Festival de la Leyenda Vallenata Festival

Festival (Festival - Musica folclorica, vallenato)

Figura Humana

 

 

Valledupar, Cesar, abril

 
A ColArte

 

 


Festival de La Leyenda Vallenata

En 1968 el compositor Rafael Escalona y la promotora cultural Consuelo Araújonoguera tuvieron la iniciativa de crear un evento que promoviera a nivel nacional las tradiciones y expresiones folclóricas del entonces recién creado departamento del Cesar. Con el respaldo de quien fuera su gobernador, Alfonso López Michelsen, esta idea se convirtió en el Festival de la Leyenda Vallenata.

Con más de cuarenta años de presencia en la cultura colombiana, el festival difunde y protege la expresión musical autóctona de! antiguo Magdalena Grande, denominada música vallenata. Cada año, en la última semana de abril, los intérpretes de este género se dan cita en la ciudad de Valledupar, capital del Cesar, para participar en una competencia en la que deben demostrar su talento al ejecutar os cuatro aires propios del vallenato: paseo, son, merengue y puya. Otra manifestación cultural que ha rescatado el evento es la piquería, arte que consiste en un enfrentamiento verbal en verso, en el que se destaca la creatividad y agilidad de los verseadores. Por su arraigo en la población y la conservación de un patrimonio oral, el festival fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación en el año 2002.

EVENTOS DEL FESTIVAL DE

Conjunto Típico de Música Vallenata: Es una competencia que se divide en las categorías Profesional, Aficionado e Infantil. El conjunto típico de música vallenata está conformado por un grupo de tres o cuatro personas que interpretan paseos, sones, merengues y puyas con los tres instrumentos tradicionales del género: el acordeón de botones, la caja cilíndrica de madera y con parches de cuero templado y la guacharaca de cañabrava o caña de lata. Es en este evento donde se escoge al mejor acordeonero, que recibe el título de Rey Vallenato.

Canción Vallenata Inédita: Como hábil poeta y cronista que es, el compositor vallenato divulga lo que siente y lo que acontece a su alrededor usando como medio de expresión la letra de sus canciones. El Festival de la Leyenda Vallenata reconoció esta labor al crear un concurso en el que se entrega el premio a la mejor canción vallenata Inédita. Cada participante puede presentar una o varias composiciones.

Piquería: Este es un evento en el que dos o más personas se enfrentan valiéndose de su agilidad para desafiar y responder a sus contrincantes con cantos en cuartetas o décimas (versos de cuatro o diez palabras). El concurso se desarrolla en tres modalidades: versos de cuatro palabras, décima de tema libre y pie forzado, en el cual los participantes deben finalizar su participación con un último verso obligatorio.

Desfile de Piloneras: Se trata de un recorrido alegre y colorido, con el que se Inaugura cada año el Festiva! de la Leyenda Vallenata y en el que se rinde tributo a una de las tradiciones más arraigadas en la región: la de las mujeres del campo que pilaban o descascaraban el maíz en un pilón o mortero. Mientras lo hacían, cantaban y realizaban movimientos rítmicos que dieron origen a la danza de El Pilón, la cual se bailaba en las serenatas andantes. A partir de 1978 el festival rescató esta manifestación cultural con el Desfile de Piloneras, en el que participan mujeres vestidas con el traje típico, del que hacen parte una camisa de media manga y arandelas de encaje, una amplia pollera y un tocado de flores en la cabeza.

El desfile se realiza por grupos, los cuales pueden estar conformados por sólo mujeres o Incluir hombres. En el primer caso participan mínimo 12 parejas y en el segundo mínimo 18. Cada año se hacen tres desfiles: el infantil, el juvenil y el de los piloneros adultos.

Tomado del folleto Vive Colombia, Ferias y Fiestas, 2010

horizontal ruleSe trata de una de las fiestas más populares y reconocidas del país. Constituye un reconocimiento a la música vallenata como expresión folclórica en sus cuatro aires; son, puya, merengue y paseo. Fue declarado Patrimonio Histórico y Cultural de la Nación en 2002 y se destaca por sus cuatro concursos: Conjunto Típico de Música Vallenata en sus tres categorías: Profesional, Aficionado e Infantil; Canción Vallenata Inédita; Piquería (duelo cantado entre dos o más personas) y Piloneras (danza tradicional de Valledupar).

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Hacia 1970  tres personas, Consuelo Araújonoguera, Alfonso López Michelsen y Rafael Escalona Martínez,  pensaron que era hora de hacer algo para que todo ese acervo cultural y musical no desapareciera en las nebulosas del tiempo, y decidieron crear el Festival de La Leyenda Vallenata para recrear toda la magia de una tierra donde los mitos, las costumbres, las propias vivencias y una riqueza lingüística y oral nutren día por día la literatura y el pentagrama donde se tejen las letras y las melodías del vallenato.

Tomado de http://www.festivalvallenato.com  , 2011

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El sueño de Consuelo Araujonoguera siempre fue difundir el folclor vallenato y posicionarlo como la más grande muestra de nuestra música colombiana; después de lograrlo, en el año de 1999 decidió crear un semillero para que el vallenato tradicional se fortaleciera y sus raíces se perpetuaran en el tiempo de la mano de las nuevas generaciones de niños y niñas que perfeccionarían en la Escuela de talento vallenato Rafael Escalona Martínez todas las manifestaciones artísticas propias de nuestra región.

Secretaría de Cultura de Bogotá, 2011

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2011: Lanzamiento del Festival de la Leyenda Vallenata en Bogotá

El Festival de la Leyenda Vallenata presenta en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá de forma oficial su edición número 44, a realizarse del 26 al 30 de abril de 2011 en Valledupar, el cual rendirá homenaje a dos de los más grandes juglares de la música vallenata: Lorenzo Morales y Leandro Díaz. 

En este concierto de lanzamiento participan los Reyes Vallenatos 2010 en las diferentes categorías, un grupo de Reyes Vallenatos de años anteriores, la agrupación Los Niños del Vallenato y El grupo Chingalé, con una muestra de la tradicional danza del pilón. 

Los artistas

La agrupación de Los Niños del Vallenato de la Escuela de talento Rafael Escalona Martínez de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata.

El sueño de Consuelo Araujonoguera siempre fue difundir el folclor vallenato y posicionarlo como la más grande muestra de nuestra música colombiana; después de lograrlo, en el año de 1999 decidió crear un semillero para que el vallenato tradicional se fortaleciera y sus raíces se perpetuaran en el tiempo de la mano de las nuevas generaciones de niños y niñas que perfeccionarían en la Escuela de talento vallenato Rafael Escalona Martínez todas las manifestaciones artísticas propias de nuestra región.

Fue así como surgió la agrupación de Los Niños del Vallenato bajo la tutela de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, como una promesa que garantizaría el espectáculo musical con insuperables estándares de calidad artística. De este modo Los Niños del Vallenato se hicieron famosos por la renombrada visita y parranda ofrecida en La Casa Blanca ante el presidente de los Estados Unidos de América de esa época, Bill Clinton.

El grupo Chingalé “Chingalé”, según el Lexicón del Valle de Upar de la autoría de la desaparecida Consuelo Araujonoguera es una voz indígena de la etnia Chimila, es el nombre dado a la palma real y a un pueblo de la zona Ciénaga de Zapatosa.  Pretendiendo brindar un homenaje  a la Cultura Aborigen de nuestra zona, ya que la Palma Real se deja llevar por la música del viento y a su compás, danza como los Bailarines de Chingalé.

Reyes Vallenatos de Leyenda, José María ‘Chema’ Ramos coronado en el año 1977, Álvaro Meza Reales, cuya participación tuvo lugar en el año de 2001, su hermano, también Rey Vallenato Ciro Meza en el año 2003, Egidio Cuadrado quien obtuvo el solio en 1985, y Alberto Jamaica, primer bogotano en obtener el título en 2006.

Reyes Vallenatos de la actualidad

José Gustavo Gómez Molina, Rey Vallenato en la categoría Infantil; Daniel De Jesús Holguín Ricardo, Rey Vallenato en la categoría Juvenil; Carlos Alberto Torres Arroyo, Rey Vallenato en la categoría Aficionados; y el rey Vallenato Profesional, Luis ‘Luchito’ Daza Maestre, son quienes obtuvieron el ansiado solio en la edición 43 del Festival de la Leyenda Vallenata celebrada en la capital mundial del vallenato y dedicada a un merecido y sentido homenaje al maestro Rafael Calixto Escalona Martínez, ‘el más grande de todos’.

Reyes de Reyes

Gonzalo Arturo "El Cocha" Molina
Hugo Carlos Granados 

Texto gentilmente suministrado por la Secretaria de Cultura, Recreación y Deporte de Bogota, 2011

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Estalló la paz de los acordeones

Vallenatos y sabaneros llegaron a Cartagena para acabar
con una legendaria disputa sobre su origen y la pureza de ese género

por Juan Gossaín

Juan Gossain, periodistaFueron llegando al caer la tarde, cuando ya casi despuntaban las sombras, un poquito antes de las seis. Ese es el momento en que sale el sol de los venados. El día no ha terminado de acabarse sobre el mar Caribe, que se pone de un color entre violeta y naranja, pero tampoco ha empezado la noche. Es la hora perdida de cada día, que los vaqueros de Chiriguaná llaman sabiamente "la sobretarde". Un mosquito extraviado daba vueltas por la plaza de La Merced, buscando el amparo protector de un bombillo, pero el alumbrado público de las murallas no se había encendido todavía.

Los primeros en llegar parecían desconfiados. Estaban pisando el terreno minado en que se atrincheran sus adversarios. Las tropas de Valledupar, con camisas blancas y un acordeón pintado en el pecho, formaron juiciosamente a la derecha del venerable Teatro Heredia. Las huestes sabaneras, que la noche anterior habían acampado en las planicies luminosas de San Jacinto, antes de marchar a paso de redoblante sobre Cartagena de Indias, venían comandadas por el general Adolfo Pacheco, el autor de La hamaca grande, que cuando sale a la calle es como una estatua que camina. La gente lo llama "maestro" y se baja de la acera para cederle el paso.

Los suyos no eran uniformes caquis manchados por el sudor de los combates ni olían a pólvora, sino a música. Curtidos por el sol de tantas parrandas campales en que han participado, veteranos combatientes y reclutas imberbes de las tradiciones vallenatas acudían al llamado del armisticio, convocados por la alcaldesa de Cartagena, que suele cantar en las fiestas de sus amigos, y no será Alejo Duran, pero se defiende.

Vallenatos y sabaneros

Los unos venían de Valledupar, de ese vasto territorio que se extiende hacia el norte de Colombia, desde los playones del departamento del Magdalena hasta las estepas saladas de La Guajira, pasando por los algodonales del Cesar, una región que hasta hace poco más de cuarenta años era reconocida con el nombre elemental de "la provincia". Los otros desembarcaron desde la antigua sabana de Bolívar, que se explaya hacia el sur de Cartagena, y por eso los llaman sabaneros, lo que significa que incluyen también a Sucre y Córdoba.

Armados con su artillería de versos y su arsenal de canciones, unos y otros llegaron el miércoles a la ciudad de la gloriosa historia, la que no ha sido derrotada por piratas ingleses ni por folcloristas peleoneros, con el propósito de pactar una suspensión de hostilidades en la rencilla ancestral que los divide: desde tiempos inmemoriales los artilleros de la sabana disparan a los vallenatos con el fuego graneado de una acusación: la de haberse quedado no solo con el nombre sino con el festival y las tradiciones de una música a la que consideran herencia compartida, patrimonio de una misma familia. Los francotiradores de la provincia, a su turno, con un cañón puntilloso bombardean a los sabaneros, sindicándolos de haber falseado la pureza vallenata al agregarle algo de porro, un poco de cumbia, una pizca de gaita. Hasta ahora no había Dios posible que restableciera la armonía. Si no fuera porque se trata de un juego de palabras demasiado obvio, yo diría que esa ha sido la afilada bayoneta de los vallenatos.

Es, hasta donde se sabe, la única guerra hermosa que se ha librado en Colombia. Pero ha dejado muchas víctimas. Conozco el caso de una dama de Montería, casada con un caballero de Riohacha, residentes ambos en Barranquilla, que tuvieron un matrimonio armónico y envidiable hasta hace treinta años, el día en que ella puso un merengue de Alfredo Gutiérrez en el tocadiscos de batería, y él se paró del sofá.

-Eso no es vallenato -dijo el señor Iguarán-. Eso es ópera.

Su mujer se sintió tan ofendida, que no ha vuelto a hablarle nunca más, ni siquiera en el entierro de la suegra. Pero, eso sí, con refinada venganza femenina, cada noche pone a todo volumen las canciones de Andrés Landero. Su marido se hace el sordo y finge que está leyendo el periódico.

García Márquez entra en la batalla. ¿Qué es un vallenato?

Por el caso de Landero comenzaron las hostilidades y las escaramuzas. Landero era el orgullo de la sabana. Iba de pueblo en pueblo, con su acordeón terciado al hombro. Lo recuerdo como una mezcla de indio con negro, del mismo color grisoso que tiene el humo de leña. Nació en San Jacinto. Hacía llorar al acordeón y a sus oyentes cuando tocaba el son desgarrado de la muerte de Eduardo Lora, que puede compararse dignamente, y sin desmerecerle, con la estremecedora elegía que Escalona le dedicó a Jaime Molina, una auténtica obra maestra.

García Márquez y yo éramos jurados en alguno de los incontables festivales vallenatos en que Landero se presentó y nunca quisieron premiarlo. Como buen ciudadano de la provincia, Gabito dijo que no votaría por ese "sabanero que solo sabe tocar cumbias". Me pareció una injusticia e hice lo único que tenía que hacer: me levanté en silencio, renuncié al jurado y regresé a San Bernardo del Viento en el primer bus que salía de Valledupar.

La verdad verdadera, como lo puede confirmar cualquier sociólogo de Sampués, es que hasta bien entrado el siglo veinte en la costa del Caribe la palabra vallenato no se refería a música alguna, ni era un gentilicio, sino una enfermedad, la misma que el pueblo llama "carranchil", el diccionario le dice "carate" y los médicos conocen como "vitíligo". Es una especie de sarna, causada por una bacteria que despinta la piel hasta quitarle el pigmento. Al enfermo le salen grandes manchas blancas o rosadas en todo el cuerpo.

Las gentes que viajaban de la provincia a la sabana traían ese extraño distintivo. Hasta un provinciano tan insigne como Chema Gómez lo dejó registrado en el más celebrado de sus cantos:

Me llaman compae Chipuco
y vivo a orillas del río Cesar,
soy vallenato de verdá,
tengo las patas bien pintas...

El asunto llegó a tales proporciones que, cuando los cosecheros de algodón de la provincia llegaban a la sabana, con el ánimo de buscar trabajo en las haciendas, no faltaba el muchachito descalzo y polvoriento que corría por los pueblos gritando como un pregonero:

-No salgan a la calle, que llegaron los vallenatos.

Los consideraban unos apestados, y contagiosos, además, de los que huían como de los leprosos en la Edad Media.  En Cambio, cuando empezaron a aparecer los primeros conjuntos, el mismo muchacho travieso salía gritando:

-Corran, que llegaron los músicos de acordeón.

El término "música vallenata", como una denominación colectiva, lo acuñó esa mujer incomparable que fue Consuelo Araújo, en un año tan reciente como 1968, durante la organización del primer festival de Valledupar.

Cae el telón

La diferencia consiste en que de Santa Marta hacia arriba el vallenato es más un género literario que musical, pero de Cartagena hacia abajo es más un género musical que literario. La abundancia de grandes cronistas y narradores está en la provincia; pero la sabana lo volvió más cadencioso por influencias de la gaita, la cumbia, el porro, los cantos de vaquería, la décima de monte, las romanzas de las pilanderas o de las mujeres que lavan ropa a manducazo limpio a la orilla de un río. Cada quien ha aportado lo suyo a esa herencia común que no tiene precio. Nos pertenece a todos. El único intérprete que siempre tuvo un pie puesto en cada barranca del río fue Alejo Duran, y ello se debía a que nació en una hacienda de El Paso, que es Cesar, pero pasó la mayor parte de su vida en Planeta Rica, que queda en Córdoba. Por eso, precisamente, fue el más grande.

Adentro, en el escenario, seguía el intercambio humanitario de acordeones por cumbias. La flor colorada que una muchacha le lanzó desde el público al maestro Gustavo Gutiérrez, el provinciano que mejor aprendió a cantarle a la nostalgia, y él la atrapó en el aire, fue el símbolo de que había comenzado el armisticio.

Al salir del Teatro Heredia, alguien me tocó el hombro, entre los pesados cortinajes. Me volví a él. Era el espíritu de Rafael Escalona, que sonreía. Para probar si los muertos tienen buena memoria, le repetí la misma pregunta que le hice cuarenta años atrás.

-Maestro -le dije-: ¿cómo nacieron los cantos vallenatos?

Y él me dio la respuesta más sublime que haya oído en mi vida, la misma de aquel pasado remoto, letra por letra.

- El vallenato nació como el bostezo - me contestó -: de boca en boca ...

Tomado del periódico El Tiempo, 10 de abril de 2011

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Manual para que se goce Valledupar

Desde hace más de cuatro décadas, hay una frase que repiten los participantes del Festival de la Leyenda Vallenata que no ganan: "El año que viene, vuelvo", no importa si han competido en las categorías profesional, aficionado, juvenil e infantil; o en canción inédita y piqueria.

Y así lo hizo una y otra vez Luis Eduardo Daza, actual rey profesional: se le cumplió el sueño de ser rey en Valledupar, después de haber participado en 48 festivales, en 16 años. Concursó en Villanueva, donde fue rey en el 2009; Maicao, Nobsa (Boyacá) y Fonseca (La Guajira). 

Empezó a tocar acordeón a los 14 años. Hoy tiene 30 y afirma que su responsabilidad como acordeonero "es seguir haciendo folclor vallenato".

Esa motivación permanente de quienes han pasado por el Festival ha sido fundamental para que se consolide como uno de los certámenes más importantes de la cultura colombiana.

Valledupar ya está lista. Por eso, el folclorólogo Rafael Oñate Rivero dice que "las brisas del río Guatapurí van denotando con su fuerza el sentimiento de la fiesta".

Prepárese para la fiesta. Le damos algunas claves.

El alma, la parranda

SE HACEN EN PATIOS DURANTE EL FESTIVAL

Las parrandas tienen lugar en los patios de las casas, comenta el folclorólogo Rafael Oñate Rivera. Días antes de que empiece el festival, estos se pintan y se arreglan. "Deben tener un palo de mango, para que dé el fresco, y también para la preparación del sancocho, que se hace debajo, en algunas casas", sigue. Allí, los invitados oyen, en silencio, a los grupos que llegan, convidados por el dueño de casa. Se sirve whisky y distintas viandas, y se come sancocho de chivo, de gallina o de tres carnes. Las parrandas son de largo aliento y hay que tener resistencia, pues pueden durar hasta tres días. Por lo general, empiezan en la tarde. Los músicos tocan temas tradicionales y entre las canciones se cuentan historias y anécdotas vallenatas.

DATOS BÁSICOS

Ay ombe, el grito de combate

Al llegar a Valledupar, dice Oñate, hay que saber tres cosas: "Decir ay ombe -sin h, según los vallenatos- y guepajé, ambos gritos de combate, y llevar el ritmo con las palmas". Por su parte, la periodista de EL TIEMPO Liliana Martínez, especializada en vallenato, afirma que es fundamental saber que "el rey vallenato es un acordeonero y no un cantante"; que es una fiesta obligada de vivir -al menos una Vez- y, lo más importante, que reúne a todas las clases sociales.

Tocar acordeón da status

Dice el folclorólogo Rafael Oñate que "interpretar el acordeón hoy da estatus. En Valledupar, un hogar que se respete tiene un acordeonero infantil, juvenil, aficionado o profesional, así como un cajero o un guacharaquero". Agrega que las escuelas de Valledupar, entre las que se cuentan la del Turco Gil y la de Rafael Escalona, de la Fundación de la Leyenda Vallenata, mantienen la tradición. "Pero hay que agregar que, en cada patio, un juglar se dedica a enseñar a quien quiera aprender".

¿Quiénes pueden participar?

En la categoría de rey vallenato, quienes vivan de la música. En aficionado, los amateurs. En juvenil, los músicos entre los 14 y los 18 años, y en infantil, los menores de 13. Todos deben interpretar los cuatro ritmos del vallenato: puya, son, merengue y paseo.

EL CORAZÓN DE UN CONJUNTO

Dentro de la estructura de un conjunto vallenato, el acordeonero y el cantante son los intérpretes más importantes. Eso no demerita la capacidad y la importancia que tienen el cajero y el guacharaquero.

Dura competencia

Este año (2011), estarán en la competencia 69 aspirantes a rey profesional; 60 a rey aficionado; 77 a rey juvenil y 64 a infantil.

En piquería hubo 50 inscripciones y en canción vallenata, así: paseos, 164; merengues, 51; sones, 24 y puyas, 22.

Las competencias se llevan a cabo durante los cuatro días del evento, a partir de las 8 a.m. Las finales se realizan dentro de la programación de la noche, en el Parque de la Leyenda Vallenata, los días 29 y 30 de abril.

Una leyenda vallenata

La fiesta es de origen religioso. Tiene la misa y la procesión de la Virgen del Rosario, que se hace el 29 de abril, así como la representación del milagro [batalla entre españoles e indígenas], al día siguiente.

Además, el festival tiene el desfile de piloneras y piloneros, un baile que se hace por la vía que conduce al Parque de la Leyenda, y da comienzo a las fiestas. Cada comparsa está integrada por 12 parejas como mínimo.

Tomado del periódico El Tiempo, 24 de abril de 2011

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¡Vámonos de parranda!

por Juan Uribe

En Valledupar, la casa del Festival de la Leyenda Vallenata, hasta el río tiene historias para contar.

Valledupar no tiene mar, pero por ella discurre el Guatapurí, que se desliza desde la Sierra Nevada de Santa Marta y baña la ciudad. Familias enteras llegan hasta aquí los viernes por la tarde para comenzar el descanso del fin de semana. Es su parque. Un lugar que, como tantas cosas en la capital del Cesar, cuenta una historia.

Del Guatapurí se dice que es el hogar de un ser mitológico. Al estar de pie sobre las piedras desde donde se ven peces nadando junto a la orilla también se aprecia, al otro lado, instalada en un pedestal, la estatua dorada de una sirena que recuerda a Rosario Arciniegas. La estructura evoca a una niña muy linda y caprichosa a quien sus padres le prohibieron bañarse en el río, por ser ese día un Jueves Santo.

Ella no hizo caso y se zambulló, pero al intentar salir del agua notó la metamorfosis. De la cintura para abajo se había transformado en pez. Los habitantes del pueblo la buscaron, creyendo que se había ahogado, y al día siguiente apareció sobre la roca de la que se había lanzado. Entonces, se despidió con la cola y se sumergió. Aseguran que quienes amanecen junto al Guatapurí oyen su canto.

Así es Valledupar, un lugar donde las leyendas brotan igual que los cientos de árboles de mango que perfuman las calles y regalan su sombra para hacer menos caluroso un paseo por el centro de la ciudad.

Bajo un enorme palo de mango, en la plaza Alfonso López, los fieles seguidores de la música del Valle de Upar encuentran un sitio de peregrinación, pues allí se llevó a cabo el primer Festival de la Leyenda Vallenata, en 1968. Ese año, Alejandro Durán Díaz se convirtió en rey vallenato.

De hecho, una reliquia que perteneció al artista se conserva en el noroccidente de la ciudad, en el salón de reyes del parque de la Leyenda Vallenata; el acordeón que usó aquel año para ganar. Allí, el periodista Juan Rincón Vanegas se divierte hablando sobre la música de esta parte de Colombia, que hoy es un símbolo cultural tan popular como el sombrero vueltiao.

"Con el tiempo, el vallenato se tomará el mundo", cita Vanegas con emoción a Consuelo Araujonoguera, la fallecida fundadora del festival. Ella, hace 44 años, vaticinaba la expansión de esta expresión folclórica, a la que no pudieron resistirse príncipes, reyes ni tantos otros personajes, como Bill Clinton, que han asistido a conciertos de los famosos Niños del Vallenato.

Para ver a estos pequeños, a quienes les bastan caja, guacharaca y acordeón para contar las historias de su pueblo, se puede ir en carro hasta la Academia de Música Vallenata Andrés ‘Turco’ Gil, en el sur, a 15 minutos del centro.

Aquí, cada uno de los 10 salones de clase lleva el nombre de un juglar fallecido, entre los que figuran Alejo Durán. Colacho Mendoza y Juancho Rois. "Un juglar -explica el ‘Turco’ Gil- no es solamente un acordeonero, sino también compositor, cantante y verseador". Alguien que intenta seguir ese caminó es Juan David Atencia, uno de los alumnos más aventajados de Gil. El ‘Turco’ presenta con orgullo a este niño ciego, de 12 años, ante un grupo de periodistas que están de visita.

Entonces, Juan David le saca sonidos alegres á su acordeón e inventa algunos versos. "A todos los periodistas esto les quiero decir / que visitan la academia de mi maestro ‘Turco’ Gil. / Se lo digo con empeño, aquí les estoy cantando; / aunque me espantaron el sueño, les estoy improvisando". Juan David, como tantos niños que aquí crecen abrazados a un acordeón, tiene historias para contar. Igual que el Guatapurí.

Tomado del periódico El Tiempo, 12 de abril de 2012 

horizontal rule2014

El Festival Vallenato, más exigente con sus jurados

Están por comenzar las actividades de antesala del Festival de la Leyenda Vallenata número 47, marcado por el homenaje a Diomedes Díaz, fallecido en diciembre. La Dinastía López, familia musical que este año iba a recibir el tributo central, le cedió el puesto de honor a su memoria.

“Esa es la altura y la conciencia de la Dinastía López –dice Rodolfo Molina Araújo, presidente del Festival Vallenato–. Decidieron aplazar su homenaje para el 2015. Entendieron que si lo hacíamos conjunto, Diomedes lo absorbería todo”.

El festival irá del 29 de abril al 3 de mayo, aunque hay más actividades en los días previos. Las inscripciones para el concurso ya cerraron. Enrique Iglesias y Daddy Yankee están confirmados, y el resto está listo: la fiesta de piloneras del viernes 25 de abril y el desfile de Willys parranderos del sábado 26, una caravana de Valledupar hacia La Junta, donde nació Diomedes.

Será una “Ruta del Cacique”: “Va a ser como un día de campo –dijo Molina–, se resaltarán lugares relacionados con la vida de Díaz. Apoyan la alcaldía de San Juan del Cesar y la Gobernación”. Camionetas Willys de diferentes departamentos se unirán a esta tercera caravana en honor de una figura del folclor (en años pasados se hizo en honor de Calixto Ochoa y Gustavo Gutiérrez Cabello).

Entre las novedades está la norma, para los aspirantes al título de Rey Vallenato, de interpretar una canción compuesta o interpretada por Diomedes. No es el único cambio: “Vamos a ser más estrictos con los jurados”, añadió Molina.

Tomado del periódico El Tiempo, 22 de abril de 2014 

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Ellas y el vallenato

Las mujeres del acordeón

Las Universitarias y Las Diosas del Vallenato les abrieron paso a las nuevas generaciones, en las que ya hay dos reinas infantiles.

Por: Pilar Cuartas Rodríguez

El 27 de abril de 1968 un acordeón entonó el inicio de lo que sería el primer Festival de la Leyenda Vallenata. Y a su son, seis jovencitas recorrían las empolvadas esquinas de las calles de Valledupar al ritmo de la caja y la guacharaca. Sobre la tarima, levantada en el centro de la plaza y con un inmenso acordeón de 15 metros de altura como telón de fondo, Las Universitarias eran aclamadas por el público.

Melida Galvis Lafont, reina infantil del vallenatoCon pantalones cortos y blusas rojas y puntos blancos, la agrupación samaria logró su objetivo, trazado dos meses atrás en el colegio La Presentación de la capital del Magdalena. Rita Fernández, proveniente de una familia de músicos, convocó a sus compañeras de clase para ensayar y conformar el primer grupo de vallenato femenino en la historia de Colombia. Lo bautizaron Las Universitarias porque dos de ellas cursaban primer semestre de ingeniería. Una vez pisaron la tierra vallenata, la gente las aclamó. Cuando salían del hotel Sicarare, los aficionados las rodearon. Tuvieron que firmar autógrafos apoyadas hasta en los troncos de los árboles. “En ese momento parece que el machismo se desparramó”, asegura Rita Fernández, quien además compuso en 1985 el himno de Valledupar.

Esa fue la ventana para que productores como Santander Díaz, que descubrió a Claudia de Colombia, se asomaran y pusieran sus ojos en el conjunto femenino. El disco se grabó en Bogotá con 12 canciones, entre las que se encuentran Los novios, de Freddy Molina y Confidencia, de Gustavo Gutiérrez.

Panamá, Tampa y Caracas fueron las paradas de la primera gira. La fama de Las Universitarias aumentaba a la par de los impedimentos interpuestos por los padres y los novios. “Yo encontré el mayor obstáculo en los pretendientes que tenía, ya que todos eran celosos y no querían que tocara. Por eso me casé con el piano, con el acordeón y la composición. Después de un año largo de presentaciones, el grupo se disolvió”, asegura Fernández.

La lucha de Las Diosas

“Un día, cuando Patricia Teherán iba a subir a la tarima en la que también se presentarían Diomedes Díaz, los Hermanos Zuleta, Iván Villazón y Beto Zabaleta, un cantante reconocido le dijo: ‘Las mujeres únicamente sirven para hacer hijos y estar en la casa’. Patricia me miró, nos devolvimos y le dijimos: ‘Nosotras te vamos a demostrar lo que es ser mujer’. Subimos a la tarima y cantamos como nunca”, recuerda Bau Gutiérrez, excantante de Las Diosas del Vallenato, el siguiente grupo en la historia que acaparó el éxito disquero.

La carrera de Las Diosas debió sortear los esquemas del vallenato englobados en la masculinidad. Gutiérrez asegura que Patricia tuvo que buscar el respaldo de hombres en el gremio, como Omar Geles y Miguel Morales para que el grupo fuera aceptado. Su gran éxito Tarde lo conocí terminó de abrirles las puertas. Con la muerte de Teherán en 1995, Las Diosas perdieron visibilidad.

“Todavía se vive la cultura machista. A las mujeres vallenatas nos toca promocionar nuestro trabajo fuera del país. En Venezuela y Ecuador nos va mejor”, concluye Bau.

Las nuevas generaciones

Daniela Jiménez, cantante del grupo vallenato de la Universidad Autónoma del Caribe en el que sólo hay dos mujeres, coincide en que el género es machista, aunque no tanto como antes. “Hay salidas del conjunto en el que piden que sólo sean las voces masculinas las que canten y nos toca quedarnos a nosotras”.
En medio de la cultura machista, Yeimi Arrieta y Mélida Galvis lograron en 2006 y 2012 ganarse la corona infantil en el Festival de la Leyenda Vallenata. Sin embargo, en la categoría profesional no hay hasta la fecha una reina. “Para nuestros jurados no es fácil dar una calificación para que una mujer sea reina del acordeón. No es fácil ceder por una cuestión de tradición, ya que Valledupar es un mundo en donde la identidad es supremamente fuerte”, afirma Rita Fernández.

Maribel Cortina, acordeonera desde los nueve años, ganadora de dos Congos de Oro y exintegrante de Las Diosas del Vallenato, lleva siete años presentándose en el concurso del festival. En esta edición será la única mujer en las profesionales, junto a 83 hombres.
“Quizá la forma como nació el vallenato, en las cantinas de los pueblos al compás de un trago y del abrazo de un compadre, se asociaba siempre a una expresión musical popular donde las mujeres tenían otro papel. Sin embargo, a ellas también les ha faltado seleccionar las canciones adecuadas. A través de las letras pueden, por ejemplo, reprocharle al hombre o encasillarlo”, explica Julio Oñate, experto en vallenato.

Otro de los inconvenientes es el peso del acordeón, agrega Oñate: “Después de ejecutarlo produce cansancio y una mujer no tiene físicamente la misma resistencia que un hombre. Esa es una desventaja para quienes quieren ganar la corona profesional. Si uno ve, por ejemplo, cómo se ejecuta una pulla, no es con gracia, sonrisa y meneo de cadera: ¡es con muñeca y con mandarria! Y eso las mujeres no pueden hacerlo con la facilidad que lo hacen los hombres”.

Por la corona

El maestro Andrés Gil asegura estar preparando desde su escuela en Valledupar, Los Niños del Vallenato del Turco Gil, a la primera reina profesional que tendrá el país. “Uno de mis propósitos en la vida es poner a ganar una mujer en la categoría donde compiten los pesos pesados”. Para lograrlo, ha empezado a enseñarles a las niñas técnicas especiales que les dan mayor pulsación.

Nubia Mejía, coordinadora de Los Niños del Vallenato de la Escuela Rafael Escalona, asegura que cada vez son más las mujeres que quieren formarse en el género. “En los cursos de acordeón de 25 niños, 10 son mujeres; de los 42 guacharaqueros, 35 son mujeres; en caja, de 25 niños, hay 13 mujeres, y en el canto vallenato la mitad (25) son mujeres”.  Mientras tanto, 16 niñas en la categoría infantil, siete en la juvenil y Maribel Cortina en la profesional compiten por la corona en esta edición número 47 del festival que el próximo 3 de mayo llega a su fin.

Tomado del periódico El Espectador, 27 de abril de 2014 

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