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  Departamento de Caldas

 
 
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Una región forjada por los incendios

Un recorrido por la historia de Caldas,
región próspera que se vino a menos
y que hoy intenta despertar de ese letargo .

Antes de que recibiera el nombre de Caldas, esta tierra ya era de abundante producción agrícola y gente emprendedora. En 1900 hacía parte del estado de Antioquia, pero era una zona que ganaba cada vez más importancia económica y política en el país. No existían cafeteros puros, pues los finqueros de la época, además del café, producían panela y cańa de azúcar, criaban cerdos y gallinas, tenían extensos hatos ganaderos y cultivaban maíz, fríjol, yuca, plátano y arracacha.

El café les dejaba unos centavos para comprar artículos que la finca no daba, como el sombrero aguadeńo, el machete, el carriel, la ropa elegante para la misa de los domingos, además el efectivo para jugar naipe, asistir a las rińas de gallos, tomar aguardiente y mantener la casa del pueblo.

A comienzos del siglo pasado existían departamentos que se disputaban el poder: Antioquia (conservador), y Cauca y Tolima (liberales), por ejemplo, y el gobierno nacional necesitaba una zona neutral, como una especie de cuńa en medio de esos departamentos en competencia.  La región que hoy comprende el Eje Cafetero fue mirada con especial interés por el presidente de entonces Rafael Reyes, porque, a diferencia de otras, tenía asegurado su futuro gracias a su economía sólida.

En 1905 Reyes fundó a Caldas. El departamento nació con clases política y empresarial fuertes que se hacían escuchar en Bogotá. Personajes como Justiniano Londońo - padre de Fernando Londońo Londońo-, Daniel Gutiérrez Arango, Carlos Eduardo Pinzón Posada, Liborio Gutiérrez Echeverri y Francisco Jaramillo Ochoa, eran dirigentes caracterizados por tener una visión a largo plazo. "Ellos se preocuparon por integrar a Caldas en el contexto nacional y conquistarlos mercados de Europa. Eran empresarios y políticos a los que les cabía el país en la cabeza. Construyeron caminos de herradura y sacaron adelante la navegación a vapor por los ríos Magdalena y Cauca", reseńa Albeiro Valencia Llano, historiador de Manizales.

La década del 20 trajo el progreso de la mano del ferro carril y otros megaproyectos de la época como el cable aéreo, que unía a Manizales con la población de Mariquita. "El quinquenio entre 1920 y 1925 fue una etapa de oro para Caldas. Se manejaron divisas y quien quería comprar libras esterlinas, marcos o dólares tenía que venir a Manuales", recuerda Valencia. Se fundaron dos bancos: el de Caldas y el del Ruiz, donde se emitió papel moneda que era más fuerte que el papel que emitía el Estado. Sobre esa base se desarrolló la industria en Manizales.  Se construyeron las cinco fosforeras s importantes del país, apareció la cervecería Poker, surgieron trilladores y tostadoras, hubo una gran producción de café, panela, minería y ganadería, surgió la fábrica de chocolates Luker, creció el auge del periódico La Patria y de la producción de libros. Pero el empuje definitivo para consolidar el desarrollo de Caldas se lo dieron las llarnas. 0 al menos eso fue lo que ocurrió en la década del 30 cuando se presentaron tres graves incendios que acabaron con la Catedral, 25 manzanas y la zona comercial de Manizales.

La reconstrucción fue una labor titánica que sacó a relucir lo mejor de la sociedad manizalita. Como había dinero, fruto de las primeras exportaciones de café, la clase dirigente impuso los estilos arquitectónicos de las casas que ellos veían durante sus viajes por Roma, París, Londres y Madrid. Esto fue definitivo para que en su momento Manizales fuera considerada la ciudad más moderna de Colombia.

Pero Caldas ardía por otros motivos. La región produjo un disímil grupo de libre pensadores, oradores y escritores como Silvio Villegas y Aquilino Villegas, apareció el grupo de Los Leopardos y había escritores de clase media reunidos en el colectivo Atalaya y la editorial Zapata, quienes produjeron de cenas de libros y revistas obtuvieron reconocimiento nacional e internacional.

Al Congreso llegaron Fernando Londońo Londońo conocido como `Pico de oro, Gilberto Alzate Avendańo y Silvio Villegas, oradores ilustres que gozaban de profundo respeto en el Parlamento. Ellos hicieron pensar que Caldas era una escuela de prestigio, a la cual la gente de afuera denominó greco caldense. "Todo ese movimiento hizo pensar que Manizales era el meridiano cultural del país", evocó Valencia.

Sin embargo para la dé cada del 60 el ferrocarril dejó de funcionar, incluso se levantaron sus rieles, y empezó a gestarse la separación del Quindío y Risaralda, golpe difícil de asimilar para Caldas. Aunque siempre se ha dicho que la división ocurrió porque la clase dirigente de Manizales fue muy arrogante y miraba con desdén a la gente de Pereira, este es un mito que el tiempo se encargó de desmentir. La realidad es que los políticos dividieron el Gran Caldas para asegurarse un feudo político y burocrático, a través de la Cámara y el Senado a donde llegaban con los votos de esos nuevos departamentos.

Aunque Caldas conservó la presidencia de la Federación Nacional de Cafeteros, que en su momento fue más influyente que la Presidencia de la República, al desintegrarse perdió poder e incluso el primer lugar en la producción de café, ante departamentos que pujaban desde atrás como Antioquia y Cauca. Caldas se aisló del país.

Por esa misma época llegó el clientelismo hasta el departamento, de la mano de Omar Yepes y Víctor Renán Barco, entre otros. La economía se vino a menos por diversos motivos, porque Risaralda y Quindío quedaron mejor ubicados geográficamente y se convirtieron en paso obligado para el comercio, mientras Manizales quedó convertida en una población alejada. "Hasta 1960 la dirigencia de Manizales siempre se preocupó por hacer de esta ciudad un paso obligado, pero la nueva clase política se tragó el cuento de que Manizales había quedado fuera del camino. Se durmió y no hubo una generación de relevo", dijo Valencia.

En los ańos 70 sobrevino el ocaso de Caldas, se cerraron decenas de empresas, otras se trasladaron a Bogotá y con la ruptura del Pacto Internacional del Café la región se vio sumida en la más profunda de sus crisis, perdiendo su lugar preponderante en el contexto nacional.

Tomado de la Revista Semana, 6 de junio de 2005



 


Departamento de Caldas

A ritmo de pasodoble bailan quienes conviven en esta tierra montańosa invadida de joyas arquitectónicas y arropada por un clima cálido. Su geografía desprendida de la cordillera Central permite que allí habite una gran diversidad de fauna y flora. Los ríos Magdalena y Cauca atraviesan la región evidenciando la riqueza hídrica del departamento; el café se constituye en uno de los principales sustentos económicos de la región.

LUGARES PARA VISITAR

Parque Nacional Natural Los Nevados. Ubicado sobre la cordillera andina, se elevan en este parque cinco picos importantes: Quindío, Tolima, Cisne, Ruiz y Santa Isabel, que surgen de los suelos de los departamentos de Caldas, Risaralda, Quindío y Tolima.

Nevado del Ruiz. Con una altura de 5.400 m.s.n.m., posee dos asombrosos cráteres que hacen de este pico la zona nevada más famosa y visitada del país. Si se cuenta con la preparación adecuada o la energía necesaria se llega hasta lo más alto de las nieves, ascenso que se convierte en toda una aventura.  El lugar cuenta con hospedaje y camping en el centro de visitantes El Cisne

Chinchiná. Pequeńo municipio a 24 km de Manizales caracterizado por la gran producción de café y su cultura empresarial alrededor del grano. Allí están ubicados el Centro Nacional de Investigaciones del Café y la Fábrica de Café Liofilizado. Chinchiná es considerada la Ciudad Eléctrica por ser la principal productora de energía hidroeléctrica en el país.

Salamina. Su catedral, al igual que todos sus cálidos espacios, son símbolo de culturas espańolas que residieron en la región y su arquitectura evoca la época de la colonización antioqueńa. Es fuente de poetas, con producción cafetera y ganadera.

Aguadas. Separada de Manizales por 126 km. Es un centro artesanal donde se elaboran los famosos sombreros de Aguadas y su festival anual. Por sus típicas construcciones de bahareque fue declarado monumento nacional. Cerca del municipio puede disfrutar de hermosos paisajes como la cascada La Chorrera, la cascada El Pore, el Puente de Piedra, las playas del rio Arma y el cerro Monserrate. Pruebe los dulces piononos.

Pensilvania. Se ubica en las faldas de la cordillera Central y representa un típico pueblo de la región antioqueńa. Su entorno es una mezcla de montańas y valles que nutren los hermosos paisajes de la zona, donde siete ríos conforman su riqueza hídrica.

Marmato. Es llamado el Cerro de Oro de Colombia por la gran producción aurífera de sus tierras y en la que se fundamenta su economía, cultura a historia. Marmato se localiza a 142 km de Manizales.

La Dorada. Con 36 grados C de temperatura promedio, es el municipio más caliente del departamento. Su clima cálido lo convierte en un amplio centro de recreación, visitado por turistas de otras regiones. La pesca, la ganadería, la agricultura, y sobre todo la producción de oro, fortalecen la actividad mercantil del municipio. Algunos de los sitios para visitar son la Catedral Nuestra Seńora del Carmen, las playas de Bucamba y Guarinocito.

Riosucio.  Famoso por su Carnaval del Diablo, la caficultura y algunas explotaciones mineras que representan el sustento económico de la región. El turista puede visitar el Museo de Arte Histórico y Tradiciones de Riosucio, la Roca Herrada y los resguardos indígenas. 

ARTESANÍAS

Los tejidos, las miniaturas, figuras en madera tallada y los objetos decorativos hechos con granos de café, se consiguen en cualquiera de los municipios del departamento. También trabajan la guadua con la que elaboran variados objetos.

GASTRONOMÍA DE CALDAS

La bandeja paisa, tradicional plato con arroz, fríjoles, carne molida, huevo, patacón, chorizo, chicharrón, plátano maduro, arepa y aguacate es, por excelencia, la comida típica de toda la región caldense. Con maíz se hacen las famosas arepas con queso y la deliciosa mazamorra endulzada con panela rallada.

Tomado del libro Guía de Rutas por Colombia, Puntos Suspensivos Editores, 2007


 

 


Carnaval de Riosucio - 4 al 9 de enero de 2007

Aunque se conoce como Carnaval del Diablo, los nativos de esta población caldense recalcan que es el Carnaval de Riosucio, pues el diablo allí es otro protagonista importante de una celebración cargada de símbolos, tradiciones sacras y profanas, y fiesta.. Es bienal y se realiza en ańo impar.

Surgió en 1847, como resultado de la fusión de tradiciones indígenas, negras y espańolas, en fiestas como las de los Santos Inocentes y los Reyes Magos. Este mestizaje cultural se dio en la zona gracias a los yacimientos de oro que atrajeron a los espańoles, que a su vez trajeron negros africanos para trabajar en las minas, y que se encontraron con los indígenas. Dos poblaciones, La Montańa (habitada por los emberas) y Quiebralomo (habitada por mineros africanos), enemigas tradicionales, fueron integradas para conformar Riosucio y aquí el diablo entró a mediar, pues gracias a su figura se facilitó la unión de los pobladores.

Desde un comienzo la fiesta, de Reyes, implementada por los espańoles, la celebraban los negros con elementos de su cultura africana. Luego los indígenas le aportarían otros rituales, sobre todo dedicados a la madre naturaleza. De allí salió muy seguramente una nueva estructura cultural que dio origen al carnaval con rituales de tres culturas. El diablo representa la tradición católica y también es la transformación del jaguar indígena, un ser ancestral pero no maléfico. De allí que este diablo conserva su imagen pero es bueno y parrandero.

Este carnaval se convirtió además en una conmemoración de la reconciliación de los dos pueblos que se burlan de los problemas, mientras el diablo justiciero vigila a quien pretenda dańar el ambiente festivo.

Riosucio recibe por esos días a muchos visitantes que pueden ver desfiles de cuadrillas, matachines, grupos de chirimías, oradores, al tiempo que se programan con ciertos y eventos culturales en tomo a esta fiesta única en el país.

Tomado de la Revista Carrusel No. 1396, 8 de diciembre de 2006


 

   

Viejo Caldas

Los Precursores.

 En la década inicial de este siglo aparecen los primeros pintores del occidente colombiano. Concretamente, Angel María Palomino, oriundo de Rionegro, en Antioquia, emigró hacia el sur, radicándose en Salamina. Una rama de su familia, empero, aparece como originaria de Popayán, con enclaves en Cali y en Buga. Un hijo de Angel María, con su mismo nombre, establece sus reales en Riosucio, ciudad que servía de límite a los estados soberanos de Antioquia y Cauca.

Tanto el padre como los hijos y familiares cumplieron con los afanes de quienes querían pasar a la posteridad, bien en el óleo, empastado y sombrío, como en el cuadrilátero, casi siempre en sepia, de la fotografía. Los Palomino padecieron la errancia desde su tierra a la ciudad de Salamina. Padre e hijo, del mismo nombre, cubrieron con su pesada cámara los caminos de los municipios vecinos en busca de una clientela escasa, ya que la fotografía era costosa y la gente austera en el gasto.

Los Palomino llenaron buena parte de los muros eclesiales con imágenes religiosas que ofrecían, en las más de las ocasiones, iguales rasgos. Inclusive la copia se volvió sistema de taller, dada la abundancia de las demandas, y la abundancia, también, de la familia. Al parecer se registró un rompimiento de la familia, pues unos se radicaron en algunas ciudades del Valle del Cauca (Buga y Cali) . Hace lustros, uno de los descendientes, Antonio Palomino, daba clases de dibujo en uno de los colegios de Pereira. Tenía, como sus ascendientes, habilidad pictórica, conocimiento de la química de los colores, facultades para el manejo de yeso, la talla de maderas y, desde luego, el arte de la fotografía.

Al parecer, de los Palomino tomó sus conocimientos otro riosureńo, Manuel Antonio Catańo, quien realizó excelentes y abundantes cuadros, la mayoría de ellos en casas e instituciones de Buga, en que se encuentran muchos retratos de su mano en los salones de la Academia de Historia. Catańo, de quien se dice fue mejor retratista, por dibujo y color, que los Palomino, fue autor de una numerosa obra, dispersa en las principales ciudades del Valle del Cauca.

Casi coetáneo de los Palomino aparece otro pintor en los fastos de la pintura riosureńa. Es Rómulo Betancur, con dilatado ejercicio en la pintura de retratos de gentes pudientes, que los consideraban como testimonio de importancia social y de riqueza, y de santos y santas para las parroquias con recursos. Al la do de los artistas operaban algunos copistas menores, a los que no les duró el impulso de un arte lleno de sacrificios y buscaron vida, como se dice de algunos osados, en actividades distintas a la pintura.

En la Historia de la ciudad de Manuales del padre Fabo, aparecen algunos datos de importancia, tanto en relación con la historia como con la crítica artística de la capital caldense. Relata que los primeros pintores que llegaron a Manizales fueron Vicente Girón y Agustín Fajardo, ecuatorianos, quienes pintaron algunos cuadros religiosos. Aconteció ello en 1872. El padre Fabo anota la predisposición artística de Samuel Velásquez, buen novelista terrígeno. También aparece el primer caricaturista con ejercicio en Manizales, Arturo Patińo Callejas, y una información elogiosa sobre la escultura, tanto en bronce como en mármol, de don Alvaro Carvajal, cuyo taller gozó de merecida fama.

Fue excelente, al decir de los conocedores, la tarea pictórica de Abel Ortega, radica do en Calarcá en las primeras décadas del siglo. Buena parte de los cuadros de las casas importantes de Armenia tienen la huella de su pincel. Forzado, empero, a atender sus necesidades económicas con el producto de su arte, predominan los retratos. Son pocas las obras de otro género, y en la mayoría de las veces, paisajes y escenas de la vida campesina que tienen su firma fueron copias afortunadas.

Las necesidades estéticas de Manizales por los tiempos que reseńamos, contaron con la obra de artistas como don Elías Arcila. A él corresponde buena parte de los retratos de gobernantes. Alcanzó a competir en el escaso mercado del arte de la capital caldense con quienes salían al mundo de la acción y de la crítica en la Escuela de Bellas Artes.