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Bucaramanga, Santander

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BUCARAMANGA (Santander). Fundada el 22 de diciembre de 1622 por Miguel Trujillo y Andrés Páez de Sotomayor por comisión del oidor Juan de Villabona y Zubiaurre. Categoría de Real de minas en 1623, Parroquia en 1779. Villa en 1810, título confirmado por el Congreso de Cúcuta el 30 de junio de 1821. Capital del Estado Soberano de Santander el 24 de noviembre de 1857. Capital de la provincia de Soto en 1886.


   
 


de Pepa Aristizabal:

Satander se convirtió en tierra de aventuras porque no le quedaba más remedio. En medio de abruptas montañas, ríos caudalosos y tierras erosionadas, no sólo tenía que aparecer un hombre rudo y trabajador, también una adicción congénita a la adrenalina.

No es raro por ello que allá haya surgido el deporte extremo a la criolla y que de los cielos grisáceos que rematan el Cañón del Chicamocha desciendan repentinamente osados parapentistas; o que a sus profundas cavernas salten hileras de jóvenes colgados de un arnés, o que los aventureros de este país deban llegar hasta sus temperamentales ríos para iniciarse en las artes del canotaje.

Pero Santander no sólo está habitado por hombres arrojados para el deporte. Pueblo lírico -tal como lo describe Abdón Espinosa-, también es altivo y valiente, y desde tiempos de los comuneros ha mantenido el compromiso ineludible de hablarle claro al país, como un pálido reflejo de la herencia que le legara Manuela Beltrán cuando rompiera el edicto de los impuestos españoles.

No obstante, el espíritu arrojado y valiente de los santandereanos, que los había llevado a la gloria, los llevó entonces a las guerras de la naciente República; el pueblo se empobreció y una buena parte emigró. El porcentaje poblacional decayó considerablemente, mientras que en Antioquía crecía; por otra parte, el tabaco y el algodón bajaban de precio en el mercado internacional, en tanto que el café ascendía. Y el liderazgo del país se desplazó finalmente hacia el occidente. Pero este pueblo con un sentido épico de la vida ha ganado todas las batallas que se le han propuesto. Levantó la cabeza; con el fin de impulsar la artesanía, creó la Escuela de Artes y Oficios -que hoy es la misma Universidad Industrial de Santander-, y el Consorcio Industrial de Santander, para apoyar ala pequeña industria.

Atrás quedaron tejidos, alpargatas, sombreros, tabaco y cacao, para dar paso a nuevas industrias: transporte, metalmecánica, cuero, confección y joyería.

Bucaramanga, por supuesto, ha sido líder en todo este proceso. Ciudad Bonita, Ciudad de los Parques, Ciudad de la Alegría, ha sido ante todo una ciudad emprendedora. Amenazada incluso por su propio suelo, no sólo fue capaz de ganarle la guerra a la erosión, con la Corporación de Defensa de la Meseta, sino de construir, con su típica austeridad, una excelente calidad de vida, gracias a un manejo impecable de los servicos públicos. Acueducto, alcantarillado y gas domiciliarío llegan al 90% de la población. Tienen tratamiento de aguas negras y una plaza de mercado en la que los productos del campo llegan en ascensor a sus expendios.

Esta gente trabajadora, cordial y austera, conformada por una mano de obra calificada, barata y laboriosa, creó una ciudad de microempresarios sin grandes diferencias entre las clases sociales, sin amplios sectores resentidos o enormes fortunas.

El sector de San Miguel es un buen ejemplo de ello; con un conjunto de almacenes de excelente calzado a precios increíbles, conforma la más grande reunión de microempresarios de alguna manera emparentados entre sí, en donde cada casa es una fábrica.

Es así como lograron ocupar el segundo lugar nacional en productos de cuero, después de Bogotá, con una generación de 25.000 empleos directos y, por cada uno, tres indirectos; en donde el 60% son microempresas, el 30% son pequeñas y sólo el 10% son medianas.

Así nos lo cuenta Nora Loza, gerente de First Class, una empresa manufacturera de bolsos y accesorios de cuero y una de las directivas de la agremiación que reúne a los empresarios del cuero de Bucaramanga, quien desde su mediana empresa alimenta el mercado colombiano y exporta a mercados de Centroamérica.

Y es que, efectivamente, en Bucaramanga no se han construido grandes imperios. Una vez la empresa está creciendo, los hijos toman su parte y conforman toldo aparte para hacer honor no sólo a su tradición individualista, sino a su vocación de empresarios.

No faltan quienes afirman que ésa fue la herencia v que les dejó La Mutualidad, una empresa de seguros y capitalización creada cuando Santander era líder y llevaba las riendas del país, pero que fracasó muy tempranamente llevándose consigo la disposición del santand reano a asociarse.

De igual manera ha surgido la industria de confecciones infantiles. Pequeñas industrias familiares, muchas nacidas o manejadas por mujeres, han olfateado todo el esquema de la organización moderna y sin muchos estudios han llegado a optimizar recursos con estrategias que les costaron años de estudios a las grandes empresas del mundo: cero inventarios, la meta es exportar y la calidad hace la diferencia. Así, empresas como Ingaparuca, por poner sólo un ejemplo, que nacieron en un garaje gracias a la iniciativa de una ama de casa, Cecilia Abril de Rivero, hoy exportan a Nueva York, Venezuela, Inglaterra, Canadá, Aruba, Puerto Rico, España, Alemania, Arabia Saudita y Emiratos Árabes, sin haber dejado de ser pequeña empresa y sin perder su carácter familiar.

Y sí, efectivamente, detrás de estas pequeñas empresas siempre se encuentra la mano de una mujer, la cual, desde tiempos pasados, asumió un papel activo en la economía familiar. Mientras los hombres iban a la guerra, ellas hilaban el algodón, tejían los sombreros o enrollaban el tabaco para conseguir el diario sustento. Con su carácter fuerte y decidido, hicieron de los garajes de sus casas sólidas empresas que llevan el nombre de Colombia al exterior.

La joyería no se queda atrás. Sí Colombia es el séptimo exportador de joyas del mundo, el 40% de esa producción se elabora en Bucaramanga, en 5.000 núcleos familiares de manera directa y por lo menos en 3.000 de manera indirecta. De acuerdo con Dora Inés Padilla, presidenta de la Asociación Nacional de Joyeros, sólo en Bucaramanga hay 72 joyerías y relojerías, 157 productores, 136 mayoristas, 181 minoristas, cerca de mil talleres y tiene ventas superiores a los 3.000 millones de pesos mensualmente.

Todos estos elementos hacen de La Ciudad de los Parques un conjunto sin igual, en el cual el viento refresca de manera permanente un clima primaveral, las tardes de parques, como Las Palmas o San Pío, transcurren con la visita de los abuelos, que salen a caminar sin que la inseguridad los acose, y los domingos los citadinos gocen de un refrescante paseo por parques como el Cultural del Oriente, El Bosque, Morrorrico o el Jardín Botánico Eloy Valenzuela, en donde las plantas y el agua, dispuestas por artística mano, contribuyen a elevar la calidad de vida de un pueblo que ha hecho de su ciudad el mejor vividero del país.

Y si ya ha gozado a Bucaramanga en detalle, ha visitado sus más de dos docenas de parques y ha ido a su sector colonial; si ya conoció sus museos y visitó el Club del Comercio, entonces es hora de mirar hacia fuera, porque Santander es el departamento de las cavernas y de las montañas abruptas. Tiene también una ardiente llanura a los pies del río Magdalena y una espesa jungla. Y, frente a esas maravillas orográficas, se levantan pintorescos pueblecillos de bahereque y tejas de barro, que se agarran a las laderas de la cordillera tan firmemente como a sus tradiciones.

Por ello, quien visite Bucaramanga no de be dejar de ir, por lo menos, a la tierra de los comuneros: Aratoca, San Gil, Socorro, Confines, Charalá y Barichara.

EI primero, encumbrado en las laderas del Cañón del Chicamocha, teje cada día su futuro en los dorados cabellos de fique que saca al mercado en forma de costales, mientras ruega a Dios que la fibra sintética no lo desplace. Los demás, con sus calles empinadas y sus tejados de barro, se mantienen como testigos vivos del espíritu libertario de este pueblo -Antonia Santos, Manuela Beltrán, Antonio Galán, son apenas algunos de sus hijos ilustres- y son epicentro de maravillosos circuitos turísticos que incluyen paisaje, historia, magnífica gastronomía y deportes extremos que aprovechan su insólita geografía.

Pepa Aristizabal
Tomado de la Revista Avianca, No. 257, junio de 2000


 

 


DESTINO BUCARAMANGA

AI cruzar el cañón del Chicamocha la tierra se aplana para mostrar la meseta de los Caracoles, en la que se advierten la "Ciudad Bonita" y los municipios anexos Girón, Floridablanca y Piedecuesta, en la provincia de Soto. Región que con gente de temple, agradable clima y una economía alrededor del petróleo y el tabaco, es un maravilloso destino para el viajero y estancia de ensueño para quienes la moran. 

Sobre una meseta se halla la capital santandereana, urbe que por su organización, el desarrollo industrial, sus parques, universidades y sus habitantes ha sido nombrada la "Ciudad Bonita", un punto equidistante entre Bogotá, la Costa Atlántica y la región antioqueña.

También conocida como la "Ciudad de los Parques" o la "Ciudad Cordial de Colombia", se ubica geográficamente en una meseta entre una cadena montañosa al oriente, y el cañón de río de Oro al occidente. El nombre proviene de la lengua chibcha que significa poblado de búcaros. Está dividida en 17 comunas y su área metropolitana la conforman los municipios de Floridablanca, Girón y Piedecuesta.

Sitios de interés turístico *

La Casa de Bolívar: En el año 1828 Simón Bolívar se alojó en esta residencia durante una temporada e instaló en ella la primera sede del Gobierno Nacional que tuvo Bucaramanga. En la actualidad la casa museo exhibe objetos que fueron propiedad del Libertador, elementos de la Guerra de los Mil Días y una muestra permanente de objetos de la sociedad indígena Guane, que habitó originalmente el departamento de Santander.

Centro Cultural del Oriente: Este centro, conformado entre otras construcciones por el antiguo Teatro Santander y el Parque-Centenario, es una de las obras que hacen parte de la renovación del centro de la ciudad. En sus teatros al aire libre y su plazoleta se disfruta una programación que incluye variadas manifestaciones culturales para todo público.

Parque del Agua: A través de los cuatro senderos que cruzan las 3,6 hectáreas del parque, los visitantes disfrutan del paisaje que ofrecen los espejos de agua, las cascadas y una variada muestra de la flora de Santander.

Los parques de la ciudad: El visitante encuentra en Bucaramanga una extensa variedad de parques en los que puede caminar, tomarse un café, jugar con sus hijos o sencillamente pasar el rato. En los alrededores del Parque de las Palmas se ubican algunos de los mejores cafés y restaurantes de la ciudad. En el Parque García Rovíra se congregan construcciones emblemáticas como el edificio de la Gobernación de Santander, la Capilla de los Dolores y la Plaza Cívica Luis Carlos Galán.

El Parque Antonia Santos y el Parque Cultural del Oriente se destacan porlabellezadesu vegetación, mientras que el Parque Santander lo hace con su arquitectura clásica representada por construcciones como la Catedral de la Sagrada Familia y el Hotel Bucarica, ambos declarados monumento nacional.

Museo de Arte Moderno: Fundado en 1989, su principal objetivo es poner en contacto al público con las manifestaciones contemporáneas de las artes plásticas. Cuenta con dos salas de

exposición, un patio de esculturas y una terraza en donde se programan talleres destinados a niños y adultos.

Casa Luis Perú de la Croix: Esta antigua residencia aloja una de las colecciones de fotografía de Bucaramanga más completas que existen. Las imágenes más antiguas datan de finales del siglo XIX.

Moda ExpoSantander: Bajo este nombre se han congregado las tres ferias comerciales más importantes de la región, las cuales evidencian la importancia de Bucaramanga como centro industrial y de negocios. Estos eventos, que se llevan a cabo todos los años en el mes de julio, son: el Santander Fashíon Week, que presenta las más recientes colecciones creadas por diseñadores regionales, la Exposición Internacional de Moda Infantil (Eimi) y la Feria Internacional de Cuero y Calzado.

Municipios vecinos

Girón. Ubicado a orillas del río de Oro y tan sólo a 4 km de Bucaramanga, otrora importante por sus yacimientos auríferos. Pasar por sus calles empedradas es conocer su historia y aquellos de talles que le valieron los títulos de bien cultural y patrimonio nacional. Visite la basílica menor de San Juan Bautista o la iglesia de Las Nieves. Es agradable pasear por el malecón saboreando un raspado con esencia de frutas.

El Salto del Indio, el Museo de Arte Religioso y las fincas tabacaleras. Cultivo al que se le rinde homenaje en agosto de cada año durante la Feria del Tabaco.

Piedecuesta. Cálida población con temperatura promedio de 22 grados, en cuyo territorio se encuentran el río Chicamocha, el Parque Tecnológico Guatiguará y los pozos del río Manco. El municipio es sede del Instituto Colombiano del Petróleo. A 15 minutos de Bucaramanga.

LA Mesa de los Santos. A hora y media de Piedecuesta,  región de preciosos paisajes conformados, entre otros lugares, por el salto del Duende, la piedra La Matacha y el mirador del cañón del Chicamocha.

Floridablanca. Camine por el parque principal o plazoleta Guayacanes, llena de vegetación, senderos y una enorme fuente. Frente al lugar, la bonita iglesia San Juan Nepomuceno.

Dulce paseo. La industria dulcera de Floridablanca goza de gran prestigio en todo el país, gracias al sabor exclusivo de sus productos. .

Tomado del libro Guía de Rutas por Colombia, Puntos Suspensivos Editores, 2007
* Inserto tomado del folleto Vive Colombia, 2011


 


BUCARAMANGA: Una ciudad republicana.

por Aristides Ramos Peñuela.
 

SU ORIGEN EN EL PASADO COLONIAL

El imperio español desde su implantación en el siglo XVI se autodefinió como un imperio de ciudades. La idea de ciudad involucró una categoría jurídica que connotó en esencial la idea de civilización y cultura. La fidelium comunitas significó filosófica y políticamente, el horizonte mediante el cual se implantaría el imperium como una red de ciudades y cuyos extramuros marcarían el límite de la civilización y la barbarie ó civilización y policía vs arrochelamiento.

La celeridad en el proceso de fundación de ciudades en Hispanoamérica fue el resultado del papel cumplido por estas en el emergente orden político colonial que se abría en el siglo XVI. La ciudad como acto fundacional marcó una jurisdicción entendida como el espacio de aplicación de la justicia, es decir, las elites coloniales consideraron el territorio jurisdiccional, sus hombres y sus recursos como objeto de control y usufructo, razón por la cual defendieron la jurisdicción con gran celo y diligencia en el caso de que otra ciudad proyectara algún interés de dominio o intervención en jurisdicción ajena. Un indicativo de esta hipersensibilidad en torno a la jurisdicción es la profusión de expedientes de litigios jurisdiccionales que involucraron a gran parte de las ciudades hispanoamericanas. A pesar del ordenamiento sustentado en una ciudad y su jurisdicción no debemos asimilar tal relación con el concepto moderno de ciudad que cuenta con un hinterland plenamente integrado a ella. En el contexto colonial la jurisdicción no estuvo efectivamente dominada en los ámbitos militar, social y político.

En el nororiente colombiano tres ciudades marcaron las jurisdicciones coloniales: Vélez, Pamplona y Girón. La primera definió la jurisdicción con el interés de cerrarle el camino a las pretensiones de los Welser en 1539. Diez años después se fundaría Pamplona por Ortún Velasco y Pedro de Ursúa. Territorialmente el poblamiento hispánico se consolidó durante el siglo XVIII con la erección de dos villas: Santa Cruz y San Gil de la Nueva Baeza (1694) y Nuestra Señora del Socorro (1771-1777).

A partir de la Independencia y con la emergencia de los proyectos republicanos una nueva organización política administrativa acompañaría los cambios territoriales en el nororiente de la actual Colombia. Tendencias que se consolidarían a finales del siglo XIX, cuya expresión más significativa fue la decadencia política y económica de los antiguos centros coloniales de Vélez, Pamplona, Socorro y Girón y la emergencia de nuevos centros urbanos como Bucaramanga y Cúcuta, que jugarían un papel fundamental en el proceso de configuración del espacio regional santandereano.

El antecedente urbano de Bucaramanga se remonta al año de 1622 cuando se establece el pueblo de indios adscrito a la jurisdicción de Pamplona por orden del oidor Juan de Villlabona y Zubiaure. Es importante destacar que el poblamiento indígena en la meseta de Bucaramanga y en las cuencas de los ríos Oro y Frío fue posterior a la Conquista española. Los requerimientos de trabajo por la explotación de los aluviones de oro, condujo a una gran movilidad de mano de obra indígena, procedente de cacicazgos lejanos como Guaca, Umpalá, Jérira, Cepitá y Suaque e incluso de aún más lejos como de la ciudad de San Cristobal dando origen a un número importante de rancherías siendo una de ellas Bucaramanga.

Veinticinco años después de congregadadas a vivir en traza de pueblo, las diversas rancherías de lavadores apenas llegaban a 214 habitantes según empadronamiento de Pedro Robayo.

Hacia 1799 se había un poco más que duplicado su población con un total de 568 almas como aparecen en los padrones de la época. [Martinez y Guerrero, p. 56] No obstante, el crecimiento demográfico que experimentó en el último cuarto del siglo XVIII su condición como pueblo de indios llegaría a su fin con la visita del fiscal de la Audiencia Francisco Antonio Moreno y Escandón quien ordenó el traslado de los indígenas al pueblo de Guane, retornando las tierras de resguardo a la Corona y erigiendo el pueblo de indios en parroquia. Con ello confirmó el predominio en el que en sus alrededores tenía la población blanca y mestiza. A raíz del movimiento comunero y gracias a una orden de amparo dada por la Audiencia algunos indígenas retornaron a su antiguo poblado, pero en palabras de los historiadores Martínez y Guerrero su condición fue la de simples agregados a la parroquia de San Laureano.

Durante los siglos XIX y XX Bucaramanga se consolidaría demográficamente siendo la ciudad de mayor concentración poblacional del departamento de Santander, producto de la expansión de su área metropolitana sustentada en una amplia diversificación económica y por su condición de capital departamental.

AÑOS

NÚMERO DE HABITANTES

1825

9.217

1938

51.283

1951

112.252

1964

224.876

1973

366.888

2005

516.512

Fuente: Santander. Aspectos Geográficos , IGAC, 1984. P.47
Dane, Censo de población año 2005

En su aspecto demográfico, social y económico, Bucaramanga es la segunda ciudad en importancia del nororiente colombiano después de la ciudad de Cúcuta. Este fue un proceso largo que involucró los siglos XIX y XX. El punto de partida fue en la ciudad de San Juan de Girón, fundada por Francisco Mantilla de los Rios y que tuvo la función inicial de operar como frontera militar y de avanzada hacia los indios Yariguíes que comprometían la navegación por los ríos Sogamoso, Lebrija y Magdalena. La ciudad concentraba para aquel entonces la elite comercial que manejaba los excedentes económicos de la región. Ante la imposibilidad de expandirse hacia el occidente los pobladores de Girón tuvieron en su horizonte económico las tierras del resguardo del pueblo de Bucaramanga. En sus tierras iniciaron los cultivos de algodón, cacao, caña y tabaco, que configurarían en el futuro el hinterland de la moderna ciudad. Este fenómeno económico fue registrado en una crónica de la ciudad que trazaba un cuadro de sus habitantes quienes “…se ocupaban en atender á sus labores de campo, y muy particularmente al cultivo del algodón, cuyos sembrados se veían crecer en los alrededores, en los mismos sitios en que al presente se hallan las mejores casas de la ciudad”. El comercio, en especial de artículos importados, se realizaba en la ciudad de Girón que les proveía a los bumangueses los artículos más indispensables para sus labores y su vida diaria.

SIGLO XIX: EL GRAN DESPEGUE DE LA CIUDAD

Durante el siglo XIX los sombreros de jipijapa alcanzaban gran fama tanto en el mercado interno como en el externo. A propósito de esta actividad el intelectual liberal Manuel Ancizar nos legó en su Peregrinación de Alpha una semblanza de las tejedoras de sombreros que con laboriosidad e ingenio contribuyeron al ingreso de las economías familiares de la ciudad. Así, nos describe que “cerca de 3,000 de ellas emplean sus manos en tejer anualmente 83,000 sombreros de calidades diversas en solo el cantón de Bucaramanga, los cuales, vendidos les dejan 59,000 pesos de utilidad neta, deducidos 20,000 pesos, valor de los cogollos de nacuma y palma ordinaria…”.

Esta actividad económica se concentró en la Calle del Comercio lugar donde se llevaron a cabo las transacciones más importantes de un negocio que se convirtió en la mayor fuente de riqueza de la ciudad. Hacia 1840 la prosperidad era evidente y se reflejaba en el activo comercio de importación que poco a poco fue cambiando los gustos y preferencias por nuevos bienes de consumo.

El desarrollo comercial experimentado en la ciudad encontraría un nuevo impulso al vincularse los inmigrantes alemanes a esta actividad. Leo Von Lengerke, figura legendaria en la historia y en la literatura regional, es el arquetipo del inmigrante europeo del siglo XIX que hizo de sus proyectos empresariales una verdadera épica. Como bien lo relata Horacio Rodríguez Plata, con los alemanes llegaron nuevas técnicas de comercio practicadas en las casas comerciales por ellos fundadas. La imagen positiva que para algunos pudo tener la inmigración germana contrasta con la percepción negativa que algunos sectores populares de la época tuvieron de ellos, en especial los integrantes de la asociación “La culebra Pico de Oro”. El profundo resentimiento en contra de los alemanes finalmente desembocó en los sucesos conocidos con el nombre de “el 7 y 8 de septiembre” en el marco de un evento electoral para elegir presidente de la Unión y cabildantes locales. Dos bandos en pugnan se enfrentaban en la ciudad de Bucaramanga: Los del Comercio y los Democráticos. Estos últimos ganadores de la contienda. El homicidio de un hombre y la agresión a otro fueron los hechos que crearon las condiciones para que afloraran dichas tensiones sociales y políticas. A los crímenes iniciales le siguieron otros y cada bando reclamaba para sí a una u otra victima, algunas de ellas ajenas a los bandos en pugna. El punto de la discordia de los “los democráticos” contra “los del comercio” fue la amplia injerencia que los alemanes tenían en la política local en alianza con la elite comercial nativa. A propósito, un integrante de la facción democrática expresaba desde la carcel “…que los esfuerzos supremos por ganarles en esta localidad todas las elecciones, y en particular las de Regidores del Cabildo, se encaminan a contrarrestar con el apoyo moral y garantías de la Municipalidad el prestigio que a nuestros enemigos les da el dinero y su mejor y más comoda organización social”. A la crítica política se unía la moral: “La embriaguez se ha propalado de tal modo en Bucaramanga, que hoy la juventud está aquí completamente perdida. En particular los jovenes que sirven de lacayos o dependientes de las casas alemanas. Y es tal lo que ha encañecido el sentimiento moral este vicio, que en cada almacen, en cada tienda y en muchas casas, se ofrece el espectáculo, como la cosa más inocente del mundo, de tener prontas las botellas de brandy y los vasos para obsequiar al primero que llega, sea o no su conocido, en particular si va a proponer algún negocio”. La relación comercio y política en el caso de los inmigrantes alemanes en Santander encuentra en Leo Von Lengerke su exponente más conspicuo por su participación en la Guerra de 1876. No se trataba pues de una práctica traída por los extranjeros sino la adaptación al medio que hizo del ejercicio comercial y de la actividad política dos actividades mutuamente dependientes en la época. El éxito en los negocios estaba en la mayoría de ocasiones acompañado del favor estatal. Fueron prominentes los casos de politicos comerciantes como Aquileo Parra y Manuel María Zaldúa, nacidos ambos en las más tradicionales provincias de Santander.

Entre tanto los procesos de modernización de la ciudad avanzaban con proyectos de asistencia pública y planes de higienización. Así se construyó el primer hospital por iniciativa del párroco José Ignacio Martínez quien además promovió la construcción del cementerio de la ciudad a finales de la década de 1830, pero fue quizas hacia final de los años de la década de 1860 que los cambios de la ciudad por efecto de la modernización fueron más evidentes: nuevos hospitales, alumbrado público con lámparas de petroleo, nuevas acciones por la “mejora y el ornato”, proyectos y fundaciones de establecimientos bancarios como el banco Santander y anexa a él, la caja de ahorros, creada con el fin de estimular la práctica del ahorro en los sectores medios de la ciudad. Es de destacarse que en las últimas décadas del siglo XIX las autoridades políticas de la ciudad, religiosos y filántropos, promovieron proyectos importantes de asistencia social como los asilos de pobres y establecimientos educativos para ambos sexos. Estos proyectos se hicieron posibles gracias a la prosperidad económica de la ciudad que, hacia finales del siglo XIX, se soportaba en la economía cafetera de los pujantes municipios de Rionegro y Lebrija, riquezas canalizadas por Bucaramanga gracias a su condición de centro mercantil, donde abundaban las transacciones producto de un medio circulante abundante, donde la moneda de oro, según un observador de la época, era la más común en los negocios.

La centralidad político administrativa que año tras año fue conquistando la ciudad de Bucaramanga se materializó con la creación del Tribunal de Guanentá, en la década de 1840, hecho especialmente celebrado por los bumangueses. La casa del tribunal se convirtió así en un referente urbanístico: La plazuela y la casa del tribunal.

El predominio que alcanzó Bucaramanga en la red urbana del nororiente colombiano fue políticamente confirmado el 24 de noviembre de 1857 cuando fue designada capital del Estado Soberano de Santander, setenta y nueve años después de su traza como parroquia de San Laureano y treinta y tres años después de haber obtenido el título de Villa. Cuando la noticia llegó a Bucaramanga, relata el cronista José Joaquín García “…música, cohetes y repiques” acompañaron el alborozo de las gentes congregadas en la plaza. Tales fueron las manifestaciones de patriotismo que un extranjero testigo de aquellos sucesos sarcásticamente expresó que “de ese día en adelante, ni París ni Londres podrían ser iguales a Bucaramanga”. Por efecto de la guerra de 1862 la capital del estado se traslada al Socorro por el partido triunfante después de haber experimentado Bucaramanga los episodios más duros de las guerras civiles, hasta que otra guerra civil y una nueva constitución, la de 1886, le confirieron de nuevo su condición de capital ahora del Departamento de Santander.

HACIA LA MODERNIZACIÓN

La condición especial de Bucaramanga como ciudad de pasado esencialmente republicano es que sus héroes lo fueron gracias a su participación en la Independencia. Su virtud republicana la hizo acreedora al título de villa en los primeros años de la República. El patriotismo del vecindario y los servicios a la república fueron los argumentos presentados por Enrique Puyana ante el Congreso del Rosario para conseguir tal fin. El crecimiento de la ciudad en el transcurso del siglo XIX fue trazando una cartografía patriótica dado que la Independencia fue para las elites bumanguesas un hecho fundante de las tradiciones políticas y de la identidad particular de la ciudad. Con ello se diferencia de ciudades de tradición colonial como su vecina Pamplona, Cartagena, Santafe o Tunja. Así la calle del Comercio se denominó Carrera de Boyacá, y sus principales cuadras pertenecían al barrio Santander. Había también barrios de Ayacucho, de Junín, de Carabobo, y el hijo ilustre de la ciudad fue el General Don Custodio García Rovira quien ejerció el poder ejecutivo de la República hacia 1815. A la memoria del héroe se construyó “el parque García Rovira” que actualmente simboliza y espacialmente guarda la centralidad de aquella tradición política: a sus costados la Alcaldía municipal, la Gobernación de Santander y la iglesia de San Laureano.

La ciudad a finales del siglo XIX traza signos realmente modernos tanto en su estructura urbanística como en su estructura económica y social. Tendencia que continuaría en el siglo XX ratificando a Bucaramanga como una de las ciudades más importantes del nororiente colombiano. Esta condición fue significativamente confirmada con la creación de la Universidad Industrial de Santander en 1948 cuyo antecedente había sido “la facultad de Ingeniería Industrial” y su cimiento inicial el “Instituto Industrial Dámaso Zapata” que ha ocupado un lugar destacado en el concierto de las instituciones educativas del país. Con ello se ratifica una vocación y un proyecto: hacer de Bucaramanga una ciudad industrial y proveer a las industrias nacionales de ingenieros y más específicamente al complejo petrolero de Barrancabermeja cuyas regalias dinamizarían la inversión social y de infraestructura en el departamento.

BIBLIOGRAFIA

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Garcia, José Joaquin. Crónicas de Bucaramanga , Bogotá, Banco de la República , 1982.

Gutiérrez, José Fulgencio. Santander y sus municipios , Bucaramanga, Gobernación de Santander, 1990.

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Parra, Aquileo. Memorias , Gobernación de Santander, 1990.

Rodríguez Plata, Horacio. La inmigración alemana al estado Soberano de Santander , Gobernación de Santander-Secretaría de Educación Pública, 1989.

Tomado de: Revista Credencial Historia. (Bogotá - Colombia). Edición 234, Junio de 2009