Erika Diettes

Cali, Valle

Fotografos, Artistas Visuales (Ertistica)

Figura Humana, Desnudo

 

Erika Diettes 

http://www.erikadiettes.com/ 

fotógrafa, artista visual

 


Vea también: Sobrevivientes (exposición sobre el holocausto de la guerra) 

En facebook, 2015

Río abajo
 

   


La fascinación de los fotógrafos por el cuerpo arrancó casi desde los inicios de la  fotografía y a través de los años no ha dejado de interesar. En su corta carrera de artista, Erika Diettes ha explorado en la mayoría de sus proyectos la temática del cuerpo a través de la fotografía. 

Sus modelos no corresponden a los establecidos cánones de belleza tradicional. Sus medidas no tienen los 90-60-90 de las reinitas. Son personas comunes y corrientes que por propia voluntad se enfrentan a la cámara de Erika. La acción es muy sencilla.  El que quiera posar, simplemente se desprende de sus prejuicios y por supuesto de la ropa y se hace el estudio. 

El año pasado, en una galería de Medellín, tomó varios registros a gente que entraba a la exposición. En un cuartico acondicionado con luces y demás elementos entraban los modelos y listo. Parte de esta obra acaba de presentarla en la galería Sala de Espera, bajo el título de Datos personales, dentro de la muestra Revelado. 

Los títulos de las obras son las cédulas de ciudadanía de los protagonistas, quienes adoptan un rol y por supuesto no evitan su cuerpo real. Lo que ellos consideran su belleza. Pero no la belleza en los términos en que la plantea el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua: "Propiedad de las cosas que nos hace amarlas, infundiendo en nosotros el deleite espiritual". Y en esta discusión de lo bello podrían irse todas las páginas de este semanario y no se llegaría a ninguna conclusión. 

Cierto es que detrás de las obras hay un discurso sobre la belleza que Erika tiene claro: "Es la belleza de los imaginarios que tienen estos personajes cotidianos. Al hacer que estas personas posen en un fondo blanco sin referentes espaciales ni temporales, se ven enfrentados a asumir su desnudez de una forma más directa. 

Los personajes escogen sus poses, las cuales obedecen generalmente a referentes visuales muy específicos del mundo publicitario o de la historia del arte", anota Diettes en medio de sus grandes personajes impresos sobre papel en proporciones que van hasta un metro ochenta. 

Pero, ¿esta obra también funcionaría en un formato más chiquito? "Mi portafolio es chiquito y no genera lo mismo. Lo que pasa es que el espectador se refleja más fácilmente, pues los personajes te están mirando". 

Llama la atención la ausencia de elementos. Salvo joyas o relojes, de los que los modelos no se despojan para las fotos. Acto de liberado que la fotógrafa permite y en el que no influye. En estas fotos el modelo no recibe órdenes expresas de la artista. 

Tampoco hay sombras de apoyo, la estética es de cédula de ciudadanía, limpia, y maneja el blanco y negro a su antojo. Si sus fotos fueran a color, el resultado sería distinto. A lo que responde: "Si las tomo a color se ven más reales. Si están en monocromía hace que se alejen de la realidad. El blanco y negro le da cierta seguridad al personaje. También hace más fácil que el espectador pueda posar algún día". 

Indudablemente la pose es publicitaria. ¿Cuándo el resultado se vuelve artístico? "Normalmente existe un cliché. Que si la foto es en blanco y negro, es más artística. Aquí los personajes no son publicitarios. Es gente real. Hay poros, pelos, celulitis, gordos. Tienen cicatrices, es gente que vive". 

Habría que terminar con Andy Warhol, quien dice que las bellezas en fotografías son distintas a las bellezas en personas. Debe ser difícil ser modelo, porque siempre quieres ser una foto tuya y jamás podrás parecerte a ella. Por esto resulta necesario hacer una mirada doble a los modelos. A puro fondo blanco.

Tomado del periódico El Espectador, mayo 4 de 2003

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Ciudadanos al desnudo

por Paola Villamarín, redactora de El Tiempo

Antes de entrar al vestíbulo del Teatro Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá, Marcela y Joel, estudiantes de la Universidad Nacional, ya estaban convencidos de posar desnudos frente a la cámara de la joven fotógrafa Erika Diettes.

Una vez adentro, toman una nueva decisión. Aparecer juntos en las fotografías para vencer los nervios y compartir el peso de estar desnudos ante más de cien personas. Inscriben sus nombres en una lista y esperan su turno, mientras otras personas se ubican en solitario en el sinfín blanco que Diettes ha instalado para sus modelos espontáneos. Marcela y Joel no necesitan mucho tiempo para decidir cómo van a posar: "Ya lo hemos hecho juntos, pero con ropa. Ahora vamos a hacer las mismas poses, pero desnudos", dice Joel.

Diettes, de 25 años, se muestra bastante segura en su sesión pública de fotografía. Les dice a sus modelos: "La idea es que tú escojas cómo quieres salir". Hay quienes se acuestan boca abajo y levan tan su cabeza y otros se quedan parados emulando a las estatuas griegas o se sientan dándole la espalda a la cámara.

Pocos, como Leonardo González, de 25 años, incluyen elementos diferentes al cuerpo en su paso por la lente de Diettes: "Son asesores", dice González, que está en un curso de modelaje, refiriéndose a la copa y al portáfolio que acompañaron su desnudez.

Es la segunda vez que Diettes realiza una convocatoria abierta para personas corrientes, desde niños hasta adultos mayores. "La idea es que la gente pose sintiéndose bella", dice la fotógrafa. La primera sesión fue en Medellín. Participaron 15 personas, entre ellas 13 mujeres. Mientras que en la de Bogotá, que se hizo el pasado miércoles, participaron 30, casi todos hombres. Las fotografías harán parte de una muestra, en construcción, titulada Datos personales, que se exhibe en el Callejón de las Exposiciones de Gas Natural, en el Jorge Eliécer.

"¿Cuál es el premio?", pregunta una participante a Sandra Herrán, que se encarga de anotar y ordenar el paso de los modelos hacia el estudio que improvisó Diettes. "El premio es una foto", le responde. Una recompensa bastante llamativa para Luis Felipe Delgado, de 18 años, estudiante de sistemas y telecomunicaciones, quien siempre había querido tomarse una fotografía desnudo.

"Me fue bien, tuve un poquito de nervios dice Delgado, al salir del vestier después de la sesión-. Preferí pensar que estaba solo y, entonces, miraba solo las luces". A su alrededor, los otros espectadores, los que no participaron en las fotografías, estaban tan atentos a lo que ocurriera que, incluso, cuando un modelo les gustaba porque tenía iniciativa y era desenvuelto, lo aplaudían.

Durante más de 15 minutos, Edwing Torres, de 23 años, es tuvo en el teatro observando a los modelos voluntarios. Con su grupo de amigos discutía sobre el tema: "Le tengo respeto a la gente que actúa y a la que se desnuda en público, pero yo no lo haría", dice sonriendo. A lo que su amigo, Pedro Beltrán, agrega: "La desnudez es para la intimidad".

¿Por qué hacer Datos perso nales en público? Dice Diettes que la idea es enfriar la relación entre fotógrafo-modelo. "Necesito la inmediatez. La relación es más rápida y no tengo tiempo para pensar en cómo hacer el mejor encuadre. Las fotos son más falsas en un estudio en el que tienes todo el tiempo del mundo para trabajar", dice.

Marcela y Joel ya están en el vestier y Diettes les pregunta si quieren ser fotografiados mientras las cámaras de televisión están encendidas. Dicen que no. Ambos están ansiosos, se miran y se ríen. Dicen que no son novios, que son amigos. Finalmente llega el momento y salen de puntillas, desnudos, hacia la escenografía minima lista, que contrasta con el teatro.

Ella no deja de reírse ni de mirar a su amigo mientras Diettes los fotografía. Se ubican de frente con sus cuerpos cruzados y en la segunda toma, Joel se hace detrás de su amiga y le pasa sus brazos sobre los hombros y le cubre el pecho. El público aplaude y ambos salen corriendo hacia el vestier, se abrazan, brincan, y se besan. "Fue bacano", dice Marcela con emoción.

Tomado del periódico El Tiempo, 29 de agosto de 2003

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Desnudos en vivo y en directo

por Dominique Rodriguez Dalvard

Requisitos para presentarse: asistir impregnados de belleza, sencillez y naturalidad. Tener curiosidad por saber cómo se ven desnudos ante la lente de una cámara fotográfica y saber el número de su cédula". Así escribió la fotógrafa Érika Díettes, su convocatoria para que gente de todas las edades se presentaran a la toma de fotografías que realizó ha ce unos días en el vestíbulo del Teatro Jorge Eliécer Gaitán.

Diettes no sabía cuál iba a ser el resultado y si la gente iba a llegar, era una convocatoria abierta. Se sorprendió al ver que el estudio improvisado en aquel lugar, un despliegue de papel blanco con cuatro potentes luces, se viera rodeado por más de cien curiosos que deseaban presenciar una toma de fotografías de cuerpos desnudos. Treinta y cinco hombres y mujeres se atrevieron a hacerlo. Se inscribían, llenaban una planilla con sus "datos personales" -nombre de su exposición que actualmente se exhibe en el callejón del mismo teatro- se cambiaban en un pequeño vestier y... ia posar! El ritual duraba unos cuantos minutos, tiempo durante el cual el modelo se desconectaba de los cientos de ojos que lo observaban y el público murmuraba en silencio sus opiniones y en ocasiones aplaudía. Muchos llegaron con sus poses preparadas, otros simplemente trataban de imitar algún modelo que se les venía a la mente. Esa, la idea de belleza preestablecida y de prototipos, es la que a la artista le interesa explorar: el estudiante de artes o el bailarín que llega con ciertos referentes de la historia del arte y quiere posar siendo un David, u otro que intenta plasmar uno de los personajes del Almuerzo sobre la hierba, de Manet. O la mujer que se siente reina por un instante y quiere desfilar. "La ínmediatez del ejercicio lleva a que se tienda a posar. La frialdad y la distancia le exigen al modelo expresarse con su cuerpo más rápidamente. La situación es muy distinta a la comodidad de desnudarse en un estudio. Además, para que hubieran llegado a mi estudio, los modelos tuvieron que oírme contándoles toda mi idea sobre explorar su belleza e intimidad", cuenta la artista de24 años, que lleva trabajando el tema del desnudo hace más de dos.

Para sorpresa de muchos, la mayoría de quienes posaron fueron hombres, algo que la alejó de la idea de que suelen ser las mujeres las que gozan mostrando su cuerpo. Y lo hicieron con mucha vanidad. Cada cual iba a mostrarse como si estuviera actuando: con una mochila, la cadena con el crucifijo, las sandalias, el sombrero y la copa, el caricaturista que mientras lo fotografiaban mostraba su portafo lio, una bailarina con sus medias: cada quien como quiso. Eran el anciano y el joven, la mujer rasta, parejas heterosexuales y homosexuales, la negrita con el blanco más blanco, la gorda y el flaco. Todos en igualdad de condiciones frente a la lente. Todos anónimos, y cada quien queriendo convertir se en su propia escultura. Su búsqueda y exploración se iniciaban con el reconocimiento de su cuerpo, de su sexualidad.

Tal vez la verdadera pregunta sea ¿qué es belleza? Para Diettes es una contradicción muy grande y todo depende definitivamente de los ojos que la miran, sin embargo se pregunta cuál es la razón para querer copiar modelos de belleza prototípica. ¿Qué hay detrás de esos de seos de desnudarse y de todas esas miradas del público? ¿Exhibicionismo? ¿voyeurismo? Tal vez un poco de ambos o probablemente ninguno de los dos. La lente se convierte en el espejo de cada quien, en la máscara buscada para actuar, en el instrumento detrás del cual se escapa del anonimato, aunque sea por un instante, y no quede más que su número de cédula como el registro de ese desnudo entre tantos otros cuerpos. No se trata de identificar al modelo, de encontrarle un lugar social, sino de encontrar un detalle que lo muestre tal como es.

"Hay una vulnerabilidad del retratado cuando está desnudo que lo hace más auténtico, no tiene nada que esconder, nada tras lo cual esconderse, cada cicatriz, cada huella marca el paso de la vida en la piel, y eso es lo que busco revelar con mi cámara", finaliza diciendo Éríka.

Tomado de la Revista Cromos No.4465, septiembre 8 de 2003

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Una miracla sutil a la desaparición

Erika Diettes presenta su obra `Río abajo.

La artista colombiana Erika Diettes convirtió la violencia en el centro de su traba jo. En su nueva serie, titulada Río abajo, presenta el drama de los desaparecidos en varias zonas del país, cuyos cuerpos fueron arrojados al río.

Diettes viajó a los sitios de los hechos y logró que algunos familiares le prestaran prendas de ropa de sus allegados, y las puso sobre un fondo que se asemeja a las aguas de un río.

Con esto, Diettes consigue combinar belleza y poesía con uno de los hechos más trágicos de nuestra sociedad.

Este trabajo se expone en La Recoleta de Buenos Aires (Argentina), hasta el 31 de agosto. Luego, las 15 fotografías viajarán a Houston (Estados Unidos), donde, a partir del 13 de septiembre, inaugurará una exposición en la galería De Santos.

Hace dos años, Diettes mostró el drama del abuso de los derechos humanos en su trabajo Silencios: tomó los ro tros de varios sobrevivientes de campos de concentración nazis, radicados en Colombia.

Fue una investigación en la que, también, a través de pequeños textos, recuperó para el país un hecho histórico que ocurrió a miles de kilómetros.

Tomado del periódico El Tiempo, 14 de agosto de 2008

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Erika Diettes busca la ausencia

por Andrés Zambrano

La artista lleva a dos pueblos de Antioquia sus conmovedoras fotos de objetos de las víctimas.

La artista colombiana Erika Diettes quiere atrapar la ausencia en el breve espacio de una foto instantánea.

Su labor, entre poética y dramática, tiene como resulta do la serie Río abajo, curada por Carlos Alberto González, que presentó en Buenos Aires (Argentina) y Houston (E.U.).

Este trabajo tiene un proyecto paralelo de 150 imágenes, que tendrá una breve exposición los días 5 y 7 de septiembre en Granada y La Unión (Antioquia).

Hace cerca de dos años, Diettes reunió elementos que daban vueltas en su cabeza y los concretó en una imagen.

Uno de ellos era la tenebrosa frase que decía: "El mayor cementerio del mundo son los ríos de Colombia". Reelaboró la crudeza y su fotografía convirtió los recuerdos de los deudos de algunos desaparecidos colombianos en obras de arte.

Su trabajo se volvió un mensaje contra la violencia, en el que solo se percibe la ausencia de los que murieron, sin acudir a militancias. Diettes logró despojar esta violencia fratricida de ideologías y dejó el lado humano de una tragedia que golpea por igual.

Desde hace un año y ocho meses, Diettes se dedicó a recolectar objetos y ropa de los desaparecidos y afectados por la violencia. Lo primero que le llegó fue una chaqueta del mayor Julián Ernesto Guevara, cuyo cadáver la guerrilla no ha entregado.

Fotografió 150 objetos

Poco a poco se ganó la con fianza de las personas que tenían un familiar víctima de la violencia y llegaron nuevos objetos. "Me daban de todo, camisas, pantalones, ropa interior, zapatos...". Una señora le entregó la rama de un pino arrancada de una matera. Era el único objeto que conservaba de un familiar.

En total, fotografió 150 objetos, que consiguió con el apoyo de organizaciones como el Cinep y su programa Asfamipaz, Familiares Colombia y las dos asociaciones de Madres de la Candelaria, de Medellín. Pero eran más. "En algunos casos eran fotocopias de la cédula de los parientes. Entendí que debía hacer algo más, que no era solo la exposición. Que el arte tenía que cumplir con su labor social".

Diettes quiere ubicarse en esa zona indescriptible en la que la víctima sufre una transformación, ese horror que no se puede traducir, ni explicar en palabras a imágenes.

"¿Cómo siguen viviendo estas personas en la ausencia?", se pregunta. Por eso se esfuerza en lograr una imagen estética que exprese el horror. Es una contradicción aparente, pero en Río Abajo resulta clara. Para el colombiano promedio el significado es conmovedor y por to que sucedió en Buenos Aires, también lo es para los extranjeros.

El fuerte de la muestra se podrá ver en el Palacio de la Inquisición, de Cartagena, la última semana de enero del 2009, en el Hay Festival.

Tomado del periódico El Tiempo, 1 de septiembre de 2008

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Fotografías de la ausencia

por Angélica Gallón Salazar

Cuando la fotógrafa bogotana Érika Diettes empezó su trabajo de recolección de prendas de vestir de los desaparecidos del nororiente antioqueño, se fue dando cuenta de que los pantalones, los zapatos, las camisetas que las madres le entregaban estaban intactos desde el último día que habían sido usados. Los familiares los habían guardado como su único reducto de esperanza.

"Esa ropa estaba lista para ser usada por su dueño", explica la artista, quien rápidamente se dio cuenta de que este proyecto fotográfico, en el que pondría las prendas roídas bajo el agua para capturarlas con su cámara y que bautizaría Río Abajo, iba mucho más allá de simples fotografías.

"Río Abajo es un trabajo sobre la ausencia de cuerpo, la falta de tener un cadáver que enterrar o que llorar", añade la artista mientras echa una mirada a sus diarios de un año y medio de viajes y lee en una de las hojas, anotado con lápiz: "¡Apareció mi padre, lo encontraron en la fosa!".

Tras recoger más de 150 objetos personales, entre los que también contaban fotocopias de cédula, palitos de un árbol de guanábana sembrado, gorras y gafas, Érika Diettes decidió cambiar sus planes y montar una muestra en más de 10 municipios de la región. "Cuando hice la primera imagen de la chaqueta del mayor Guevara, asesinado en cautiverio, me di cuenta de cómo su madre, doña Emperatriz, había convertido esa prenda en el símbolo de su luto, de ese duelo suspendido por la falta del cuerpo, y de inmediato supe que no podía quedarme con un solo registro del dolor humano. El hijo militar duele igual que el hijo guerrillero o paramilitar, así que entendí que mi exposición tenía que mostrarse en los municipios", explica la artista, que urgida porque todo este discurso trascendiera el dolor de las víctimas inmediatas, llevó también la exposición a Houston, Argentina, Nueva York y Cartagena. Por estos días se expone por primera vez en Bogotá, en el Museo de Arte de la Universidad Nacional.

Un cuadro por la dignidad

En municipios como Cocorná, Sonsón, Argelia, El Peñón o Guatapé existe la costumbre entre los pobladores —los que han sobrevivido a la guerra— de hacer unas marchas nocturnas empuñando velas para caminar sobre los lugares donde se sucedieron las matanzas, como para expurgar los lugares de sus culpas, para acompañar a las "ánimas". Mientras las fotografías impresas en cristales hechas por Diettes se mostraron en estos recónditos lugares, se convirtieron siempre en el sitio en el que estas marchas terminaban. En el video que registró estas intensas experiencias se puede ver a la gente llorando, persignándose ante los cuadros, pasando las velas por detrás de la ropa como iluminando el alma que esa camisa recordaba. "Era como asistir a un entierro simbólico, era un grito callado por sacar todo ese dolor y evidenciar que la reparación no puede ser sólo económica, debe ser también simbólica", asegura Érika con un tono de voz que revela muchos meses de llanto.

Río Abajo es una exposición que genera silencio, que explora la necesidad y la urgencia de la memoria en este país. Además, la forma en que las 26 piezas de gran tamaño han sido dispuestas en el museo en Bogotá por su curador, Carlos Alberto González, recrea los recorridos de ese río en el que tantos muertos han sido arrojados.

Pero se trata también de la dignificación de cada uno de esos objetos y de esos muertos, porque muy al contrario de lo que pensaron muchas madres, esas prendas valiosas no fueron puestas sobre el suelo o maltratadas, Érika Diettes las volvió un cuadro, bellamente iluminado. "Una madre en El Carmen de Viboral me dijo: nunca pensé ver a mi marido en un cuadro".

Pero esta obra no sólo tiene el poder de conmover a los colombianos y estrujar los recuerdos de sus desaparecidos. El Museo de Bellas Artes de Houston acaba de adquirir una de las fotografías de Diettes para su colección permanente (la segunda más importante de EE.UU. en fotografía) y que hará parte de la exposición "Ruptores and Continuities", que recoge lo mejor de la fotografía desde 1960.

El dolor de Colombia y de las madres que apretaron las manos de Érika Diettes hablará bellamente a través del retrato de unas gafas que viajan río abajo.

Tomado del periódico El Espectador, 9 de febrero de 2010

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Erika Diettes, retratista de muerte y esperanza

Seguir los pasos de la muerte pero, sobre todo, retratar sus huellas, es lo que obsesiona a la artista Erika Diettes que, en esta ocasión, fotografió el dolor en el rostro de una mujer de Antioquia, el drama de las desapariciones representadas con ondas que se expanden por el agua y el rostro de un buitre, cuyo pico está manchado con sangre.

La exposición A punta de sangre está compuesta por tres fotografías impresas sobre láminas de metal, de dos metros de largo por uno de ancho, grandes lápidas que cuelgan sobre la fachada del Teatro Heredia Adolfo Mejía de Cartagena y están a la vista de las personas que se pasean por la Plaza de la Merced.

"Es la evolución de un trabajo que empezó con una obra a la que titulé Río abajo. En ella, retrataba la ropa de las personas desaparecidas del oriente antioqueño: Granada, La Unión, Guarne, Cocorná y Argelia, entre otros. Fueron 150 objetos que me prestaron los familiares de las víctimas de la violencia y que congelé mientras flotaban sobre el agua", explica Diettes.

Sin embargo hay una frase que siguió -y aún sigue- rondando por su cabeza y ha sido el motor que impulsó el proyecto: "Los cementerios más grandes del mundo son los ríos de Colombia".

Y junto a esa cláusula mortuoria, cientos de anotaciones de la investigación que realizó y guarda como tesoros: cuenta con varias libretas en las que apuntó las sensaciones del momento, frases pronunciadas por las víctimas, fotografías que registran la zona, las personas, las tradiciones y los elementos prestados -en forma de inventario y diario de viaje- para no olvidar su destino y su origen.

"Me di cuenta de que los buitres están por todos lados y para muchas de las personas de las zonas en las que trabajé, son más que animales carroñeros y el símbolo o bandera de la muerte", anota Diettes sobre cómo estas aves se han convertido en señales de esperanza que sobrevuelan la realidad de la gente.

"Donde hay un buitre puede estar el cuerpo de su familiar, pero además, la calma de recuperarlo y enterrar su dolor en un solo lugar", dice.

Tomado del periódico El Tiempo, 31 de enero de 2011

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A punta de sangre

EErika Diettes - Foto archivo Teatro Adolfo Mejial Teatro Adolfo Mejía , invita  a la exposición de la artista Erika Diettes “A PUNTA  DE SANGRE” el próximo miércoles 26 de enero 2011 en la Plaza de la Merced .

A PUNTA DE SANGRE  es un trabajo que nos hace reflexionar en esa imagen representada en el anacrónico escudo nacional, donde ningún otra ave sino el CHULO merece el privilegio de posarse, dominando la tierra de la fertilidad, de la riqueza y de un canal ya perdido. Un ave que ha recibido el desafortunado destino de ser portador de obituarios y la personificación de la muerte en un territorio donde el crimen es noticia cotidiana.

Con su trabajo, ERIKA DIETTES nos acerca a un drama que muchos vivimos solo como espectadores lejanos: la noticia cotidiana de desaparición de personas. El tema no es nuevo desde la perspectiva de los artistas, pero en el caso de DIETTES hay, como siempre, una investigación previa que la acerca al conflicto y sus damnificados para oír de ellos la otra versión , la que no aparece en la noticia, la que no es solamente una corta mención antes de las notas  de farándula.

Erika Diettes es fotógrafa, artista visual, siempre ha tenido como preocupación al humano como ser la memoria es un tema recurrente en sus obras, los recuerdos de la piel y de la menté, la violencia, la desnudez, la muerte . En su trabajo se conjugan la fragilidad del hombre y la historia contemporánea. Erika establece un vínculo muy cercano con las personas y dueños de los objetos que fotografía haciendo de sus obras no simples ejercicios visuales sino profundos y significativos testimonios antropológicos.

“Es un privilegio poder contar en nuestra ciudad con una artista como ERIKA DIETTES y que haya escogido el Teatro Adolfo Mejía para presentar su obra, esperamos que al igual que Erika artistas de su talla sigan visitándonos, es importante para nuestra ciudad que tengamos oportunidades como esta para enriquecer nuestro sentir y visión cultural”, expreso la Directora del Teatro Adolfo Mejía, la Chica Morales.

Sus obras han sido expuestas en importantes escenarios a nivel nacional e internacional tales como los museos de Arte Moderno de Bogota, Cali, Medellín ,Barranquilla ,El museo de la Universidad de Antioquia, Museo de Arte Contemporáneo de Santiago de Chile centro Cultural Recoleta en Buenos Aires

http://www.vamosaandar.com/?p=9069

Vistazos criticos 

por Ricardo Arcos-Palma

A PUNTA DE SANGRE, Vistazo Crítico a la obra reciente de Erika Diettes.

Como ya lo había anunciado en otro vistazo crítico, publicado en la revista chilena Escáner Cultural, la obra de Erika Diettes, esencialmente fotográfica es una revelación ineluctable, de nuestra realidad nacional. Revelación en el sentido estricto de la palabra: como manifestación luminosa de un secreto que permanecía oculto. Esta revelación que por otra parte, está íntimamente ligada al procedimiento fotográfico, incursiona en nuestra cotidianidad para comenzar a dialogar con el exceso de información visual que nos asedia a través de los medios de comunicación impidiéndonos así, comprender qué es lo que realmente sucede. En una charla que dicté sobre su obra en el seminario Documento y Fotografía, luego de una pregunta de parte del público, surgió la siguiente reflexión: hay que volver a tener fe y creer en las imágenes. Pero no en cualquier tipo de imágenes sino en aquellas realizadas por los artistas como Erika Diettes. Esta fe en las imágenes, no enceguecida por supuesto, aseguraría poder asir la realidad de otra manera, para poder comprenderla, y por qué no decirlo, transformarla, así esto parezca utópico.

A punta de sangre es el título de la obra con la que Diettes participa en Fotográfica Bogotá 2009. Esta obra enmarcada en el corazón de la Plaza de Bolívar, cerca a la escultura del Libertador, entre el Palacio de Gobierno y el Palacio de Justicia, entre la Catedral y la Alcaldía Mayo de Bogotá, interroga de frente nuestra sociedad. Esta obra está compuesta por tres fotografías de gran formato, enmarcadas cada una ellas en aluminio y protegidas por un cristal. La primera imagen que podemos ver es parte del rostro de una mujer que emerge de un negro profundo como si se tratase de una pintura del tenebrismo español. El rostro de la señora, de unos cuarenta años de edad, aunque las marcas del sufrimiento le hacen ver más vieja, lo vemos parcialmente en un primer plano: su ojo izquierdo, su boca, cerrada, sus cabellos largos y negros acentúan una mirada de resignación. En ese rostro (de una madre que aún sigue quizá esperando el regreso de su hijo desaparecido), podemos ver como el rostro de todo un país inmerso en una violencia política que no da tregua, donde todos en realidad somos víctimas.

A la extrema derecha del tríptico podemos ver el rostro –porque los animales tienen rostro- de un buitre, el famoso chulo que se ha convertido según pudo verificarlo la propia artista en el oriente antioqueño, en un perfecto aliado frente a la imposibilidad de encontrar los cuerpos de las víctimas. De su pico, cuelga una gota de sangre. El chulo ha sido desde tiempos inmemorables, “ave de mal agüero” pese a las bondades de limpieza que desempeña. Su imagen en el imaginario colectivo, ha estado siempre vinculada  a la muerte. Algo que la artista recuerda bastante impresionada, es cuando por primera vez atravesaba la calle principal de Granada en el oriente antioqueño, fuente de esta obra, y mirando al cielo veía en los tejados, en los cables de la luz una cantidad impresionante de estas aves negras, “como si- dice la artista-, cada habitante del pueblo tuviera su propio chulo”, una especie de ángel guardián negro. “A punta de sangre es un trabajo que nos hace reflexionar en esa imagen representada en el anacrónico escudo nacional –dice Christian Padilla en el texto de presentación de esta obra-, donde ningún otra ave sino el chulo merece el privilegio de posarse, dominando la tierra de la fertilidad, de la riqueza y de un canal ya perdido. Un ave que ha recibido el desafortunado destino de ser portador de obituarios y la personificación de la muerte en un territorio donde el crimen es noticia cotidiana”. En efecto esta imagen del chulo se convierte en un testigo mudo de un crimen que ha sido ahogado en los ríos de la impunidad nacional. Como única prueba palpable del crimen queda la gota de sangre que se dispone a caer de su pico carroñero.

En medio de estas dos imágenes, aparece una similar a las de Río Abajo, su anterior obra, donde la artista ponía de manifiesto las prendas de desaparecidos sumergidas en agua. En este caso vemos las prendas de una víctima. Sin embargo según las otras dos imágenes, la del medio nos hace pensar una especie de consuelo, de esperanza., pues el agua no es turbia, tampoco es tumultuosa. El agua, cristalina aquí, nos hace pensar en una especie de sanación y de purificación de un hecho atroz lo que termina atenuando las dos imágenes. El agua quizá aquí alude al ausente, a quien se espera en ese discurrir del tiempo, en ese pasar de las aguas.

Estas imágenes expuestas de cara al Palacio de Justicia y a espaldas del Palacio de Gobierno, es un enfrentamiento a la ciega que sostiene la balanza. Dos ojos: el de la señora y el del chulo, miran como si fueran un solo rostro, esa masa imponente que se erige como guardianes a nuestra espalda, donde la Justicia de este país, intenta ejercerse. “La justicia, cojea pero llega” se oye con frecuencia. Pero qué imagen tan terrible esta de una justicia ciega y coja, parece decirnos A punta de sangre, en un cruce de miradas, en un diálogo imposible, donde nosotros espectadores nos ponemos en el medio del símbolo de la Justicia y de Simón Bolívar, mirando esas imágenes, pero al mismo tiempo viéndonos mirar en el reflejo del cristal que cubre las fotos y en el reflejo de los ojos del chulo y la señora. A punta de sangre, una obra que no deja de proponer preguntas, estará expuesta un par de semanas más en la Plaza de Bolívar mientras las palomas, símbolo de la paz, esperan berrigonas e indeferentes, a que les sigan tirando maíz.

Ricardo Arcos-Palma, Bogotá 8 de mayo del 2008.
http://www.eltiempo.com/participacion/blogs/default/un_articulo.php?id_blog=4036597&id_recurso=450017478  

 

Museo Rayo muestra series de Érika Diettes

Un recorrido por las piezas de la artista visual en las que trata el dolor, la desaparición y la muerte.

por Breyner Huertas

La serie ‘Sudarios’(2011) de Erika Diettes (Cali), junto a ‘Silencios’ (2005) y ‘Río Abajo’(2008) son los proyectos exhibidos en el Museo Rayo de Roldanillo como parte de una gran muestra de la artista. En la exposición se puede percibir en perspectiva el trabajo de Diettes que, desde la plástica, explora una dimensión antropológica del dolor y la memoria. Las obras abordan experiencias traumáticas; sus series fotográficas retienen instantes ambiguos, como efímeros momentos de gestualidad en los que el duelo se encarna en un rostro que recuerda o un objeto flota como huella o señal de una historia de impunidad o aflicción. Las piezas han sido presentadas en distintos países, en lugares de donde provienen los objetos y personas fotografiados y, muchas veces, en contextos de iglesias. ‘Sudarios’ consiste en una serie de fotografías impresas sobre finas sedas que cuelgan como estandarte.
Erika DiettesEs la primera vez que la obra se instala en un museo. Más allá de esto, vale la pena reflexionar sobre las similitudes entre los objetos artísticos y las reliquias religiosas, en tanto cada uno de ellos recogen tras de sí una historia, un aura y un más allá que hace posible la metáfora, sea en palabras, luz o materia.
En este caso la fotografía es la metáfora posible y, como tal, tiene las propiedades de la imagen y de las circunstancias de los acontecimientos, ya que ‘Sudarios’ gira en torno a testimonios de mujeres que fueron víctimas de la violencia en Antioquia, quienes tuvieron que vivir situaciones dolorosas que quedaron grabadas en sus recuerdos.
En la obra ‘Silencios’ el gesto, el recuerdo y el relato son el eje transversal de las imágenes que actúan como vestigios del encuentro de la artista con miembros de la comunidad judía en Latinoamérica sobrevivientes del holocausto Nazi. Cada pieza, dedicada a una persona, está conformada por un retrato, una foto de un testimonio escrito a mano en un papel y una foto de un objeto del pasado sostenido en las manos. Diettes manifiesta que “las tres imágenes entre la juventud y la vejez de un mismo personaje revelan también sus frustraciones, melancolías, el paso del tiempo y la perdida de la inocencia.”
Erika Diettes expone también ‘Río Abajo’ (2008), en el que retrata prendas y vestidos de personas desaparecidas por la violencia y de quienes solo se conservan sus ajuares, como en latencia, esperando el regreso del cuerpo que les habite. Esta espera de los objetos no es más que la espera de los seres cercanos que matizan en las cosas un fragmento del alma de sus allegados. Esta existencia fantasmal e indefinida de los desaparecidos se manifiesta en la obra de Diettes con composiciones fotográficas en las que la ropa flota en agua cristalina, suspendida en el fluido vital que reemplaza el cuerpo, no solo ocupando la vestimenta sino haciéndola naufragar en sí misma. En esta obra se referencia directamente el triste papel del río como un lugar en el que se encuentran, a menudo, cadáveres flotando.
La exposición de Diettes en el Museo Rayo permite observar estos trabajos bajo una perspectiva que da cuenta de la metodología de la artista, la forma en que aborda la investigación y cómo la fotografía es un medio pertinente para condensar los encuentros con el otro. El trabajo de campo y sobre todo la virtud de escuchar quizá sean la piedra angular de estas fuertes imágenes. *Comunicador social y curador. Ha ganado varias becas del Ministerio de Cultura ligadas a las artes plásticas y visuales.

Tomado del Periódico Arteria, No. 053, mayo-junio de 2016