Adriana Arango

Medellin, Antioquia

Actores, Libretistas

Personaje

 


Adriana Arango


actriz, libretista

   
 

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Cali, Valle

Actriz - filmografía
(2000s) (1990s)

  1. El Estilista (2014 - tv) ... Andrea Cadavid 
  2. Corazones blindados (2012 - TV) 
  3. Adiós, Ana Elisa (2006)
  4. "Mujeres asesinas"
  5. "Juanito bajo el naranjo" (cortometraje)
  6. "Saga: Negocio de familia, La" (2004) TV Series .... Candy
  7. "Francisco el matemático" (1999) TV Series .... Eugenia Gnecco (2001-)
  8. "Informante en el país de las mercancías, El" (2001) TV Series .... Susana Rendon
  9. "A donde va Soledad" (2000) TV Series .... Ana Luisa Mosquera
  10. "Alicia en el país de las mercancías" (2000) TV Series .... Susana Rendon
    ... aka "Alicia en el país de las mercancías y un amor de contrabando" (2000)
  11. "Rosas al atardecer"
  12. "La mandragora" (teatro)
  13. "La Clepsidra" (teatro)
  14. "Muerte accidental de un anarquista" (teatro)
  15. "Marido y mujer" (1999) TV Series .... Patricia de Ibáñez
  16. "Frankenstein" , obra teatral

Libretista - filmografía

  1. Los perseguidos (2008)
  2. Juanito bajo el naranjo (cortometraje)
  3. Adios, Ana Elisa
Personal - filmografía
  1. "Gran Hermano Colombia" (2003) TV Series .... Anfitriona
     
 
 
Información cortesía The Internet Movie Database. Con permiso


 

 
 


Y Adriana escribió

por Claudia Cerón Coral

Cuando Adriana salió de Medellín, a los 17 años, se trajo consigo una maleta llena de sueños, mucha pobreza y las ganas de salir de ese mundo violento de su barrio, donde había que agacharse bajo la cama para no oír las balaceras.

Dentro de ella también se incrustó un personaje que la siguió como una sombra y se convirtió en su sueño: Ana Elisa, una paisa aguerrida que también quería huirle a la violencia y a la pobreza para luchar por el sueño de ser cirujana.

Así, Adriana y Ana Elisa comenzaron una amistad imaginaria que fueron tejiendo con el tiempo y las tragedias.

Hoy, muchos años después, Adriana pudo exorcizar ese personaje y lo puso en la pantalla grande en Te amo Ana Elisa, una película que tiene el propósito de contar la historia de esas mujeres anónimas que hay en Colombia y que batallan por su sueños en medio de la adversidad, la violencia, la pobreza y el machismo.

Con esta película, Adriana Arango no solo le dio forma al espíritu de Ana Elisa, sino que logró encontrar un nuevo camino en la escritura y en la producción, luego de trabajar por varios años y en muchos papeles en la televisión y el teatro, adonde llegó más por casualidad que por decisión.

De Medellín a París

Adriana estudiaba ballet y cuando llegó el momento de ingresar a la Universidad, lo combinó con la filosofía. Pero sintió que si seguía en Medellín, no tendría muchas opciones, entonces tomó la decisión de irse a Bogotá. Llegó sin plata y con una beca para estudiar en la academia de Ana Pavlova, pero un accidente en moto le dañó los ligamentos del tobillo. Después de bailar por tantos años (entre 1984 y 1995) quedó inmóvil y en cama por seis meses, otra vez en Medellín. Tuvo mucho tiempo para pensar el camino que debía seguir, por que sobrevivir, como Adriana dice, "no era suficiente". Concluyó que debía encontrar una carrera que le permitiera expresar con su cuerpo lo que tenía guardado en el alma.

Volvió a Bogotá porque no quería sacrificar sus sueños, y desde entonces comenzó a batallar consigo misma, con su espíritu de adolescente insoportable, como ella re conoce, en donde se le cerraron puertas por su temperamento impulsivo. "Yo vivía en una eterna discusión entre el ser y la nada".

Una noche, luego de que un amigo la sacó del apartamento por que ya no la aguantaba más, le tocó la puerta a un actor que había conocido días antes. Eran las diez de la noche en el barrio La Candelaria. La puerta se abrió y allí estaba Robinson Díaz. el hombre que se convirtió en su sombra y que la acompaña en sus luchas, desde entonces.

Pero el amor no fue suficiente. Como pudo se inscribió a una beca para estudiar algo que ella no sabía qué era. Con el apoyo de Martha Lucía, su mamá, organizó fiestas y rifas para conseguir plata para el viaje a París. Sin saber francés se instaló allá. Como no tenía plata para estudiar el idioma, pagaba 10 francos a los indigentes en la calle para que le hablaran en francés. "Hoy mi francés es un revuelto entre el lenguaje de la calle con acento polaco, el caso es que lo hablo".

En París fue haciendo su pequeño mundo con amigos colombianos que como ella sobrevivían como estudiantes. Conoció a Yuri Buenavetura, un cantante de salsa vallecaucano que recogía monedas cantando en él metro. "Era una situación tan precaria: eran la pobreza de un estudiante de teatro que le ayudaba a un músico. Mi gratitud con Adriana es tan grande como los dos platos de espagueti (sin nada) que me dio en uno de los inviernos más fuertes que pasé hambriento en París", cuenta hoy Yuri.

Entre 1995 y 1997 estudió en la Escuela de Movimiento teatral Jaques Lecoq, con la beca Carolina Oramas del Icetex, pensando más en la coreografía, pero se encontró con la creación teatral y la actuación, un terreno que vio perfecto porque en "el teatro se cuentan historias y hay movimiento", dice. Finalmente encontró el lugar en donde se sentía cómoda. De 150 alumnos de la Escuela quedó entre el grupo de los 30 que se graduaron. La escuela le dio las herramientas para expresarse en la actuación y con eso volvió a Colombia.

Lo que siguió de allí en adelante, desde 1998, fue la conformación de su familia con Robinson y su hijo Juan José, y una carrera en televisión, con papeles (los más recordados) en Francisco el Matemático, Marido y Mujer, La Saga, Rosas al Atardecer, Mujeres Asesinas, y en teatro con La Mandrágora, La Clepsidra, Muerte Accidental de un anarquista, entre otros, un cortometraje que recibió varios premios, Juanito bajo el naranjo y actualmente el guión de Los Perseguidos.

La catarsis de Ana Elisa

Adriana es una mujer inquieta. Así lo reconocen sus más cerca nos amigos, los mismos con los que luchó en París como estudian te, su mamá, Robinson y sus compañeros de trabajo. Ese espíritu le volvió a mover el piso y decidió entrar al Taller de dramaturgia audiovisual con Mauricio Navas y Mauricio Miranda. Quería en tender cómo nacen, desde el escritor, esos personajes que ella interpretaba.

Quería, en el fondo, hacer la catarsis de Ana Elisa, y como en el viejo cuento de Pinocho, convertir el personaje en realidad.

Para su tutor, el libretista Mauricio Navas, ese encuentro fue muy afortunado. "Ella entró como una actriz con inquietudes literarias, pero empezó a perfilarse como un personaje muy sensible y profundo (ella lo es), de un material altamente genuino porque no quiere descrestar a nadie".

En el taller, cuando escribir le ganaba el partido, decidió renunciar. Tuvo una conversación con Mauricio Navas que fue clave para que ella pudiera dejar salir lo que tenía guardado. Él le dijo:

"¿Si Dios bajara a la Tierra y tuviera 3 minutos para hablarle a la humanidad, bajo el entendido que todo el mundo lo escucharía, qué cree que Él diría?

Esa pregunta desencadenó otro proceso existencial en Adriana. De allí nació la disciplina, las herramientas y el valor para escribir esa historia de Ana Elisa que tenía ,encajada en el alma.

Ana Elisa ya habla

Comenzó el arduo proceso de escribir la primera, la segunda y ya no sabe cuántas versiones del guión de Ana Elisa. Una de estas la mandó al concurso del Fondo de Cinematografía, en sobre cerrado y con pseudónimo, y ganó. "Después de ser jurado de una convocatoria de Producción de Largometrajes en la que tuvimos que preseleccionar diez proyectos, yo escogí uno que me gustó especialmente y que se llamaba Adiós Ana Elisa. Como la convocatoria era con pseudónimo, no tenía idea de quién podía haberla escrito. Me imaginé que era alguien de Medellín y pensé en que podía ser de Víctor Gaviria, pero era una película demasiado femenina para ser escrita por un hombre. Mi sorpresa fue muy grande cuando abrimos los sobres y la autora era Adriana Arango", cuenta Juana Uribe, productora y libretista.

De allí salió el primer presupuesto para la película, que costó finalmente 2.500 millones de pesos, y que ha tenido un largo y difícil recorrido. Primero, para conseguir un director porque el que tenía inicialmente no pudo acompañarla; luego, para asumir que el guión necesitaba también una catarsis para que tuviera unos personajes creíbles, en ello trabajó de lleno con Carlos Henao, asesor de guión (script). Después de ese trabajo hubo cinco versiones más.

Después, para filmarla, hubo problemas con el director, que tienen hoy a la película en líos jurídicos que hicieron imposible estrenarla .

Se tuvo que volver a filmar, ya sin guión, y bajo la batuta de Robinson, quien dejó de ser el actor para convertirse en el marido solidario. "La quiero muchísimo, la Mona me ha ayudado mucho a mí y cuando vi la posibilidad de ayudarle con l que sé, me puse a su servicio. Ella es de esta nueva casta de mujeres que luchan por sus sueños y la película es eso", dice Robinson, quien además actúa como hermano de Ana Elisa, un papel que ella creó pensando en él.

Adriana ya tiene 50 copias de su película empacadas en cajas bajo su escritorio. Para quienes ya la han visto es un poema a las vidas crudas de personajes anónimos de este país, es un poema de amor, de lucha y de sueños, los mismos que Adriana empacó en su maleta aquel día que salió con Ana Elisa rumbo a Bogotá.

Tomado del periódico El Tiempo, 3 de agosto de 2008


 

   
 

Lo que toca se vuelve oro 

por María Angélica Vásquez

Desde el principio, su historia es cómicamente extraña y envidiable. Adriana Arango se ha destacado por ser una mujer con `berraquera (o sea mujer BIT*), que todo lo que toca se convierte en oro. Por ello sus historias han tenido tanto éxito. Su cortometraje Juanito bajo el naranjo y su largometraje Adiós, Ana Elisa, han triunfado en varios festivales: de Cine Latino (Los Ángeles), Latinoamericano y del Caribe, `Cinemaissi 2007 (Finlandia), Latino de Cortometrajes Cortocircuito, (Nueva York), entre otros.

`Talento innato es la frase que describe a esta actriz, productora, libretista, esposa y madre. Sus obras son fruto de los buenos consejos de sus amigos y de la necesidad de sacar toda esa energía que tenía acumulada, que no la estaba dejando ser feliz. Su último alcance profesional, Juanito bajo el naranjo, tuvo un importante reconocimiento en el primer Festival Internacional de Cine de Oriente Medio, en los Emiratos Árabes. Este es, para ella, un paso más para seguir con una vida llena de triunfos inesperados.

Adriana es caleña de cédula y de espíritu salsero, inculcado por su mamá. Paisa, porque se crió en Medellín y de allá sacó no solo su acento sino su forma de ser, espontánea y alborotada. Y rola, porque aquí encontró el orden, se le abrieron las puertas profesionalmente y tiene su familia. Pero si le preguntan en dónde nació, no tiene la respuesta, y todavía no está segura de que su pasado oculto, más que una broma de sus papás, tenga muchas sorpresas.

Llegó a Bogotá, a los 17 años, con una beca de la Escuela de danza Anna Pavlova, para seguir el que fue su sueño desde los ocho años: bailar. Pero un accidente la hizo perder el rumbo de su vida y no pudo seguir bailando. En su afán por con seguir algo nuevo, encontró un volante en francés (idioma que no conocía) el cual tenía unos dibujos que, para ella, significaron "Dirección de Coreografía". Sin preguntar más, se metió esa idea a la cabeza y empezó a buscar la plata y los medios para ir a Francia. Pero, ¡oh sorpresa! Cuando llegó a Francia, encontró que era una escuela de teatro. La vergüenza que le daba devolverse hizo que se quedara estudiando actuación. Ha participado en novelas como La saga y Francisco el matemático.

En un momento de euforia, que la estaba sacando de quicio, un gran amigo le aconsejó escribir. De ahí salieron sus películas y encontró un nuevo fuerte que podía explotar en su vida.

No solo es actriz y escritora, sino que tiene una productora llamada Lola La Ampola. Un hijo de 11 años, un matrimonio casi perfecto (con Robinson Díaz), y muchos proyectos profesionales, que, aunque no le dejan casi tiempo, la hacen "completamente feliz".

Tomado de la Revista Alo No.494, 30 de noviembre de 2007


 


Inventora de historias

por Laura Moreno Tafur

De bailarina pasó a ser actriz, y una depresión la llevó a convertirse en guionista de cine. Adriana Arango, más allá de ser una creadora de cuentos y de personajes, es una mujer que entiende que el pasado es la base del hoy y que el ahora le regala los primeros frutos que disfrutará en un futuro. 

Cada noche se transforma en Candy, su personaje en La saga, negocio de familia; mujer misteriosa, femenina, con un espíritu torturado.
Desde las pestañas postizas hasta un lunar en su pómulo, Adriana concibió, trazo a trazo, todos los rasgos con cuidado y detalle, hasta delinear lo que es hoy este ser de telenovela. 

Candy no solo la llena de orgullo por haber sido el boleto de entrada a una de las producciones con más éxito en la televisión colombiana: "Para mí, este papel significa pasar a un nivel superior, un grado que avanzo en mi carrera como actriz". La exigencia y la premura de interpretar a un personaje en poco tiempo, con todas las características que Dago García, el libretista de la novela, le sugirió, es lo que a esta paisa la motivó para entregarse de lleno a su papel.

UNA BÚSQUEDA 

Desde niña, Adriana se miraba al espejo y sentía que algo le hacía falta. "Siempre me gustaba crear; por eso, me dibujaba un lunar en mi cara". De hecho, el lunar de Candy no es gratuito, como tampoco su feminidad y vestuario. "Me inspiré en las películas de los años 50 y en las pinturas de esa época".
El resultado: un personaje que le ha merecido los elogios de sus compañeros y del público. "Para mí es muy satisfactorio que actores que toda la vida he admirado me feliciten por mi trabajo". 

Desde que su esposo, el actor Robinson Díaz, actuó en la primera generación de La saga, ella soñaba con hacer parte de esta historia. "Le decía a él que era muy de buenas por estar en esa novela. Pero gracias a Dios, me permitieron a mí también estar ahí y me siento muy orgullosa". 

VIDA MÁGICA 

Gracias a que sus padres tenían una librería en Medellín, desde niña estuvo rodeada de libros e historias fantásticas. "Soy una inventora de historias. El lugar en donde nacen mis relatos es el mismo sitio en el cual me refugio para inspirarme". Un sitio que sólo existe en su mente. 

Hace cuatro años, sintió una gran depresión que la impulsó a concentrar su tiempo en algo diferente a lo que estaba haciendo. "Me inscribí en un curso de escritura con los libretistas Mauricio Miranda y Mauricio Navas". Todo comenzó con un guión que le dejaron de tarea. Pero nunca se imaginó que esa tarea se convertiría en una obsesión. Después de terminar de grabar Francisco, el matemático, Adriana le dedicó los 365 días del año a perfeccionar su guión. "Como típica Tauro, soy muy terca; por eso cada vez pulía más y más mi historia". 

Lo hizo con tanta fe y convicción que lo envió a cuanto concurso de guiones en Colombia y en el extranjero encontró. Su paciencia y persistencia dieron frutos: Adiós, Ana Elisa es el nombre del guión que la hizo ganadora de dos premios: el de producción de largometraje, del Fondo para el Desarrollo Cinemato gráfico del Ministerio de Cultura (de convocatoria pública), entregado el pasado 6 de agosto, y el otro, que le permite realizar la posprodución de la película, otorgado por el mismo Fondo. El rodaje empezará a el próximo año bajo la dirección de Juan Carlos Villamizar (La saga y Pedro, el escamoso).
Y Adriana, que no se detiene, que está en una búsqueda permanente, ya tiene claro que entre los actores que estarán en la cinta, además de ella, se encuentra su esposo, Robinson Díaz, y Marcela Gardeazábal. 

La felicidad por el logro cumplido es inmensa. Sin embargo, la responsabilidad y el compromiso de ahora en adelante son muy grandes. "Hay que asumir todo con su carga y su grandeza. Ya sentí la grandeza, ahora es momento de asumir la carga". Como la conocemos, sabemos que tendrá las fuerzas suficientes para salir avante.

Tomado de la Revista TV y Novelas No. 437, 16 de agosto de 2005


 
   

PREMIO POR LARGOMETRAJE ADIOS ANA ELISA

En Colombia abuelas, padres y nietos juegan a creer que si uno se come las semillas de las naranjas, un pequeño naranjo va a nacer en nuestro cuerpo. Este mito fue el que inspiró a Adriana Arango para empezar a escribir su primer cortometraje infantil: Juanito bajo el naranjo.

Después de terminar las grabaciones de Francisco el matemático y La saga, la actriz dejó de lado la televisión para hacer realidad uno de sus sueños. De pequeña quiso ser bailarina y escritora. Al ballet le apostó desde que estaba en el colegio. A los 17 años dejó su casa en Medellín para radicarse en Bogotá, donde se inscribió en la academia de Ana Pavlova. "Fue muy duro. Me tocó trabajar para sobrevivir, fui mesera, repartía volantes y bailaba en toda clase de eventos como fiestas y discotecas".

En el camino por alcanzar sus ilusiones conoció al que hoy es su esposo, el actor Robinson Díaz, quien siempre la apoyó. En el año 95 tuvo la oportunidad de viajar a París a estudiar coreografía por dos años. A su regreso esperaba trabajar en la danza, pero fue imposible. "Después que no pude ser bailarina, encontré lo que me hacía más feliz. En el teatro, en la actuación y en la escritura hay un lugar libre para vivir".

Trabajó en las novelas Rosas al amanecer y Marido y mujer, aunque solamente se mostró en las series Alicia en el país de las mercancías y El Informante

Sus ganas por escribir empezaron a inquietarla hace un año. Tomó clases de escritura con los libretistas Mauricio Navas y Mauricio Miranda, quienes le dieron un norte para el inicio de esta nueva etapa. Adriana nunca pensó que su primera historia escrita llegaría a trascender. Y lo hizo. Adiós Ana Elisa es una comedia negra, de una mujer que es la oveja blanca de una familia de estafadores, que poco a poco fue puliendo hasta presentarla en la convocatoria anual de cinematografía del Ministerio de Cultura.

En agosto de este año recibió una noticia inesperada: "Con esta historia me gané el premio para posproducción y producción en la categoría de largometraje. El premio es plata, que sólo me cubre como el 25% de la película".

Al mismo tiempo montó su propia productora, Lola Amapola, que se en cargará de realizar la producción de sus cortos y largometrajes. "Lo hice para asegurarme de la calidad del trabajo que haremos. Por eso escribí un corto, para tener todos los problemas de principiante ahí y no en el largo".

Juanito bajo el naranjo dura 13 minutos y ya está listo para empezar el rodaje en noviembre. "Le apuesto a la literatura infantil porque tengo un hijo -Juan José, de 8 años- que está en proceso de crecimiento y empieza a entender el mundo. Eso se vuelve todo un asunto para los papás".

A sus 31 años Adriana enfrenta el papel más difícil de su vida. Ha hecho miles de llamadas, ha visitado empresas en busca de apoyo y le ha tocado producir. "Ese proceso de educar a las empresas para que entiendan que la ley de cine funciona es duro. Quisiera que las empresas relacionadas con el tema me apoyaran".

Mientras llega la hora del rodaje de sus producciones, seguirá inspirada escribiendo. Ya tiene dos cortos más debajo de la manga. Pero también quiere hacer cine. Tiene planeado rodar a comienzos del 2006 una película con Gustavo Nieto Roa. No se detiene: "Vivo la vida aquí y ahora, en este viaje del cine".

Tomado de la Revista Cromos No.4574, 24 de octubre de 2005


   

Cuando quiero algo, lo consigo

por Alexi Castillo

Su personaje de Patricia en Marido y mujer solo iba a durar ocho capitulos, pero ella descresto tanto a los productores de la novela que se quedó toda la historia.  Así es todo en la vida de esta paisa decidida y perseverante, que poco a poco se ha ganado un espacio en la pantalla chica por mérito propio. Así lo ha querido ella: trabajar por lo suyo y no ser la sombra ni la recomendada de nadie, ni siquiera de su esposo, el actor Robinson Díaz, quien protagoniza la misma novela. Aunque parezca increíble, él no intervino pare que ella estuviera en el reparto. Su participación se limita a apoyarla, dejándola hacer lo que ella quiere. 

DE LOS LIBROS A LA DANZA

Adriana creció entre libros de toda clase: desde enciclopedias hasta textos de jardinería. Cuando fue adolescente, decidió colaborarles a sus padres en la librería, y el dinero que ganaba lo invertía en sus clases de ballet, discipline a la que llegó por accidente: « Mi hermana mayor se inscritbió en clases y como le data pereza it sola, rne dijo que la acompañara. Después, ella se retiro y yo tenniné muy encarretada con eso». El ballet se convirtió en su pasión, casi en su religión. y aunque estudió literatura y filosofía en la Universidad de Antioquia, nunca ejerció. 

El ternperamento aventurero de Adriana la dominó a los 17 años. La decisión de marcharse de Medellín, en parte por la violencia que se vivía, preocupó un poco a sus padres, pero se lo permitieron. 

En Bogotá vivió la época dorada del ballet en su vide. Jaime Díaz y su esposa, de la escuela de Ana Pavlova, le brindaron su apoyo, y Adriana decidió que viviría de la danza, hasta que comenzó a sentir que era algo muy sublime, casi mágico. 

Algo más real, pero igual de artístico faltaba en su vide. Dos años después de haber llegado a Bogotá, Adriana se encontró con el Festival Iberoamericano de Teatro, y con él, una obra francesa que cambiaría su vida. Al terminar esa función, supo que actuar era lo que necesitaba. Curiosamente, un año antes había asistido al mismo evento, pero no en calidad de presentadora sino como vendedora de botones. Algo que no es de extrañar, pues Adriana nunca ha temido medírsele a nada y se siente orgullosa de eso. «Para mí, el dinero no es tan importante, aunque sé que se necesita. Cuando hablaba con mis padres, ellos me decían que por qué no me devolvía, que allá tenía qué corner. Yo siempre les decía:  pero es que no es suficiente con tener qué comer, se necesita vivir de otras cosas! En el ballet uno aprende, por ejemplo, que pare vivir y mantenerse, con pan y chocolate se puede, porque el cuerpo sólo necesita glucosa».

Sus amigos de aquella época son los mismos que conserva hasta hoy. A todos los conoció en La Candelaria, donde vivió. Elkin Díaz y John Alex Toro le presentaron a Robinson Díaz cuando él estudiaba en la Enad. El flechazo fue inmediato y desde entonces están juntos. Además de su impulsador y esposo, es el padre de su hijo Juan José, de 2 años. 

A FRANCIA SIN PLATA

Tesón, terquedad y perseverancia, todos al tiempo puso en práctica cuando vio un folleto de una escuela en París. «No sabía hablar francés, ni tenía dinero pero aun así decidí que iría. Estaba buscando algo donde pudiera aprovechar el trabajo de cuerpo que había logrado en el ballet y descubrir el teatro. Cuando vi el folleto, no pensé en límites. De hecho, nunca los he tenido,, cuando resuelvo algo o lo quiero, trabajo y lo consigo». Dicho y hecho, durante los meses siguientes trabajó duro por su gran viaje. Una vez más, Robinson la apoyó. « Trabajé como actriz en la obra La clepsidra, me empleé como mesera, hice una fiesta de colecta, bailaba con un mago en su show y probé como modelo». Hubiera podido quedarse como modelo, pues logró varios buenos contratos; pero ella no pierde su norte, su mete era París, no las pasarelas. «El dinero que recogí no fue suficiente. Así que me planté en el Minísterio de Cultura y en Aviatur; y de tanto insistir, me dieron un auxilio». 

Tenía dinero para un año y cuando se acercaba el segundo, no se dio por vencida, ni contempló la idea de regresar sin su título. "Vine de
vacaciones a Bogotá y me presenté a una beca del Icetex. Con ese dinero regresé a Francia
». Fueron dos años y medio de crecimiento personal y profesional y también de afirmación en su relación amorosa con Robinson. La distancia no rompió el amor entre ellos. Por esa época, él comenzaba a ser reconocido y famoso por su papel en La mujer del presidente, y viajaba a Francia cuando podía. Por eso, cuando Adriana regresó, fue la primera sorprendida al ver que su novio, antes apenas conocido, ya era popular. Para aumentar la sorpresa, ella no llegó sola, lo hizo embarazada del primogénito de la artística pero normal pareja. «Como en toda relación de varios años, hemos pasado por todas las etapas; lo que no cambia es que yo creo en él, y él en mí por encima de todo». La de ellos es una relación madura y privada. Por eso mismo no ahonda en el tema y le encanta lograr todo por sí sola. «Nadie tiene por qué pensar que estoy en la televisión por Robinson, porque llevo siete años con él. Si fuera así, también llevaría siete años como actriz. No tiene nada que ver mi relación con él y mi trabajo. Por ejemplo, para obtener mi papel en Marido y mujer hice pruebas como todas las que aspiraban a ese personaje» :·

Tomado de la Revista TV y Novelas No.255, 26 de octubre de 1999


 

Adriana Arango nació en la ciudad de Cali, pero se crió en Medellín, estudiaba ballet y al momento de ingresar a la universidad decidió estudiar filosofía, pero sintió que sí seguía en Medellín no tendría mejores oportunidades, así, a los 17 años tomó la dedición de irse para Bogotá, donde llegó con una beca para estudiar en la academia de Ana Pavlova, pero un accidente en moto le dañó los ligamentos del tobillo y después de bailar por tantos años (entre 1984 y 1995) quedó inmóvil y en cama por seis meses y en Medellín. Ese tiempo se lo tomó para pensar y tomar decisiones, concluyó que debía encontrar una carrera que le permitiera expresar con su cuerpo lo que tenía guardado en el alma.
 
Volvió a Bogotá porque no quería sacrificar sus sueños, y desde entonces comenzó a batallar consigo misma, conoció a Robinson Díaz, el hombre que se convirtió en su sombra y que la acompaña en sus luchas, desde entonces. Se inscribió a una beca para estudiar algo que ella no sabía qué era y con el apoyo de Martha Lucía, su mamá, consiguió la plata para el viaje a París. Sin saber francés se instaló allá y aprendió el idioma con la gente de la calle, a esto se refiere diciendo "Hoy mi francés es un revuelto entre el lenguaje de la calle con acento polaco, el caso es que lo hablo".
 
En París fue haciendo su pequeño mundo con amigos colombianos que como ella sobrevivían como estudiantes. Conoció a Yuri Buenavetura, un cantante de salsa vallecaucano con quien compartió situaciones muy precarias. Entre 1995 y 1997 estudió en la Escuela de Movimiento teatral Jaques Lecoq, con la beca Carolina Oramas del Icetex, pensando más en la coreografía, pero se encontró con la creación teatral y la actuación, y finalmente encontró el lugar en donde se sintió cómoda. La escuela le dio las herramientas para expresarse en la actuación y con eso volvió a Colombia.
 
De ahí en adelante, desde 1998, conformo su familia con Robinson Díaz y su hijo Juan José, y emprendió una carrera en televisión, con papeles en series como Francisco el matemático, Marido y mujer, La saga, Rosas al atardecer, Mujeres asesinas, y en teatro con La mandrágora, La clepsidra, Muerte accidental de un anarquista, entre otras, un cortometraje que recibió varios premios, Juanito bajo el naranjo y actualmente trabaja el guión de Los perseguidos.
 
Entró al Taller de dramaturgia audiovisual con Mauricio Navas y Mauricio Miranda. Allí logro moldear el personaje (Ana Elisa) y convertirlo en realidad. Para su tutor, el libretista Mauricio Navas, ese encuentro fue muy afortunado, "Ella entró como una actriz con inquietudes literarias, pero empezó a perfilarse como un personaje muy sensible y profundo, de un material altamente genuino porque no quiere descrestar a nadie". Así comenzó el arduo proceso de escribir la primera, la segunda y más versiones del guión de esta historia que se llamó inicialmente Adiós Ana Elisa, el cual que envió al Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, donde ganó. Con este apoyo y junto a su empresa Lola Amapola, además del apoyo de diversas entidades, ahora titulada Te amo Ana Elisa llega finalmente a la cartelera nacional (26 de septiembre), contando con ella no solo como actriz, sino también en las facetas de guionista y productora.
 
Acerca de la película y específicamente de su personaje, Arango comenta “Al principio esta historia solo era una “Tarea”, pero pasó el tiempo y yo cada vez pensaba más y más en ese personaje que había inventado. Sentía que le había dado vida a alguien que andaba suelto por ahí sin norte, sin final, como si la hubiera abandonado o traicionado. Cuando me di cuenta ya no me podía quitar de encima a esa especie de amiga imaginaria que era Ana Elisa y como en la vida pasan cosas tan raras, entendí que ese personaje me había escogido a mí para expresar algo, para gritar algo”.

Texto gentilmente suministrado por Pantalla Colombia, 2008
 

   
   

   
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