querer ser un simple joyero pasó a apreciar el arte precolombino y aprender mucho de su historia. Además, después de trabajar en forma exclusiva para el Museo, decidió producir su propia línea de joyas inspiradas en la tradición antigua sin repetir diseños o modelos. Sus joyas también llevan piedras y oro blanco o rojo, y en ella se nota la alusión a algunas culturas indígenas pero de manera más sutil. Son gargantillas finas en las que cada pieza mineral tiene un lugar y una justificación. Esta nueva línea propia la exhibió por primera vez en Expoartesanías y está trabajándola aún más para lanzarla de manera independiente. Con un estilo fresco, que está entre lo tradicional y lo innovativo, cualquiera de los dos trabajos de Hurtado tienen una perspectiva histórica que no sólo se encuentra en la manufactura de las piezas sino en el cuidado y la dedicación con los que sus manos de artesano continúan amasando el oro como hace cientos de años.

Tomado de La Revista de El Espectador, No.  81, 3 de febrero de 2002