Temporada de Opera de Bogota Festival

Festival (Festival - Musica culta, Opera)

Personaje

 

Temporada de Opera de Bogotá

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Historia

A ColArte

 

   

Libro Ópera de Colombia reconstruye la historia del género en el país

COLOMBIA, A DIFERENCIA de otros países latinoamericanos, no tuvo movimientos masivos de inmigrantes europeos que cultivaran el gusto por el bel canto lo cual, en cierta medida, dificultó el desarrollo inicial de la ópera en el país. En Argentina, por ejemplo, la llegada de los italianos dejó la herencia del lunfardo, un dialecto que mezcló fonemas del español con el italiano y se convirtió en un lenguaje propio de los rioplatenses, el mismo con el que años después Ástor Piazzolla se valiera para matizar su ópera-tango María de Buenos Aires. A pesar de ello, tímida e intermitente fue colándose en Colombia  donde se decidiría cultivar el gusto por la ópera muchas décadas después.

Según cuenta Francisco, Pacho, Barragán, apasionado del género de la ópera, los responsables en introducirla en Colombia fueron Mario Lambardi, Americo Mancini y Adolfo Bracale, tres inmigrantes italianos que desde 1910 empezaron a dar a conocer este género inexplorado con dos obras, entonces, relativamente nuevas: La bohemia y Madama Butterfly de Puccini.

Pero fue Bracale quien a mediados de la década de los 30, con su compañía itinerante, organizó las primeras temporadas de ópera con montajes de títulos como Thais de Massenet o Tosca de Puccini y, además, trajo a los teatros de Bogotá y Medellín tenores de la talla de José Palet y Eduardo Fatticanti, algo asombroso para el país. Esto sucedía cada cinco ó seis años y así fue durante las cuatro décadas subsiguientes, hasta que a principios de los años 70, y debido a los prolongados recesos, el género se vio amenazado y lanzó su alerta de extinción.

No obstante, 1976 fue el año del rescate, cuando empezó a gestarse un proyecto de ópera con una nueva generación de artistas, una Orquesta Sinfónica reorganizada, gracias a que Gloria Zea, como directora de Colcultura, empezó una cruzada para abrirle un espacio permanente y acercarla al común de los mortales por medio de la compañía Ópera de Colombia.

A partir de ese momento, vestuarios, escenarios y coreografía tomaron su lugar en los montajes, logrando en 1978 lo que parecía imposible: mostrarle al público colombiano a Carmen tal y como la concibió Bizet. Durante años habían intentado llevarla a escena pero uno y otro motivo se cruzaban en su contra, y se creó el mito de que en el Teatro Colón jamás se llegaría a presentar.

Y aunque es cierto que sigue siendo un espectáculo más bien para conocedores que para neófitos, lo cierto es que en los últimos 30 años ha habido temporadas hasta de 65 funciones en un sólo año con obras como La traviata, El barbero de Sevilla, Aída y El trovador, para sólo mencionar algunas; montajes experimentales para popularizar el género, como en la temporada de 2003 con La Flauta Mágica y en 2004 con La Cenerentolla, artistas colombianos de talla internacional y una compañía establecida. Como demuestra Barragán en su libro, hay razones más que suficientes para hablar de ópera en Colombia.

Tomado de: http://www.cambio.com.co/culturacambio/753/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_CAMBIO-3847031.html , 2011

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  2012

Canto en tono mayor

La programación diseñada por la Ópera de Colombia para su temporada de este año. Tres títulos, solistas internacionales y jóvenes promesas harán parte del evento que comenzará en agosto.

La Ópera de Colombia mostró el cartel completo con los títulos para su temporada 2012. Anunció, por ejemplo, que comenzará con el debut en la escena nacional del montaje de Manon, de Jules Massenet (1842 -1912). Esta pieza será presentada el jueves 16 de agosto, con la participación del tenor peruano Juan Carlos Valls, la soprano estadounidense Georgia Jarman y dos talentos nacionales de amplio reconocimiento, el bajo Valeriano Lanchas y el barítono Juan Fernando Gutiérrez.

Manon se interpretará bajo la batuta del mexicano Arturo Enrique Diemecke, el actual director titular de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, y además del estreno tendrá tres exhibiciones: jueves 23 de agosto y sábados 18 y 25 de agosto:

El segundo título es Las bodas de Fígaro, de Wolfgang Amadeus Mozart (1756 -1791), y en él actuarán Marcella Orsattí Talamanca, en el rol de La Condesa; la nueva promesa de la lírica en España, Ainhoa Garmendia, como Susanna; el barítono uruguayo Marcello Guzzo como el Conde de Almaviva, y el bajo venezolano Ernesto Morillo en el papel de Fígaro.

Esta pieza, en la que también se presentarán los talentos de los jóvenes colombianos Karolyn Rosero y Manuel Franco, se presentará los jueves 20 y 27 de septiembre, y sábados 22 y 29 de septiembre.

La temporada de ópera 2012 se cierra con La bohéme, de Giacomo Puccini (1858 -1924). En ella cantarán el tenor César Gutiérrez, representando a Rodolfo, y Gloria Londoño, en el papel de Mimi, y debutará el barítono Juan David González, como Schaunard.

La pieza italiana se presentará cuatro veces, distribuidas de la siguiente manera: jueves 18 y 25 de octubre, y sábados 20 y 27 de octubre.»

Mayor información en www.operadecolombia.com.

Tomado del periódico El Espectador, 31 de mayo de 2012 

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2011

La Ópera de Colombia celebra sus 35 años con una selección de ópera incomparable. Este año comenzó su trigésimo quinto aniversario con la presentación del tenor más importante del momento a nivel mundial Juan Diego Flórez, con lleno total en el Teatro Jorge Eliecer Gaitán.

Esta temporada, que apoya de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, y que contará con la participación de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, presentará tres montajes que son referencia obligada del repertorio operístico universal: "Don Carlo", ópera del afamado compositor Giuseppe Verdi (27 de agosto, 1° y 3 de septiembre) que llega por primera vez a Colombia, "Madama Butterfly" de Giacomo Puccini (con funciones el 29 de septiembre, 1 ,6 y 8 de octubre), y "Don Pascale" de Gaetano Donizzetti (con funciones el 3, 5, 10 y 12 de noviembre).

De esta forma, los amantes de la lírica tendrán una gran oportunidad de participar del quizás más importante evento de la ópera en Colombia. Consulte más información de los espectáculos en www.operadecolombia.com

Tomado de http://www.culturarecreacionydeporte.gov.co/portal/node/4846

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  2003

La Ópera de Colombia ha alcanzado su madurez. Hace 27 años, desde la dirección de Colcultura, le dimos vida y, temporada tras temporada, la vimos crecer y robustecerse, hasta llegar a un nivel de calidad indiscutible. Sin embargo, al cabo de algunos años, por ese afán destructivo e insensato que ha caracterizado a menudo nuestra historia cultural, el Gobierno Nacional en 1986 tomó la determinación de acabarla. La revivimos, y después de un tiempo, -1991-, y en un lento proceso que nos ha costado sangre, la levantamos de nuevo: la crianza de un hijo no habría necesitado mayores cuidados. No es una metáfora: el amor y el esfuerzo que pusimos en esta tarea han sido desmesurados.

Ha sido una experiencia arriesgada, sufrida y bella y aquí está el resultado: a los 27 años de edad, la Ópera de Colombia es una empresa artística madura, cuyas producciones descollan a nivel internacional por sus elevados estándares de calidad. Su personal, artístico y técnico conforma un equipo eficiente y preparado, hábil y profesional, con capacidad de sortear cualquier reto. A fuerza de trabajo, de intentos y equivocaciones, aprendimos a hacer ópera. Y hoy podemos decir que hemos logrado un nivel de excelencia que nos llena de orgullo y satisfacción.

El público que asiste a esta Temporada tendrá la prueba más significativa y diciente del nivel que hemos alcanzado; la producción de la "Flauta Mágica", una de las obras cumbres, más exigentes y complejas del repertorio lírico universal, segundo título de nuestra Temporada 2003, se constituirá en un verdadero hito en nuestro devenir musical, ya que se trata de una producción totalmente colombiana, en la cual sus 16 solistas, sus directores escénicos y musicales, son jóvenes talentos nacidos en nuestro país, y formados, en su mayoría, por la Fundación Camarín del Carmen.

Los colombianos estamos recobrando lentamente la confianza en nuestro país, miramos al futuro con actitud positiva, convencidos que uno de los capítulos más dolorosos de nuestra historia está llegando a su fin. La Ópera ha crecido en tiempos difíciles, acosada por mil dificultades, pero no ha renunciado jamás a su función esperanzadora.

Sin embargo, el aire nuevo que circula entre los colombianos no ha disipado las amenazas que asedian el quehacer artístico y cultural de nuestro país. La insensatez y la destructividad no han dejado de rondar por nuestro medio. Colombia es un país culto, así se le tilda internacionalmente, pero esto no quita que existan fuerzas oscuras empeñadas en demostrar lo contrario.

La Ópera es un patrimonio nacional, fruto del trabajo y la tenacidad, del talento y la inteligencia: sus dividendos" son de todos los colombianos.

Por ello, no podemos permitir que ella vuelva a desaparecer de nuestra vida cultural. Esta es una conquista que es de todos, de ustedes y de nosotros, de nuestra historia, de nuestro país. Defendámosla, protejámosla. Permitamos que siga creciendo. Su existencia, su continuo crecimiento, nos ayudará a construir un país mejor, más lejos de la barbarie, más justo, más civilizado.

Gloria Zea, Directora

Tomado del folleto Opera 2003, La Flauta Mágica, Fundación Camarín del Carmen

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  2001

La Temporada de Opera 2001 conmemora dos importantes eventos: el centenario de la muerte del gran compositor italiano Giuseppe Verdi y la creación, en 1976, de la Opera de Colombia, durante mi administración, en el Instituto Colombiano de Cultura.

Gloria Zea, directoraA partir de ese momento, y con una breve interrupción de apenas cinco años, la Opera de Colombia se ha convertido en una trascendental realización anual que enriquece la vida cultural de nuestro país.

Del estreno de "Rigoletto" en el Teatro la Fenlce de Venecia nos separan 150 años; del estreno de "Alda", en El Cairo, 130; de la muerte de Giuseppe Verdi, un siglo exacto: un siglo a lo largo del cual la fama de la obra verdiana ha seguido expandiéndose hasta convertirse en patrimonio universal. Muy pocos músicos gozan de un prestigio y una popularidad igualmente indiscutibles, aún menos siguen tan vivos y actuales a pesar de los cambios sucedidos en el gusto. Tan sólo la obra de Verdi ha logrado cosechar un consenso planetario y, por así decirlo, intemporal.

Giuseppe Verdi nació cerca de Parma, en el norte de Italia y a lo largo de su vida se empeñó en robustecer entre sus compatriotas el sentido de "italianidad". Vivió en un período denominado "Risorgimento", durante el cual Italia, al cabo de siglos de sumisión y fragmentación, alcanzó la unidad y la Independencia. Como hijo de su tierra y de su tiempo, Verdi quiso participar en este proceso histórico-político. Lo hizo a su manera, traduciendo en música, teatro y poesía las aspiraciones de los Italianos. Sin embargo, talvez sin proponérselo, obtuvo un resultado aún más ambicioso: a través de sus partituras logró interpretar y expresar no sólo el afán independentlsta de un pueblo, sino los conflictos de la humanidad, es decir, el drama del hombre: un hombre como Rigoletto, una mujer como Aída... personajes de estirpe y sentimientos humanos, que con sus esperanzas y desilusiones, sus amores y sus odios, superan los límites de la geografía y la historia, para alcanzar dimensiones universales.

En la presente Temporada de Ópera hemos querido enfrentar un verdadero desafío con el estreno de "Aida, una de las obras más complejas y difíciles del repertorio operático, no solo verdiano sino universal. Esta elección no ha sido sugerida únicamente por el deseo de encarar pruebas cada vez más exigentes. No se trataba de demostrar la madurez y el nivel de calidad al cual ha llegado la Opera de Colombia. En cambio, lo que nos ha impulsado ha sido el momento en que vivimos, han sido las condiciones lamentables de nuestro país, un estado de cosas que pareciera destinado a perdurar indefinidamente. Al escoger el reto de presentar "Aida" hemos querido oponernos a la desesperanza y el cinismo, a la inercia y a la autoconmiseración y demostrar que Incluso en estas condiciones, el germen de la creatividad sigue vivo.

Colombia es un país lacerado por dos tendencias opuestas, destructiva la una, positiva la otra. Es la primera la que impera y nada indica que esto vaya a cambiar. Sin embargo, aunque un turbio instinto de muerte marque nuestros días, nosotros queremos guiarnos por el instinto de vida, queremos romper el cerco de la violencia y el fatalismo. En lugar de afligirnos resignadamente, nos hemos esforzado por demostrar que nuestra vitalidad no se ha agotado. La ópera, como cualquier manifestación cultural, puede contribuir a despertar nuestra conciencia, ese sentido de pertenencia a Colombia que parece perdido.

Pudimos presentar un título tan ambicioso como es éste, en una producción de la magnitud que ustedes tuvieron la oportunidad de presenciar, gracias a que existe en Bogotá un teatro de la dimensión y condiciones técnicas del Teatro Municipal Jorge EllécerGaitán, recientemente remodelado, fruto de la gestión del señor Alcalde Antanas Mockus, durante su administración anterior. El contar con este teatro, con capacidad de 1.700 puestos, ha permitido que el precio de la boletería fuera totalmente accesible para un espectáculo de este altísimo nivel, precio que se inicia con localidades de apenas $8.000, cifra que equivale al costo de la boleta de entrada de un cine de estreno en Bogotá.

Y ha sido posible, gracias a la generosidad del Teatro Teresa Carreño de Caracas, el cual, con el máximo interés, ha prestado esta extraordinaria producción estrenada en Caracas en 1992. Las piezas corpóreas, telones, vestuario y utilería se han desplazado a lo largo de muchos kilómetros, confirmando así que la voluntad está por encima del terror y el aislamiento, y que los vínculos culturales que unen y han unido siempre nuestros dos países, son indestructibles.

Por este motivo, quiero expresar mi infinito agradecimiento a la señora Eva Ivanyi, Presidenta del Teatro Teresa Carreño de Caracas y a Don Enrique Berrizbeitia, arquitecto y escenógrafo, responsable de esta hermosa producción. Gracias nuevamente, queridos Eva y Enrique, desde lo más profundo de mi corazón.

Al culminar con gran éxito las presentaciones de "Aida" en el Teatro Jorge Ellécer Gaitán, damos inicio al segundo título de la Temporada 2001 "Rigoletto" en el Teatro Colón de Bogotá, empezando así, una labor conjunta de producciones anuales que realizaremos en coproducción con el Teatro Teresa Carreño y la Asociación de Amigos de dicho teatro. De esta manera, la producción que veremos en Bogotá se trasladará posteriormente a Caracas, configurando así una colaboración que redundará, sin duda, en la calidad de nuestro espectáculo, contribuyendo igualmente a reducir los costos.

De otra parte, la Ópera de Colombia comienza a cumplir su anhelo de llegar a otras ciudades del país. En efecto, durante el mes de octubre, en asocio con la Fundación Prolírica de Antioquia, que dirigen Luis Carlos Rico y Elisa Brex, presentaremos nuestras producciones de "Rigoletto " y "La Traviata" en Medellín.

La realización de la Temporada de Opera 2001 ha sido posible gracias a la generosidad y el apoyo, en primer término, del Ministerio de Cultura y de la Señora Ministra Araceli Morales, de la Alcaldía Mayor de Bogotá, de su Alcalde Antanas Mockus y de Doña Rocío Londoño, Directora del Instituto Distrital de Cultura y Turismo.

Y ha sido posible, igualmente, gracias a un grupo de empresas privadas convencidas de que el desarrollo de un país se mide no sólo en términos de su progreso económico, sino también a través de sus logros culturales. En uno de los años de mayor dificultad que haya atravesado el país, he tenido la fortuna de contar con el apoyo de un grupo excepcional de empresas que no vacilaron en respaldar nuestro esfuerzo. Por esta razón, quiero dar las más efusivas gracias a la Cámara de Comercio de Bogotá, al Banco de Bogotá, al Convenio Andrés Bello, a Bavaria, a Carulla - Vivero, a la E.T.B., a Colseguros, Fenalco, Caracol Radio y Televisión, Aviatur, al Espectador y a las Revistas Semana y Gatopardo.

Así mismo, quiero expresar mi agradecimiento al señor Embajador Felice Scauso, Embajador de Italia y al señor Embajador Roy Chaderton Matos, Embajador de Venezuela, quienes nos honran, auspiciando esta Temporada.

Igualmente, debo destacar y agradecer la participación en la Temporada de las dos Orquestas más importantes del país; la Orquesta Filarmónica de Bogotá, bajo la dirección del maestro William Crutchfield y la Orquesta Sinfónica de Colombia, dirigida por el maestro Alejandro Posada.

Para la presentación de "Aida" en Bogotá, hemos contando con la participación y entusiasta colaboración de la Policía Metropolitana de Bogotá y de la Universidad del Bosque, instituciones a las cuales quiero dar las más profundas gracias.

Así mismo, quiero dar gracias al personal y a las Directivas de los Teatro Jorge Eliécer Gaitán y Colón por su efectiva colaboración y generosidad, al facilitarnos estos espacios.

Una vez más debo agradecer, con hondo afecto, la colaboración y el respaldo de la Junta Directiva de nuestra Institución, la cual me alienta y apoya en mi trabajo.

Por último, quiero expresar mi gratitud a todos ustedes, ya que nuestra tarea no tendría sentido sin un público entusiasta, que comparte con nosotros este acto de fe y de esperanza en un futuro mejor.

Gloria Zea, Directora

Tomado del folleto Opera 2003, Aida, Fundación Camarín del Carmen

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  2000

Dar inicio a la Temporada de Opera 2000, en un momento coyuntural tan difícil como el que estamos viviendo es un verdadero milagro. Por este motivo, quiero expresar mi más profunda gratitud a las entidades patrocinadoras cuya visión, generosidad y altruismo permitieron que una vez más este milagro se realizara, el Ministerio de Cultura, la Alcaldía Mayor de Bogotá, el Banco de Bogotá, la Cámara de Comercio de Bogotá, el Grupo Empresarial Bavaria, 007 Mundo, Caracol, American Airlines y Lufthansa. Gracias por creer en nosotros.

Gloria Zea, Directora

Tomado del folleto Opera 2000, Romeo y Julieta, Fundación Camarín del Carmen

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  1999

La Temporada de Ópera 1999, es una contundente afirmación de fe en Colombia. Y es, además, un milagro en medio de la crisis financiera por la cual atraviesa actualmente nuestro país. Porque creyeron en nosotros, quiero manifestar mi profundo agradecimiento a las entidades y empresas que la han hecho posible. El Ministerio de Cultura, La Alcaldía Mayor de Santafé de Bogotá y el Instituto Distrital de Cultura y Turismo, El Banco de Bogotá, La Cámara de Comercio de Bogotá, Bavaria y su producto Agua Brisa, Mercedes Benz, Caracol y Aviancaplus.

De esta novena Temporada de la Ópera de Colombia, en su segunda etapa, quiero destacar ante todo, la numerosa participación y el talento de solistas y directores colombianos: Manuel Contreras, Juan José Lopera, Gloria Londoño, Valeriano Lanchas, el Director Musical y.Coral Juan Carlos Rivas, el Director Escénico, Simón Saad; la actuación de jóvenes cantantes y actores que la Fundación Camarín del Carmen viene impulsando, el Coro y la Orquesta de la Ópera de Colombia y la participación, una vez más, de la Orquesta Sinfónica de Colombia.  Así mismo, quiero igualmente, realzar la vinculación de importantes figuras internacionales como, Marguerite Krull, Amelia Salazar, Noé Collín, Nina Edwards, Genaro Sulvarán, Patrizia Patelmo y el reconocido Director Musical norteamericano, Will Crutchfield.

Los dos títulos programados. La Hija del Regimiento de Donizetti y Un Baile de Máscaras de Verdi, nos han permitido establecer una importante consolidación de nuestras relaciones con los dos Teatros de Ópera más importantes de América Latina, el Teatro Colón de Buenos Aires, a través de la participación de su Director Técnico y Escenógrafo, Enrique Bordolini, y el Jefe de la Oficina Técnica Diego Videla, los escenógrafos, Claudia Bottazzini y Enrique Dartiguepeyrou, el Director Escénico, Alejandro Chacón y el Diseñador de Vestuario, Adán Martínez, los dos últimos, estrechamente vinculados a nuestra labor por muchos años. Y el Teatro Municipal de Chile con su producción de escenografía y vestuario, de Enrique Bordolini y la diseñadora chilena Imme Moller, de la obra Un Baile de Máscaras, y un excelente equipo de técnicos y profesionales que realizaron su adaptación al Teatro Colón de Bogotá.

Por último, como una confirmación de que como colombianos nos crecemos frente a los retos, con la colaboración de Fenalco y sus directivos, Sabas Pretelt de la Vega y Dionisio Araújo, City TV, Caracol y Cromos realizaremos el Estreno de Un Baile de Máscaras, como una Función de Gala en beneficio de la reconstrucción del Eje Cafetero. Los invitamos a acompañarnos en esa hermosa ocasión.

Gloria Zea, directora

Tomado del folleto Opera 1999, La Hija del Regimiento, Fundación El Camarín del Carmen

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  1998

El Camarín del Carmen continúa en su propósito de impulsar el desarrollo del arte lírico en nuestro país, luego de ocho años de trabajo ininterrumpido.

El milagro de poder presentar una temporada en medio de ingentes dificultades, se debe fundamentalmente a una feliz conjunción de esfuerzos entre el Sector Público y el Sector Privado. Deseo, ante todo, destacar el hecho de que a partir de la creación del Ministerio de Cultura bajo la dirección de su Ministro, el Doctor Ramiro Osorio, la Opera de Colombia ha recibido un aporte generoso y sustancial para su tarea, sin el cual sería imposible la realización de este importante evento.

Quiero agradecer, así mismo, el apoyo de la Alcaldía Mayor de Santafé de Bogotá y del Instituto Distrital de Cultura y Turismo. Manifiesto igualmente, mi enorme gratitud a la Empresa Privada por su generoso respaldo a nuestra tarea; al Banco de Bogotá, vinculado institucionalmente a esta empresa durante años; a Terpel de la Sabana, a Bavaria, a través de su producto Soda Wizzy a la Cámara de Comercio de Bogotá, cuya importante labor contribuye a elevar el nivel cultural de la Ciudad Capital; a Aviatur, Caracol y Avianca Plus. A todas estas entidades quiero expresar mi más profundo reconocimiento.

La temporada de Opera de 1998 presentará la puesta en escena de dos obras maestras del repertorio operático: "La Traviata" de Giuseppe Verdi y "El Elíxir de Amor" de Gaetano Donizetti, para conmemorar los 150 años de su muerte.

Nuestro distinguido público podrá apreciar dos extraordinarios elencos con algunas de las figuras más destacadas del arte lírico a nivel internacional como las sopranos Cristina Gallardo y Virginia Grasso; los barítonos Justino Díaz y Jonathan Hays, el tenor Fernando déla Mora y el baio Noé Colín. En cuanto a las figuras colombianas tendremos la magnífica participación del tenor Juan José Lopera, quien adelanta su brillante carrera en los más importantes teatros europeos; del bajo Francisco Vergara, tan querido por nuestro público y de la destacada mezzosoprano Janeth López.

La dirección musical de estas dos obras estará a cargo del maestro mexicano Enrique Patrón de Rueda, altamente admirado en nuestro país por su destacada actuación frente a la Opera de Colombia durante los últimos cuatro años, y del director colombiano Juan Carlos Rivas, quien dando un paso adelante en su brillante carrera iniciada como Director del Coro de la Opera, cuando aún realizaba sus estudios universitarios, asume hoy la dirección musical del "Elíxir de Amor".

La tarea de la Opera de Colombia, a lo largo de estos años, ha sido extraordinaria en la formación de figuras en el arte lírico. Martha Senn, Juan Carlos Mera, Zoraida Zalazar, Solía Zalazar son algunos nombres que surgieron en la primera época de nuestra ópera. A Partir de 1991, y a raíz de nuestra labor, han aparecido nuevas y maravillosas figuras como Juanita Lazcarro, Juan José Lopera, Diver Huguita, Luis Fernando Tangarife, Gloria Londoño y Valeriano Lanchas, por citar apenas algunos nombres, los cuales o están vinculados hoy en día a las más importantes Casas de Opera Europeas o adelantan con brillo sus estudios en el exterior.

En vista de la imposibilidad de que en una temporada compuesta por apenas dos títulos, participe el inmenso grupo de cantantes colombianos que enorgullece nuestro país, estamos impulsando hoy a otra nueva generación de artistas nacionales. En esta Temporada hacen su debut Giovanna Rodríguez, Paola Díaz, Carlos Dueñas, Juan José Bernal, Alfonso Gutiérrez, Iván Yesid Benítez y Mario León.

Dos grandes equipos de producción estarán al frente de cada uno de los títulos: los mexicanos Laura Rodé, Keté Cebraly Luis Mguel Lombana en "La Traviata" y los alemanes Martina Pfaff, Hans Toelstede y Michael Zimmermann en "El Elíxir de Amor". Ellos junto a nuestro excelente equipo de producción, los Coros y la Orquesta de la Opera de Colombia, presentarán un espectáculo escénico-musical con la calidad, el talento y el profesionalismo que nos caracteriza y que debe conjuntamente enorgullecemos.

No puedo concluir sin expresar mi agradecimiento a la Junta Directiva del Camarín del Carmen, que preside el Señor Expresidente Belisario Betancur, por su constante apoyo y respaldo, y desde luego a mis colaboradores en la Fundación Camarín del Carmen, quienes con mística y devoción contribuyen a realizar esta hermosa tarea.

Con renovada fe en el futuro del país, damos inicio a la Temporada de Opera de 1998.

GLORIA ZEA Directora

Tomado del folleto Opera 1998, El Elixir de Amor, Fundación El Camarín del Carmen

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  1997

Siete temporadas continuas de la Nueva Opera de Colombia hablan por sí solas de la realidad de un proyecto que amplía los horizontes de la cultura, en un país que pide a gritos la sublimación y la exaltación de los verdaderos valores del hombre.

No sobra insistir en que esta tarea, que en ocasiones ha parecido casi una quijotada, ha sido posible porque empresas como el Banco de Bogotá, Bavaria y su producto Agua Brisa, Horizonte, Granahorrar, Terpel de la Sabana, Avianca, Caracol, Propal S.A. y entidades estatales como el Instituto Distrital de Cultura y Turismo, Colcultura, la Corporación la Candelaria y la Alcaldía Mayor de Santafé de Bogotá, han entendido la importancia vital que tiene la cultura para el desarrollo integral de una nación.

Y son estas entidades las que le dan un mérito muy especial al esfuerzo de tantas personas, que durante siete años se han entregado con el alma para mantener viva una de las grandes expresiones del arte musical. Gracias a todas ellas, y al entusiasta apoyo del público, es que se puede ofrecer este año un evento escénico-musical con la calidad, el encanto y el talento que tienen las Temporadas de las grandes plazas operáticas del mundo.

Para poner en escena las óperas "Tosca", "El Trovador" y el espectáculo "Viva la Opera" II Versión, se cuenta con todo el respaldo técnico y artístico, de la más alta calidad, así como de un reparto de primera línea mundial donde se destacan los nombres de los barítonos Justino Díaz, Juan Pons, y la soprano Verónica Villarroel, entre muchos otros. Con todo el grupo humano de la Nueva Opera de Colombia y con la mística que nos da creer con fe absoluta en el futuro del país, estamos seguros que esta Temporada será vivida y recordada con placer y entusiasmo por todos.

Gloria Zea, Directora Fundación Camarín del Carmen

Tomado del folleto Opera 1997, El Trovador, Fundación El Camarín del Carmen

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1996

LA NUEVA OPERA DE COLOMBIA

Cuando Gloria Zea apareció en el escenario en la noche del 17 de julio para abrir la sexta temporada de la Nueva Opera de Colombia, la audiencia que colmaba el Teatro Colón se puso de pie para otorgar una prolongada y cálida ovación. Con ello le expresaba la gratitud por su esfuerzo descomunal para obsequiar a Bogotá y al país con la más completa de las expresiones del arte, la ópera.

La ópera, ese mundo de irreal belleza donde la emoción y la comunicación humanas alcanzan su máxima expresión, ofrece al espectador una sublime experiencia estética. La Nueva Opera de Colombia se presenta con figuras internacionales que alternan con lo mejor del arte lírico nacional, magnífica escenografía, una excelente orquesta y coros soberbios, dirigidos por Alejandro Zuleta. El director musical, Enrique Patrón de Rueda, director titular de la orquesta del Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México, dejó entre nosotros honda huella en la temporada de 1995, cuando dirigió Rigoletto y Madama Butterfly.

Asistimos en Bogotá a una extraordinaria Lucía de Lammermoor, con dirección escénica de la inglesa Karen Stone, de la Opera de Colonia, y diseño de escenografía de la germana Bettina Neuhaus, también de la Opera de Colonia.

La soprano neoyorquina Danielle Strauss regresó este año para una inolvidable interpretación de Lucía. Además de una voz de excepcional dulzura, Strauss es consumada actriz. Su bella figura y hermoso rostro electrizaron al público del Teatro Colón, que este año la aplaudió con delirio, al igual que el año pasado por su interpretación de Gilda de Rigoletto. La escena de la locura del acto III de Lucía, una de las más difíciles arias para soprano, constituyó una magnífica demostración de belleza melódica.

Fueron también excelentes las interpretaciones del barítono guatemalteco Luis Girón May (Enrico), del tenor norteamericano Douglas Ahlstedt (Edgardo) y de los bajos (Raimundo), el mexicano José Rosendo Flórez, y nuestro gran Francisco Vergara; la mezzosoprano caleña Janeth López cantó muy bien el papel de Alissa y el tenor colombiano Gildardo Sepúlveda hizo un buen Norman.

Lucía de Lammermoor ha sido una producción a la altura de los mejores teatros de Europa y Norteamérica. Es el resultado del trabajo de esa gran dama de la cultura colombiana, Gloria Zea, quien nos ha dado una dosis de civilización y singular belleza en medio de los terribles conflictos que hoy nos agobian. La Nueva Opera de Colombia es un remedio para el alma, algo que nos enriquece el espíritu.

El 10 de agosto se estrenó Fausto, y luego tendremos Viva la Opera. La temporada termina con La Bohéme.

Bogotá tiene un espectáculo artístico de primera clase. Los llenos consecutivos atestiguan el nivel cultural de la ciudad.

Debo mencionar una comodidad extra que brinda la temporada 1996: buses de lujo que, partiendo de Unicentro y del Centro Andino, llevan a los espectadores hasta la puerta del teatro y los esperan a la salida para el recorrido de regreso. Le molesta manejar en el congestionado tráfico de la capital? Ahora el problema está resuelto Una gran ópera montada en nuestro Teatro Colón, que ya cumple 104 años de existencia, el centro de la actividad musical de Colombia, un espléndido monumento pleno de historia. Mil gracias a la directora general, al personal y al elenco de la Nueva Opera de Colombia por este aporte de cultura y civilización.

Publicación: eltiempo.com .
Fecha de publicación:  15 de agosto de 1996
Autor: JOSE FELIX PATIÑO R.

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  1996

Llegamos con orgullo a la Sexta Temporada de la Nueva Opera de Colombia. Iniciada como una aventura romántica y experimental de la Fundación Camarín del Carmen, va alcanzando ya la mayoría de edad, por la calidad de sus producciones y la proyección de sus actividades hacía el futuro.

Este año, ha sido sin duda, uno de los años más difíciles de la coyuntura política y económica del país, así como uno de los más duros de mi vida, pero con tesón hemos logrado superar tan graves escollos para poder mantener una tradición que ya supera los veinte años, desde las épocas de la Opera de Colombia.

No obstante, que la colaboración del Estado a nuestro presupuesto es cada día más exigua, hemos logrado con el apoyo generoso de la Empresa Privada, mantener una programación ambiciosa y de alta calidad, que se refleja no sólo en los títulos operáticos que presentamos, sino en los grandes espectáculos que le hemos entregado a la audiencia culta de la capital. Los conciertos operáticos de José Carreras y Aprile Millo, permitieron a nuestro auditorio escuchar a dos de los artistas más destacados del panorama lírico contemporáneo. Durante el segundo semestre, continuaremos con la programación trazada conservando nuestro alto nivel artístico.

Como siempre, alternando con las figuras internacionales, tiene cabida el talento nacional, tanto en el campo vocal como de la dirección escénica y musical y de otras labores auxiliares, que contribuyen, en forma importante, al éxito del espectáculo y al mismo tiempo, adquieren la experiencia y maestría necesarias para lograr el perfeccionamiento profesional y aspirar a presentarse en escenarios internacionales.

Quiero manifestar mi gratitud, a quienes con su patrocinio hacen posible la realización de esta Temporada como son, en el sector oficial, la Alcaldía Mayor de Santafé de Bogotá, la Corporación La Candelaria, el Instituto Distrital de Cultura y Turismo, el Ministerio de Hacienda y el Instituto Colombiano de Cultura, en el privado los patrocinadores, Banco de Bogotá, Horizonte, Granahorrar, Siemens, Nescafé, Comcel, Soda Wizz, y Chivas Regal, y el copatrocinio de Aviatur, Avianca Plus, Lufthansa, RCN Televisión, y Caracol Radio, así como a los miembros de la Junta Directiva y del Comité Financiero de la Fundación Camarín del Carmen, quienes pese a sus múltiples ocupaciones, con abnegación y entusiasmo, han trabajado de manera efectiva para hacer posible una realidad, que sin duda contribuye a restaurar los valores nacionales a través del lenguaje de la estética y de la creatividad.

No quiero terminar estas palabras, sin rendir un homenaje de gratitud y entrañable afecto a la memoria de Raoul Bleier, quien desde el momento mismo de la creación de la Opera de Colombia, en 1976, acompañó nuestra tarea como Miembro de la Junta Directiva de Asartes, Fundación creada entonces para obtener recursos de la empresa privada, Posteriormente, desde el momento mismo de su creación, Raoul Bleier fue miembro fundador de la Fundación Camarín del Carmen y de su Junta Directiva hasta el día de su muerte. Su presencia de gran señor, acompañó, amorosamente, nuestra tarea día a día. A su entrañable memoria queremos dedicar la Temporada de Opera de 1996.

GLORIA ZEA, Directora

Tomado del folleto Opera 1996, Fausto, Fundación El Camarín del Carmen.

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  1995

IN MEMORIAM - GENOVEVA CARRASCO DE SAMPER 1946 - 1995

 

El barrio histórico de "La Candelaria" en Santafé de Bogotá, conserva la huella de los pasos y el eco de la voz de quien devolvió el donaire lírico a sus balcones y la coquetería a los portales y ventanas; su dignidad prístina a las calles y la luz tenue a los faroles. En el Camarín del Carmen, en el Teatro Colón y en los testimonios de la arquitectura colonial resurrecta, se vive de la decisión iluminada de Genoveva Carrasco de Samper, de recuperar perfiles, colores y vida primigenios, a este viejo barrio fundacional, el corazón de la capital de Colombia, al cual ella entregara también el alma. Era como una crisálida en eclosión constante. Por eso la Opera, que tuvo en ella devoción y pasión, dedica su temporada de 1995 a Genoveva, quien nos acompaña en palco de honor en todas las representaciones. Porque ella está presente: con cumplidos y callados pies, ha asistido desde el cielo a los ensayos. Y está cada noche en las funciones, quizá con alguna abadesa del siglo XVII o algún Virrey del XVIII.

BELISARIO BETANCUR - Presidente de la Junta Directiva Fundación Camarín del Carmen

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  1994

Hace cuatro años la Fundación Camarín del Carmen se lanzó a la aventurada tarea de revivir la Opera en Colombia. Esta solitaria labor que en sus principios fue calificada de quijotesca e insensata, ha ido cobrando, año tras año, mayor importancia. La temporada de 1994 presenta tres de los títulos más sobresalientes del repertorio operático: La Traviata, El Barbero de Sevilla y Las Bodas de Fígaro. Por la extraordinaria calidad de los cantantes, así como por el rigor de la dirección musical y escénica, estas producciones se situarán sin duda a una altura tal, que les permitiría figurar dignamente en destacados teatros líricos del mundo.

En otros países, aquellas ciudades que disponen de una programación artística y cultural de importancia, incluyen en ella, a lo largo de todo el año, espectáculos y recitales líricos. No podría ser de otra manera. La Opera, en cuanto a género artístico, constituye una síntesis única y exigente de música, canto y drama, una síntesis de fuerza y belleza que demanda talento y trabajo incansable. En un momento histórico en el que Colombia opta por abrir sus puertas al exterior, tanto en lo económico como en lo cultural, ¿cómo podríamos quedarnos atrás en el más hermoso y completo de los espectáculos artísticos? El haber persistido, a través de cuatro años de esfuerzos, en la realización de las Temporadas de Opera, es buena prueba de nuestra convicción que el progreso de un país se construye también sobre los escenarios, entre batutas, tenores y sopranos. Cuatro años a lo largo de los cuales, en obediencia a clima de apertura, se ha intensificado en intercambio de técnicos y profesionales con otros países.

Resulta, además, muy grato para nosotros constatar que la Opera de Colombia está contribuyendo a formar profesionales, no solamente en el campo de la lírica, sino en el de la producción y la dirección escénica; así como en las múltiples labores que comporta esta actividad, tales como vestuario, iluminación, actuación, diseño de escenografía, etc. en las cuales estamos mejorando el profesionalismo de nuestros colaboradores. Un solo ejemplo, pero significativo: la creación y consolidación del Coro de la Opera.

Unos resultados tan satisfactorios, han sido posibles gracias al apoyo, al entusiasmo y al continuo empeño de una serie de entidades y personas, a quienes deseo expresar mi personal gratitud: Una vez más, la altruista y determinante vinculación de la empresa privada, permite que la Opera de Colombia realice sus temporadas como lo haría en un país de los más avanzados en materia de política cultural: con la entrega, por parte de dicho sector, de un generoso aporte de 24.77% similar a la contribución del Estado (que asciende al 24.39%). El 50.84% restante, es decir, la mitad del costo total de la Temporada de 1994, se cubrirá con el insustituible aporte del público: nuestro máximo y más cercano colaborador. Gracias a esta importante unión de esfuerzos y recursos, hemos conseguido que el costo de la boletería sea, en cuanto a espectáculos líricos se refiere, entre los más bajos del mundo. Este año, en efecto, los precios son iguales a los de 1993, oscilando entre $3.500 y $30.000 (US $4.27 y US $31.41) sin contar con las funciones que se llevarán a cabo en el Auditorio León de Greiff, cuyo valor está entre las increíbles sumas de $400 y $1.200 (US $0.50 cvs y US $1.50).

En fin, el significativo aporte de las empresas que se han vinculado a la Opera -General Motors-Colmotores, Alfa, Banco de Bogotá, Siemens, Caracol, Aviatur, Porvenir, Granahorrar y Occidental de Colombia- representa un paso decisivo hacia un mayor despliegue y florecimiento del arte y la cultura en nuestro país.

La Junta Directiva y el Comité Financiero de la Fundación Camarín del Carmen, conformado por personalidades de la más alta prestancia en diversos campos de la vida nacional, han sido en verdad definitivos para llevar a cabo exitosamente los proyectos que adelanta nuestra Fundación. Pese a sus múltiples ocupaciones, sus miembros no han vacilado en dedicar su tiempo, esfuerzo y capacidad de gestión para sacar adelante la arriesgada tarea que desarrolla un pequeño teatro con un exiguo presupuesto, como es el nuestro.

Desde la Primera Temporada, el Instituto Colombiano de Cultura, en ese entonces bajo la dirección de Juan Manuel Ospina, no vaciló en vincularse al proyecto inicial, mediante un aporte económico y la definitiva participación de la Orquesta Sinfónica de Colombia. Ramiro Osorio apoyó con fe y entusiasmo nuestra gestión y, en la actualidad, Juan Luis Mejía, con su habitual discreción y generosidad ha contribuido en forma incondicional al desarrollo de esta actividad, dándole la importancia que merece y poniendo a nuestra disposición, tanto el Teatro Colón como la Orquesta Sinfónica de Colombia. Este año participa también la Orquesta Filarmónica de Bogotá.

En esta ocasión contamos de nuevo con el apoyo de colaboradores internacionales, y en especial con el grupo de artistas, directores escénicos, escenógrafos y personal técnico vinculado a la ópera alemana. Este proceso ha sido posible gracias a la generosidad del bajo colombiano Francisco Vergara, miembro estable de la Opera de Colonia, quien desde los primeros años de su fundación está íntimamente ligado al proceso que ha seguido la Opera en nuestro país, y quien, desde los inicios de esta nueva etapa, ha colaborado con nosotros con su habitual entrega y no ha vacilado en ofrecernos su tiempo, esfuerzo, y orientación para facilitar la fusión entre los dos países con el propósito de conseguir una continuidad y una mayor calidad en el género lírico de Colombia.

El mayor agradecimiento lo ofrecemos al Alcalde Mayor de Santafé de Bogotá, Doctor Jaime Castro, de cuyo apoyo depende el funcionamiento de la Fundación Camarín del Carmen, gestora y organizadora de la Opera de Colombia.

La Opera, en mayor medida que cualquier otro evento, es el resultado del esfuerzo conjunto de un equipo humano, el cual me honro en presidir. Nuevamente quiero expresar mi honda gratitud a todas aquellas personas y entidades en virtud de las cuales podemos avanzar todos los días en el proceso de consolidar un evento que debe, justamente, enorgullecer al país.

Gloria Zea de Antei, directora Fundación Camaría del Carmen

Tomado del folleto Opera 1994,La Traviata, Fundación El Camarín del Carmen

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  1993

Hemos llegado al tercer año consecutivo de Opera. La Nueva Opera de Colombia, que en su momento creó la Fundación Camarín del Carmen y que fue una aventura romántica y experimental, creada para cumplir con una evidente responsabilidad hacia los artistas colombianos, y hacia un público sediento de alternativas, no solo ha crecido sino que ha madurado con aguerrida solidez, a partir de la experiencia adquirida en el quehacer cotidiano y en la producción operática del pasado. Los objetivos propuestos hace tres años, se han cumplido, se han superado y han generado nuevas expectativas y derroteros.

Este año se vinculan a la ópera varias figuras jóvenes colombianas, cuyo desempeño, garantizado por un estricto parámetro de calidad, les permitirá iniciar una carrera que con certeza los llevará a triunfar en el campo lírico. También, en esta temporada se han invitado de nuevo al país figuras nacionales que han logrado desarrollar sólidas carreras en el exterior. Unos y otros, junto con aquellas figuras internacionales imposibles de reemplazar localmente, representan al verdadero soporte de esta actividad artística.

De la misma manera, en la infraestructura musical y teatral del espectáculo, en esta ocasión se han vinculado representantes de las más importantes disciplinas que sustentan un género tan complejo como es la ópera, creando así un nuevo escenario de desarrollo laboral en los campos musical, escénico y de producción.

Aún más importantes son, el apoyo creciente de la empresa privada, que ha comprendido que en un país como Colombia se hace cada vez más imprescindible la búsqueda de nuevas opciones de cultura e identidad; y desde luego la recepción entusiasta del público que es a la postre la auténtica razón de ser del espectáculo.

Quiero manifestar mi mis profundo agradecimiento al Instituto Colombiano de Cultura, a su Director Doctor Ramiro Osorio y al Banco de la República, entidades a través de las cuáles el Estado colombiano apoya la ópera y sin cuyo valiosísimo aporte sería imposible el desarrollo de esta actividad.

Por último no puedo dejar de mencionar mi gratitud con los miembros de la Junta Directivay del Comité Financiero del Camarín del Carmen, quienes pese a sus múltiples ocupaciones, con abnegación y entusiasmo, han trabajado de manera efectiva en hacer posible una realidad, que sin ninguna duda contribuye a restaurar los valores nacionales a través del lenguaje de la estética y de la creatividad.

Con optimismo y esperanza.....

GLORIA ZEA DE ANTEI, Directora Fundación Camarín del Carmen

Tomado del folleto Nueva Opera de Colombia, La Boheme, 1993, Fundación El Camarín del Carmen