Angelica Maria Zorrilla

Cali, Valle

Pintores

Figura Humana, Abstracto

 

Angélica María C. Zorrilla

pintora

A ColArte
 


La piel, de cerca y caliente

por Rodrigo Campos López, redactor de El Tiempo

Decir "pintura íntima" al referirse a la exposición que inauguró ayer Angélica María Zorrilla es quedarse corto. Porque no es su intimidad la que está sobre el papel de algodón: es ella misma.

La dedicada observación que ha hecho de su cuerpo, -ese con el que ha peleado tantas veces-, de su feminidad, de su esencia, es lo que deja en cada trazo de carboncillo. Lo que se ve son sus pliegues, sus texturas, la vida que sobre ella ha dejado marcas y en su piel pliegues.

Un camino largo

Esta exposición, titulada Arbitra la maquinaria, es resultado de mucho tiempo de encierro -en sí misma y en su casa - durante el cual experimentó con diferentes materia les.

La relación singular que tiene con su cuerpo, que, ente otras cosas, la hizo coleccionar su pelo, la llevó a experimentar con éste para  ver si podía lograr las texturas que buscaba. "Lo tenía hasta acá y me lo corté dice mientras pone el borde de su mano contra el brazo contrario, una cuarta abajo del hombro-. Pero el pelo tiene su propia tensión y no se deja manejar".

Y no sólo le interesa con qué pinta, sino sobre qué lo hace. "Durante la carrera siempre traté de hacer mi propio papel", asegura.

Su superficie actual, que hace aún más personales sus dibujos, son las bolsas, secas y desdobladas, que quedan del té que toma todo el día, taza tras taza.

"Las bolsas de té son hechas de papel de algodón, que es muy poroso y no retiene el carboncillo. Entonces las sello con goma arábiga", dice.

Esa meticulosidad en la `fabricación de su papel -secar, desdoblar, limpiar- es sólo comparable con el resultado de sus dibujos: detalles de marcas de los movimientos de sus tobillos o los pliegues entre sus dedos, en sus genitales, en sus orejas. "Son lugares que creemos que conocemos y nunca hemos mirado".

El resultado termina cargado de erotismo: es piel en primer plano, que invita a mirar la.

Y la calidad, que toma sin querer elementos de otros artistas más experimentados -de las fotografías de Sandra Bermúdez, de los dibujos de José Antonio Suárez y de las texturas de Luis Fernando Roldán-, es muy destacable en un proyecto de grado.

Tomado del periódico El Tiempo, junio 30 de 2005

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Tremendas Nimiedades, exposición en Galería Sextante, 2009

Es la melancolía un problema vivo y una ilimitada red tejida de lado a lado en la historia de la humanidad y en la de los cuerpos, malla de auto iluminaciones y oscuridades, disposición física y afectiva en la que la sugerencia y la evocación, así como la contemplación del mundo exterior en constante comparación con la revolución y el abandono hacia el interior (aquella maníaca actividad del circular por uno mismo como fluidos-voces-anhelos-no resoluciones-hechos), suceden de manera simultánea y amalgamada para servir de límite entre el mundo y la única certeza de una piel de relaciones y acciones: de reacciones. Repeticiones que vuelven, aprehenden y conllevan hechos ya vividos, y conexiones transitorias características de la ruptura de la inercia y la obligada tarea de habitar la soledad de la reflexión, traen consigo la narración autobiográfica y la voluntad del gesto, porque el acto contiene la vida y el pensamiento. Se ha sacado el adentro para de esa manera lograr adentrar el afuera.

Así como se adquirió una vez el conocimiento del habla por medio de la reiteración y del observar dedicado, se tiene ahora la distancia necesaria para generar un tránsito

entre el terrible afuera y el tormentoso adentro, quienes en medio experimentan la piel y el verbo. Por eso las manos en la ejecución se concentran sobre puntos determinados exclusivamente como apoyos de fuerzas, apoyos de insistencia y concatenación, cadenas labradas sutilmente en el instante mismo del contacto, del roce con el otro; y la voz es remplazada por impulsos sonoros, sílabas abiertas a la espera de una comunicación funcional que oculte toda esta desconexión fundamental, esta cadena ya rota de eslabones sin par, caras que se invierten bajo el abrigo de una pantalla y la captura de una cámara, una mano y un plano de papel, imagen gris en color y sentido, o bilis negra si la historia de la tradición ajena ejecutase su compromiso.

* Tremendas Nimiedades es un trabajo conformado por dibujos y videos donde la aparición del texto es fundamental por la caligrafía y el contenido. Angelica Maria Zorrilla se presenta esta vez en Sextante como títere y titiritero, estudiosa de una anatomía metafórica puesto que la melancolía no permite nada más.

Texto gentilmente suministrado por Galería Sextante, 2009 

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Creo en lo portátil y lo pequeño

"Se cree que lo valioso es lo enorme. Yo siempre he creído en lo portátil y lo pequeño". Lo que dice Angélica María Zorrilla lo sustenta con una serie de dibujos que expone la galería Sextante, de Bogotá.

Son sutiles. Parece que nada les sobra. Ni a los hechos en papel con lápiz ni a los hechos sobre bolsitas de té, marrones por su uso. Son dibujos limpios y claros, que invitan a ser vistos como quien está frente a algo hecho con mucho cuidado.

Esta exposición de veinte obras se la dedicó, en buena parte, a la melancolía. Así que las bolsitas de té tienen dibujos de órganos a los cuales se les ha asociado a través de la historia alguna característica sobre este estado: "Corazón: la manzana podrida", "Bazo, medio vacío"; "Útero: diminuta sensación de grandeza".

Junto con los dibujos, la artista muestra un video corto, en diez partes, que se relacionan con el resto de la obra. También son hechos con muy bajo presupuesto. "Dibujo sobre papeles que recolecto. Me aterra la pulcritud de los papeles de artista y ese valor inherente que tienen. Como sufro insomnio tomo té y luego pinto en las bolsitas", dice.

No le molesta admitir que su obra tiene algo de autobiográfica y que le gusta proponerse acciones laboriosas e inciertas. Para ella, el dibujo es, más que una técnica, una manera de conectarse consigo misma.

"El dibujo es una forma de pensar, más que una técnica. Hay una conexión entre el ojo, la mano y el alma y el dibujo deja surgir esa relación", concluye.

Tomado del periódico El Tiempo, 4 de agosto de 2009 

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Dibujos y reflexiones sobre la melancolía

Un reto estético cargado de introspección es lo que muestra ‘Albur - visiones del adentro y el afuera’.

por Melissa Serrato R.

"Todo lo que se ve aquí es una exploración de la melancolía, un tema al que llegué porque lo padezco plenamente; entonces, como decía el escritor inglés Robert Burton, ‘la estudio para sobreviviría’", confiesa la artista Angélica María Zorrilla, a propósito de su exposición ‘Albur - visiones del adentro y el afuera’.

Las piezas que presenta allí no solo sorprenden por estar cargadas de una poética y un aura de silencio e introspección, sino porque además le representó un reto estético traducir un tema tan etéreo e inefable a una serie de 10 dibujos y 10 pequeños textos.

Los dibujos corresponden a lo que ella misma denomina "un recorrido por uno mismo", con una mirada de paisaje y anatómica de diferentes partes del cuerpo, que hace metáforas permanentes a la bilis negra que produce la melancolía, con cielos grises, tormentosos y revueltos.

Así, uno de los dibujos muestra, por ejemplo, un corte sagital del corazón, que se confunde con un paisaje natural. En él aparece el sol o la luna, pero cuando se ve detenidamente, es posible darse cuenta de que es la aorta. Igual sucede con un árbol que se ramifica, pero que al mirar con detenimiento, se hace evidente que se trata del árbol bronquial. Inspirado en la famosa imagen del lago Walden, donde el escritor estadounidense Henry David Thoreau escribió su obra más importante: Walden o la vida en los bosques.

Así, la palabra ‘albur’, que le da nombre a su exposición, describe con precisión el terreno en el que ella se mueve: el de lo indefinido, entre lo que está afuera y adentro. "Es una revisión anatómica vista como un espacio, para poder encontrar algo que pueda habitarlo, tras hacer evidente que lo que hay dentro de mí no son órganos, sino espacios tomentosos", dice Zorrilla.

Y es que la obra de esta creadora se sostiene sobreun piso literario y poético que le da mayor solidez y permite ver que sus dibujos tienen anclajes en el mundo de las letras. Por ejemplo, las alusiones permanentes a Toureau se descubren en la medida en que el espectador se va sumergiendo en las obras y van apareciendo citas de él en el armazón entero de la exposición. Precisamente, ella recuerda que Toureau sostenía que "para que haya una biografía y que un sujeto sea importante, no se necesita que tenga una gran vida, sino que solamente es necesario ver el espacio que habita entre sus costillas para conocer ese mundo, y el melancólico es un sujeto hermitaño que no permite que vean en sí, porque tiene conflictos con el mundo, vive solo con todos sus tormentos".

Tomado del periódico El Tiempo, 8 de octubre de 2012 

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